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MACHAQUITO PLANET
NUNCA SEGUNDAS PARTES FUERON BUENAS
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AL SON DE LOS TESTÍCULOS CANTORES
Cuando se conocieron, ella era lavandera en el arroyo de los Topos y él, pastor en los montes de la Ardilla.
Se querían. Se amaban. Follaban bien. Incluso podría decirse que saltaban chispas de las sábanas, chispas mágicas de la hierba, del suelo, de cualquier entramado que sirviera de lecho para su traqueteo festivo.
Pasaron lunas y lunas. Pasaron, luego, planetas.
Ella, que había estudiado para lavandera superior, consiguió sin embargo un puesto en la pescadería del pueblo. No contenta con aquel cambio de suerte, se esforzó y logró convertirse en la encargada del establecimiento. Hizo después un “master” que acabó por lanzarla, como una catapulta laboral, al estrellato de su gremio, llegando a detentar el cargo de Ministra Consejera de Peces y Pescados.
Mientras tanto, él seguía cuidando su rebaño.
Ambos comenzaron a acudir a las reuniones y ágapes, invitados en función de la importante posición que ella había adquirido. Pero, con el tiempo, la situación se fue volviendo incómoda.
- ¿Y entonces… - preguntaba un archiduque – a qué dice usted que se dedica?
- Soy pastor.
- ¡Ah! … ¿De qué iglesia?
- No, no. Pastor de cabras.
Y la cosa iba empeorando por momentos.
Un día él acabó planteando la ruptura: lo siento, ya no te quiero, ya no estoy enamorado de ti. Lo dijo serio y con la cara muy alta, para que no se notara demasiado su desgarro interior.
- ¿Cómo es posible? ¡Con lo bien que funcionábamos en la cama!
- Tú lo has dicho: “funcionábamos”
Así acabó la cosa, con ambos derrotados. Habían estado juntos tantos años que ya no podían, ni querían, acostumbrarse a otra sombra en el lado opuesto del cuadrilátero nocturno.
La nieve siguió cayendo en el invierno y los peces continuaron siendo peces. Las cabras, ya se sabe, tiraron al monte, donde vivieron por muchos años más como absolutas y rotundas cabras.
…………………………
NOTA: “… al son de los testículos cantores” es un verso extraído de un poema de César Vallejo.