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Cafeterías

Ayer comí en una cafetería. Me gustan las cafeterías que son como los bares. Paso mucho tiempo en ellas; no hay mejor manera de saber en que ciudad vives. Y si algo va mal, siempre puedo refugiarme en mi libreta. Sobre todo me gustan las cafeterías en las que no te aplican un impuesto de lujo; las cafeterías donde la cocinera es la esposa del camarero, que a su vez es el dueño. No me gustan las franquicias, me gustan las cafeterías con pátina, donde las hamburguesas vienen envueltas en una servilleta y no tienes que elegir la marca de la cerveza, me gustan las cafeterías donde una caña es una caña: cerveza fría. Cafeterías de decoración original e intransferible y no réplicas exactas. Cafeterías donde la parroquia pueda discutir de fútbol y llamarte rojo, insultar a un famoso jugador del equipo local (¿no debería citarlo? Fran el del Deportivo, pero Fran es caduco, no así las cafeterías, los bares), plazas donde se alza la voz y oigo a personas llamarse por su nombre y uno se alegra de no sé qué fichaje y otro le interrumpe, pide silencio, todos callan porque entienden, miran por el ventanal, yo también miro: una minifalda pasea la calle.
Mañana me gustaría estar con ella, mirarla, saber qué hace.
 
Comentario:
Pusiste el enlace en el foro y he venido a visitar tu blog para devolver la visita.
Lo añado a mis favoritos, creo que me gusta.
Buenas vacaciones
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