De la crueldad
Él no fue creado por ella de forma consciente. Un dios imperfecto no puede crear la perfección. Él brotó de un punto de luz más allá de la creación y la memoria, y ella lo tomó de allí como creación propia, usándolo pero sin pertenecerle, del mismo modo que Feänor se decía creador de los Silmarils, aunque su brillo no procedía de su propio arte, sino de la luz de los Dos Árboles. Luego, ella, tal vez asustada de poder y la fuerza que emanaba aquello que creía su obra, trató de desmerecerlo, lanzándole desgracias como un niño celoso lanza puñados de fango sobre el castillo de arena que ha hecho su hermano mayor. Y, sin embargo, la luz de él no podía ser apagada, porque procedía de afuera. Su espíritu era único, diferente y puro, y cuando un nuevo golpe intentaba deformarlo, el resultado era una obra nueva, hermosa y resplandeciente con la luz del nuevo día. El dolor profanaba su alma, el látigo quemaba su carne, pero él seguía siendo majestuoso. Cada vez que ella trataba de hundirle, él se levantaba de nuevo, alto y nuevo y hermoso como uno de los antiguos Quendi en Cuivienén bajo la luz de las estrellas. Y las lágrimas no afeaban su rostro, sino que lavaban sus ojos grises como el cielo lluvioso en primavera, dándoles un fulgor nuevo y limpio. Y las marcas del dolor no deformaron su alma, sino que la moldearon dándole una forma hermosa y digna. Entonces ella se deshizo de él. Como un dios malvado que crea la obra más hermosa del mundo para luego destrozarla, por el simple placer de saberse con el poder de hacerlo. Un acto inmoral, terrible y obsceno. Si ese iba a ser su destino desde el principio, lo menos que le debía ella era un final digno, rápido. No una existencia de golpes y zarandeos, en la que cada momento de paz era sólo el breve respiro concedido para tomar aliento antes del siguiente golpe. Pero la luz de él venía de afuera, y su luz no pudo ser destruída. Y he aquí que otros seres menores recogieron amorosamente los pedazos, como Yavanna recogió los dos últimos frutos de los árboles asesinados de Valinor, y los fueron depositando en otros mundos. En esos mundos, han germinado. En cada uno de ellos, él se alza de nuevo, con la luz de las estrellas en su mirada y la perfección inmaculada en su alma. Y en ellos, sonríe, porque los dioses menores han querido que allí sea feliz.
Comentario:
Que triste ...
=(
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