La bicicleta de mi padre
Cuando mi padre era pequeño vivía con mis abuelos en el barrio de Orcasitas, donde las calles eran de barro y las condiciones muy precarias. La familia de mi padre era pobre y los regalos que hacían a sus hijos eran muy modestos, pero el día que mi padre cumplió siete años recibió algo totalmente inesperado; una bicicleta.

Era una bicicleta grande, nueva, roja, reluciente y tan rápida que a él se le antojaba un avión supersónico. Mi padre disfrutó de su regalo como un poseso, no había quien le bajara de la bici, hasta que un día, misteriosamente, desapareció. Mis abuelos le dijeron que probablemente la habían robado, pero ahora mi padre piensa que la pidieron prestada, tal vez a algún conocido o quizás en la tienda, y luego la tuvieron que devolver. No podemos aclarar el misterio porque mi padre nunca preguntó y mis abuelos hace tiempo que murieron.
Cuando mi padre me lo contó por primera vez, siendo yo muy niña, le pregunté si no le fastidió mucho que se la quitaran, porque pensaba en la rabia que hubiera sentido yo al arrebatarme algo que me gustara tanto. Me contestó que al principio sí pero que luego se le pasó, y que al menos fue dueño de algo tan increíble por unos días. Entonces no lo entendí, pero ahora creo que lo comprendo. Esa bicicleta le devolvió la ilusión y la esperanza tras tantas privaciones. Aún se le iluminan los ojos cuando cuenta esa historia y entonces, mi hermano y yo, podemos ver en esos ojos al chaval que montaba en la bici de sus sueños, el chaval que mi padre dejó de ser prematuramente cuando comenzó a trabajar con nueve años.
Mi hermano y yo siempre tuvimos mucho, tuvimos más de lo necesario y siempre deseamos más de lo que teníamos. Sin embargo nunca he tenido nada que haya significado tanto para mí como esa bicicleta significó para mi padre, ni se me ilumina la mirada como a él cuando pienso en mi infancia y eso que la infancia de mi padre duró escasamente nueve años y la mía unos catorce.
Pero afortunadamente, tengo un padre que me cuenta esas historias y cuando a él se le iluminan los ojos, los míos se llenan de lágrimas por poder compartir esa ilusión.
Comentario:
Ya estará tu padre bien orgulloso de haberte llenado de tanto bien que aunque no hayas pasado por esas cosas las entiendas y las sepas valorar y expresar desde tan adentro.
Un beso tan grande como una gran bicicleta roja.
Un beso tan grande como una gran bicicleta roja.
Comentario:
Luz, Nem imaginas como esta história me tocou. Ouço em minha casa tantas histórias semelhantes. Eu própria levei toda a minha infância a escrever cartas ao Pai Natal ( figura típica de navidade - não sei como dizer em castelhano ): pedia também uma bicicleta - nunca a tive.
Beijo
Beijo





