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Tú, que mas que nadie te mereces cielo y tierra, que te mereces el amor mas grande, irónicamente, no te sientes merecedor de ello.
Estas tirado en el suelo, con las alas rotas, triste y moribundo. Y me parte el alma sólo poder sentarme a tu lado, a esperar que decidas sanar tus heridas, porque por mucho que lo intente, no puedo sanarlas por ti.
Es como un amor inconcluso, que esta ahí, latente, pero se mezcla con la necesidad que tenemos de un amigo sincero.
No sé como la amas… si la amas un poquito, si la amas mucho, si la amas con locura, con pasión, o con ternura…no sé.
Y no se si quiero saberlo.
¿Cómo puedes partirme el corazón después de tantos años?
¿Cómo puede ella quedarse con la parte de ti que mas quiero?
Ella, que no se lo merece.
Y con las lágrimas que escribo esto, dejando en estas líneas cada vez un poco más de lo que fuera la esencia de mi propio corazón, te pido descaradamente, que me dejes intentar ganar tu corazón otra vez.
Te pido, ahora, con toda la vergüenza de mi alma, que me permitas tratar de arrebatarte de la que te tomó.
Por primera vez en mucho tiempo, me siento desesperanzada.
Tú, agonizante.
Ella, indiferente.
Yo, desahuciada.
Solo quiero poder seguir soñándote.





