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Luz intensa
El alma es de luz y se asoma a tus pupilas
Acerca de
Una mirada diferente, con sabor a poesía cotidiana.
Sindicación
 
Relatividad y reencuentros

Estos días han sido muy intensos y eso me ha hecho recordar la increíble relatividad del tiempo, que parece que se alarga cuando es denso.
El fin de semana empezó con una entrevista de trabajo para un proyecto interesante, algo muy prometedor de lo que tendré noticias esta misma semana (crucemos los dedos). Después disfrutamos de una serie de reencuentros con varios de mis amigos a los que hacía tiempo que no veía. Lo mejor ha sido el vagabundear a la aventura: comer con unos, cenar con otros y dormir “no sabemos aún dónde”, hacer 100 kilómetros para ver a ese amigo de la infancia porque “total, ya que estamos aquí”, y acabar con la garganta dolorida de tanto hablar, de tanto compartir y reír a coro, que es la única manera envidiable de reírse.
Al volver ayer de madrugada, mientras I. conducía, me perdí en mis pensamientos y caí en la cuenta de que me estaba reencontrando, después de mucho dar vueltas, en la misma esquina donde me dejé olvidada la ilusión. Hablar con los que me conocieron cuando estudiábamos y trabajábamos como esclavos para convertir un sueño en realidad, cuando les transmitía este entusiasmo que ahora me flaquea, cuando les hablaba de grandes proyectos de futuro en común, incluso de tener nuestro propio negocio juntos, me ha hecho también relativizar mi vida y mi tiempo. Creo que acabo de despertar de un mal sueño en el que no sabía quién era ni por qué era y no tenía ninguna razón para seguir adelante. Ahora que ya he encontrado las respuestas y las razones la vida continúa.
Cuando esta mañana he llegado a trabajar me parecía que volvía de unas largas vacaciones, demostrando una vez más que el tiempo es relativo.


 
Simbolismo

Ayer tuve un sueño raro. En medio de este sueño, en el que se mezclaban personajes del trabajo, problemas cotidianos y esta incertidumbre que me acompaña, cuando la situación estaba muy comprometida, de repente salí volando. Así, sin esfuerzo, como ocurren las cosas anormalmente maravillosas de los sueños, abrí los brazos, tomé impulso y despegué mis pies del suelo. Comencé a nadar en el aire, impulsándome a brazadas, llenándome con el aire que me envolvía, sintiéndome libre. No tenía miedos, ni preocupaciones. Por unas horas fui completamente feliz.
Qué lástima que los sueños sean sólo eso, sueños.

 
EL CANTO QUIERE SER LUZ

El canto quiere ser luz.
En lo oscuro el canto tiene
hilos de fósforo y luna.
La luz no sabe qué quiere.
En sus límites de ópalo,
se encuentra ella misma,
y vuelve.

Federico García Lorca


Al leer este poema he sentido un escalofrío. Vértigo de asomarme desde un borde al centro de mi alma.
Espero que este fin de semana que tengo por delante en absoluta soledad, en mis límites de ópalo, me encuentre a mí misma y vuelva.


 
Bailaora

Bailas, morena de mirada infinita,
la esencia y misterio de ser bailaora.
Un sentir flamenco de alma que grita.
Danzar la música que ama y que llora.
Entre tus manos hay algas marinas
enredadas en ti, son caracolas.
Desprendes perfume de agua salina
y al moverte, tu vestido es de olas.


 
La casa de los relojes

Hoy leyendo a Nepomuk y su tictac me ha venido a la mente una imagen del salón de la casa de mis suegros. Su salón, y en general toda la casa, no tendría nada de particular si no fuera por su afición a los relojes. Una afición extraña y desmesurada. Lo podría entender en el caso de que fueran, más que relojes, obras de arte, pero salvo el de péndulo que reina en el salón, los demás son feos, horrorosos, de plástico, tipo despertador, como los que regalan en las cajas de galletas. Allí están, invadiendo las estanterías de la librería del salón, encima del televisor, en el mueble recibidor, sobre la telefonera... Nunca los he contado, pero debe haber cerca de una docena de relojes repartidos por todos los sitios imaginables.
Me ponen de los nervios. Siempre que estoy en un sitio con muchos relojes me deprimo, me resulta desolador pensar que cuenta más medir el tiempo que disfrutarlo. Pero en casa de mis suegros aún hay otro factor que me pone los pelos de punta: los relojes no marcan la hora exacta, muchos de ellos no han estado en hora nunca. Miro el péndulo y está en la hora de Canarias, el reloj que está encima de la tele marca tres horas y veinte minutos más, el de la estantería unos 25 minutos menos... ahhhhhh!!! Es como para volverse loca. ¿Y cómo saben en esa casa la hora que es?, fácil, mirando el reloj de muñeca, uffff, ¿y entonces para qué tanto reloj?, pues porque si te regalan un reloj y funciona, no lo vas a tirar, no?
De todos modos, lo peor son las alarmas que suenan cuando quieren. Yo, que soy tan anormal que hago las cosas con un motivo, no puedo comprender por qué alguien pone una alarma que no significa nada. Estamos viendo la tele y a las siete menos cuarto suena uno de los fatídicos cacharros. Miro a mi suegra, a mi suegro y no se inmutan, soportan estoicamente el sonido (alarmante porque es una alarma) y ni la paran, ni la apagan, ni tiran el cacharro gritón por la ventana, que es lo que yo hubiera hecho. Y esto mismo sucede con la docena de despertadores que hay repartidos, cada uno suena a una hora. Creo recordar que un día nos sobresaltó uno a eso de las tres de la mañana. Inconcebible.

