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En peligro de extinción
Miradas al paisaje escépticas o idealistas, a ratos y según tenga el día.
Acerca de
Image hosted by Photobucket.com El autor de este blog no se responsabiliza de las opiniones ajenas, y cree que tampoco de las propias. Las cosas nunca son del todo como tú crees, y mas vale que el momento de la extinción te pille con la necesaria dosis de escepticismo.
 
Vida después del hachazo
Uno de mis amigos hizo ayer 300 kilómetros para pasar unas horas conmigo. En estos momentos hace el camino de vuelta hacia su ciudad. Llevaba nueve meses sin dormir una sola noche fuera de su casa y me escogió para huir, aunque fuera unas horas, de la pesadilla que vive desde el 6 de agosto. Me enorgullece que me considere su amigo, y que me lo haya demostrado de esa forma.

Nos conocimos en la Facultad, y aunque nuestros caracteres no son muy parecidos, terminamos en la misma cuadrilla en la que compartimos juergas, tertulias, confidencias, estudios y alguna que otra locura. Al acabar la carrera, el se volvió a su ciudad y, como me pasó a mí, pudo entrar a trabajar en el periódico local. Yo luego cambié de ciudad y de periódico, pero nuestras vidas han seguido cursos paralelos. Nos hemos vistado muchas veces desde entonces: o yo paraba en su ciudad de camino para mi tierra o él aprovechaba alguno de sus muchos viajes de trabajo para venir a verme y salir por una ciudad con la que se encariñó desde la primera visita.

Año a año se fue consolidando una amistad sólida, de esas sin aspavientos ni cariños huecos, al estilo de la gente del norte. Él se casó con una chica encantadora, con la que tuvo dos niños y en el trabajo pronto empezó a viajar con el equipo de baloncesto y comenzó a recorrerse todos los aeropuertos de Europa con giras semanales estilo Lituania-Murcia, Salónica-Lugo o Moscú-León.

Pero pasó el tiempo, continuaban los viajes, los niños crecían y fue sintiendo la necesidad de estar mas tiempo con los suyos. Así que pidió un cambio de puesto de trabajo para estar más tiempo en casa. Tardaron en concedérselo: la empresa valoraba mucho la calidad de su trabajo, que llegó a ser reconocido por todos. Él insistía cada año en que quería dejarlo, hasta que por fin la pasada temporada le confirmaron que sería la última de viajes y mas viajes. Se acabaron las salidas a las cuatro de la madrugada, se acabó vivir en los aeropuertos.

La familia veraneaba el pasado mes de julio junto al mar feliz ante la nueva etapa que iban a emprender, cuando la mujer de mi amigo empezó a sentir un extraño dolor de cabeza. No era algo normal. Mi amigo recordó algo y sintió un sudor frío. Aquel melanoma que le detectaron a ella seis años atrás, y del que apenas unos meses antes le habían dado el alta tras una serie de controles rigurosos. Le dijeron: "Treinta de cada cien personas con esta enfermedad no superan los cinco años de vida". Pero ella lo hizo.

Los dolores volvieron 20 días después, y se hicieron más agudos. Corrieron al hospital. Y oyeron el diagnóstico brutal, el hachazo despiadado. Metástasis. Murió el 6 de agosto, justo el dia de mi cumpleaños. No pude ir al funeral. Mi amigo no reunió las fuerzas para contármelo hasta el día 11.

Ayer se separó de sus hijos por primera vez en 9 meses. Cenamos con la Mari y luego los tres tomamos copas, hablamos de lo humano y lo divino, recordamos, nos reimos y al final terminó puntuando a las chicas en los bares.

Esta mañana, tarde, se fue discretamente dándome las gracias. Volvió a su dolor, y se llevó un puñado de buenos recuerdos. Espero que los repitamos pronto.

 
Los viajes, ese alimento p'al ejpíritu
Image hosted by Photobucket.comEl domingo pasado tuve salida cultural. Mi amiga la Mari, que también es compañera de curro, y yo hacemos excursiones, generalmente los domingos, para que nos pegue un poco el aire y para ver mundo, que está muy bien. Llevamos en ello cuatro o cinco años, y en este tiempo nos ha pegado el aire en bastantes puntos de la geografía provincial, nacional e internacional. Dejando aparte los Viajes de Vacaciones con los que nos homenajeamos generalmente en septiembre, de los que ya os contaré otro día, durante el año mantenemos la costumbre en cuanto podemos de huir de la city a donde sea, con el objetivo urgente de desconectar del jefe, las prisas por el cierre y todo lo que rodea al periódico.

