La cucaracha... ya puede caminar
Cada semana cuento una cucaracha patas arriba más en el descansillo de la planta de mi garaje por la que entro al ascensor. Me estoy aguantando las ganas de poner un cartel en el portal dirigido a la empresa de limpieza (que se digna pasarse los martes) que diga algo así como "Sería un detalle que evacuaran las cucarachas muertas de la tercera planta dol sótano. Gracias. Los familiares de las cucarachas". Pero me corto:sospecho que daría mala imagen a los visitantes del bloque.
Bueno, unas cuantas líneas más abajo me excuso ante todos vosotros, especialmente ante la buena gente que me está dando ánimos para seguir desde que el linZZe abrió su guarida. He dejado que crezcan las telarañas, y no no no no no puede ser. El escritor necesita disciplina y hábito para vencer "el pánico a la hoja en blanco", que llamó no se quien (recordádmelo si lo sabéis), y para eso hay hay que ser constante antes que brillante. Mejor escribir a tiempo para salir todos los días a la calle, que llegar tarde por pretender ser muy brillante y que no te lea nadie.O sea, lo que siempre nos dijeron en mi periódico me lo puedo aplicar yo en este blog.
Quizá pensando en las telarañas que tenía que quitar me acordé de las cucarachas. Os confieso que tanto las cucarachas como las arañas y otros bichos minúsculos con patitas me han dado siempre mucho asco, pero en el arte quedan todas divinas: ahi está "La metamorfosis" de Kafka y las enormes películas de serie B que tanto miedo me hicieron pasar: verbigratia, "El increible hombre menguante" o "La mosca". Arggg, pero que asco !!!
Pues resulta que debo ser un poco imbécil, porque llevo las semanas que véis que llevo como buscando "algo interesante que me haya pasado" para contar aquí. Desde este momento desisto de tal empeño y renuncio a buscar grandes relatos - ya está Pilimindrina, no puedo competir con ella ni quiero, es la mejor de largo- para contaros cosillas. Sin más. Además luego os cansáis de leer rollos patateros, así que me atendré al "si breve, dos vedes bueno".
Estoy pensando que esto puede ser un buen post de transición. Así que voy a dejarlo aquí.
A tí, gracias por volver !
Bueno, unas cuantas líneas más abajo me excuso ante todos vosotros, especialmente ante la buena gente que me está dando ánimos para seguir desde que el linZZe abrió su guarida. He dejado que crezcan las telarañas, y no no no no no puede ser. El escritor necesita disciplina y hábito para vencer "el pánico a la hoja en blanco", que llamó no se quien (recordádmelo si lo sabéis), y para eso hay hay que ser constante antes que brillante. Mejor escribir a tiempo para salir todos los días a la calle, que llegar tarde por pretender ser muy brillante y que no te lea nadie.O sea, lo que siempre nos dijeron en mi periódico me lo puedo aplicar yo en este blog.
Quizá pensando en las telarañas que tenía que quitar me acordé de las cucarachas. Os confieso que tanto las cucarachas como las arañas y otros bichos minúsculos con patitas me han dado siempre mucho asco, pero en el arte quedan todas divinas: ahi está "La metamorfosis" de Kafka y las enormes películas de serie B que tanto miedo me hicieron pasar: verbigratia, "El increible hombre menguante" o "La mosca". Arggg, pero que asco !!!
Pues resulta que debo ser un poco imbécil, porque llevo las semanas que véis que llevo como buscando "algo interesante que me haya pasado" para contar aquí. Desde este momento desisto de tal empeño y renuncio a buscar grandes relatos - ya está Pilimindrina, no puedo competir con ella ni quiero, es la mejor de largo- para contaros cosillas. Sin más. Además luego os cansáis de leer rollos patateros, así que me atendré al "si breve, dos vedes bueno".
Estoy pensando que esto puede ser un buen post de transición. Así que voy a dejarlo aquí.
A tí, gracias por volver !
El prestigio de los necios
Esta es una de las reflexiones más lúcidas que me he encontrado sobre la interrelación entre la crisis de valores en la sociedad, el desastre del sistema educativo y los medios basura. Joer, después de escribir esta frase me doy un poco de miedo, jeje. En serio, dedicadle un rato a leerlo con calma y me contáis.
