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La luz de Valinor
Luthien Black desde Valinor
Acerca de
Hola, acabas de entrar en mi blog. Soy Luthien Black, más conocida como Ana. Tengo 25 años y soy Licenciada en Derecho. Adoro a Tolkien y sus obras, mi personaje favorito es Luthien, seguida de cerca por Galadriel y Sam. Mi Valar favorita es Varda. De los libros de Harry Potter amo a Sirius Black. Aficiones: Leer, el heavy metal, escribir, el mar (mi lado élfico) y el rol. Ojos: Verdes. Pelo: Castaño oscuro. Signo: Aries. Color favorito: Azul. Vicios: El chocolate. Casa: Ravenclaw. Clan: Daeva. Raza: Elfa Teleri/Vampiro. Escritores favoritos: José Carlos Somoza, Matilde Asensi, Tolkien. Libros favoritos: La dama número trece, El último Catón, El Silmarillion, Canción de hielo y fuego, El Señor de los Anillos. Grupos favoritos: Lordi, Nightwish, Within Temptation, Rhapsody. Película favorita: La trilogía de El Señor de los Anillos.
Sindicación
 
LOS FARISEOS DEL SIGLO XXI

Ya sé que nadie va a leer esto, porque nadie me lee NUNCA, pero tengo que decirlo y ponerlo en público de alguna manera o voy a reventar.
En el 20 minutos de hoy, me he encontrado con esta noticia.
Me parece lo más vergonzoso, lamentable, estúpido, ciego y ridículo que he visto en todos mis años de existencia.
Quiero aclarar, antes de nada, que creo en Dios, me considero cristiana y creyente, y procuro vivir mi vida conforme a las enseñanzas de Jesucristo.
De Jesucristo, no de la Iglesia. Es una matización importante.
Me parece indignante que el imbécil (no tiene otro nombre... o sí, pero son menos agradables) del Obispo de Cartagena pretenda que jóvenes (o cualquier otro tipo de personas) vayan patrullando por las calles diciéndonos a todos lo malos que somos por tener sexo con la persona a la que amamos sin estar casado por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que debemos tener hijos como conejos aunque nuestro sueldo sea de mileuristas y que los gays son todos depravados y monstruos que arderán en el infierno por haberse atrevido a amar del modo distinto al que es normal en la naturaleza. Ah, y si viene un hijo de puta y viola a una jovencita de catorce años y la deja embarazada, o una mujer se entera de que el hijo que va a tener será paralítico y subnormal profundo, y abortan... también están condenadas al infierno, las muy perras, por asesinas.

Hijos de puta. Son todos una pandilla de hijos de puta. Que habiendo mujeres maltratadas que son torturadas y asesinadas a mano de sus parejas o ex parejas, habiendo niños que en el colegio se dedican a abusar de sus compañeros y grabarlo por el móvil, habiendo disturbios en Kenia (y en prácticamente toda África, aunque no salgan en las noticias), habiendo atentados en Irak, guerras, hambre, inundaciones, pobreza y desnutrición crónicas en el mundo... la Iglesia ha decidido que todas esas tonterías pueden esperar, porque ahora lo que importa es controlar muy bien lo que cada ciudadano hace con sus genitales. Me gustaría recordar a todos esos fundamentalistas ortodoxos hijos de la grandísima puta, que:

a) Se nota que los dirigentes de la Iglesia no son mujeres. De ser así, a ninguno se le pasaría por su cabeza decir que las mujeres que son violadas deben parir, lo quieran o no, al hijo de su violador.

b) Se nota que los dirigentes de la Iglesia no son padres. O no se les ocurriría condenar los métodos anticonceptivos, cuando con el sueldo que tienen los españoles ya es jodido salir adelante por sí solos; imaginemos si hay que pagar biberones, papillas, pañales ropa, juguetes, medicamentos... y encima dejar de trabajar o pagar a alguien para que atienda al niño.