Nuestros destinos varían con las estaciones del año. Hasta ahora no me había parado a pensar en la tontería, pero si en verano salimos al campo, a pasear por los caminitos y a echar esas sagradas siestas junto al río, en invierno nos da por el turismo gastronómico, en plan "me han dicho que en Villatrujeque del Camino hay un sitio donde dan unas comidas caseras que te mueres". Porque la Mari y yo no somos de muchos tenedores, sino de ambiente agradable y trato cercano. Los mismo con los hoteles: limpio, barato y bien situado. ¿Para qué más? Pues eso.

Image hosted by Photobucket.com En primavera y otoño se imponen las salidas culturales: conocer pueblos con castillo, revisitar ciudades, perdernos por las callejas... y hacer fotos, una de mis grandes aficiones. Ya os iré colgando alguna por aquí para amenizar este rollo. Son salidas de un día, máximo 200 kilómetros de distancia, con sandwich de bimbo, fruta y botella de agua en la mochila y mucha música para devorar en el camino. Conducir y oir música son actividades que resultan curiosamente complementarias. Y si te gusta conducir y tú escoges la música, zas, ya tienes un momentazo.

Image hosted by Photobucket.com Y también visitamos museos. El domingo cayó uno al que le teníamos ganas. Arte Contemporáneo, toma ya. Yo de arte no es que sea un entendido, pero como en todas las cosas me gusta enfrentarme a él y elegir entre "me gusta", "no me gusta" o "me la trae al pairo". Image hosted by Photobucket.comEn el caso del arte contemporáneo, me sucede como con la música que se hace ahora. Me gusta que me sorprendan. Por eso intento mantener la parabólica bien levantada para disfrutar con un corto, una peli independiente, un grupo musical nuevo o las historias tan raras y tan divertidas que pueden verse en un museo de arte contemporáneo. Creo que todo eso me mantiene joven. O quiero creerlo.

Escribo en el silencio de mi salón en un día de descanso. Ya me han llamado cuatro veces del periódico para diversas bobadas, ninguna grave. Miento: una de ellas no era del periódico: era el alcalde de la Villa Ducal, que aunque iba de cordial e intentaba disimularlo, se nota que le ha jodido una cosa que publiqué el otro día. Que le den. Image hosted by Photobucket.com Fuera llueve y esta tarde saldré a recoger las entradas para el Primavera Sound. Mi prima, su novio, la Mari y yo nos vamos el día 27, de viernes a domingo. Actúan mis adorados New Order y había que aprovechar la oportunidad. Y todo el plan me hace mucha ilusión. Ya os contaré.

Cuestión para debate: ¿Cuál es la manifestación artística que más os pone?
 
Image hosted by Photobucket.com¿Por qué tengo un blog?
Hace una semana me decidí. Hasta entonces, me daba un poco de yuyu seguir escribiendo también al llegar a casa. También lo veía como algo complicado, antes de saber que hay plantillas y asistentes que te lo dan hecho.

¿Por qué tengo un blog?

Bienvenidos. Os invito al viaje hacia una respuesta que ahora mismo desconozco.

1. Antecedentes imprescindibles.

1.1 Aquel Diario de la comunión.

Mi primer diario me lo regalaron en la primera comunión. Un librito de tapas de piel -o lo que fuera, seguramente imitación, pero parecia cuero- color granate, y con una inscripción en la portada que con dorada letra caligráfica dejaba claro de qué iba el tema. "Mi diario". Qué manía con querer explicar lo evidente. En los tazones de desayuno no suele poner "tazón de desayuno" y mucho menos en los alfileres pone "alfiler". El escritor de un diario, además, lleva el tema con bastante discreción y evita llamar la atención ajena sobre un cuaderno creado para plasmar intimidades. Mucho más cuando eres un niño tímido de casi siete años. Y desde luego, poner en la tapa "Mi diario" con letra dorada sobre fondo granate no es una opción muy discreta para que el libro pase desapercibido en una casa con tres hermanos.

