EL HORROR DE LA GUERRA
La guerra de Vietnam fue la última donde los corresponsales de guerra pudieron trabajar con soltura. Desde entonces el Gobierno Norteamericano ha impedido que quienes reportan la guerra trabajen de acuerdo a sus intereses. Se creó una nueva “agencia”: el Pentágono. Y en la guerra genocida que llevan en Irak, los preparan con antelación y después los empotran junto a las unidades, para tener bien controlada la información y quienes están fuera del juego, reciben como premio lo sucedido a los periodistas que se ubicaban en el Hotel Palestina. Recordemos al cámara español José Couso y al resto de sus colegas. Nunca es tarde para apreciar una buena foto. Comparto con ustedes la información aparecida en BBC Mundo.

Es una de las fotos que han marcado el siglo XX. Una imagen que congeló para siempre el sufrimiento de una niña y el horror de la guerra.
El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur (todos saben que fue norteamericano y piloteado por los yanquis) bombardeó con napalm la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. Con su ropa en llamas, la niña de nueve años corrió fuera de la población. Cuando sus ropas ya habían sido consumidas, el fotógrafo Nick Ut registró la famosa imagen y salvó su vida.
El fotógrafo tenía 20 años cuando captó la imagen que recorrió el mundo y cambió la percepción de la guerra en Vietnam. Una imagen de la que se ha dicho que "nunca envejece".
Desde Los Ángeles, donde trabaja para la agencia Associated Press, Nick Ut conversó en forma exclusiva con Alejandra Martins de BBC Mundo.

Nick en Vietnam
¿Qué recuerda del día en que tomó la foto?
Me acuerdo del 8 de junio de 1972. Fui muy temprano en la mañana a la carretera número 1 hacia la aldea de Trang Bang. Llegué a las siete de la mañana, vi intensos bombardeos y combates entre los ejércitos de Vietnam del Norte y Vietnam del Sur y tomé muchas fotografías. En la tarde fue cuando de pronto lanzaron cuatro bombas de napalm sobre la aldea, cerca de la casa de Kim Phuc.
Empecé a ver columnas de humo y mucha gente que salía corriendo. Vi una señora mayor que corría con un bebé en brazos. El bebé había muerto en sus brazos, corría y decía, ¡por favor ayúdenme, por favor ayúdenme!
Entre el humo negro vi a Kim Phuc que corría gritando "¡demasiado caliente! ¡demasiado caliente!, y tomé muchas fotografías. No quería que muriera, dejé mi cámara a un lado, la levanté, le di un poco de agua y la llevé en mi auto al hospital para tratar de salvar su vida. Sabía que si la dejaba allí moriría.
Tenemos entendido que muchos fotógrafos, cuando Kim Phuc pasó corriendo, estaban rebobinando sus cámaras, pero usted tenía una cuarta cámara de reserva en su bolso, algo que siempre acostumbraba.
Así es. Cuando pasó la señora mayor con el bebé, todos los fotógrafos tomaron muchísimas fotos y las cámaras hace treinta años no eran como las de ahora. Cuando Kim apareció corriendo, muchos fotógrafos estaban rebobinando el rollo.
Un buen amigo mío, David Bennard, de la revista Life, cuando vio que yo saqué una foto me dijo "Nicki, cuando te vi con tu cámara, me di cuenta de que me había perdido algo grande".

Nick años después.
¿Que sintió como fotógrafo, entre, por un lado, la urgencia de fotografiar y hacer que la imagen se publique cuanto antes y, por el otro, el deseo de ayudar a la niña?
Cuando la vi me dije, ¡Dios mio. No quiero que muera! Yo me dije, no voy simplemente a regresar a Saigón (hoy ciudad Ho Chi Min), antes quiero salvar una vida, le di agua y la cubrí con un poncho, luego la llevé al hospital y les pedí a los doctores que la ayudaran.
En la guerra en Vietnam los médicos veían gente morir cada día. Yo les dije, esta niña tendrá un gran impacto en los medios, ayúdenla, no la dejen morir.
¿Qué pasó cuando llegó a la oficina de Associated Press (AP)?
Luego del hospital fui inmediatamente a la oficina y con un técnico comenzamos a ver las imágenes en el cuarto oscuro. Sabía que había tomado una buena fotografía, pero nunca se sabe, podía haber habido un problema con la película.
De pronto vi en el negativo que la imagen podía distinguirse con mucha claridad. Me puse las manos en la cabeza y dije ¡Dios mío, es una gran foto! Imprimimos una copia pequeña para que la viera mi jefe.
