MALA GENTE
El otro día viajaba yo en autobús urbano. Cerca, había un coche parado en la carretera. El conductor veía desde su asiento cómo uno de los tres individuos que había a su alrededor metía la mano por la ventanilla y le daba un guantazo, con sus compañeros intimidando a poca distancia, se diría que como fieras en torno a su presa. El conductor, al que le habían abierto además la puerta, intentaba cerrarla. Su portezuela recibió una patada antes de que lograra arrancar con rostro de resignación y perplejidad. Al parecer, les había pitado por cruzarse en medio de la carretera sin paso de cebra ni nada.
Esto pasa muy a menudo, el detalle del coche es anecdótico. Hay mala gente por ahí fuera. Gente que se comporta y discute como si creyese que lleva razón, que tiene derecho a insultar y a pegar cuando alguien protesta por su comportamiento, por su falta. Se trata de gente que, si puede, irá en grupos, te amenazará, te agredirá, irán a por ti sin duda si te vuelven a ver; tu pecado: haber protestado, haberles protestado porque llevabas razón, porque son ellos y no tú quienes han infringido una norma.
Pero no me voy a meter en cuestiones de normas y demás. La cuestión aquí es ese comportamiento agresivo, chulesco, la actitud del que no acepta que le lleven la contraria, que no acepta sus errores, que se limita a golpear al que le rechista, y si le plantas cara, oh, sí, seguro que será capaz de mucho más...
Mala gente, sí, pero esto puede verse en muchos comportamientos, no solo en algunos tan básicos como estos. También tenemos a los que van de refinados, de cultos, aquellos que perciben que alguien les ha ofendido, y con ofender me refiero a que, de alguna manera, no les has permitido hacer lo que les viniese en gana, aunque estuviese mal, aunque ellos hubiesen obrado con maldad. Esa gente se cebará contigo, esa gente puede que llegue a creerse incluso sus propias mentiras, porque cualquier excusa es válida, cualquier argucia puede servir para hacer daño, para atacar a quien les ha plantado cara hasta intentar aplastarlo. Tu pecado: el mismo, les has hecho saber lo que piensas de ellos. Y sí, ellos están dispuestos a creerse y hacer creer a los demás que eso no es cierto, que tú mientes, que ellos han obrado bien. Es una forma más de maldad. Estos se disfrazan de honorables, prefieren que los demás lo crean así. No van por la calle en grupos agrediendo a los demás entre gritos. No, mentirán, calumniarán, amenazarán, se comportarán acorde con un elaborado papel de “persona agraviada” y jugarán a disfrazar sus faltas y devolverlas en tu contra para hacer daño, solo para hacer daño, para demostrar con su mentira que eres tú el malo.
Mala gente, da igual que te saquen una navaja o que te amenacen con denuncias infundadas. Da igual que se comporten como si tú les hubieses insultado por haber hecho sonar un claxon, o que se hagan los ofendidos por haber hecho pública su mentira. Esa mala gente disfrutará haciéndote daño, sentirá que así tienen poder, que pueden salirse con la suya, ser mejores que otros; el problema es que muy en el fondo son conscientes de que el otro, el agredido, lleva razón, y eso no les hace sentirse mejores personas, no pueden ser buenas personas, por mucho que se engañen, y esa frustración, supongo, les lleva a expresar con más energía su odio, toda la mierda que llevan dentro. Si no pueden demostrar con violencia o con mentiras que pueden imponerse sobre los demás, si no pueden ganarse el respeto de la gente porque no son merecedores del mismo, ¿qué les queda? Nada, solo el círculo vicioso de la maldad, regocijarse en su propia mentira, ocultar ese atisbo de conciencia que puedan albergar y dejar que se pudra.
Ríen, se burlan, simulan que son felices. Todo el mundo sabe que no lo son, porque a veces, explotan y acaban autodestruyéndose con su propio odio.
Mala gente...

Esto pasa muy a menudo, el detalle del coche es anecdótico. Hay mala gente por ahí fuera. Gente que se comporta y discute como si creyese que lleva razón, que tiene derecho a insultar y a pegar cuando alguien protesta por su comportamiento, por su falta. Se trata de gente que, si puede, irá en grupos, te amenazará, te agredirá, irán a por ti sin duda si te vuelven a ver; tu pecado: haber protestado, haberles protestado porque llevabas razón, porque son ellos y no tú quienes han infringido una norma.