EL PAÍS - Opinión - 06-06-2005
El prestigio de los necios
Rafael Argullol es escritor y filósofo.
En el suicidio de la joven de Elda sometida a acoso escolar se reúnen muchas circunstancias tristes e inquietantes, pero una, particularmente siniestra, nos indica hasta qué punto la necedad ha llegado en nuestros días a gozar de un prestigio que parece imparable. Según las informaciones que hemos podido leer en los periódicos, esta estudiante de 16 años, con un excelente rendimiento escolar en el pasado, había empezado a suspender asignaturas para, así, confundirse con la mediocridad general y, en consecuencia, librarse, con un poco de suerte, de la presión brutal que padecía.
No lo consiguió, pero su caso se asemeja en todo a los informes que una y otra vez nos dan a conocer el estado de sitio en el que se encuentran muchos de los institutos de enseñanza media en los que el conocimiento ha pasado prácticamente a la clandestinidad. Aunque suene a disparate difícil de creer, no es infrecuente, de acuerdo con tales informes, que los escasos estudiantes propensos a leer algún libro lo hagan en secreto, ocultos a las miradas de los demás, no sea que llegue a los matones de turno y sus estultos seguidores la noticia de que alguien quiere saber algo que no está en la televisión o en la publicidad.
Desde luego, ni el acoso escolar ni la existencia de matones tiene nada de nuevo y todos seguramente recordaremos episodios de violencia en nuestra adolescencia y también antes en la niñez. La novedad estriba en el actual prestigio de la necedad, a la que no sólo no se pone socialmente coto, sino que se alaba hasta límites seguramente insospechados en cualquier época precedente. Los jóvenes de nuestro tiempo están tan acostumbrados a comprobar que a su alrededor lo necio es más valioso que lo noble que dan casi por descontado hacia dónde debe dirigirse uno si quiere prosperar o simplemente resistir.
El necio posee la llave del paraíso, y para hacerse con ella es importante compartir sus armas: la vulgaridad, la estupidez y esa entrañable y racial costumbre que nos lleva a preferir el gracejo a la inteligencia y la picardía a la cultura. Naturalmente, por sólido que fuera nuestro sistema escolar, que es más bien miserable y se ha empeorado gracias a las sucesivas reformas, nada podría hacer ante el acoso de la necedad proveniente de todos los rincones.
El pequeño matón y su imprescindible pareja, el servil reidor de sus gracias, crecen en la convicción de que el mundo está formado por gentes como las que ellos aspiran a ser, es decir, una legión de matones y serviles reidores. No entienden, por tanto, que deban modificar en absoluto su conducta, puesto que los triunfadores -los que les dicen que cuentan- ya son como ellos; si se afanan en su chulería y su servilismo, lo serán en el futuro.
El cachorro de la hiena, depredadora y riente, se ve inmerso así en una suerte de anticaverna de Platón por la cual lo auténticamente existente, lo que está más allá de las imperfectas necedades cotidianas, la Necedad Absoluta, será aquel paraíso cuya llave le brindan abundantes guías.
¿Y antes de encontrarlos en la propia escuela el aprendiz de matón dónde ha encontrado tantos guías? Casi a cada instante de su vida.
Si dejamos de lado a las familias (¿pueden dejarse de lado en esta cuestión cuando escuchamos el hermoso y rico lenguaje familiar en calles, restaurantes y lugares de ocio?) para trasladarnos a una esfera menos íntima comprobaremos que el aprendiz de matón tiene tantas oportunidades para su aprendizaje que sería un milagro verle desviado hacia una mayor competencia moral. Desde que ha tenido uso de visión el desfile de imágenes ha sido incesante y en una inmensa mayoría ha descubierto la rentabilidad de la trampa y de la violencia. Paralelamente se ha ido cerciorando de que la verdad tiene escasa importancia en relación a la capacidad de persuasión. Por fin también ha sabido que ridiculizar otorga más dividendos que argumentar. Con los ojos pegados a la pantalla, el aprendiz de matón y su servil acompañante aprenden, paso a paso, el camino del porvenir.