Sabemos que la foto fue descartada en un primer momento porque no se publicaban fotos con desnudos frontales.
Cuando mi editor Carl Robinson vio la foto me dijo "Nick, no podemos publicarla en Estados Unidos, por el desnudo". Pero esperamos a que llegara el jefe de la oficina, Horst Faas, quien me preguntó que había pasado. Le dije que había habido un ataque con napalm que había quemado las ropas de las víctimas.
Cuando Horst vio la imagen de Kim Phuc le dijo a Carl: "Enviemos esta foto inmediatamente, ahora mismo, no me importa lo que digan".
Cuando la foto se publicó en Estados Unidos tuvo un tremendo impacto. ¿Qué sintió usted en ese momento?
Me sentí muy feliz y pensé en mi hermano, que también era fotógrafo de AP y murió en la guerra en 1965. Tenía 28 años.
¿Cuantos años tenía usted cuando tomó la foto?
Yo tenía 20 años. Mi hermano siempre me contaba historias de la guerra. No quería que la gente siguiera muriendo. Creía en el poder de las fotografías, me decía, si el mundo ve lo que está sucediendo en Vietnam querrá poner fin a la guerra.
Luego de que mataron a mi hermano, yo pensaba, algún día tomaré fotografías. Tenía 14 años cuando AP me dio un trabajo luego de la muerte de mi hermano.
¿Quién le enseñó a usar una cámara? ¿Fue su hermano?
Cuando vivía con mi hermano, él me mostraba cómo usar diferentes cámaras, Leika, Nikon. Él me enseñó fotografía. Y me decía, "Nick, en la guerra se necesitarán más fotógrafos jóvenes como tú". Él siempre estaba viajando con distintas misiones. Cuando volvía me mostraba lo que había hecho. Luego de la muerte de mi hermano, seguí aprendiendo más por mi mismo.
La foto de Kim Phuc muestra con gran poder el sufrimiento causado por la guerra y aún hoy trae lágrimas a los ojos de muchos. ¿Qué sintió usted como vietnamita al ver esa imagen del sufrimiento de todo un país?
La foto tuvo un impacto profundo en mí. Hasta hoy en día la gente habla de esa foto y a donde voy con mis cámaras muchos saben quien soy. Voy a Vietnam cada año, y ahí la gente me dice, "Nick, tu foto cambió la guerra". Me siento muy feliz, hice un buen trabajo.

Nick y Kim.
¿Cuál ha sido su relación con Kim Phuc?, ¿Aún está en contacto con ella?
Kim Phuc es como mi hija. La llamo muy seguido para conversar y ella siempre me llama "tío Nick".
Siempre le pregunto cómo se siente, cómo está su familia. Siempre la visito cuando voy a Toronto, donde ella vive. Siempre me hace feliz verla.
¿Cuál es su trabajo actual como fotógrafo?
Soy fotógrafo de AP en California y hago de todo un poco, deportes, Hollywood, lo que venga.
¿Enseña fotografia?
He visitado muchas universidades para hablar de mi experiencia y la foto de Kim Phuc. No sólo en Estados Unidos sino en el extranjero. También viajo cada dos años a Hanoi para enseñar fotografía. Incluso los niños me conocen muy bien, aunque no vivieron la guerra, me abrazan, me llaman héroe.
Muchos fotógrafos me piden consejos, algunos antes de ir a Irak. Yo les recomiendo qué tipo de cámaras llevar, que no sean demasiado pesadas, qué tipo de lentes. Antes yo siempre cargaba cuatro cámaras, para no quedarme sin película. Hoy no es necesario, con cámaras digitales, que además son más livianas, se pueden llevar solo dos cámaras y un par de lentes.
¿Tiene hijos?
Dos, un varon, de casi 25, y mi hija, de 23. Les compré todo el kit, pero no les gusta la fotografía, toman fotos para divertirse, tienen sus trabajos, lo que ellos decidan, la vida de un fotógrafo no es fácil, hay mucha competencia hoy con todas las cámaras digitales, la vida de un fotógrafo freelance es dificil.
¿Cómo ve su misión como fotógrafo?
La misión de un fotógrafo en Vietnam era crucial. No es como la guerra de Irak, por ejemplo, donde los medios estaban más controlados.
En Vietnam podíamos viajar a donde quisiéramos y se tomaron fotos como las del ataque con napalm, o esa famosa foto del momento en que matan a un hombre sospechoso de ser del Vietcong de un tiro en la cabeza.