Yo, que necesito ponerme dos despertadores para levantarme cuando ni siquiera las calles están puestas, aborrezco los relojes, sobre todo si suenan (tic tac tic tac). Y sin embargo, paradojas de la vida, no puedo prescindir de mi reloj de muñeca.

 
Pues va a ser que no

Pues eso, que va a ser que no me voy el fin de semana a un pueblecito perdido. La casa rural en la que pensaba alojarme no tiene habitaciones libres para esos días. Me había enamorado de esta posada, con su hermosa chimenea, y ahora no me apetece ir a ningún otro sitio, porque tendría que elegir a ciegas y necesito saber que habrá un buen fuego para terminar de convencerme.
Desisto.
Va a ser que no, que tampoco pasaré las vacaciones de semana santa en Lisboa, como deseaba, porque no puedo permitirme gastar en 4 días lo que me cuesta casi un mes ganar.
Desisto.
En días como éstos, en los que parece que estoy metida en un enorme pozo negro y la tristeza se adueña de mi espíritu, siento ganas de desistir de todo.
A veces la suerte huye de nuestro lado y la esperanza tarda poco tiempo en acompañarla.
Y me pregunto, ¿cómo me he caído en este pozo?, ni siquiera sentí el golpe.


 
Escapada

Estoy planeando una escapada. El fin de semana del 19 y 20 de febrero me voy a un pueblecito medieval perdido en Aragón. Elegí el sitio al azar en un mapa: fijé una distancia máxima y, dentro del círculo, mi dedo apuntó ese pueblo.
Me alojaré en una posada que ha sido rehabilitada, pero que conserva todo el sabor de las casonas antiguas. La escogí por la foto de una salita con chimenea que aparece en su página web.
Me iré sola, con una pequeña bolsa de viaje, la cámara de fotos y mi cuaderno de gaviotas por estrenar. Necesito descansar de mí misma.
Quiero pasear, disfrutar del fuego en la chimenea, concentrarme en las nubes, ver muchas casas de piedra, escribir mucho y, si es posible, no pronunciar ni una palabra.

Me voy sola y así todos me acompañan.


 
El mejor regalo

El viernes por la tarde estaba en casa un poco triste y llamé a L., una compañera de trabajo que me cae muy bien pero a la que conozco poco porque fuera del trabajo no nos vemos y en el trabajo el contacto se limita a un “de vez en cuando” que viene siendo muy tardío últimamente.
Le pregunté si le apetecía tomar algo al día siguiente, con la excusa de celebrar mi cumpleaños, me dijo que sí y quedamos. Como L. es un encanto me trajo un detalle por mi cumple, pero lo que no se imagina es que además me hizo el mejor de los regalos que se pueden hacer, escuchar. En aquel bar, delante de una cerveza, me sorprendí contándole que me siento sola, algo que ni siquiera me había contado a mí misma. Le dije que en el tiempo que he pasado en esta ciudad no he logrado hacer ningún amigo al margen de los compañeros de trabajo, que lo que ocurrió hace tiempo con A. me dolió mucho y que eso me ha hecho desconfiar de la gente. Que hay días en los que necesito salir por ahí, a callejear, a tomar una copa y reírme de todo y de nada y no tengo con quién. Que me gustaría confiar, y dejar de medir todo lo que doy, y ser tan cariñosa como ella, y no tener miedo a que me hagan daño.
Y sobre todo, que me gustaría tomar una cerveza con ella al menos una vez a la semana, de ahora en adelante.


 
Deseo

Te deseo muy de mañana,
cuando raya el amanecer
y despertando de la almohada
me ofreces tu aliento a beber.

Te deseo cuando en la cama
velas mi sueño sin saber
que a tu lado, desvelada,
yo velo tu sueño también.

