TODAVIA ESTAS AQUÍ?
El maestro zen Obaku preguntaba todas las mañanas:
"Obaku, ¿todavía estás aquí?".
Sus discípulos decían: "¡Si te oye gente de fuera pensará que estás loco ! ¿ Por qué haces esto?".
El decía : " Porque de noche me olvido de todo... una mente solitaria sin sueños ni pensamientos... cuando me despierto tengo que recordarme a mí mismo otra vez que Obaku está aquí. ¿ A quién puedo preguntar? Sólo puedo preguntármelo a mí: " Obaku ¿todavía estás aquí? "
Y él mismo se respondía : " ¡ Sí, señor! ".
"Obaku, ¿todavía estás aquí?".
Sus discípulos decían: "¡Si te oye gente de fuera pensará que estás loco ! ¿ Por qué haces esto?".
El decía : " Porque de noche me olvido de todo... una mente solitaria sin sueños ni pensamientos... cuando me despierto tengo que recordarme a mí mismo otra vez que Obaku está aquí. ¿ A quién puedo preguntar? Sólo puedo preguntármelo a mí: " Obaku ¿todavía estás aquí? "
Y él mismo se respondía : " ¡ Sí, señor! ".
TODAVIA ESTAS AQUÍ?
El maestro zen Obaku preguntaba todas las mañanas:
"Obaku, ¿todavía estás aquí?".
Sus discípulos decían: "¡Si te oye gente de fuera pensará que estás loco ! ¿ Por qué haces esto?".
El decía : " Porque de noche me olvido de todo... una mente solitaria sin sueños ni pensamientos... cuando me despierto tengo que recordarme a mí mismo otra vez que Obaku está aquí. ¿ A quién puedo preguntar? Sólo puedo preguntármelo a mí: " Obaku ¿todavía estás aquí? "
Y él mismo se respondía : " ¡ Sí, señor! ".
"Obaku, ¿todavía estás aquí?".
Sus discípulos decían: "¡Si te oye gente de fuera pensará que estás loco ! ¿ Por qué haces esto?".
El decía : " Porque de noche me olvido de todo... una mente solitaria sin sueños ni pensamientos... cuando me despierto tengo que recordarme a mí mismo otra vez que Obaku está aquí. ¿ A quién puedo preguntar? Sólo puedo preguntármelo a mí: " Obaku ¿todavía estás aquí? "
Y él mismo se respondía : " ¡ Sí, señor! ".
RUDYARD KIPLING

Se aprende más por lo que la gente habla entre sí o por lo que se sobrentiende, que planteándose preguntas.
MILTON ERICKSON

Le pregunté a un alumno: "¿Cómo harías para ir de este cuarto a aquel otro?"
Me respondió: "Primero hay que pararse, luego dar un paso hacia adelante..."
Lo detuve y le pedí: "Nombrame todas las formas posibles para llegar de este cuarto al otro."
Enumeró: "Puede irse corriendo, caminando, saltando, a los brincos, dando vueltas de carnero... Uno puede llegarse hasta esa puerta, salir de la casa, entrar por la otra puerta y dirigirse a ese cuarto. O bien, si uno quiere, puede saltar por la ventana..."
Le dije: "Ibas a incluir todas las formas posibles, pero cometiste una omisión, una importante omisión. Normalmente yo empiezo por dar el siguiente ejemplo: 'Si quiero pasar de este cuarto a aquel otro, salgo por la puerta, tomo un taxi hasta el aeropuerto, compro un pasaje a Chicago, Nueva York, Londres, Roma, Atenas, Hong Kong, Honolulú, San Francisco, Chicago, Dallas, Phoenix, vuelo en una limosina y entro por el patio de atrás, paso la puerta trasera, y de la habitación del fondo paso a ese otro cuarto.' ¡ Y tú sólo pensaste en ir hacia adelante! No se te ocurrió ir hacia atrás, ¿no es cierto? Tampoco se te ocurrió gatear."
Mi alumno agregó: "Ni deslizarme sobre mi estómago."
¡Nos limitamos tan espantosamente en todo lo que pensamos!
de M. Erickson, "Mi voz irá contigo"
MARGUERITE YOURCENAR
Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón.
CUENTO ZEN
Un día que estaba lloviendo, Kyosho el maestro dijo a un monje:
- ¿Qué es ese sonido que se oye ahí fuera?
- El sonido de la lluvia, maestro.
Era una respuesta sincera, y el maestro sabía desde el principio de qué se trataba. A continuación, sin embargo, añadió:
- Todos los seres están confundidos, están siempre persiguiendo los objetos externos, sin encontrar el yo real.
- ¿Qué es ese sonido que se oye ahí fuera?
- El sonido de la lluvia, maestro.
Era una respuesta sincera, y el maestro sabía desde el principio de qué se trataba. A continuación, sin embargo, añadió:
- Todos los seres están confundidos, están siempre persiguiendo los objetos externos, sin encontrar el yo real.
WINSTON CHURCHILL
A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada.





