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Luz intensa
El alma es de luz y se asoma a tus pupilas
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Una mirada diferente, con sabor a poesía cotidiana.
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Historia de un robo

El viernes por la tarde nos llamaron de una comisaría de policía para informarnos de que habían encontrado los papeles del coche: - ¿De qué coche?, - de un Seat, matrícula de..., - sí, sí, es el nuestro, - tenemos los papeles, sería conveniente que se pasaran a recogerlos.
Dios!, nos han robado el coche (y yo no era capaz de pensar nada más que “menuda putada, con el seguro recién pagado”).

Nos dirigimos al lugar donde estaba aparcado dos días antes. I. andaba y yo a duras penas le seguía a tres pasos de distancia y sin aliento.
Dios! El coche no está, nos han robado el coche! – Estaba aquí, junto a esta señal, - estás segura?, - sí claro, me fijé en la pintada de la pared de enfrente, justo aquí, - joder, y qué hacemos ahora?, - y con el seguro recién pagado.

Miro a I., su cara refleja esa resignación cristiana tan bien aprendida y una mueca de reproche por mi comentario. Le abrazo fuerte, le beso en el cuello y al desprender mis labios de su piel me fijo en una pegatina triangular roja, con una matrícula escrita, que está medio arrancada de la farola que tenemos al lado.

- Se lo ha llevado la grúa, - ¿qué?, - el coche, se lo ha llevado la grúa, mira.
Arrancamos la pegatina. Miramos hacia el suelo y vemos un montón de cristales, parece que rompieron una luna y se llevaron lo que había dentro. La policía que lo vio después con la luna rota, llamó a la grúa para que se lo llevaran al depósito.

Fuimos a recoger los papeles a comisaría y llamamos al seguro para preguntar dónde arreglar los daños. La respuesta fue seca – hasta el lunes, imposible!.
Nos resignamos y nos fuimos a casa pensando qué nos habrían robado. Podíamos haber ido al depósito de vehículos en taxi, ver en qué estado había quedado (el parte que nos leyeron por teléfono era muy desalentador: “retirado por destrozos en interior y exterior”), hacer recuento de lo que nos habían robado, volver en taxi, poner la denuncia y volver a casa con la incógnita despejada. Finalmente decidimos no hacerlo porque el taxi nos hubiera costado al menos 15 euros y necesitamos ahorrar, y hubiéramos tenido que ir hoy, de todas maneras, a recoger el coche y llevarlo al taller.

Así que aún no sabemos qué nos habrán robado y llevamos 2 días con la duda de si será tan terrible como nos imaginamos. Hemos pasado todo el fin de semana tristes, sin una tristeza muy definida, mitad resignación porque estas cosas pasan y hay que tratar de acostumbrarse y mitad melancolía por las cosas que, sin estar seguros, ya echamos de menos.
Seguramente se habrán llevado el lector de CD y MP3 que I. se compró, después de muchas dudas, porque el tiempo en la carretera se le hacía insoportable. Es una lástima, este aparato nos ha hecho mucha compañía en los viajes en silencio, ha sido testigo de la única música que hemos compartido últimamente y representaba, quizá, el único capricho que I. se ha permitido en años.
En cuanto al resto de cosas que estaban en el coche, no estamos seguros de lo que queda y hemos pasado el fin de semana en una continua adivinanza. De vez en cuando un pensamiento cruzaba nuestra mente y le decíamos al otro: - el disco de Sabina!, - es verdad, y aquél que te grabé de música folk, - y el saco de dormir...

Pero, como siempre, entre lo malo ha habido algo bueno, algo que me hizo sonreír y darme cuenta de por qué quiero tanto a I., de lo especial y maravilloso que es tenerlo a mi lado. El domingo por la mañana, cuando me levanté, me dijo con una indisimulable mirada acuosa, que lo que más pena le daba perder de todo lo que había en el coche, era el peluche pequeñito de un tigre que le había regalado esta navidad y que teníamos colgado del retrovisor.

No tengo ni idea de si lo habrán robado y, por primera vez en mi vida, estoy rezando – que esté, por favor, que esté. ¿Y para qué? Para que siga siendo su regalo, para ver su increíble sonrisa cuando lo descubra, colgando de su sitio, y para que se convierta en un niño durante unos breves y mágicos instantes.



 
Comentario:
Os habrán robado el coche, pero vuestra manera de pasarlo juntos es preciosa, ¡que eso no os lo dejeis robar nunca! ( lo siento mucho)
Un abrazo.
 
Comentario:
Lamento mucho lo del coche, ojalá todo se arregle y bien.

Lo del peluche me es tiernísimo, esto comprueba una vez más que las cosas que valen la pena y hacen feliz son siempre las que se dan con y en el corazón. Bello.

Un beso.

(Gracias por tu visita a mi casita, yo también te estaré visitando).
 
Comentario:
A mi robaron la radio e un neumático e tres cassetes q adoraba con locura. Lo q más me costo fue la sensacion de violacion de un espacio q era muy mio, me dolio, mas q lo q me robaron. ahora no tengo coche, por eso me tendran q robar a cuerpo limpio, lo q es peor.sea lo q sea q passe si tiene q passar. besos


ps: perdona el español
 
Comentario:
El peluche estaba (qué alegría).
Nos han robado el lector de CDs, algunos discos, la bandeja trasera con los altavoces... en fin, al menos tenemos coche.
Empiezo a pensar que me han echado mal de ojo, con esta ya van seis las veces que me han robado, me han atracado por la calle, entraron a mi casa y ahora en el coche...
 
Comentario:
(Ojalá que esté tu peluche, ojalá!)

Cuando te roban hacen algo más que quitarte algo material... violan tu espacio, tu propiedad... es una sensación horrible.
Casi sería mejor ver -al que te roba-, tener la oportunidad de decirle: -"Está bien, llévatelo anda"; que encontrarte tu espacio profanado.

En fin... paciencia y que encontréis el coche lo mejor posible. Un abrazo,

Saf ;-))
 
Comentario:
Esto me ha recordado que una vez al novio de mi hermana (novio por entonces) le entraron en el coche y le robaron un peluchito que ella le había regalado. Como fue lo único que se llevaron los cacos (mira tú) mi hermana siempre tuvo la sospecha, nunca confirmada de que en realidad a mi cuñado nunca le gustó el muñequito y vio en ello la forma de librarse de él.
No se lo habrán llevado, Luz. Ya verás.
No