c) Se nota que los dirigentes de la Iglesia no se casan. De ser así, a ninguno se le pasaría por la cabeza decir que el divorcio es malo. Los seres humanos somos falibles, cometemos errores, y podemos equivocarnos al elegir a la persona con quien deseamos compartir nuestra vida. O las personas pueden cambiar una vez están casadas. Sea como sea, es totalmente injusto obligar a alguien a continuar casado con una persona a la que no ama, o que le pone los cuernos con otras personas, o que le maltrata, humilla o golpea. El matrimonio sólo tiene sentido dentro de un marco de amor profundo y respeto. Una vez esas cosas se pierden, el matrimonio debería dejar de existir de facto. Porque el matrimonio, los mismos curas lo dicen, es algo más que un contrato, es el símbolo de una unión entre los cónyuges. Pues, por eso mismo, si los cónyuges ya no se sienten unidos, si ya no se aman, o uno es infiel al otro o la maltrata, ¿qué sentido tiene que esa unión siga existiendo? El matrimonio no crea el lazo entre personas, sencillamente lo reconoce y le da efectos jurídicos y sociales. Son los que se divorcian los que le dan su auténtico significado, el de unión que únicamente tiene sentido dentro de un marco de amor y respeto, y los curas el que lo desvirtúan al pretender que se mantenga enternamente, haya amor o no. Es cierto que Jesús condenó que los matrimonios se separaran, pero, si nos fijamos, Jesús no habló del divorcio (que ya existía entre los romanos), sino del repudio. El repudio judío era semejante al musulmán de hoy en día. Un hombre podía repudiar a su mujer cuando le diera la gana, sin motivo, sólo porque quisiera casarse con otra más joven, o porque ya no la quisiera, o porque sí, sin más. El problema es que en ese caso la mujer judía se quedaba sin derechos: los hijos, la casa, los bienes... todo quedaba en poder del marido. la pobre repudiada se encontraba de al noche a la mañana en la puta calle, sin sus hijos y sin otro recurso que la mendicidad. Obviamente, esa situación a Jesús le pareció injusta, por eso se pronunció en su contra. Pero hoy en día las circunstancias han cambiado por completo, de modo que, al no existir ya el repudio ni la desigualdad de derechos, no tiene razón de ser dentro de un marco occidental y constitucional como el nuestro. Si la Iglesia realmente quiere reducir el número de divorcios, que organice campañas agresivas y manifestaciones contra la infidelidad y el maltrato doméstico, que curiosamente ignora, y haga cursos de educación en el matrimonio y convivencia desde el marco del respeto, la igualdad doméstica y laboral y la comunicación, cariño y respeto constantes e incondicionales para parejas.

d) Se nota que los dirigentes de la Iglesia no se enamoran. Porque, de ser así, jamás se les pasaría por la cabeza la estupidez de que es pecado tener sexo con alguien a quien amas, sólo por el hecho de no estar casado, o amar a alguien de tu mismo sexo. En cuanto a lo primero, la directriz de tener sexo sólo dentro del matrimonio obedece a unas causas históricas muy concretas y actualmente desaparecidas.. En tiempos pasados, el sistema occidental de herencias era patriarcal, es decir, las mujeres no heredaban si había herederos varones. Tampoco había forma de demostrar de quién eran los hijos cuando una mujer daba a luz a uno. Si había sexo antes del matrimonio, podía ser que el hombre, después, dejara colgada a la mujer, la cual se encontraba con un hijo al que sólo podía mantener a expensas de la generosidad de los varones de su familia. ¿Por qué iba a reconocer al hijo un hombre que no sabía si era suyo, y, por lo tanto, arriesgarse a que heredara los bienes de la familia un hombre que en realidad no perteneciese a ella? Eso, además, provocaba abandonos de los niños, que acababan en hospicios, la existencia de huérfanos, abortos mediante el procedimiento de la aguja de hacer calceta... eran tantos los problemas, que, al final, con razón, la Iglesia hizo valer su autoridad moral para que los hijos sólo se pudieran tener dentro del matrimonio, de forma que esos niños estuvieran legalmente protegidos en su herencia y sus derechos. El puto problema es que ahora hay igualdad absoluta, las mujeres heredan, los hijos ilegítimos están equiparados legalmente (y moralmente) a los legítimos, y además existen las pruebas de paternidad. Con lo cual, esa norma ya no tiene razón de ser. Porque no era una norma moral, sino social. Lo que es pecado es el sexo por el sexo, follar, vamos, como vulgarmente se dice, con alguien por quien no sientes amor ni respeto, no hacer el amor con la persona la que amas. Independientemente de que estés o no casado. En cuanto a lo de los gays... no me jodas. Es cierto que la unión normal es entre macho y hembra porque si no, o seríamos hermafroditas o la razas se hubiera extinguido, vale. ¿Y qué? ¿Es por eso pecado que dos personas del mismo sexo se amen? nadie elige sus sentimientos. Yo creo que Dios es amor, y que todo amor verdadero y profundo es bueno en su esencia, independientemente de entre qué individuos se produzca. Antinaturales, si nos ponemos así, también son los coches, las lavadoras, la televisión, la electricidad, las vacunas y el teléfono, ¿no? Y a nadie le da por decir que todas esas cosas sean pecado. Si tuviésemos que calificar las cosas como pecado por el simple hecho de que no sean naturales, habría que volver a la selva desnudos, como los monos, para no ir todos al infierno. mientras dos personas se amen, que las dejen en paz, que no hacen año a nadie, al revés; taren un poco de amor a un mundo donde cada vez falta más. En cuanto a lo del matrimonio gay, va lo mismo. ¿No se supone que el Estado Español es laico? Pues eso. Si un homosexual es católico y considera que no debe casarse, pues que no se case. Pero los gays que no sean católicos, o que siéndolo consideren que casarse por lo civil no es malo, deben poder hacerlo, y eso es lo que el gobierno ha permitido. Mira que odio a Zapatero, pero ha dicho una cosa en la que, por primera vez en su vida, tiene más razón que un santo: si los curas no están de acuerdo con esto, que se presenten ellos a las elecciones.