En la guerra de Vietnam nadie chequeaba tus fotos, hoy te piden que les muestres las fotos que tomaste. En Vietnam podíamos pasar de un frente a otro, ir al Vietcong, nadie controlaba a los medios, hoy te dicen que no estás autorizado a tomar fotos de restos de soldados.
Cuando la gente en cualquier parte del mundo ve su foto. ¿Qué es lo que usted espera que sientan? ¿Qué desea que la imagen transmita?
La gente todavía hoy me dice, Nicky, tomaste la foto del siglo XX, aún hoy es una foto muy poderosa.
Quiero que cuando la gente vea esa foto entienda que no quiero más guerras en el mundo. Hay que acabar con las guerras. No debe haber más fotos de quemaduras de napalm. No sólo hablo de la guerra de Vietnam. No debe haber ninguna guerra. En Irak muere gente cada día. Es muy triste.
LA NIÑA DE LA FOTO

Kim Phuc con su hijo Thomas. Foto: Joe McNally.
Kim Phuc vive ahora en Canadá, desde donde conversó con Alejandra Martins de la BBC.
¿Cómo recuerda aquel 8 de junio de 1972, día del ataque con napalm?
Siempre recuerdo ese día. Nos habíamos refugiado con mi familia, vecinos del pueblo y soldados en el templo. Habíamos almorzado, cuando vimos el humo amarillo despedido por los aviones para marcar el blanco de un bombardeo.
Nos dimos cuenta de que iban a atacar el templo. Los soldados, survietnamitas, nos dijeron que debíamos salir, primero los niños.
Comencé a correr con los otros niños. Veía que el avión volaba cada vez más bajo y más cerca, cuando de pronto lanzó cuatro bombas.
Sabía que debía seguir corriendo, pero era una niña, y cada tanto me detenía a mirar. Repentinamente escuche las explosiones, y me vi rodeada de fuego, estaba por todas partes. Sentí el fuego en mi brazo izquierdo. Recuerdo que pensé, ¡oh, no! tengo quemaduras, ¡ya no seré normal! Estaba tan asustada. Mis ropas se consumieron con el fuego. Agradecí a Dios que mis pies no se habían quemado, y pude seguir corriendo.
Huí del fuego y recuerdo que pude ver a mis hermanos y a mi primo, sólo corríamos y corríamos. En un momento estaba tan exhausta que no pude más y me detuve. Uno de los soldados me dio agua para beber. Yo gritaba, nam ua, nam ua, en vietnamita, que significa, demasiado caliente. El soldado tenía una cantimplora con agua y la vertió sobre mi cuerpo. Ahora sé que no debía hacer eso, pero él intentó ayudarme.
En ese momento me desmayé y ya no supe más nada, hasta que me desperté mucho, mucho después en un hospital.
Hay otra famosa fotografía de ese día que muestra a su abuela corriendo cargando a su primo de tres años, inconsciente y con la piel negra y despellejada de las quemaduras. ¿Qué pasó con su familia?
Ese día perdí a mis dos primos, uno de nueve meses y otro de tres años. Mi tía, la madre de los niños, sufrió graves quemaduras en un brazo y una pierna. Ella aún vive en Vietnam.
¿Quién le llevó al hospital?
Supe posteriormente que después de quedar inconsciente quien me llevó al hospital fue el "tío Ut", como yo llamo a Nick Ut (el fotógrafo vietnamita de la agencia Associated Press que capturó la famosa imagen).
Me llevó en su auto. Mis padres no estaban allí. Ellos corrían detrás de nosotros y no pudieron atravesar el fuego, así que debieron regresar al templo.
Permaneció en el hospital durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel ¿Cómo enfrentó esto una niña de nueve años?
Fue terrible. Era tanto el dolor y la picazón. Estaba discapacitada, mi brazo, mi mano, mi axila, mi cuello, se contrajeron, y tenía que hacer ejercicios cada hora, cada día, y toda vez que lo hacía el dolor era enorme.
No quería hacerlo, pero mi mamá me alentaba, y todos los miembros de mi familia, siempre que podían venían a ayudarme.
Sufrí mucho con el dolor físico, además de las pesadillas frecuentes, del trauma.
En su libro "La niña de la foto", Denise Chong relata los baños de cada día en una solución especial
Eso fue muy difícil para mí. Era muy doloroso porque las enfermeras tenían que colocarme en esa bañera y cortar la piel muerta. Debían hacerlo para prevenir una infección.
