Blogs.ya.com Quitar publicidad
I don´t belong here
It´s hard to be a rock´n roller
Acerca de
Mmmmmm, en fin. No es fácil escribir "Acerca de" uno mismo pero bueno, habrá que intentarlo. La gente malpensada dice que soy vago. La gente inteligente verá que solo me tomo las cosas con calma. Tendría que hacerme budista o algo de eso.
Sindicación
 
1987


Te presentas delante de él y lo miras con una sonrisa de oreja a oreja. Es tu manera de hacer las cosas, siempre con el cañón apuntándote a tí misma. Y todo es como la mañana de reyes. Te acercas despacio, con mimo, como si no quisieras que se despertase nunca; y, con cuidado perfecto, distingues entre el revoltijo los dos extremos. "No te precupes, te trataré bien". Tiras lentamente aguantando la respiración para que siga durmiendo y poco a poco se va deshaciendo el nudo. Ahí empiezas a sacar hojas de todos los lados y te pones a escribir todo lo que se te pasa por la cabeza. "Recuerda que aún no estoy despierto". Te encanta eso de mezclar tareas imposibles. Cuando el lio ya se deshace casi por sí mismo resoplas aliviada y tensa, perdida y flotando. Entonces él se despierta con aquél destrozo y grita como nunca había gritado. Y entonces tú gritas con él, juntos, como nunca habíais gritado. "¿Has gritado conmigo?". Os encanta hacer cosas que nunca habíais hecho juntos. "Nunca dejas de sorprenderme". Y entonces le dices que escuchas Whitesnake. "Sonrío como nunca había sonreido". Y todo porque os encanta hacer cosas juntos que nunca habíais hecho antes. Incluso sonreir.





 
I want you (She's so heavy)


Todo era divertido porque todo era imposible, como si fuera esta noche la última vez. Pasan las horas acariciando el tiempo, tocándolo disimuladamente para que no pensemos que se nos va de las manos un trocito más de nuestras vidas. Nos mece, nos cuida como si fuéramos sus piezas de oro y no quiere que veamos que al fin y al cabo pasar implica dejar atrás y que lo único que podemos y debemos hacer es no permitir que la barrera del olvido se desgaste demasiado. Era imposible porque después del pués no hubo un sí, ni después del tres hubo un cuatro. Simplemente pasó y se dejó atrás. Como este segundo, y éste, y éste, y éste, y éste, y éste, y éste...


 
Setas y setos


Esta vez el suelo estaba blando y la luz se iba en cuanto se bajasen las persianas. Como los moratones que escondían las cicatrices, las horas olvidaban los días pasados. Fue llegar y besar el santo, la suerte, la dicha o la simple casualidad. Todo desde ese segundo que puso las cartas sobre la mesa, que abrió el juego, al máximo exponente. A partir de ahí empezamos a mover las fichas danzando sobre el tapete que llevaba las iniciales bordadas en letras de nylon o de esparto. No sabría distinguirlas, pero algo me hacía pensar que esa jugada era la buena. Y lo sigue siendo porque siempre que hay partida sale el sol, porque cuando pasa más de un segundo y menos de cinco hay sonrisas, porque suben los precios, porque bajan los pisos, porque la gente camina deprisa, porque hay una niña que juega con una pelota...al final lo que emociona es que hasta una piedra mal colocada sea un motivo para que esa jugada sea la buena.


 
Deshilando





Nos pusimos a tararear aquella canción que tanto nos había impresionado al escucharla por primera vez. Era tan sensual...y tu mano se deslizó, como acariciando las olas, despacio. Era el momento de que todo sonase, de que todas la ventanas estallasen y las sábanas volvieran a volar por la habitación. Pero una vez más pensarlo dos veces no fue la solución, simplemente fue lo correcto. Es como no volver nunca, como dejar que las cosas pasen de verdad, que se escapen, que queden atrás para no ponerse nunca más a la par. Era lo correcto pero no la solución. Al final todo era un ir y venir de serpentinas, porque las ventanas hicieron su trabajo, todos nos ahogamos, y las sábanas revoloteaban rebotando en las paredes. Pero ahí estábamos a menos de un metro y a más de un centímetro. Era lo correcto, acercarse al precipicio pero no dar el paso siguiente que haría que el retorno fuese una opción dolorosa. Pero ambos sabemos que no era la solución, simplemente era lo correcto.


 
Las últimas flores





El ruido dejaba una estela embriagadora porque ese día te habías puesto un perfume caro. Las horas iban y venían sobre el pentagrama porque esa noche había retumbado en las paredes la melodía. La gente pasaba sin cruzarse las miradas porque tenían miedo a que los demás les reconocieran y perderlo todo. Tiene que ser duro perderlo todo, como cuando coges un puñado de arena y se te cuela entre los dedos. Es como la tristeza, la mala, que no la buena, que va poco a poco comiéndose las sonrisas. Los días se dejaban el sol en los ojos de los otros, como siempre, pero nosotros seguíamos ahí, dejándonos la piel para ofrecer el hombro. Y entonces todo se derrumbó de nuevo, como de costumbre, y las farolas explotaron sincronizadas como si todo formase parte de un plan diseñado para que lloviera. Por fin todo pasó como el suelo mojado pasa, pero esta vez, al terminar, aún tenía los zapatos encharcados. Y ésa es una sensación muy desagradable sin llevas calcetines puestos.


 
Ilusión





Ella mira el calendario y busca la forma de regalarle a Él una sonrisa que le pinte el cielo de azul para empezar a descontar los pasos que quedan hasta el día D, la hora H y el segundo ese que, al juntarse con recuerdos y trozos de tela viejos, formaban, una a una, las lágrimas que resbalaban por su rostro para terminar explotando contra las baldosas de la cocina. Gota a gota, las baldosas, comenzaron a coger un color diferente, tonos harmónicos, simples, preciosos, irracionales e imposibles de imitar. El día en que Ella decidió cambiar las lágrimas por cicatrices, se dió por fin cuenta de qué significaba todo aquello, de que Él había hecho un truco de magia desde la distancia para que esas lágrimas kamikazes empapadas dibujasen su figura en el suelo y así Ella nunca le olvidaría. Pero era demasiado tarde y todo quedó empañado por el rojo que salía de la desesperación del frío, del lado vacío de la cama y de los recuerdos imborrables que los poros de su piel se empeñaban, una y otra vez, en expulsar en forma de chorros interminables.

 
Desde las letras


Tropecé con el fondo sonriente de sus ojos. De todos los caminos, has elegido, probablemente, el más triste de todos, ¿no te gustaría creer que existe música en el universo?. Leí que habías vivido, habías soñado, trabajado, respirado, reído e, incluso, amado, sin sospechar que, al final del camino, yo te estaba esperando. Yo tampoco lo sabía, desde luego, pero ahí estábamos, y no dejaba de resultar milagroso. Después, descubrí que, al acostarme cada noche y dormir, también estaba muriendo un poco. Es cierto que cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol y que debiste haber juzgado por sus actos y no por sus palabras. No supe comprender nada entonces, pero me perfumaba y me iluminaba. Supongo que es mucho más difícil juzgarse a uno mismo que a los demás, quizás sea porque lo esencial es invisible a los ojos.