Los Enanos de las Cabezas Verdes
A F.Q.J., porque despertó en mí las ganas de escribir
Los enanos de las cabezas verdes no hablan. Sólo se comunican por gestos. Yo tardé un tiempo en descifrar algunos. Al principio es difícil, que se lo pregunten a Cisco si no, que estuvo conviviendo con ellos un año y todavía hoy no los entiende.
El de la nariz gris me acaba de guiñar un ojo, pero es que a mí ahora no me apetece jugar. Resulta complicado hacerlo mientras desplumo el pollo. Le he dicho que se espere a que termine. En cinco minutos habré acabado y luego sólo me queda recoger algunas hortalizas del huerto para poder hacer el sofrito y la guarnición.
Estos enanos no hablan, pero sí que nos entienden. Tú le dices por ejemplo que cinco personas han muerto a manos de unos violentos durante un partido de fútbol y lo entienden. Yo les pedí que me lo explicaran porque yo sí que no lo entendía.
Pero ellos sí que entienden. Cisco hasta les pide consejo. Él les cuenta sus problemas, lo que le inquieta y ellos le aconsejan. Jamás se me habría ocurrido pensar que un enano con la cabeza verde podría ser un consejero, o psicólogo, o psicoanalista, o vete tú a saber cómo es que llaman ahora a los que aconsejan. Yo los llamo amigos. Quizá por eso nunca les cuento mis cosas a estos enanos. Hay algo en ellos que hace que desconfíe, y no es que me miren con ojos rojos. Pobres, si los tienen de ese color es por genética, no tienen la culpa. Es ese sentido de congregación, de alejarse del mundo, de no intentar siquiera integrase, de aislarse como ellos se aíslan. Si no fuera porque Cisco y yo intentamos comprenderles, conocer su lenguaje de signos, de entender su forma de vivir, de relacionarse... jamás nos habrían conocido.
Me ha vuelto a guiñar el ojo.
- En cinco minutos estaré lista, deja que acabe esto, me lave las manos y juego contigo- le he dicho, para ver si así se tranquiliza.
Es extraño pero ellos sí que miden el tiempo. Tú le dices cinco minutos y ellos cuentan los cinco minutos. Si yo a Cisco le dijese que en cinco minutos estaré lista, él no mediría el tiempo. Iría quizás a la nevera, sacaría una cerveza, cogería el abridor que está en el primer cajón, abriría la cerveza, y le daría un buche. Se pondría algo de música (de Jack Johnson, probablemente) para que la cerveza le supiera mejor y, cuando hubiese terminado de bebérsela me preguntaría de nuevo si ya estaba lista. Esto sería unos quince o tal vez veinte minutos después de que me lo hubiese preguntado anteriormente. En cambio los enanos de las cabezas verdes cogen un reloj (en caso de que no encuentren un cronómetro, porque éste es mucho más preciso y ellos se hacen menos líos) y cuentan los cinco minutos. En cuanto han pasado esos cinco minutos cronológicamente te lo dicen, con esa voz que les sale como de los pies.
-Ya han pasado cinco minutos exactos- me dice el enano de la cabeza verde y la nariz gris en su lenguaje.
(...)
M.O.R. (8 de agosto de 2005)
Abrir los ojos y ver
Viajar y conocer
conocer y aprender
aprender y valorar
valorar y querer
Querer viajar
para conocer y aprender
para valorar y querer
Abrir bien los ojos y ver
Souvenirs
Siempre que voy a un sitio me gusta traerme algo de allí.

Esta vez has sido tú, luna.
Me Encanta tu Sonrisa
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, son los segundos que has tardado en verme desde que entraste por la puerta de cristal que se abrió de forma imperial nada más notar tu presencia. Cinco son los segundos que has necesitado para distinguirme al otro lado de la puerta. Uno para sonreírme. Aunque no es en realidad uno, es tan sólo una milésima de segundo lo que has necesitado. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, sigues sonriendo, diez, once, doce, sí, me sigues sonriendo, trece, catorce, quince, tu sonrisa se me acerca, dieciseis, tanto que siento como me acaricia y me besa.
Definitivamente, me encanta tu sonrisa.
(14/08/05)
Volver de nuevo, una vez más
Cambiar de sitio, es cambiar uno mismo.
Reencontrarme todos los veranos con esa otra yo, me reaviva. Verla aparecer conforme me voy adentrando en la otra ciudad. Sentir como me va invadiendo, conquistando a cada tramo recorrido. Empezar a ver a través de sus ojos. Pensar con su mente. Sentir con su corazón. Respirar otro aire, de otra forma. Vivir de nuevo, una vida nueva.
Y ahora volver, a la vida de siempre que ya no es como antes. Que ahora también es nueva y tan distinta...