Recuerdo esos baños cada mañana. Llegaba un punto en que ya no podía aguantar más el dolor y me desmayaba. Y eso me pasaba casi todos los días.
¿Antes del ataque con napalm, qué experiencia tenía de la guerra?
Sabía de la guerra, oía hablar de ella, pero nunca se me había aparecido. Teníamos todo, mi mamá tenía un restaurante, mi hermana era maestra.
Cuando volvía de la escuela, entraba a mi casa, grande y preciosa y me sentía como una princesa entrando a su palacio.
Pero de repente llegó la guerra, y se lo llevó todo. Lo llevó todo.
¿Cuáles eran sus sentimientos respecto a aquellos que lanzaron el napalm?
Sufrí tanto dolor, pesadillas. Todo eso fue generando en mí una carga de odio, ira, resentimiento. Me preguntaba, ¿por qué a mi?
Pero ahora le agradezco a Dios, que cuando me hice cristiana y me acerqué a Jesús, mi fe realmente me ayudó y recé para que Dios me ayudara a liberarme de esos sentimientos.
Odiaba a todo el mundo, no quería seguir viviendo. Pero al rezar, Dios me ayudó y mi fe me llevó a otra etapa. Pude cambiar el significado para mí de lo que sucedió y puedo vivir con alegría, paz en mi corazón, esperanza y perdón. Me doy cuenta de que Dios tocó mi vida.
Y pude salir al mundo y ayudar a otras víctimas.
Antes de ello, vivía en aquella batalla interna y oscuridad. Nadie puede ser feliz así.
Ahora vivo en el presente, y tengo una familia maravillosa.
¿Usted vivió en Cuba cerca de seis años, que recuerdos tiene?
Tengo muchos, muchos recuerdos de Cuba, mucha gente que me ayudó, como mi familia adoptiva, mami Nuria y papi Manolo, ellos me querían mucho, y yo pude aprender español, fue magnífico, quiero mucho a Cuba, el país es muy lindo y la gente muy amable, amistosa.
Allí me casé con mi marido, vietnamita, tengo muy buenos recuerdos. No quiero perder mi español. Tengo deseos de, algún día llevar a mis hijos Thomas y Steven a Cuba, para que conozcan a mi familia adoptiva y a mis amigos. Hablan un poquito de español porque yo les enseño, cada día les enseño una palabra nueva
¿Cuál es la misión de la fundación Kim Phuc?
A través de la fundación ayudamos a niños en todo el mundo que son víctimas de guerra.
Y como embajadora de buena volunta de UNESCO, mi misión es difundir un mensaje de paz.
¿Qué siente al ver que la foto de Kim Phuc corriendo desnuda a los 9 años sigue siendo vista una y otra vez en todo el mundo?
Creo que es una imagen terrible, porque en ella podemos ver cuán atroz puede ser la guerra. No hay que decir mucho. Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños.
Los niños necesitan cariño y alegría, no acabar corriendo así.
Cuando veo esa imagen una y otra vez, le agradezco a Dios que el "tío Ut" congeló ese momento de la historia con su fotografía, y permitió que las próximas generaciones vieran lo que puede ser el horror de la guerra.
Me siento feliz de que la gente pueda ver ahora otra fotografía de mi vida, adulta, en la que se ve amor, esperanza y perdón.
La gente puede ver con estas imágenes que puede elegir algo mucho mejor que la guerra.
Podemos elegir entre el bien y el mal porque tenemos libre albedrío. Y si elegimos el mal sabemos las consecuencias.
Treinta años después de la guerra, cuando piensa en las víctimas, 58.000 estadounidenses, 2 millones de vietnamitas, ¿qué siente respecto a su país?
Vivimos miedo, desesperación y sufrimiento. Treinta años después hay mucho por hacer, pero veo a la nueva generación y creo que nos espera un futuro maravilloso.
Siempre rezo por mi país. Creo que debemos recordar lo que pasó, pero debemos seguir adelante y hacer lo mejor que podamos por nuestro futuro y por nuestros niños.
Es hora de sanar y enfocarnos en una vida mejor.
* Los textos entre paréntesis son del autor del blogs.

Es una de las fotos que han marcado el siglo XX. Una imagen que congeló para siempre el sufrimiento de una niña y el horror de la guerra.
El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur (todos saben que fue norteamericano y piloteado por los yanquis) bombardeó con napalm la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. Con su ropa en llamas, la niña de nueve años corrió fuera de la población. Cuando sus ropas ya habían sido consumidas, el fotógrafo Nick Ut registró la famosa imagen y salvó su vida.
