¿Por qué admiro a Nadal?
Yo no tengo ídolos, o al menos eso creo; no, desde luego, en el sentido de la jovencita histérica desmayándose delante de su cantante(s) favorito. Sin embargo, admiro a Rafael Nadal, el tenista, sí, el de la foto; y no sigo dando señas, que a pesar de que el tenis sea minoritario, cuando de españolitis se trata todos estamos al tanto de lo que pasa, aunque sea el campeonato internacional de petanca.

Y lo admiro, no como persona, porque conozco muy poco de él, y es una tontería idolatrar a quien no conoces realmente (bueno, a Johnette Napolitano sí que la idolatro, je). Pero admiro cómo lleva jugando de un tiempo a esta parte, su concentración entrevista a pesar de la adversidad, cuando otros tenistas (cuyo estilo de juego siempre me resultó más vistoso, Carlos Moyá, por ejemplo) tienen tendencia a hundirse. Pues este chico no se hunde, y tal vez sea el momento de frescura que lleva poseyendo especialmente durante estos dos últimos años, pero lo ves y te da la sensación (y esto ya lo dijo Corretja) de que, aunque el marcador le sea desfavorable, no va a perder.
Juega, se concentra, resiste, vence, y luego al terminar sonríe con inocencia. Si esto lo aplicamos a otras esferas de la vida, a mí desde luego me inspira, me hace creer en el éxito, en el esfuerzo, en la modestia, y por eso lo admiro, aunque sólo esté admirando al tenista.