Te deseo de medianoche,
cuando te vuelves hacia mí
y me abrazas entre reproches
- “no me quieres como yo a ti”.

Te deseo, no me conoces,
no entiendes que te quiera así,
con amor callado y sin nombre,
mudo, sin nada que decir.

 
Disculpe, no entiendo

Creo que hay días en los que nuestra mente está más ofuscada y no nos deja comprender lo que sucede a nuestro alrededor. ·"Debe ser eso" - me digo una y otra vez tratando de tranquilizarme, mientras me balanceo hacia adelante y hacia atrás en mi silla de oficina, como si de un rito atávico de calma se tratase. Afortunadamente he dejado de balbucear palabras sin sentido hace media hora y he comenzado a escribir.

No comprendo muchas cosas habitualmente. Si me detuviera a pensar en ellas me pasaría la vida en un continuo dolor de cabeza y, sinceramente, no es plan. Además tengo la certeza, en el fondo de mi alma, de que hay muchas cosas que son incomprensibles e inexplicables, por mucho que esto ataque al pensamiento científico y racional que normalmente gasto.
Juro que he entrenado mi capacidad de asombro para que cada vez tenga que salir menos a respirar y así deje menos extenuadas mis neuronas. He procurado hacerme fuerte, limando esos resquicios de intolerancia, y que lo diario y cotidiano no me afectara.

Pero la situación se desborda y supera todo lo soportable por el ser humano. Desde esta mañana estoy alucinando y sin necesidad de estupefacientes:

Alucino con mi jefe que me pide que falsifique lo infalsificable y encima intenta justificar el asunto y darle un aire de santidad.
Alucino con la polémica más que risible del cartel anunciador del carnaval de Huesca (aún no me lo creo).
Alucino con una compañera de trabajo que miente descaradamente, tan descaradamente que hasta yo, que no tengo nada que ver, me he puesto roja.
Alucino con las puñaladas por la espalda de las que soy un mal testigo, maniatado y amordazado.
Alucino con la catadura moral de algunos de mis más insignes colegas y el alcantarillado que están dispuestos a hacer para conseguir no se sabe qué.
Alucino con la gente que se dedica a rescatar perros abandonados en medio de una guerra en la que cientos de personas mueren cada día, muchos de ellos porque no tienen lo mínimo para sobrevivir.
Alucino con los que van de listos por la vida y hablan de todo como si dieran una conferencia y que, cuando pegan un patinazo y topan con alguien que controla, se lanzan a por otro tema en el que sentar cátedra.
Alucino hasta la náusea con los que tratan de sacar tajada de las víctimas del tsunami.
Alucino con los que piensan que soy subnormal y además tratan de demostrarlo insultando mi inteligencia día a día.


Y en medio de tanto alucine e incomprensión me iré a pasar este fin de semana a un hospital para enfermos mentales, a ver si encuentran un remedio milagroso y me dan una dosis de lucidez que me permita recobrar el autodominio.

Por fin he dejado de balancearme.
Ahora sólo me falta cerrar la boca.


 
Puzzle

Las piezas no encajan. No encajan, por más que lo intento, lo he probado todo, pero no. Me siento en el suelo con el puzzle de mi vida y veo que hay zonas sin acabar, en las que todas esas minúsculas y puñeteras piezas de cartón tienen salientes y ninguna entrantes. Ahora entiendo todo, el puzzle es defectuoso. Me he pasado años jugando a esto y ahora el juego carece de sentido, no se podrá nunca acabar y es demasiado tarde para comprar otro.

Lo peor, lo más deprimente es que las partes que he conseguido montar son maravillosas: hay en el centro una sonrisa que contagia su alegría nada más verla, y se ve al fondo un libro abierto, y abajo unas manos de dedos largos y uñas blancas que sujetan un violín, y... Qué más da! Si no se puede terminar, qué sentido tiene seguir descubriendo cosas, tratar de buscar el sitio adecuado a las piezas que faltan y ver si esa esquinita blanca es el cuello de una camisa o de una bata, como vengo sospechando hace meses.
Qué más da ya todo!

 
Cumpleaños

Hoy es mi cumpleaños. No espero regalos, lo que más falta me hace ahora mismo es una buena oferta de trabajo, que está tardando en presentarse. Por lo demás todo está más o menos bien, desde luego no son cosas materiales las que pediría, pero como hay que pedir ... vamos a ver, esto es lo que me gustaría que me regalaran:

Trabajo.
Un poema de I.
Más apoyo y comprensión de mis padres.
Madurez para mi hermano.
Un abrazo de mi Aninha.
Un mail que llevo mucho tiempo esperando de F.

¿Se harán realidad estos deseos en forma de regalos?