Ayer te vi.
Ayer te vi por primera vez en mucho tiempo, y me sorprendí sonriendo cada instante desde que te divisé, a unos cuantos metros, a lo largo de cada paso, hasta que llegué a tu encuentro.
Fue parte recordar buenos momentos, dejar atrás viejas heridas, y hundirme en los ojos café que pensé haber olvidado.
E igual que yo sonreíste, me abrazaste incómodamente mientras reíamos y me soltaste demasiado aprisa.
Y hablamos de la vida y de las cosas, ahí, de pie, muy rápido, mientras el mundo alrededor se volvía un poco borroso, un poco confuso entre el ahora en el que estamos y el ayer que tuvimos.
Y muy rápido tuvimos que despedirnos, y yo tuve que regresar a conversaciones irrelevantes de adolescentes parranderos mientras mi mente divagaba en un sentimiento demasiado extraño: Parte felicidad, parte recuerdo, parte anhelo. De verte de nuevo, de abrazarte sin incomodidades, de perderme en unos ojos que ahora veo más claros, más dulces, más amigos.
Fue parte recordar buenos momentos, dejar atrás viejas heridas, y hundirme en los ojos café que pensé haber olvidado.
E igual que yo sonreíste, me abrazaste incómodamente mientras reíamos y me soltaste demasiado aprisa.
Y hablamos de la vida y de las cosas, ahí, de pie, muy rápido, mientras el mundo alrededor se volvía un poco borroso, un poco confuso entre el ahora en el que estamos y el ayer que tuvimos.
Y muy rápido tuvimos que despedirnos, y yo tuve que regresar a conversaciones irrelevantes de adolescentes parranderos mientras mi mente divagaba en un sentimiento demasiado extraño: Parte felicidad, parte recuerdo, parte anhelo. De verte de nuevo, de abrazarte sin incomodidades, de perderme en unos ojos que ahora veo más claros, más dulces, más amigos.





