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Luz De Aldebarán...
Acerca de
Hola! Bienvenidos al blog donde quedan estancados en el tiempo los momentos que elegí que se congelaran en escrito. Gracias por venir...
Sindicación
 
Primero de agosto
El primero de agosto es el que me robó dos besos y medio a la salida del teatro,
el que talló nuestras iniciales en el pavimento fresco de la calle frente al cine,
el que celebra mi cumpleaños cada diecinueve días,
y el que permanece siempre en un estado de absoluta euforia.

El primero de agosto, siempre tiene algo que decir,
una historia que escuchar o una flor que robar,
del jardín de la señora Gloria, la gorda del barrio,
la única que se resiste a sus encantos de otoño.

El primero de agosto es el único que tira a la calle sus monedas brillantes,
pues siempre dice que le harán más bien a aquel sin techo
que busca esperanzas en el metal forjado hace tanto tiempo,
y nunca dudan en devolverle el favor con poesías improvisadas.

El primero de agosto seduce y encanta a los viajeros del camino,
con las palabras adecuadas y los consejos falsamente humildes,
y por ello nunca le faltan recuerdos y souvenirs,
de todos los que al pasar dejan una parte de ellos con él.

El primero de agosto te vi por primera vez,
con tus zapatos bien lustrados y sombrero de pluma de pavo,
recorriendo este miserable pueblo con completa propiedad,
y robándome el aliento a cada paso.

Que llegue pronto el año nuevo,
y el sol nuevo y el andar nuevo,
porque en poco tiempo será de nuevo primero de agosto,
y te veré, por fin, otra vez.

 
.
Tengo esta sensación horrible en el pecho que me estás ocultando algo.
¿Qué puede ser tan terrible u oscuro para que no me lo digas?

A mí, que me has contado tus más profundos secretos,
que te he escuchado en tus momentos de pena y arrepentimiento.

Yo, con la que puedes desarmar tu alma en busca de las respuestas que necesitas,
quien con paciencia se ha sentado a descifrar contigo la vida.

La única que desde la distancia ha estado siempre presente,
y que en el día a día te busca para dar consuelo a tu dolor.

Ninguna como yo que soporte con agrado tus historias más trágicas,
o se someta con gozo a oír tus desventuras desvergonzadas.

Soy la que siempre está,
la que no juzga ni recrimina,
la que no cuestiona,
porque a la larga no soy nadie en tu vida.

Soy todo y nada.
No tengo título ni etiqueta pues mi papel está compuesto por un poco de todos los que otras ya tienen:
Algo de amiga, algo de confidente, algo de amante, siempre valiente.

Dímelo,
lo que sea, no puede ser peor que la incertidumbre,
o peor que la posibilidad de que mi trabajo de confesionario,
lo único que es realmente mío,
ya no valga nada.