Cuando despegan los ojos de la pantalla, lo cual a menudo sucede muy poco, el lenguaje que llega a sus oídos también les señala el camino: pocas palabras -y cuanto más reiteradas, mejor- con la suficiente dosis de bronca y zafiedad. Son las que escuchan por todos lados y corroboran que son las "únicas", no sólo porque nadie se atreve a corregirles, sino porque la publicidad las adopta como consignas. ¿Para qué buscar un lenguaje más complejo y que describa mejor la complejidad del mundo si el triunfo social está equiparado al mayor de los simplismos? ¿Para qué la cultura si los adultos acogen y aconsejan la necedad?
El aprendiz de matón se siente seguro del camino escogido porque no ve indicio alguno de que las cosas vayan en otra dirección. Poseedor de todos los derechos e ignorante de cualquier deber, se convierte en un maestro del chantaje. Nada es más útil que infundir temor en un mundo en que los padres tienen miedo de los hijos, y los profesores, de los alumnos.
¿Y qué decir de la vida pública? En el supuesto de que el matón llegara a interesarse por la vida pública percibiría que tampoco allí la ley es distinta y que con tranquilizadora frecuencia -para él- en el escenario político conviven también la coacción y el servilismo. El aprendiz, ya muy avanzado su aprendizaje, podría identificarse fácilmente con algunos de los personajes que pueblan los foros y las tertulias y convencerse de que la autoridad moral se expresa por la boca de gritones, maldicientes y analfabetos.
¿Cómo no va haber matones en las escuelas o en las calles o en las casas si los hay en los parlamentos, y con tantos siervos dispuestos a reírles las gracias?
EL PAÍS - Opinión - 06-06-2005
El prestigio de los necios
Rafael Argullol es escritor y filósofo.
En el suicidio de la joven de Elda sometida a acoso escolar se reúnen muchas circunstancias tristes e inquietantes, pero una, particularmente siniestra, nos indica hasta qué punto la necedad ha llegado en nuestros días a gozar de un prestigio que parece imparable. Según las informaciones que hemos podido leer en los periódicos, esta estudiante de 16 años, con un excelente rendimiento escolar en el pasado, había empezado a suspender asignaturas para, así, confundirse con la mediocridad general y, en consecuencia, librarse, con un poco de suerte, de la presión brutal que padecía.
No lo consiguió, pero su caso se asemeja en todo a los informes que una y otra vez nos dan a conocer el estado de sitio en el que se encuentran muchos de los institutos de enseñanza media en los que el conocimiento ha pasado prácticamente a la clandestinidad. Aunque suene a disparate difícil de creer, no es infrecuente, de acuerdo con tales informes, que los escasos estudiantes propensos a leer algún libro lo hagan en secreto, ocultos a las miradas de los demás, no sea que llegue a los matones de turno y sus estultos seguidores la noticia de que alguien quiere saber algo que no está en la televisión o en la publicidad.
Desde luego, ni el acoso escolar ni la existencia de matones tiene nada de nuevo y todos seguramente recordaremos episodios de violencia en nuestra adolescencia y también antes en la niñez. La novedad estriba en el actual prestigio de la necedad, a la que no sólo no se pone socialmente coto, sino que se alaba hasta límites seguramente insospechados en cualquier época precedente. Los jóvenes de nuestro tiempo están tan acostumbrados a comprobar que a su alrededor lo necio es más valioso que lo noble que dan casi por descontado hacia dónde debe dirigirse uno si quiere prosperar o simplemente resistir.
El necio posee la llave del paraíso, y para hacerse con ella es importante compartir sus armas: la vulgaridad, la estupidez y esa entrañable y racial costumbre que nos lleva a preferir el gracejo a la inteligencia y la picardía a la cultura. Naturalmente, por sólido que fuera nuestro sistema escolar, que es más bien miserable y se ha empeorado gracias a las sucesivas reformas, nada podría hacer ante el acoso de la necedad proveniente de todos los rincones.
El pequeño matón y su imprescindible pareja, el servil reidor de sus gracias, crecen en la convicción de que el mundo está formado por gentes como las que ellos aspiran a ser, es decir, una legión de matones y serviles reidores. No entienden, por tanto, que deban modificar en absoluto su conducta, puesto que los triunfadores -los que les dicen que cuentan- ya son como ellos; si se afanan en su chulería y su servilismo, lo serán en el futuro.
