logotipo

img_google
Luz intensa
El alma es de luz y se asoma a tus pupilas
Acerca de
Una mirada diferente, con sabor a poesía cotidiana.
Sindicación
 
Me he vuelto a enamorar
Ayer salía de mis clases con la cara de cansancio de quien lleva 4 días seguidos luchando contra el mundo, es decir, de jueves, cuando por sorpresa vino I. a recogerme y a iluminarme con la ilusión que me hace que haga estas cosas tan tiernas.

Le vi detrás de un arbusto que está frente a la puerta del instituto de idiomas, escondido como un chiquillo y sin saber dónde mirar. La sorpresa casi se la doy yo a él cuando me acerqué por detrás y le pillé espiando la puerta. Soltó una carcajada y reímos juntos.

Pero las sorpresas no acabaron ahí. En la mano llevaba una bolsa que me tendió, impaciente por escudriñar mis emociones. La bolsa era de la librería general, la mejor y más grande librería que he visto nunca, un sueño hecho realidad, un paraíso terrenal. “Bah! He visto esto y he pensado que te gustaría” dijo quitándole importancia. Pero la tenía y antes de abrirlo le regañé por comprar esto cuando justo el día anterior habíamos hecho un plan de ahorro y me había recriminado por ser tan gastosa. Le regañé pero mis ojos decían que no, que estaba encantada, maravillada de que él, la persona más austera que conozco, que nunca compra nada innecesario, hubiera dilapidado aunque sólo fuera un euro.

Al abrir el paquete apareció Memoria de mis putas tristes, precisamente el libro que deseaba tener, el que venden pirateado en las esquinas de Bogotá, el que a Márquez le ha llevado 10 años escribir y que leeré mañana en unas horas (qué breve placer!).

Me emocioné y lloré y entonces I. se quedó con cara de no saber qué hacer y me abrazó. Y volví a enamorarme como la primera vez, en su abrazo, mientras respiraba su olor y pensaba en todos los libros que nos han unido.

 
Mar oceánico
Releyendo el post anterior me doy cuenta de la tristeza que destila. Siempre que estoy triste pienso en el mar y la tristeza se diluye en la nostalgia (o saudade, que diría mi Aninha).



Así ya no estoy tan triste.

 
Trabajar
Amanda me ha hecho reflexionar sobre el trabajo.

He estado pensando cómo ha cambiado mi visión del trabajo desde que me estaba preparando para encontrar empleo hasta hoy.

Cuando estudiaba pensaba, con la natural estupidez que caracteriza los 18 años, que en mi futuro trabajo me pagarían por mis conocimientos y aptitudes y me preparé a conciencia (carrera, idiomas, informática, master, prácticas...).

Durante las entrevistas para entrar en esta empresa me dijeron que se me pagaría para pensar y me dije – bueno, creo no lo hago tan mal.

En seguida me di cuenta que de pensar poco y que en realidad mi trabajo consistía en escribir, a lo que mi reacción fue – esto sí que me gusta de verdad.

Qué chasco, lo que tenía que escribir no le puede gustar a nadie y además el puesto incluía las funciones de secretariado que cualquier otra persona pudiera necesitar, lo que me ha servido para dejar de ser una analfabeta funcional. He aprendido a poner un fax, escribir todo tipo de documentos oficiales, coger el teléfono y filtrar llamadas, hacer tours turísticos por la empresa en casi todos los idiomas de la unión europea, hacer café (bueno, esto no cuenta porque ya sabía, estuve 5 años trabajando de camarera entre épocas de clase) y tengo el título de Master Fotocopista de la empresa. Llegué a la conclusión de que me pagaban para trabajar en todo lo que me mandaran.

Pero entonces llegó un verano y, con el calor, dejó de apetecerme. Así que dejé de trabajar, me pasé horas haciendo nada, concretamente... nada. Resultó que nadie se dio cuenta. ¡Qué frustrante! Mi trabajo consiste en madrugar, ir al trabajo, fichar, esperar y volver a fichar. Me pagan por estar.

Después descubrí que es peor de lo que pensaba, que hay personas que ni siquiera están 8 horas: se ponen constantemente enfermas, llegan tarde, se van antes de la hora, alargan las vacaciones... ¡y les siguen pagando! Y no sólo eso, sino que además están muy bien consideradas porque según los “de arriba” tienen “actitud de empresa”.

Conclusión: en mi trabajo no tengo que pensar, ni escribir, ni hacer lo que me manden, ni siquiera estar. Me pagan para aparentar y, lamentablemente, es algo que no se me da muy bien.
 
Regalos
¿Por qué será que a veces sentimos el impulso de regalar algo a alguien?
Nunca he sabido la respuesta a esta pregunta, pero yo hago listas mentales de regalos constantemente, para todo el mundo.
Tengo en mis listas regalos caros, baratos, imposibles, de los que se pagan con dinero y de los que no.

