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Me dan miedo el agua, la culpa y las monjas. Que me mires así es un crimen, un acto de rebeldía, un motivo por el que dejar de escribir palabras malsonantes e ilógicas. Todo pasa por la raza loca y disonante, por el compás mal precedido y la nota desafinada. Todo gira por la vuelta incompleta, la mirada crítica y la temperatura indefinible. A veces suenan a destiempo el viento y las mareas porque algo se mueve en sus tripas, en sus entrañas. Las arañas se suben a la azotea y tejen las cortinas de la ventana entreabierta e inacabada. A veces se cierra, a veces se abre sin remedio. Puede que la intención fuese buena, pero la intención intencionada es delictiva y maliciosa. Si pides paz corres peligro de tener que devolver todo lo que has hecho, así que medítalo a conciencia. Si vuelves a sonreir puede que se te agrieten los labios hasta hacerte gritar. Y pensar se convierte en la única solución para que me hables así. Es un castigo. Que me toques así es imposible de describir, innombrable.
Coloca cada CD en su caja, por favor
Si me muero de sueño es porque me enferma cerrar los ojos encharcados, pero no por caer, sino por salir a flote. Es como cuando daba vueltas a un farol esperando que alguien interrumpiese mis círculos perfectos para no dejar que volviera a empezar de nuevo. Eres tan guapa que el médico dijo al nacer qué guapa. Es la virtud de tapar agujeros con escayola verde mientras los demás desvarían pensando en qué harán de comer mañana. Soy más de pensar en si tendré qué comer mañana. Eres tan guapa que te presentaste a un concurso de guapas y ganaste. Si me sientes el pulso y puedes cerrar los poros de la piel es porque tú interrumpiste mi camino en círculos cuando te acercaste al farol. Y ahora es nuestro. Y ahora incluso puede pasar de todo. Y ahora incluso está pasando de todo.