Vinnie, el modelo

Llegué a Nueva York, era la chica nueva. Y para triunfar en esta ciudad tenia que estar en forma (ejercicio), mantenerme bonita (cabello, uñas), culta (películas independientes, teatro), popular (amiga de todos), y de buen humor (fiestas, conciertos). Y por supuesto, encontrar el amor. Era fácil relacionarse con las mujeres, solo había que hablarles de cualquier cosa, pero con los hombres, debía tener un cierto grado de algo (belleza, estado físico, cultura, divertida) para poder entablar conersación.
Primero traté con un agente bien parecido, Joe, y para ello necesitaba estar en forma, así que lo hice. Fui al gimnasio religiosamente y no comí pizza en días. Nos volvimos amigos muy cercanos, pero de la noche a la mañana y sin razón aparente me dejó de hablar.
Luego intenté con un intelectual, Matt, descendiente de una larga familia de políticos no corruptos. Para ello tuve que volverme muy culta, y lo hice. Vi buen cine, leí libros, periódicos y fui al teatro. Llegamos a ser muy muy cercanos, pero tuve que mirar un poco más hacia mi carrera para balancear. Lo hice y de pronto, su madre decidió que yo no era buena para el, así que me dejó.
Con una carrera en ascenso (desde mesera, luego administradora de un bar y finalmente cantante reconocida en la ciudad), popular entre mi comunidad (ostentaba el titulo de “persona muy conocida”), amiga de todos (gracias a conversar, aprenderme sus gustos, regalarles cosas), pero desesperanzada de la vida en la gran manzana, intenté una vez más. En esta ocasión era Vinnie, el modelo, “cuyo número favorito es el 200 (número de pasarelas en las que ha participado y puntaje que sacó en un examen de inteligencia donde lo máximo a sacar era 1.000)”. Tuve, obviamente, que mantenerme siempre muy presentable. Iba al salón a cada rato, y mi cabello, uñas y bronceado nunca habían estado mejor. Las cosas con Vinnie surgieron muy bien, y aunque pasamos por un corto tiempo de problemas en la relación, al final nos arreglamos. No había estado ni siquiera un mes en la ciudad y ya había encontrado el amor verdadero.
Y se acabó el juego.
Nunca había pasado tanto tiempo con un celular en mi mano. Mucho menos jugando semejante remedo de juego llamado “NY Nights”.
Quien pensaría que aquello que nos pasamos la vida entera buscando con ahínco, un teléfono pudiera dárnoslo en unas pocas horas: amistades incondicionales, trabajo perfecto y amor verdadero.
Comentario:
Sabes, la primera vez que leí esto. Creí estabas contando de la vez que fuiste a Estados Unidos. La historia no pegaba con una persona como tu, y ademas de la edad que me contaste que fuiste, parecía mas bien una tronco de pelicula sacada de cualquier comedia romantica gringa. Hasta que llegue al final.
Mejor juega Snake, es menos adictivo.
Un telefono puede darlo en pocas horas, pero esto que tenemos entre las manos ahora, solo se disfruta cuando te esfuerzas por ello realmente.
Ta buena la historia.
Mejor juega Snake, es menos adictivo.
Un telefono puede darlo en pocas horas, pero esto que tenemos entre las manos ahora, solo se disfruta cuando te esfuerzas por ello realmente.
Ta buena la historia.





