Estás ahí
Estás ahí, en esa estrella,
de pie, con los brazos extendidos,
empiezas a girar y a girar,
puedo oír tu risa mientras das vueltas
y vueltas y más vueltas.
De repente te paras,
una sonrisa ilumina tu cara.
Miras hacia abajo, me ves,
sabes que te observo.
Me guiñas un ojo
como sólo tú sabes hacerlo.
Yo desde aquí te lanzo
miles de millones de besos
que cubren todo tu cuerpo.
La estrella, celosa, decide marcharse
llevándote lejos, muy lejos.
Sin que ella te vea
vas dejando como rastro
cada uno de mis besos.
Algún día subiré ahí arriba,
iré a buscarte y te encontraré,
sé que te encontraré
porque uno a uno
iré recogiendo mis besos,
y cuando te tenga delante
volveré a cubrirte con ellos.
Y podré mirarte, y besarte y abrazarte.
Besarte y abrazarte.
Besarte... y abrazarte.
Para ti en uno de tus tantos días...
de pie, con los brazos extendidos,
empiezas a girar y a girar,
puedo oír tu risa mientras das vueltas
y vueltas y más vueltas.
De repente te paras,
una sonrisa ilumina tu cara.
Miras hacia abajo, me ves,
sabes que te observo.
Me guiñas un ojo
como sólo tú sabes hacerlo.
Yo desde aquí te lanzo
miles de millones de besos
que cubren todo tu cuerpo.
La estrella, celosa, decide marcharse
llevándote lejos, muy lejos.
Sin que ella te vea
vas dejando como rastro
cada uno de mis besos.
Algún día subiré ahí arriba,
iré a buscarte y te encontraré,
sé que te encontraré
porque uno a uno
iré recogiendo mis besos,
y cuando te tenga delante
volveré a cubrirte con ellos.
Y podré mirarte, y besarte y abrazarte.
Besarte y abrazarte.
Besarte... y abrazarte.
Para ti en uno de tus tantos días...
La pieza
La sostenía en mi mano izquierda, apretando con fuerza para no perderla. No podía perderla, no quería perderla. No, no iba a perderla, esta vez no. Nunca pensé que podría estar tan cerca, tanto como para sujetarla ahora en mi mano... Llevaba mucho tiempo esperando esta nueva oportunidad y no pensaba echarlo todo a perder por una torpeza.
La apretaba con tanta intensidad que ya tenía el dibujo de aquella pieza grabado en la palma de mi mano. Era más pequeña de lo que había imaginado. – Yo siempre me imagino todo de manera distinta a como es – . Había pensado en este momento tantas veces. Lo había dibujado en mi cabeza de tantas formas, de maneras tan distintas... y ninguna se asemejaba lo más mínimo a lo que ahora estaba viviendo.
Estar sosteniendo esa pieza en mi mano me parecía increíble. Pero era cierto, no era un sueño, todo era real. La sujetaba ahora con más ahínco, para notarla en mi palma. La agarraba tan fuertemente que hasta podía sentirla, casi me atravesaba la piel. Sentía el círculo grabado en mi palma, podía incluso dibujar mentalmente la silueta de la figura que estaba incrustada en la pieza. Era el rostro de alguien...
No, no podía dejar que un simple fallo, un error, un mal cálculo hiciera que mi sueño acabase incluso antes de empezar.
Me dirigí hacia la salida. La puerta estaba entreabierta. La empujé con mi mano derecha hasta abrirla un poco más, para poder pasar sin demasiado esfuerzo. Antes de salir a través de ella dudé si debía introducir mi mano izquierda en el bolsillo de la chaqueta para proteger aun más la pieza. Decidí que no, que no iba a ser tan torpe esta vez y me di un voto de confianza.
Atrás quedaba la puerta de madera y se presentaba ante mí una majestuosa escalera. Setenta y seis peldaños había contado al subir. Los mismos que ahora debía bajar. Me dispuse a hacerlo con tranquilidad. Los nervios no se podían apoderar de mí, eso era algo crucial.
Justo cuando mi pie derecho se colocaba sobre el escalón número veintiocho vi por el rabillo de mi ojo izquierdo como una señora de avanzada edad tropezaba perdiendo el equilibrio y la estabilidad a punto de caer de espaldas, rodando escalera abajo. Mi primera reacción no se hizo esperar, corrí en dirección a ella y extendiendo mis brazos hacia su frágil cuerpo la sujeté con mis manos evitando así que cayera. No había terminado aún de ayudar a aquella señora a recobrar su postura cuando caí en la cuenta... La mano..., mi mano... la pieza... ¡mi pieza! Extendí mi mano izquierda con la palma mirando a mis ojos, y mis ojos mirando mi palma. Atónitos... atónita... Miré hacia la palma y escalera abajo, hacia mi palma y hacia la escalera, mi palma, la escalera, mi palma, la escalera. Así, de forma intermitente, miraba hacia una y hacia otra.
