CONCURSITIS LITERARIA
Como estos últimos días estoy algo quejica, le voy a dar salida haciendo un comentario sobre los certámenes literarios. Si sois escritores habituados a participar en estos certámenes o simplemente aficionados que lo hacéis por diversión (así empecé yo por el 2000, qué tiempos aquellos snif) tal vez os hayáis encontrado con algunas de las peculiaridades de estos eventos:
- La manía de pedir el original hasta por quintuplicado (!). A ver, se entiende que si han de ser varios colaboradores quienes lo lean pues pidan su copia, pero hay quien no se da cuenta de las soluciones alternativas que favorecerían el envío de material. No es razonable pedir en un concurso de novela cuatro o cinco copias (incluso tres son muchas), vamos, es que tira para atrás, y más teniendo en cuenta los puntos siguientes.
- Y es que los de los concursos muy ecologistas no son. Pase lo de pedir copias, sobre todo cuando se trata de relatos (aunque yo cuando leo quintuplicado es que ni me presento), pero luego está la manía del “doble espacio” y “por una cara”. A ver, señores amigos del estándar. ¿Es que acaso os va a dar un calambre de muñón por darle la vuelta al folio para seguir leyendo? ¡Qué los libros son así! ¿Y el doble espacio? ¡Que se trata de un DINA4 joder! Nadie se va a quedar ciego con una letra del 12 a espacio simple. Cualquier libro ordinario presenta menos legibilidad y nadie se queja. Así luego nos vemos presentando novelas que de las doscientas y pico páginas que son se convierten en más de cuatrocientas, y si luego algún lumbrera dice que son en quintuplicado... vamos, que a Correos le va haciendo falta un camión sólo para los originales a concurso... ¡Más envíos electrónicos! Sí, sé que leer en pantalla puede resultar un engorro, pero un poquito de voluntad, un poquito de soluciones intermedias, un poquito de por favor (que diría aquél)...
- Y aunque ésas son las principales jodiendas de los concursos, al menos para mí, por cuanto afectan al bolsillo y al tiempo invertido, sobre todo cuando uno participa en muchos, siempre cabe recordar otros muchos inconvenientes: están los amañados, los de blanqueo, los autopropagandísticos...; y luego los que deciden quedarse, aunque no ganes, con la propiedad, no intelectual, pero sí sobre tu libertad de edición (¡los detesto!); y qué decir de los concursos con requisitos raros (me acuerdo de uno para un ayuntamiento que fue más un ejercicio de burocracia que el envío de un original), los que se retrasan y se retrasan para pagarte tu premio...
Pero bueno, al final, ¿qué otra queda? A alguno habrá que presentarse, y si se gana, mejor, que eso de que lo importante es participar, y más en estas condiciones, mejor nos lo ahorramos...

- La manía de pedir el original hasta por quintuplicado (!). A ver, se entiende que si han de ser varios colaboradores quienes lo lean pues pidan su copia, pero hay quien no se da cuenta de las soluciones alternativas que favorecerían el envío de material. No es razonable pedir en un concurso de novela cuatro o cinco copias (incluso tres son muchas), vamos, es que tira para atrás, y más teniendo en cuenta los puntos siguientes.
- Y es que los de los concursos muy ecologistas no son. Pase lo de pedir copias, sobre todo cuando se trata de relatos (aunque yo cuando leo quintuplicado es que ni me presento), pero luego está la manía del “doble espacio” y “por una cara”. A ver, señores amigos del estándar. ¿Es que acaso os va a dar un calambre de muñón por darle la vuelta al folio para seguir leyendo? ¡Qué los libros son así! ¿Y el doble espacio? ¡Que se trata de un DINA4 joder! Nadie se va a quedar ciego con una letra del 12 a espacio simple. Cualquier libro ordinario presenta menos legibilidad y nadie se queja. Así luego nos vemos presentando novelas que de las doscientas y pico páginas que son se convierten en más de cuatrocientas, y si luego algún lumbrera dice que son en quintuplicado... vamos, que a Correos le va haciendo falta un camión sólo para los originales a concurso... ¡Más envíos electrónicos! Sí, sé que leer en pantalla puede resultar un engorro, pero un poquito de voluntad, un poquito de soluciones intermedias, un poquito de por favor (que diría aquél)...
- Y aunque ésas son las principales jodiendas de los concursos, al menos para mí, por cuanto afectan al bolsillo y al tiempo invertido, sobre todo cuando uno participa en muchos, siempre cabe recordar otros muchos inconvenientes: están los amañados, los de blanqueo, los autopropagandísticos...; y luego los que deciden quedarse, aunque no ganes, con la propiedad, no intelectual, pero sí sobre tu libertad de edición (¡los detesto!); y qué decir de los concursos con requisitos raros (me acuerdo de uno para un ayuntamiento que fue más un ejercicio de burocracia que el envío de un original), los que se retrasan y se retrasan para pagarte tu premio...
Pero bueno, al final, ¿qué otra queda? A alguno habrá que presentarse, y si se gana, mejor, que eso de que lo importante es participar, y más en estas condiciones, mejor nos lo ahorramos...






