Lo siento, no he podido resistirme...
Dana Jiménez se deslizó entre las sombras de jardín. Pasaba ya de la medianoche, pero ella sabía que, en los sótanos de la clínica Ortiz, había alguien.
Sabía que tenía que averigar cuáles eran los siniestros planes del vampiro, y que en aquel lugar hallaría la clave. Con cuidado, se asomomó a una de las ventanas a ras del suelo del sótano y... ¡allí estaban!
Dana se quedó atónita; frente a ella estaban el doctor Ortiz, Javier Ortega el supuesto muerto, el doctor llamado Daniel que había firmado su certificado de defunción, Roberto Gutiérrez y muchos, muchos más. Todos celebrando una siniestra ceremonia... en medio de una reunión del clan Ventrue... ¿O era la Orden de Hermes?
Aquí la letra de la canción traducida, para los que no vieron este estupendo capítulo:
¿Quién controla la familia real británica?
¿Quién mantiene el sistema métrico fuera de Estados Unidos?
¡Nosotros! ¡Nosotros!
¿Quién sacó la Atlántida de los mapas?
¿Quién oculta a los aliens?
¡Nosotros! ¡Nosotros!
¿Quién impide que el coche eléctrico salga al mercado?
¿Quién convirtió a Gutenberg en una estrella?
¡Nosotros! ¡Nosotros!
¿Quién oculta las pruebas?
¿Quién manipula los Oscars?
¡Nosotros! ¡Nosotros!
La necesidad no tolera tardanzas, pero más vale tarde que nunca
Los que decían que era un sueño imposible, mentían. Los que me acusaban de estar enamorada de una vana y ficticia ilusión, erraban. Hoy puedo decirles a todos ellos, que me miraban con cara de pena y comnmiseración, que estaban equivocados, pues por fin ha sucedido.
He encontrado a Sirius Black.
Los que me conocen sabrán que esta afirmación no está hecha a la ligera y desde el entusiasmo de una chiquilla enamorada. Primero, porque ya tengo cierta edad y cierta experiencia, y segundo, porque saben que he tenido ya bastantes relaciones anteriores (esta es la cuarta relación seria que tengo), y saben que nunca, nunca, nunca jamás había comparado a un hombre vivo y real con Sirius.
Hasta ahora.
El hombre que he encontrado no se llama Sirius, claro. Tampoco es inglés ni tiene los ojos azules. Pero ahí acaban las diferencias. El hombre del que hablo es Brujo, moreno, de mirada mangética y ya pasada la treintena, pero de un modo que haría palidecer de envidia a muchos que se dan de metrosexuales y de conservarse bien. Tiene un hermano pequeño, también varón, y tuvo que sacar los puños en el colegio porque, al igual que los Black arrastran prejuicios de malvados, del del lugar de donde viene él no se suele recibir gratamente a la gente, aunque no comparta con sus coevos ninguno de los defectos que genéricamente se les atribuyen (y que, desde luego, ni siquiera la mayoría de ellos cumplen, como pasa con la mayoría de prejuicios).
Luego, pasó años de desgracia y desdicha. Años de incertidumbre y amargura. Años, pues, que no tendrían nada que envidiar a una estancia prolongada en Azkaban con los dementores, pues, aunque él nunca llegó a perder su libertad, no es menos triste perder la esperanza y el corazón, que al fin y al cabo es el mayor mal que sufren los condenados en la prisión de los magos. Pero como el fénix renace de sus cenizas, el hombre del que hablo no fue destruído en ese proceso. Su corazón siguió latiendo, fortalecido por las heridas, que no derribado. Y lo que a otros deja sumidos en el nihilismo y la malicia, a él le dio una nueva visión del mundo, le dio fuerzas para ser mejor, criterio para valorar la luz como sólo lo sabe quien ha caminado por la sombra (y eso lo sé muy bien, pues yo también caminé por una sombra parecida, largo tiempo atrás).
Es un hombre que fue sacudido injustamente y renació más fuerte, más poderoso, más sabio y más empático. Es un hombre mangético, amigo de los suyos, azote de sus enemigos, de genio vivo y carácter marcadamente protector con aquellos a los que ama, orgulloso, valiente, inteligente, con una sonrisa que parte el alma y una mirada que ciega de furia, apasionado, leal y a veces impulsivo, pero, sobre todo, con una bondad intrínseca y una capacidad de amar más allá de toda duda. De cabellos negros como la noche, chispas en la mirada, fuego en el cuerpo y fuerza en el alma.
¿Estoy o no estoy hablando de Sirius Black?
No suelo hablar de politiqueo, pero...
...¡qué caray, la ocasión lo merece!
Estoy muy feliz, como las dos terceras partes de la población civilizada del mundo, imagino (y a lo mejor me quedo corta). Espero que Donald Rumsfeld (que ya ha dimitido) y el grandísimo idiota ese que algunos llaman George Bush aprendan que es mejor jugar al Warhammer con figuritas pintadas y en una mesa normal y corriente. Espero que aprendan que NO pueden controlar y dominar al mundo como si fueran los Gobernantes Supremos de la Tierra (un cargo que sin duda se mueren por inventar y ocupar).
Y, ya de paso, espero que los demócratas cumplan con Kioto e impidan a las multinacionales seguir estrangulando a los países subdesarrollados, pero vamos, soy realista...
En fin, en tiempos como estos, un cambio para mejor siempre es bienvenido.
¡Hilary Clinton for president!