Pero no me voy a meter en cuestiones de normas y demás. La cuestión aquí es ese comportamiento agresivo, chulesco, la actitud del que no acepta que le lleven la contraria, que no acepta sus errores, que se limita a golpear al que le rechista, y si le plantas cara, oh, sí, seguro que será capaz de mucho más...
Mala gente, sí, pero esto puede verse en muchos comportamientos, no solo en algunos tan básicos como estos. También tenemos a los que van de refinados, de cultos, aquellos que perciben que alguien les ha ofendido, y con ofender me refiero a que, de alguna manera, no les has permitido hacer lo que les viniese en gana, aunque estuviese mal, aunque ellos hubiesen obrado con maldad. Esa gente se cebará contigo, esa gente puede que llegue a creerse incluso sus propias mentiras, porque cualquier excusa es válida, cualquier argucia puede servir para hacer daño, para atacar a quien les ha plantado cara hasta intentar aplastarlo. Tu pecado: el mismo, les has hecho saber lo que piensas de ellos. Y sí, ellos están dispuestos a creerse y hacer creer a los demás que eso no es cierto, que tú mientes, que ellos han obrado bien. Es una forma más de maldad. Estos se disfrazan de honorables, prefieren que los demás lo crean así. No van por la calle en grupos agrediendo a los demás entre gritos. No, mentirán, calumniarán, amenazarán, se comportarán acorde con un elaborado papel de “persona agraviada” y jugarán a disfrazar sus faltas y devolverlas en tu contra para hacer daño, solo para hacer daño, para demostrar con su mentira que eres tú el malo.
Mala gente, da igual que te saquen una navaja o que te amenacen con denuncias infundadas. Da igual que se comporten como si tú les hubieses insultado por haber hecho sonar un claxon, o que se hagan los ofendidos por haber hecho pública su mentira. Esa mala gente disfrutará haciéndote daño, sentirá que así tienen poder, que pueden salirse con la suya, ser mejores que otros; el problema es que muy en el fondo son conscientes de que el otro, el agredido, lleva razón, y eso no les hace sentirse mejores personas, no pueden ser buenas personas, por mucho que se engañen, y esa frustración, supongo, les lleva a expresar con más energía su odio, toda la mierda que llevan dentro. Si no pueden demostrar con violencia o con mentiras que pueden imponerse sobre los demás, si no pueden ganarse el respeto de la gente porque no son merecedores del mismo, ¿qué les queda? Nada, solo el círculo vicioso de la maldad, regocijarse en su propia mentira, ocultar ese atisbo de conciencia que puedan albergar y dejar que se pudra.
Ríen, se burlan, simulan que son felices. Todo el mundo sabe que no lo son, porque a veces, explotan y acaban autodestruyéndose con su propio odio.
Mala gente...

PLAGIOS, COINCIDENCIAS, CRIPTOMNESIA Y TERROR
Hay una película “SKELETONS” (Esqueletos), dirigida por el a veces cutrísimo (pero cutre de verdad, de los de videoclub con telarañas) director DAVID DECOTEAU, que guarda, a mi entender, muchísimas similitudes con la novela “BAG OF BONES” (Un saco de huesos), de STEPHEN KING:


- Ambas están ambientadas en Maine (estado en donde reside Stephen King).
- En ambas el protagonista escribe; en Skeletons es un periodista, en Bag of bones es escritor. En las dos historias hay una casa en el campo junto al lago.
- Las dos historias hablan del racismo y del odio en los pueblos pequeños; en ambas hay una familia negra asesinada por miembros del pueblo.
- Ambas utilizan el mismo concepto temático: los huesos, los esqueletos, haciendo referencia a los crímenes sepultados, a los secretos de los pueblos, a los fósiles del pasado que no hay que desenterrar.
- El protagonista ha de enfrentarse al odio de los habitantes del pueblo, organizados en torno a una apariencia de pureza.
¿Qué ha pasado aquí?
Observemos las fechas: Skeletons fue editada en vídeo en 1997; la obra de Stephen King no salió hasta un año después, 1998. Quien haya tenido oportunidad de ver la película y leer el libro, pese a mi escueto resumen, captará las semejanzas, el espíritu que se respira en ambas obras es sobrecogedoramente similar. Está claro que la novela de Stephen King es muchísimo más intensa, completa y distinta en cuanto a desarrollo, es decir, no sé si podríamos hablar de plagio, teniendo en cuenta que son historias muy distintas pero con un parecido esencial muy sospechoso.