A ninguno os extañará que el diario que me regalaron en la primera comunión pasara una buena temporada metido en su cajita granate, a juego con los tapas, y con todas sus delicadas paginitas -con el canto también dorado- en blanco, esperando mejores tiempos para empezar a escribir. La primera vez que sentí la necesidad de escribir en aquel diario fue cuando un compañero de clase entró en su fase cruelgamberrosádica y la emprendió conmigo. Me arrugaba las hojas por sorpresa, me escondía los bolis, me ponía zancadillas el muy cabrón, en un comportamiento sistemático que obedecería a qué sé yo que patrón psicológico de la prepubertad. Supongo que no os costará mucho entenderlo. Siempre han existido puteadores y víctimas, mucho antes de que el sociólogo listo de turno le llamara bullying.
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Aquellos meses, o semanas, que ya ni me acuerdo, fueron bastante jodidos, más que nada porque no me cabía en la cabeza por qué razón me puteaba este tío. Hay que decir que yo, como era un santo, no me salía entrar al cuerpo a cuerpo. Pegarme nunca ha sido lo mío; yo apuntaba ya el talante mucho antes que Zapatero. Así que ante la falta de explicaciones por parte de mi violento compañero, me refugié en la introspección. No se lo conté a mis padres, no: abrí mi diario y escribí allí los pensamientos de un niño de 11 años. Fueron tres o cuatro hojas que no sobrevivieron al pudor de la adolescencia: en algún momento posterior las destruí, como hacían los ejércitos en retirada con sus propios castillos, para que no cayeran "en manos del enemigo". Si en mi casa hubieran leido aquellas tonterías, aquel niño se habría muerto de la vergüenza. Después la tontería esta se me pasó, claro, pero los hechos son los hechos, y fueron así.

1.2. El fiel cuaderno de las tapas azules.

El segundo soporte que hizo de diario fue un cuaderno grueso de tapas azules y de formas cuadriculadas. No me acuerdo para qué lo compré. Ya estaba trabajando en Charricity y lo usé un día para volcar en él mis comeduras de tarro en torno a una chica. Me aproximé a ella una primavera, compartimos unas fiestas de pueblo, una salida nocturna, dos, tres y muy pronto comenzó a suceder un fenómeno misterioso: estando con ella amanecía mucho antes. De hecho, el amanecer nos sorprendió desde entonces en muchas ocasiones y en las más variadas posturas. No me voy a enrrollar en este punto, porque no se trata de contar mi vida en este post. A lo que iba es que hubo un verano fantástico, un otoño caliente y con el invierno vino el frío: ella y su ex decidieron volver a intentarlo. Y yo empecé a desahogarme con el cuaderno de tapas azules.

Image hosted by Photobucket.comParalelamente a mi historia con aquella chica, con la no faltaron escarceos posteriores a espaldas de su novio y actual marido, tuve que ir admitiendo que escribir en aquel cuaderno me ayudaba a objetivar las preocupaciones, que una vez trasladades a frases yo podía analizar mejor y abordar una posible actitud para superar el bache. Desde aquel invierno y en sucesivos inviernos y veranos, el cuaderno azul fue lo más parecido que he tenido a un diario, en el que me refugiaba cuando mis relaciones con las chicas se torcían. Hubo también anotaciones eufóricas, o intentos literarios, pero no llegué a terminar de emborronar todas aquellas hojas cuadriculadas.

La última vez que necesité del cuaderno azul fue hace tres años, cuando pasé junto a mi padre sus últimas nueve noches. Pensé que podría volcar mi desesperación en frases, darle sintaxis al dolor y vestir de léxico mi angustia. Rescaté un invento que teníamos en casa para leer a oscuras, una especie de gafas con una linternita en cada sien con las que podía a duras penas iluminar el cuaderno en la madrugada, con la respiración doliente de mi padre al lado. No se me ocurre imagen más paradójica que la que me viene ahora a la memoria de una especie de luciérnaga estéreo llorando con el alma partida ante la marcha irremediable de un ser querido en una oscura habitación de un hospital. Qué cosas.

2. Conclusión breve, luego dos veces buena.

Me cuesta volver a leer aquellas sensaciones descarnadas. Sé que hay literatura y de la buena en aquello que escribí, pero eso quedará para mí solo. El cuaderno azul está guardado en algún sitio, y años después este linzze se reconoce como un ser más o menos estable, que no necesita recurrir a cuadernos azules para buscar explicaciones a las cosas. Confieso que he abierto este blog por deporte, como gimnasia mental, y con el fin, que supongo que comparto con todos vosotros, de pensar sobre las cosas que pasan, contaros alguna que otra batallita, de que me leáis y que os veáis reflejados en algunas de las chorradas que iré poniendo. Y, sobre todo...

(hago una pausa para poner emoción)

... para que me queráis un poco.


... y tú, ¿por qué tienes un blog????