A lo lejos creí distinguir algo, algo circular que rodaba cuesta abajo por el sendero que conducía a la calzada. Bajé corriendo la escalera, siguiendo con la vista la imagen de aquel objeto redondo que continuaba rodando...
¡Si tan sólo algo detuviese su camino!
---------
Algunas veces, por hacer algo que en ese momento pensamos que es lo justo, lo que debe hacerse, lo que es mejor... hacemos que perdamos la oportunidad de conseguir algo por lo que se ha estado luchando...
A veces, algunas veces, quizá demasiadas veces, he sentido que he perdido esa pieza...
Hace unas horas he vuelto a tener esa sensación... Aunque todavía no lo tengo claro. Mejor pienso en ello otro día.
La apretaba con tanta intensidad que ya tenía el dibujo de aquella pieza grabado en la palma de mi mano. Era más pequeña de lo que había imaginado. – Yo siempre me imagino todo de manera distinta a como es – . Había pensado en este momento tantas veces. Lo había dibujado en mi cabeza de tantas formas, de maneras tan distintas... y ninguna se asemejaba lo más mínimo a lo que ahora estaba viviendo.
Estar sosteniendo esa pieza en mi mano me parecía increíble. Pero era cierto, no era un sueño, todo era real. La sujetaba ahora con más ahínco, para notarla en mi palma. La agarraba tan fuertemente que hasta podía sentirla, casi me atravesaba la piel. Sentía el círculo grabado en mi palma, podía incluso dibujar mentalmente la silueta de la figura que estaba incrustada en la pieza. Era el rostro de alguien...
No, no podía dejar que un simple fallo, un error, un mal cálculo hiciera que mi sueño acabase incluso antes de empezar.
Me dirigí hacia la salida. La puerta estaba entreabierta. La empujé con mi mano derecha hasta abrirla un poco más, para poder pasar sin demasiado esfuerzo. Antes de salir a través de ella dudé si debía introducir mi mano izquierda en el bolsillo de la chaqueta para proteger aun más la pieza. Decidí que no, que no iba a ser tan torpe esta vez y me di un voto de confianza.
Atrás quedaba la puerta de madera y se presentaba ante mí una majestuosa escalera. Setenta y seis peldaños había contado al subir. Los mismos que ahora debía bajar. Me dispuse a hacerlo con tranquilidad. Los nervios no se podían apoderar de mí, eso era algo crucial.
Justo cuando mi pie derecho se colocaba sobre el escalón número veintiocho vi por el rabillo de mi ojo izquierdo como una señora de avanzada edad tropezaba perdiendo el equilibrio y la estabilidad a punto de caer de espaldas, rodando escalera abajo. Mi primera reacción no se hizo esperar, corrí en dirección a ella y extendiendo mis brazos hacia su frágil cuerpo la sujeté con mis manos evitando así que cayera. No había terminado aún de ayudar a aquella señora a recobrar su postura cuando caí en la cuenta... La mano..., mi mano... la pieza... ¡mi pieza! Extendí mi mano izquierda con la palma mirando a mis ojos, y mis ojos mirando mi palma. Atónitos... atónita... Miré hacia la palma y escalera abajo, hacia mi palma y hacia la escalera, mi palma, la escalera, mi palma, la escalera. Así, de forma intermitente, miraba hacia una y hacia otra.
A lo lejos creí distinguir algo, algo circular que rodaba cuesta abajo por el sendero que conducía a la calzada. Bajé corriendo la escalera, siguiendo con la vista la imagen de aquel objeto redondo que continuaba rodando...
¡Si tan sólo algo detuviese su camino!
---------
Algunas veces, por hacer algo que en ese momento pensamos que es lo justo, lo que debe hacerse, lo que es mejor... hacemos que perdamos la oportunidad de conseguir algo por lo que se ha estado luchando...
A veces, algunas veces, quizá demasiadas veces, he sentido que he perdido esa pieza...
Hace unas horas he vuelto a tener esa sensación... Aunque todavía no lo tengo claro. Mejor pienso en ello otro día.
Empezar (de nuevo)
Aunque todavía me parezca mentira, el volver al trabajo después de mis merecidas pero poco aprovechadas vacaciones me ha sentado mejor de lo que creía. Contra todo pronóstico me he despertado con ganas, bastantes ganas, de empezar (de nuevo). Y eso que el tiempo no me ha acompañado nada. No me gustan los días de lluvia, pero hoy ha sido distinto...
¿Sabes Radagastt? No es el porqué o el para qué, es el cómo el que falla en mi caso. Pero tienes razón, no debo dejarme vencer por mis miedos, así que les voy a plantar cara, como he hecho hasta ahora, como he hecho toda mi vida.
Gracias por estar. Un beso
¿Sabes Radagastt? No es el porqué o el para qué, es el cómo el que falla en mi caso. Pero tienes razón, no debo dejarme vencer por mis miedos, así que les voy a plantar cara, como he hecho hasta ahora, como he hecho toda mi vida.
Gracias por estar. Un beso





