La casa de los relojes
Hoy leyendo a Nepomuk y su tictac me ha venido a la mente una imagen del salón de la casa de mis suegros. Su salón, y en general toda la casa, no tendría nada de particular si no fuera por su afición a los relojes. Una afición extraña y desmesurada. Lo podría entender en el caso de que fueran, más que relojes, obras de arte, pero salvo el de péndulo que reina en el salón, los demás son feos, horrorosos, de plástico, tipo despertador, como los que regalan en las cajas de galletas. Allí están, invadiendo las estanterías de la librería del salón, encima del televisor, en el mueble recibidor, sobre la telefonera... Nunca los he contado, pero debe haber cerca de una docena de relojes repartidos por todos los sitios imaginables.
Me ponen de los nervios. Siempre que estoy en un sitio con muchos relojes me deprimo, me resulta desolador pensar que cuenta más medir el tiempo que disfrutarlo. Pero en casa de mis suegros aún hay otro factor que me pone los pelos de punta: los relojes no marcan la hora exacta, muchos de ellos no han estado en hora nunca. Miro el péndulo y está en la hora de Canarias, el reloj que está encima de la tele marca tres horas y veinte minutos más, el de la estantería unos 25 minutos menos... ahhhhhh!!! Es como para volverse loca. ¿Y cómo saben en esa casa la hora que es?, fácil, mirando el reloj de muñeca, uffff, ¿y entonces para qué tanto reloj?, pues porque si te regalan un reloj y funciona, no lo vas a tirar, no?
De todos modos, lo peor son las alarmas que suenan cuando quieren. Yo, que soy tan anormal que hago las cosas con un motivo, no puedo comprender por qué alguien pone una alarma que no significa nada. Estamos viendo la tele y a las siete menos cuarto suena uno de los fatídicos cacharros. Miro a mi suegra, a mi suegro y no se inmutan, soportan estoicamente el sonido (alarmante porque es una alarma) y ni la paran, ni la apagan, ni tiran el cacharro gritón por la ventana, que es lo que yo hubiera hecho. Y esto mismo sucede con la docena de despertadores que hay repartidos, cada uno suena a una hora. Creo recordar que un día nos sobresaltó uno a eso de las tres de la mañana. Inconcebible.
Yo, que necesito ponerme dos despertadores para levantarme cuando ni siquiera las calles están puestas, aborrezco los relojes, sobre todo si suenan (tic tac tic tac). Y sin embargo, paradojas de la vida, no puedo prescindir de mi reloj de muñeca.
Comentario:
Luz, o último post é para Espanha : ou melhor, fala da minha paixão por flamengo. Ofereço-to pela nossa sintonia. Beijo
Comentario:
Mmh..esa escena de Alicia en el País de las Maravillas cuando el sombrero loco pega un mazazo al reloj de bolsillo del conejo blanco..
Odio los tictaques, los ring y los pipipi. Mientras no inventen el despertador que dé besos y prepare tostadas...
Odio los tictaques, los ring y los pipipi. Mientras no inventen el despertador que dé besos y prepare tostadas...
Comentario:
De hecho me paso la vida esperando que ocurran esa clase de situaciones.
Comentario:
Fascinante que suenen alarmas alarmantes por todas partes en cualquier momento y que no signifique nada. Esta clase de humor es muy efectivo conmigo. Si yo estuviese en una situación así en la que soy el único que parece darse cuenta de la situación mientras todos mantienen la compostura como si nada ocurriese... estallaría de risa. Irrevocablemente.





