Juicio final.
Flores opacas y cristales tintados de sangre. Todo envuelto en resina. El brazo colgando del pomo de la puerta y charcos de imágenes bañando la escena. Allí estaban todos los que habían pasado por su vida rodeando el pedazo más grande de cuerpo aún visible. Pero seguía respirando y el brazo se soltaba del pomo y volvía a su sitio, la mano que agarraba el teléfono encontraba a su muñeca y las piernas acordaban, después de mucho discutir, que volverían al lugar al que pertenecían. Sólo opuso resistencia la cabeza, que seguía dándose vueltas a sí misma buscando el porqué de aquéllo y quién de los presentes sería el culpable de aquel estropicio. Los charcos se juntaron poco a poco para dejar paso a la reconstrucción de los hechos. "Obvio", dijo la cabeza, "cómo no se me habría ocurrido antes...".
Comentario:
No creo en los culpables.
Comentario:
a veces lo mas obvio es lo q se nos escapa