Mientras tanto, vamos a tener que soportar que idiotas de todas las categorías nos aborden cuando estemos tranquilamente tomando un café o leyendo un libro, para explicarnos lo malos que somos por hacer el amor con le el hombre (o la mujer) de nuestras vidas sin estar casados y con condón, como si tuvieran algún derecho a juzgar la esfera privada e íntima de la gente. Si esos jóvenes tienen tantas ganas de emular a Cristo, que en lugar de hacer esas tonterías sigan su auténtico ejemplo y se vayan de voluntarios a Camboya, o a Colombia, o a Kenia, o a la India, o a donde sea, para vacunar, proteger y dar de comer a los niños hambrientos (y a los adultos, que allá tienen tanta hambre como sus hijos). Que salgan de sus cómodas universidades privadas, que dejen sus carísimos chalets y sus BMW's auspiciados por el Opus Dei, y que se vayan al tercer Mundo a ayudar a los que realmente necesitan ayuda.
Y, si no quieren irse tan lejos porque les asusta romperse una uña, hay mucho trabajo también aquí. Que formen brigadas de defensa para las mujeres maltratadas, o en los colegios para intervenir cuando algún alumno sea humillado o golpeado por sus compañeros. Que se metan en ONG's o asociaciones para ayudar a los drogadictos a salir de su infierno. Que ayuden a los pobres, a los vagabundos, a los ancianos que viven solos, a las personas sin recursos. Que formen equipos de ayuda psicológica y consuelo para las víctimas de desgracias y accidentes. Eso es lo que haría Cristo de estar hoy entre nosotros, aquí en la Tierra (pues estoy convencida de que vela por nosotros desde el Cielo, y todo esto le jode tanto como a mí). A ver si se enteran de una vez de que están sirviendo a un grupo de Obispos corruptos a los que sólo les interesa amargar la vida sentimental y sexual de los demás (dando que ellos no la tienen), y llenarse los bolsillos.

Quiero que, si alguien me lee, sepa que yo soy uno de esos escasos cristianos que siguen los preceptos del Nuevo testamento, y no los que se saca la Iglesia de la manga. Que yo sigo el ama a tu prójimo y a Dios como a ti mismo, no la encíclica de los huevos de Ratzinger Z. De los que creen que lo más importante es hacer lo que a uno le haga feliz, siempre que no dañe a nadie, que hay que concentrarse en amar lo máximo posible, en ser generoso y en ser el instrumento de Dios en la Tierra ayudando a los más tristes y desfavorecidos, no pretendiendo ser los censores de una moral sexual estúpida.
Ojalá haya muchos más cristianos como yo, que piensen igual, y tal vez, si conseguimos que nuestras voces se oigan, podamos cambiar las cosas, y conseguir que tanta gente buena deje de apartarse de Dios porque, erróneamente, confunden a Dios con la Iglesia. Cuando cada día, me temo, están más separados.
No