El cachorro de la hiena, depredadora y riente, se ve inmerso así en una suerte de anticaverna de Platón por la cual lo auténticamente existente, lo que está más allá de las imperfectas necedades cotidianas, la Necedad Absoluta, será aquel paraíso cuya llave le brindan abundantes guías.
¿Y antes de encontrarlos en la propia escuela el aprendiz de matón dónde ha encontrado tantos guías? Casi a cada instante de su vida.
Si dejamos de lado a las familias (¿pueden dejarse de lado en esta cuestión cuando escuchamos el hermoso y rico lenguaje familiar en calles, restaurantes y lugares de ocio?) para trasladarnos a una esfera menos íntima comprobaremos que el aprendiz de matón tiene tantas oportunidades para su aprendizaje que sería un milagro verle desviado hacia una mayor competencia moral. Desde que ha tenido uso de visión el desfile de imágenes ha sido incesante y en una inmensa mayoría ha descubierto la rentabilidad de la trampa y de la violencia. Paralelamente se ha ido cerciorando de que la verdad tiene escasa importancia en relación a la capacidad de persuasión. Por fin también ha sabido que ridiculizar otorga más dividendos que argumentar. Con los ojos pegados a la pantalla, el aprendiz de matón y su servil acompañante aprenden, paso a paso, el camino del porvenir.
Cuando despegan los ojos de la pantalla, lo cual a menudo sucede muy poco, el lenguaje que llega a sus oídos también les señala el camino: pocas palabras -y cuanto más reiteradas, mejor- con la suficiente dosis de bronca y zafiedad. Son las que escuchan por todos lados y corroboran que son las "únicas", no sólo porque nadie se atreve a corregirles, sino porque la publicidad las adopta como consignas. ¿Para qué buscar un lenguaje más complejo y que describa mejor la complejidad del mundo si el triunfo social está equiparado al mayor de los simplismos? ¿Para qué la cultura si los adultos acogen y aconsejan la necedad?El aprendiz de matón se siente seguro del camino escogido porque no ve indicio alguno de que las cosas vayan en otra dirección. Poseedor de todos los derechos e ignorante de cualquier deber, se convierte en un maestro del chantaje. Nada es más útil que infundir temor en un mundo en que los padres tienen miedo de los hijos, y los profesores, de los alumnos.
¿Y qué decir de la vida pública? En el supuesto de que el matón llegara a interesarse por la vida pública percibiría que tampoco allí la ley es distinta y que con tranquilizadora frecuencia -para él- en el escenario político conviven también la coacción y el servilismo. El aprendiz, ya muy avanzado su aprendizaje, podría identificarse fácilmente con algunos de los personajes que pueblan los foros y las tertulias y convencerse de que la autoridad moral se expresa por la boca de gritones, maldicientes y analfabetos.
¿Cómo no va haber matones en las escuelas o en las calles o en las casas si los hay en los parlamentos, y con tantos siervos dispuestos a reírles las gracias?
"Every time I see you falling..."
".. I get down on my knees and pray"
Esto no es más que el estribillo de una canción de New Order, con la que el otro día dí botes en pleno ataque de enajenación durante un concierto de rock. El hecho ya es suficientemente destacable como para os lo cuente en mi blog, y en ello estamos. Amigos, estuve en un macrofestival demúsica, y a mi edad esto es todo un logro del que me siento orgulloso.
Bastaron tres días para la escapadita, suficientes para cruzar la península en tren de lado a lado con la Mari, encontrarme en el destino con mis primos, llegados también para la ocasión, y meter en el lío a mi hermana la peque, que bajó de las montañas de la Cerdanya donde vive habitualmente para turistear con nosotros y echar muchas risas. No sé hasta qué punto pueden interesaros los detalles, pero os lo resumiré diciendo que bebimos mucho, saludamos al mar, hice fotos, escuché muchos idiomas raros, comprobé el alcance de la inmigración, me olvidé de las tensiones, seguimos bebiendo mucho, volví a probar la moussaka y, en resumen acumulé un bonito saco de recuerdos. Eso es un poco aprovechar la vida, no?
