Día de risas
Hay días en los que una se parte de risa desde que se levanta hasta que se acuesta. Esos son los mejores días, en los que eres capaz de reírte hasta de tu sombra.
Ayer tuve un día de esos, de reír hasta sentir dolor, de dejar que todo me resbalara y ver las cosas desde la óptica del humor.
Comenzó el día con un mal despertar, al sonar el despertador me sobresalté y me caí de la cama de lo enrollada que estaba en el edredón. Después de soltar un juramento comencé a reírme de mi aparatosa caída, y extrañamente, lo que más hilarante me parecía era que si me hubiera pegado en la nuca contra la mesilla, a lo mejor ya no estaría aquí, contándolo. Puedo imaginarme qué ridículos serían los comentarios sobre mi prematura muerte: “Pobrecita, se ha muerto” – “¿Cómo?” – “Se ha caído de la cama” – “Uy, si es que ya lo decía mi suegro, que en paz descanse, que hay despertares muy traicioneros”...
Al llegar al trabajo todo me parecía gracioso, el peinado nuevo de una de las compañeras que la asemeja a una gallina, los papeles urgentes para dirección general que han acabado misteriosamente en la destructora de documentos, el acento hiper-pijo-súper-mega guay de mi ex-jefa...
El café del almuerzo, que normalmente da ganas de llorar, ayer me parecía como el gas nitroso, jajajejejijijojojuju.
Una de las cosas que normalmente me suelen poner de muy mal genio y por la que ayer pasé un rato magnífico es la conversación diaria en la sala de la fotocopiadora con la estúpida de recursos humanos que, misteriosamente, siempre aparece cuando estoy yo, como si tuviera un radar. Esta chica, que no tiene dos dedos de frente (quizás algún día me entretenga en relatar sus peripecias, que no son pocas) también tiene la virtud de ver la paja en ojo ajeno y no ver la viga en el propio, es decir, más claramente, que le gusta criticar los defectos que ella misma tiene para dar y regalar.
Suele exasperarme hasta tal punto que necesito contar no hasta 10 sino hasta 1000 y morderme la lengua el mismo número de veces. Ayer comenzó su cháchara hablando sobre la última metedura de pata de la ministra de cultura. El caso es que yo a esta señora ministra no la sigo en absoluto y no tenía ni idea de cuál podía ser, pero no me pude contener: “Hombre, teniendo en cuenta el nivel que tenía Esperancita Aguirre, es difícil que la supere”. La buena mujer se sulfuró tanto que se le hincharon las venas del cuello y empezó a despotricar contra Carmen Calvo, Alborch y todas las cármenes de este mundo. Mereció la pena la discusión, lo aseguro, sólo por las risas posteriores y por la posibilidad de que no vuelva a dirigirme la palabra. Aún sigo riéndome, para mis adentros, cada vez que me acuerdo.
Qué gran día.
Comentario:
Algún escéptico te diría...¿tú no te habrás fumado algo?
Pero mucho mejor así.
En cuanto a la de Recursos Humanos, debe ser una cosa común. Yo tengo uno que hace exactamente lo mismo, pero sé por qué. Escucha a Jiménez Losantos y repite sus mismas frasecitas...
Pero mucho mejor así.
En cuanto a la de Recursos Humanos, debe ser una cosa común. Yo tengo uno que hace exactamente lo mismo, pero sé por qué. Escucha a Jiménez Losantos y repite sus mismas frasecitas...
Comentario:
Cuando el dia empieza riendose de uno mismo........es el mejor desayuno, luego ya ves, todo estupendo. Me alegro mucho.¡Qué te pase muchas veces!





