Vientos del Norte
Os contaba unas líneas más abajo que soplaban vientos tristes desde la Ciudad del Norte. Mientras yo estaba de vacaciones y totalmente fuera de cobertura murió el padre de mi amigo Tx. Sufría de una enfermedad pulmonar y se fue apagando lentamente. Me dolió no haber podido estar con él en ese momento. Me enteré viajando desde Madrid a Charry City y al día siguiente me planté en la Ciudad del Norte para darle un abrazo a mi amigo, al que creo que podría llamar sin temor a equivocarme Mi Mejor Amigo. Le decían una misa en la parroquia del barrio y me acerqué a estar unosminutos con su madre y a su hermana. Estan bien. Tx. , su peque el mayor y yo fuimos paseando hasta su casa. Allí saludé a su esposa A., que también es amiga mía, y que entraba de turno de noche en el hospital. Cenamos, acostamos a los niños, y mi amigo y yo nos sentamos en el sofá delante de una botella de pacharán y nos sumergimos en una de esas conversaciones sobre lo humano y lo divino que se tienen una vez cada década, más o menos.
Como sucede con A., mi otro gran amigo del que os hablaba el otro día, Tx. y yo nos conocimos en la Facultad y en primer curso: concretamente en aquel histórico viaje a la Capital donde, además de soñar en la madrugada con "Ribbon in the sky" , descubrimos las redacciones de El País y de EFE, el teatro Reina Victoria y los bares de copas de Azca. Ya al regreso comenzamos a compartir amistades, ratos de estudio - aquel examen mítico de Historia del Pensamiento Político que preparamos diciendo chorradas debajo de un pino del campus- y bastantes ideales. Con la perspectiva del tiempo, compruebo que son muchas las cosas y personas importantes en mi vida que me llegaron de la mano de Tx. Además de haber conocido gracias a su amplio círculo de amigos a más de una chica a la que llegue a querer muchísimo, con él descubrí el verdadero significado de valores como la solidaridad y la generosidad. Por su culpa pertenezco a Amnistía Internacional, por ejemplo, y junto a él viajé por primera vez a Charry City, de turismo, sin saber que dos años después un trabajo me haría volver para quedarme.
No nos vemos cada semana porque no puede ser: vivimos a casi 500 kilómetros de distancia, pero cuando nos reencontramos es como continuar una conversación de ayer.
Pero hay más malos vientos del Norte. Para la siguiente.
Como sucede con A., mi otro gran amigo del que os hablaba el otro día, Tx. y yo nos conocimos en la Facultad y en primer curso: concretamente en aquel histórico viaje a la Capital donde, además de soñar en la madrugada con "Ribbon in the sky" , descubrimos las redacciones de El País y de EFE, el teatro Reina Victoria y los bares de copas de Azca. Ya al regreso comenzamos a compartir amistades, ratos de estudio - aquel examen mítico de Historia del Pensamiento Político que preparamos diciendo chorradas debajo de un pino del campus- y bastantes ideales. Con la perspectiva del tiempo, compruebo que son muchas las cosas y personas importantes en mi vida que me llegaron de la mano de Tx. Además de haber conocido gracias a su amplio círculo de amigos a más de una chica a la que llegue a querer muchísimo, con él descubrí el verdadero significado de valores como la solidaridad y la generosidad. Por su culpa pertenezco a Amnistía Internacional, por ejemplo, y junto a él viajé por primera vez a Charry City, de turismo, sin saber que dos años después un trabajo me haría volver para quedarme.
No nos vemos cada semana porque no puede ser: vivimos a casi 500 kilómetros de distancia, pero cuando nos reencontramos es como continuar una conversación de ayer.
Pero hay más malos vientos del Norte. Para la siguiente.






El autor de este blog no se responsabiliza de las opiniones ajenas, y cree que tampoco de las propias. Las cosas nunca son del todo como tú crees, y mas vale que el momento de la extinción te pille con la necesaria dosis de escepticismo.