NOTAS DE VIAJE. Hacía mucho que no viajaba en tren. La
experiencia fue muy buena; primero, porque los horarios nos permitieron aprovechar el tiempo, saliendo pronto el viernes y volviendo tarde el domingo. Segundo, porque no llegue cansado de conducir, y a cambio vi el paisaje, dormité, leí, medio vi dos pelis y... vamos, hice las cosas habituales que hace la gente cuando viaja en tren y que supongo que todos conocéis muy bien, pero que yo tenía olvidadas desde hace como quince años. Y en este tiempo los trenes regionales han cambiado bastante, vaya que sí.
La semana que ha venido después no ha dado mucho de sí. Sólo que un repentino cambio de turnos en el periódico me ha precipitado a cuatro días de descanso sin ningún plan. Así que como ya tengo previsto volver al Hogar del Norte la semana que viene, me he refugiado en casa leyendo, escribiendo, chateando con medio mundo y viendo Roland Garros. Ahora mismo acaba de empezar la final que digo yo que ganará Nadal. Espero no tener que entrar dentro de un rato a corregir este post y a disimular mis escasas dotes de adivino.
Lo del chat es un tema que va a merecer mi próximo post. Cada día alucino más con las cosas que me encuentro. Es todo un fenómeno sociológico que me apetece analizar a fondo y leer vuestras opiniones. Os cuento después de la publicidad.
Esto no es más que el estribillo de una canción de New Order, con la que el otro día dí botes en pleno ataque de enajenación durante un concierto de rock. El hecho ya es suficientemente destacable como para os lo cuente en mi blog, y en ello estamos. Amigos, estuve en un macrofestival demúsica, y a mi edad esto es todo un logro del que me siento orgulloso.
Bastaron tres días para la escapadita, suficientes para cruzar la península en tren de lado a lado con la Mari, encontrarme en el destino con mis primos, llegados también para la ocasión, y meter en el lío a mi hermana la peque, que bajó de las montañas de la Cerdanya donde vive habitualmente para turistear con nosotros y echar muchas risas. No sé hasta qué punto pueden interesaros los detalles, pero os lo resumiré diciendo que bebimos mucho, saludamos al mar, hice fotos, escuché muchos idiomas raros, comprobé el alcance de la inmigración, me olvidé de las tensiones, seguimos bebiendo mucho, volví a probar la moussaka y, en resumen acumulé un bonito saco de recuerdos. Eso es un poco aprovechar la vida, no?NOTAS DE VIAJE. Hacía mucho que no viajaba en tren. La
experiencia fue muy buena; primero, porque los horarios nos permitieron aprovechar el tiempo, saliendo pronto el viernes y volviendo tarde el domingo. Segundo, porque no llegue cansado de conducir, y a cambio vi el paisaje, dormité, leí, medio vi dos pelis y... vamos, hice las cosas habituales que hace la gente cuando viaja en tren y que supongo que todos conocéis muy bien, pero que yo tenía olvidadas desde hace como quince años. Y en este tiempo los trenes regionales han cambiado bastante, vaya que sí.La semana que ha venido después no ha dado mucho de sí. Sólo que un repentino cambio de turnos en el periódico me ha precipitado a cuatro días de descanso sin ningún plan. Así que como ya tengo previsto volver al Hogar del Norte la semana que viene, me he refugiado en casa leyendo, escribiendo, chateando con medio mundo y viendo Roland Garros. Ahora mismo acaba de empezar la final que digo yo que ganará Nadal. Espero no tener que entrar dentro de un rato a corregir este post y a disimular mis escasas dotes de adivino.
Lo del chat es un tema que va a merecer mi próximo post. Cada día alucino más con las cosas que me encuentro. Es todo un fenómeno sociológico que me apetece analizar a fondo y leer vuestras opiniones. Os cuento después de la publicidad.






El autor de este blog no se responsabiliza de las opiniones ajenas, y cree que tampoco de las propias. Las cosas nunca son del todo como tú crees, y mas vale que el momento de la extinción te pille con la necesaria dosis de escepticismo.