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Luz intensa
El alma es de luz y se asoma a tus pupilas
Acerca de
Una mirada diferente, con sabor a poesía cotidiana.
Sindicación
 
La buena estrella

Han pasado 25 días desde que me despidieron y el panorama es ahora bien diferente.
Me siento bastante mejor, ya no sueño con mi despido, no me pregunto cual fue la razón, ni me provocan pesadillas algunos de mis malvados excompañeros, parece que lo voy superando. Mi cuerpo se ha reacostumbrado a levantarse cuando hay luz, y si me despierto a las cinco y media me doy media vuelta y sonrío pensando que aún me quedan dos horas más de cama.

De todos modos, toda esta felicidad no sería posible si no estuvieran saliendo las cosas tan bien que parece que siguieran un guión. La empresa me paga lo suficiente como para poder permitirme algunos caprichos con los que soñaba y además ahorrar una buena cantidad. La oferta que tenía para trabajar en Guadalajara se ha hecho realidad, empiezo el día 4 de mayo. Ya tengo piso, muebles y parte de la mudanza preparada. Y todo esto se ha materializado en un tiempo record, en las últimas dos semanas.

Y yo me pregunto, ¿de dónde sale tanta suerte?
Si alguien ha perdido su parte creo que puede venir a recogerla por aquí.
;-)


 
Despido improcedente

El viernes día 1 de abril fui despedida. Estaba trabajando en mi despacho, cuando me llamó la secretaria de dirección. Su jefe quería hablar conmigo. Acudí a su despacho y me comunicó lacónicamente que había llegado mi carta de despido. No me dio ningún motivo, simplemente me dijo que la empresa reconoce que el despido es improcedente y me indemnizan con 45 días por año trabajado. A continuación su secretaria me acompañó a mi despacho, vigiló con celo cómo recogía mis cosas y las metía en una bolsa de plástico y, sin dejar que me despidiera de mis compañeros, me llevó a la salida.
Durante todo este proceso ensayé con bastante éxito mi cara de póquer, pero al llegar a la verja y verme allí, con mis cosas en una bolsa, en la calle de un polígono y sin medios ni siquiera para ir a mi casa, me sentí como la última mierda del universo y lloré. Me ofendieron, me humillaron, me trataron peor que a una ladrona.
He trabajado en esa empresa dos larguísimos años de mi vida, he llevado a cabo muchos proyectos, he mejorado el departamento y con mi ilusión, iniciativa y esfuerzo, he aportado mucho más de lo que me han aportado a mí.
No estoy triste, al fin y al cabo me iba a marchar, pero me siento dolida. Me duele porque no han valorado mi trabajo, porque me han echado como a un perro y, sobre todo, porque no lo entiendo.