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La luz de Valinor
Luthien Black desde Valinor
Acerca de
Hola, acabas de entrar en mi blog. Soy Luthien Black, más conocida como Ana. Tengo 25 años y soy Licenciada en Derecho. Adoro a Tolkien y sus obras, mi personaje favorito es Luthien, seguida de cerca por Galadriel y Sam. Mi Valar favorita es Varda. De los libros de Harry Potter amo a Sirius Black. Aficiones: Leer, el heavy metal, escribir, el mar (mi lado élfico) y el rol. Ojos: Verdes. Pelo: Castaño oscuro. Signo: Aries. Color favorito: Azul. Vicios: El chocolate. Casa: Ravenclaw. Clan: Daeva. Raza: Elfa Teleri/Vampiro. Escritores favoritos: José Carlos Somoza, Matilde Asensi, Tolkien. Libros favoritos: La dama número trece, El último Catón, El Silmarillion, Canción de hielo y fuego, El Señor de los Anillos. Grupos favoritos: Lordi, Nightwish, Within Temptation, Rhapsody. Película favorita: La trilogía de El Señor de los Anillos.
Sindicación
 
Cosas de niños
Tal vez si algún ex alumno del colegio Dominicos de Valencia tropieza por casualidad con este blog, sea capaz de recordar a Ana, una niña de cabello castaño muy liso, grandes ojos verdes y muy fantasiosa... ¿Cómo? ¿Que nadie se acuerda? Hum... tendré que plantearlo de otra forma.
¿Os acordáis de la Peris, esa de la que se rumoreaba desde que estaba loca a que era lesbiana, esa a la que todos ignoraban y de la que todos se reían aunque nadie la conocía realmente? ¿Esa que era torpe haciendo gimnasia, que le encantaba dibujar y que prefería leer un libro a saltar a la cuerda porque siempre acababa pagando? Ah, ¿a que ahora ya se os va refrescando la memora?
¿Recordáis vosotros, alumnos que os graduásteis en el 2000, cómo la niña itentaba acercarse a los grupos y entablar conversación para que la ignorasen, la mirasen con cara de fastidio, o directamente la echasen? ¿Recordáis cuando alguien en case levantaba la mano o decía alguna chorrada y no pasaba nada, pero cuando esa niña lo hacía, todos se reían? ¿Y qué me decís de aquella a la que le ponían chinchetas en el asiento hasta que tuvo por costumbre que enrollar el anorak, ponerlo sobre la silla, y sentarse encima, harta de recibir pinchazos? ¿Esa a la que un día toda la clase quiso gastarle una broma colectiva y le hicieron creer que tenía un admirador secreto, aunque la niña tenía tan baja la autoestima, que, afortunadamente, no se lo creyó?
Si aún no caéis del todo, puedo refrescaros la memoria contándoos que a esa niña sus compañeros le estuvieron escondiendo la cartera y el estuche desde preescolar hasta COU. Aún recuerda la niña, ya entonces convertida en jovencita, la vergüenza que tuvo que pasar al levantarse e ir a pedir educadamente a la profesora de inglés de COU que, por favor, le dijera a los alumnos que le devolvieran su cartera porque sin ella no podía hacer los ejercicios. Ah, y no podemos olvidarnos de la vez que tres gamberros de la clase la tomaron con ella y estuvieron todo el curso pegándole golpes y empujones cada vez que podían... un día, por la mañana, cuando había clase de sociales a primera hora y gimnasia a tercera, esa niña llegó tarde. El profesor no la dejó entrar, de modo que la niña se quedó, sentada sobre su bolsa de gimnasia, en el pasillo a esperar... hasta que los tres gamberros llegaron, la tiraron al suelo, desparramaron el contenido de la bolsa de gimnasia y la cubrieron de patadas. Tres chicos contra una niña de doce años, ¿genial, no?
Lo mejor llegó cuando ante esa brutal agresión la niña no pudo más y se chivó a los profesores del calvario de golpes al que la estaban sometiendo durante todo el curso. Afortunadamente, la creyeron, aunque no gracias a sus compañeros. Porque sus compañeros, que sabían todo lo que pasaba, nunca la defendieron, y miraron hacia otro lado cuando el tutor pidió testigos. Menos mal que los profesores ya conocían bien la situación social de la niña. Hizo falta que su padre viniera a recogerla a la salida del colegio durante varios días hasta que los matones por fin se hartaron y la dejaron al ver que estaba vigilada.
Sí, sí, esa niña que lloraba sola en los recreos, a la que nadie quería en su equipo de deporte ni en las habitaciones compartidas de las excursiones, aquella que siempre se sentaba sola porque nadie en su sano juicio habría sido su compañero de pupitre.
Pero no creáis que todo le fue siempre tan mal a la niña, no. Avanzado el bachillerato, una chica se compadeció de ella, se hizo amiga suya y la introdujo en su grupo. ¡Qué feliz fue entonces, que comenzaba a creeer que por fin la estaban aceptando! Lástima que todo terminara cuando, después de enterarse de qué chico estaba locamente enamorada, sus supuesta amiga y salvadora se lo ligó, todo el grupo se puso de parte de ella, y la niña volvió a quedarse sola...
¿Y qué habrá sido de esta niña, que ya tiene 22 años, se preguntarán los lectores? ¿Se suicidó, como Jokin? ¿Agredió a sus compañeros con una navaja, como ese escolar argentino? No, la niña siguió con su vida. En tratamiento por depresión y como buenamente pudo, hasta que salió adelante.
Y un día encendió el televisor y vio que un niño se había suicidado a causa del acoso escolar y todo el mundo, prensa, políticos, educadores y sociedad, se echaron las manos a la cabeza y clamaron desesperados contra el recién acuñado bullying. Ahora quieren reformar la educación, la ley penal del menor, todo son denuncias, derechos, cuidados, noticias, grave, gravísimo problema social.
Lástima que esta niña no se suicidara. Lástima que saliera adelante. Porque parece que ese es el único modo de conseguir ayuda. Porque para todos los demás, los que sufrimos antes, aquello no fueron más que cosas de niños.
No