El secreto, para aquellos que sólo lo hacen en la época navideña y les cuesta una úlcera, no es ser detallista como dicen por ahí, sino saber escuchar. Es así de simple, pero precisamente por simple es genial.
Las personas hablamos muchíiisimo y escuchamos muuuuyy poco (en general, tampoco quiero ofender). La gente que nos rodea nos “suelta” información constantemente sobre ellos: lo que les gusta, con lo que matan el tiempo, lo que no tienen y necesitan, lo que se les ha roto, lo que se quedaron embobados mirando en un escaparate... El problema es que muchas veces esa información entra y sale de nuestro cerebro en un nanosegundo, nunca el tiempo suficiente para dejar algún registro que luego nos encienda la bombillita en el momento adecuado.

Además de saber escuchar hay otro truco, pensar en la persona a la que regalamos. Hay veces que la gente te regala cosas que en realidad les gustaría tener y asumen que como a ellos les gusta, pues a ti también: - un joyero, hummm, para guardar esas pulseras y anillos que no tengo, qué bien!!!.
Pues no funciona así, lo siento, para ser correcto sería algo así: - vamos a ver, a A. le gusta el aeromodelismo creo que se llama, no? Pues le voy a comprar una maqueta.

Y si ya se quiere sacar nota en este asunto, se puede sacar y sonsacar información. En esta situación, como en el espionaje, suele dar bastantes buenos resultados.
En el caso anterior, la mejor información, sin duda, en la propia tienda, donde comparar precios, dificultad de la maqueta en cuestión y el saber impagable del vendedor. La información también se puede conseguir en internet o de alguna otra persona que conozca al destinatario del regalo.
Sonsacar información a los allegados puede ser muy útil cuando se regala algo que la persona necesita y que tarde o temprano (mejor tarde) se va a comprar. Nuestro “espía” puede decirnos si ya se lo ha comprado para no quedarnos con cara de imbécil y el regalo en la mano para descambiar.

Creo que podría seguir con este tema eternamente y se me ocurren mil anécdotas, propias y ajenas, para contar, pero no quiero extenderme demasiado.
Termino reivindicando el derecho a hacer regalos que no cuesten dinero porque son los mejores y los más importantes.



REGALAR POEMAS


A veces tengo la tentación
de regalar poemas
cuando nacen para alguien.
Nunca son los mejores
pero son los tributos
por la inspiración
que fluye de vosotros.
Puede ser
que esos poemas
que tienen vida propia
un día se rebelen
y nazcan sin mi ayuda.
Un parto sin dolor.
Ojalá que ese día
no vea nunca el sol
porque me gusta
regalar versos
y no explicarme,
decir todo y nada
y que me entiendan.



¿Qué es lo último que te han regalado?

 
Luz
¿Que no hay alma? ¡Insensatos!
Yo la he visto: es de luz...
Se asoma a tus pupilas
cuando me miras tú.


Rubén Darío


 
Ascenso
Desde mi ventana veo un cielo nublado de un gris intenso, montones de tuberías de PVC en el almacén al aire libre de la empresa contigua, la valla metálica que limita los terrenos de mi empresa (¿mía?, qué raros son los posesivos!), la carpa que sirve para almacenar lo que ya no cabe en ningún lado, algunos coches aparcados y, al fondo, el edificio del almacén que están construyendo. Un gigante, un monstruo enormemente alto y feo, de un color gris amenazador.

No es un paisaje precisamente hermoso, pero es un paisaje. En mi despacho tengo una ventana y veo cuándo amanece y anochece, cuándo hace sol o llueve. Es maravilloso poder relajarse mirando a lo lejos aunque sea el rabito de una nube.

Hasta hace un par de meses trabajaba en el sótano y por paisaje tenía una pared, así que hoy miro por la ventana y me siento agradecida por esta vista tan horrible.

Es lo único que puedo agradecer con respecto a mi situación laboral antes del verano; un ascenso en toda regla, del sótano a la primera planta.
 
Discusiones estúpidas
Ayer tuve una discusión de lo más estúpida con mi padre.

No es nada raro, me suele pasar muy a menudo. Cuando quiero darme cuenta ya he entrado al trapo, como el toro a la muleta.