Por fecha, y con la suposición de plagio, deberíamos suponer que Stephen King vio la película y se inspiró un poco en ella para crear su novela (porque resulta menos creíble que un director desconocido como Decoteau pudiera tener acceso a los borradores de King); además, la película de Decoteau es una crítica social contra la homofobia, hincapié que no hace King en su relato. De ser un plagio, me recordaría a eso que hacía Shakespeare: plagiar obras discretas convirtiéndolas en obras maestras.
Puede ser...
O tal vez se trate de criptomnesia, plagio no intencional; tal vez Stephen King, o ambos, no se dieron cuenta de que estaban basando sus obras en una hipotética tercera de la que habrían obtenido la idea.
Y siguiendo con la especulación, quizá se trate de una coincidencia, pero no una coincidencia cualquiera, sino de esas que me gustan a mí, de las del inconsciente colectivo de Jung, las serendipias y todo eso. No me resulta ajeno. Un amigo escritor, David Jasso, y yo escribimos, sin saberlo, un relato casi idéntico. Yo le pasé el mío para que le echase un vistazo y al poco me vino riéndose, bromeando con que yo era un maldito copión, un hacker que había entrado en su ordenador y le había plagiado el relato: habíamos escrito prácticamente la misma historia, aunque con enfoque, desenlace y estilo diferentes.
¿Qué se esconde tras estos fenómenos? ¿Un escritor famoso que aprovecha la mediocridad de un director para copiarle descaradamente una idea? ¿Una mera coincidencia? ¿Una coincidencia no tan mera? ¿Un plagio inconsciente? ¿Alguna otra explicación alternativa (como que compartieron un “negro” guionista que fue contratado por ambos)?


- Ambas están ambientadas en Maine (estado en donde reside Stephen King).
- En ambas el protagonista escribe; en Skeletons es un periodista, en Bag of bones es escritor. En las dos historias hay una casa en el campo junto al lago.
- Las dos historias hablan del racismo y del odio en los pueblos pequeños; en ambas hay una familia negra asesinada por miembros del pueblo.
- Ambas utilizan el mismo concepto temático: los huesos, los esqueletos, haciendo referencia a los crímenes sepultados, a los secretos de los pueblos, a los fósiles del pasado que no hay que desenterrar.
- El protagonista ha de enfrentarse al odio de los habitantes del pueblo, organizados en torno a una apariencia de pureza.
¿Qué ha pasado aquí?
Observemos las fechas: Skeletons fue editada en vídeo en 1997; la obra de Stephen King no salió hasta un año después, 1998. Quien haya tenido oportunidad de ver la película y leer el libro, pese a mi escueto resumen, captará las semejanzas, el espíritu que se respira en ambas obras es sobrecogedoramente similar. Está claro que la novela de Stephen King es muchísimo más intensa, completa y distinta en cuanto a desarrollo, es decir, no sé si podríamos hablar de plagio, teniendo en cuenta que son historias muy distintas pero con un parecido esencial muy sospechoso.
Por fecha, y con la suposición de plagio, deberíamos suponer que Stephen King vio la película y se inspiró un poco en ella para crear su novela (porque resulta menos creíble que un director desconocido como Decoteau pudiera tener acceso a los borradores de King); además, la película de Decoteau es una crítica social contra la homofobia, hincapié que no hace King en su relato. De ser un plagio, me recordaría a eso que hacía Shakespeare: plagiar obras discretas convirtiéndolas en obras maestras.
Puede ser...
O tal vez se trate de criptomnesia, plagio no intencional; tal vez Stephen King, o ambos, no se dieron cuenta de que estaban basando sus obras en una hipotética tercera de la que habrían obtenido la idea.
Y siguiendo con la especulación, quizá se trate de una coincidencia, pero no una coincidencia cualquiera, sino de esas que me gustan a mí, de las del inconsciente colectivo de Jung, las serendipias y todo eso. No me resulta ajeno. Un amigo escritor, David Jasso, y yo escribimos, sin saberlo, un relato casi idéntico. Yo le pasé el mío para que le echase un vistazo y al poco me vino riéndose, bromeando con que yo era un maldito copión, un hacker que había entrado en su ordenador y le había plagiado el relato: habíamos escrito prácticamente la misma historia, aunque con enfoque, desenlace y estilo diferentes.
¿Qué se esconde tras estos fenómenos? ¿Un escritor famoso que aprovecha la mediocridad de un director para copiarle descaradamente una idea? ¿Una mera coincidencia? ¿Una coincidencia no tan mera? ¿Un plagio inconsciente? ¿Alguna otra explicación alternativa (como que compartieron un “negro” guionista que fue contratado por ambos)?
