logotipo

img_google







Inicio
_
Licencia de Creative Commons
Sindicación
 
De gaviotas y palomas
Alguien ha leído el primer comentario que publiqué y me obliga a reconocerlo. Tiene razón: soy de Madrid. Allí no tenemos gaviotas, excepto en el Vertedero de Valdemingómez (al que llegué por una historia demasiado larga para contarla aquí y ahora). En Madrid, sin embargo, abundan las palomas: esas máquinas de hacer mierda con alas, con las patas rotas, desplumadas, tuertas y algunas otras mutaciones que prefiero no revelar en estas líneas. La gaviota, a mí me lo parece, es más elegante, incluso pensé que las gentes de esta ciudad estarían orgullosos de ellas… Otra vez estaba equivocado. Para ellos son la misma mierda que las palomas o peor. Yo las veía (las sigo viendo, con perdón) limpias, altivas, presumidas, fotogénicas y su mierda –cuando menos– más corrosiva y abundante que la de las palomas. Y todavía me queda una virtud que enumerar: las gaviotas, a diferencia de las palomas, tienen puntería.
 
Comentario:
Afirmas que eres de Madrid, y yo empiezo a dudarlo... Son las primeras lecturas que te hago, por eso no me atrevo a negar con rotundidad tu aserto. Por si acaso, una advertencia: Galicia no existe, es una ilusión, una nube de "brétema" y "orballo" que, despacio, sin querer, va calando muy adentro. Te lo dice uno que ha nacido en Fuencarral.

He disfrutado con la lectura, con los relatos, con esa bolsa de "pica-pica" que se infla al abrirla y refresca al vaciarla en la boca. Con el misterio de la tercera persona y con la mirada tierna y sensible que la primera le hace a éste, nuestro rincón de tiempo impredecible.

Ha sido un agradable paseo.
No