La discusión se inició con un comentario sobre los casinos, y fíjese usted hasta dónde llegó la cosa:

Estábamos hablando de que en España se paga para entrar a los casinos y mi hermano comentó que en Estados Unidos es gratis entrar. Y no sólo eso, sino que te invitan a beber, a comer y además hacen espectáculos. Qué bien, dijimos todos. Puedes ir a Las Vegas y vivir gratis en los casinos, con comida y bebida aseguradas, añadí. A lo que I. dijo con sorna: pues nos vamos a Las Vegas de viaje y así aprovechamos y nos casamos en una boda estilo Elvis.
¿Sabes que los padres de M. se han ido a las Vegas? – comentó mi padre – y se han casado disfrazados de Elvis para celebrar su veinticinco aniversario.
Qué horterada, saltamos mi hermano y yo a la vez como movidos por el mismo resorte. Entonces mi padre se enfureció - pues si tenían ese sueño, ¿qué hay de malo en ello? - dijo elevando el tono de voz.
Cuando quise darme cuenta ya estaba despotricando contra el imperialismo yanqui que nos impone hasta nuestros sueños, que seguro que ése no era el sueño de la pareja en cuestión cuando no pudieron tener una boda decente hace 25 años y bla, bla, bla.
Y mi padre diciendo que vaya intolerancia, que no hacen daño a nadie, que por qué tenemos que juzgar todo lo que nos rodea... A lo que yo contestaba que por mí como si se casan por el rito zulú pero que yo podía tener una opinión...

Acabamos de muy mal café y prácticamente sin hablarnos el resto de la noche, con lo cual he desperdiciado la oportunidad de pasar una agradable velada charlando con mi padre. Oportunidad que se presenta sólo una vez al mes desde que me he independizado.

¿Y qué es lo peor de todo esto? Tener la absoluta certeza de que si no hubiéramos comentado nada ni mi hermano ni yo, habría sido él el que hubiera dicho “qué horterada” y despotricado contra el imperialismo yanqui.
¿Hubiera defendido yo el otro punto de vista entonces? No lo sé.

Es en estas ocasiones cuando pienso que mi padre y yo nos parecemos demasiado. Ya lo dijo alguien una vez, “Dios los cría y el viento los amontona”.

Y así seguiremos teniendo muchas discusiones estúpidas. Quién sabe, a lo mejor es otra forma de demostrar que nos queremos.
 
Hablar en sueños
Soy sonámbula: hablo, grito, me levanto y puedo mantener una larga conversación mientras duermo. Este derroche de actividad nocturna no deja de inquietarme, más que eso, estoy empezando a preocuparme seriamente.

Sé que soy sonámbula desde que tengo uso de razón, evidentemente no por observación propia, sino por comentarios ajenos. Mi familia, amigos y compañeras de piso han sufrido mis charlas a horas intempestivas, me han visto incorporarme dormida con los ojos abiertos y a veces hasta deambular. No puedo precisar si eran pocas o muchas las ocasiones en que eso sucedía, porque dependía de que estuviera alguien conmigo y que se diera cuenta.

Pero el caso es que desde que I. se vino a vivir a mi casa (corrección: "nuestra" casa) me deleita cada día contándome lo que digo cuando estoy dormida. Es una auténtica tortura. Además de provocarme un trauma, tengo la sensación de que esto desembocará en una ruptura prematura de nuestra relación.

“Tengo un sueño sin formato...sólo veo luz”, “Aterriza el helicóptero que nos vamos a estrellar”, “¿Has visto el cielo, cómo crepita?” son algunas de las “perlitas” que he recopilado de estas noches pasadas. También he hablado con los ojos abiertos, incorporada en la cama y en inglés (qué miedo!).

Pero aparte de que debido a mi hiperactividad nocturna los dos dormimos bastante mal, hay una cosa que me preocupa más: mi intimidad.

Dicen que cuando soñamos nuestra mente soluciona conflictos no resueltos y se libera de toda la información innecesaria, por ejemplo, los problemas en el trabajo, la telebasura o los phrasal verbs. Pero son mis problemas en el trabajo, la telebasura que veo y los phrasal verbs que tanto me ha costado aprender. Son tan íntimos como mis pensamientos de cada día, mis fantasías eróticas o los secretos que comparto con mis amigos.
Dejando a un lado el hecho de que soñar tanto no creo que sea muy normal (al decirlo así me siento un monstruo), ¿Y si en una de estas noches I. escuchara que pronuncio otro nombre en un sueño pasional o algo relacionado con según qué secreto?

De verdad que estoy preocupada.
 
Puedo soportarlo
Sí, yo puedo,
Sé que puedo
Soportar
El absurdo
Sinsentido
De existir.
La marea
De emociones
Sin un fin.
Tus reproches,
Tus mordiscos
Desamor.
Un lamento
Que hace eco,
Corazón.
La tristeza
Derramada
Sin querer,
Sin consuelo
Sin futuro
Y sin fe.
Dudas, miedos,
Penas, sombras,
Y maldad.

Pero no puedo,
Ya no puedo
Soportar,
Tu vacío
Indiferente,
Oquedad.
Tu silencio
Sin palabras,
Soledad.
 
La primera vez
Hoy es la primera vez que escribo aquí. Estoy nerviosa; de repente no sé muy bien qué contar. Llevo mucho tiempo observando y sin decidirme a dar el paso, pero finalmente quiero estar del otro lado sin pensar en qué puedo encontrar ni crearme ninguna expectativa. Así que allá voy, a cruzar la línea.