El fotógrafo tenía 20 años cuando captó la imagen que recorrió el mundo y cambió la percepción de la guerra en Vietnam. Una imagen de la que se ha dicho que "nunca envejece".
Desde Los Ángeles, donde trabaja para la agencia Associated Press, Nick Ut conversó en forma exclusiva con Alejandra Martins de BBC Mundo.

Nick en Vietnam
¿Qué recuerda del día en que tomó la foto?
Me acuerdo del 8 de junio de 1972. Fui muy temprano en la mañana a la carretera número 1 hacia la aldea de Trang Bang. Llegué a las siete de la mañana, vi intensos bombardeos y combates entre los ejércitos de Vietnam del Norte y Vietnam del Sur y tomé muchas fotografías. En la tarde fue cuando de pronto lanzaron cuatro bombas de napalm sobre la aldea, cerca de la casa de Kim Phuc.
Empecé a ver columnas de humo y mucha gente que salía corriendo. Vi una señora mayor que corría con un bebé en brazos. El bebé había muerto en sus brazos, corría y decía, ¡por favor ayúdenme, por favor ayúdenme!
Entre el humo negro vi a Kim Phuc que corría gritando "¡demasiado caliente! ¡demasiado caliente!, y tomé muchas fotografías. No quería que muriera, dejé mi cámara a un lado, la levanté, le di un poco de agua y la llevé en mi auto al hospital para tratar de salvar su vida. Sabía que si la dejaba allí moriría.
Tenemos entendido que muchos fotógrafos, cuando Kim Phuc pasó corriendo, estaban rebobinando sus cámaras, pero usted tenía una cuarta cámara de reserva en su bolso, algo que siempre acostumbraba.
Así es. Cuando pasó la señora mayor con el bebé, todos los fotógrafos tomaron muchísimas fotos y las cámaras hace treinta años no eran como las de ahora. Cuando Kim apareció corriendo, muchos fotógrafos estaban rebobinando el rollo.
Un buen amigo mío, David Bennard, de la revista Life, cuando vio que yo saqué una foto me dijo "Nicki, cuando te vi con tu cámara, me di cuenta de que me había perdido algo grande".

Nick años después.
¿Que sintió como fotógrafo, entre, por un lado, la urgencia de fotografiar y hacer que la imagen se publique cuanto antes y, por el otro, el deseo de ayudar a la niña?
Cuando la vi me dije, ¡Dios mio. No quiero que muera! Yo me dije, no voy simplemente a regresar a Saigón (hoy ciudad Ho Chi Min), antes quiero salvar una vida, le di agua y la cubrí con un poncho, luego la llevé al hospital y les pedí a los doctores que la ayudaran.
En la guerra en Vietnam los médicos veían gente morir cada día. Yo les dije, esta niña tendrá un gran impacto en los medios, ayúdenla, no la dejen morir.
¿Qué pasó cuando llegó a la oficina de Associated Press (AP)?
Luego del hospital fui inmediatamente a la oficina y con un técnico comenzamos a ver las imágenes en el cuarto oscuro. Sabía que había tomado una buena fotografía, pero nunca se sabe, podía haber habido un problema con la película.
De pronto vi en el negativo que la imagen podía distinguirse con mucha claridad. Me puse las manos en la cabeza y dije ¡Dios mío, es una gran foto! Imprimimos una copia pequeña para que la viera mi jefe.
Sabemos que la foto fue descartada en un primer momento porque no se publicaban fotos con desnudos frontales.
Cuando mi editor Carl Robinson vio la foto me dijo "Nick, no podemos publicarla en Estados Unidos, por el desnudo". Pero esperamos a que llegara el jefe de la oficina, Horst Faas, quien me preguntó que había pasado. Le dije que había habido un ataque con napalm que había quemado las ropas de las víctimas.
Cuando Horst vio la imagen de Kim Phuc le dijo a Carl: "Enviemos esta foto inmediatamente, ahora mismo, no me importa lo que digan".
Cuando la foto se publicó en Estados Unidos tuvo un tremendo impacto. ¿Qué sintió usted en ese momento?
Me sentí muy feliz y pensé en mi hermano, que también era fotógrafo de AP y murió en la guerra en 1965. Tenía 28 años.
¿Cuantos años tenía usted cuando tomó la foto?
Yo tenía 20 años. Mi hermano siempre me contaba historias de la guerra. No quería que la gente siguiera muriendo. Creía en el poder de las fotografías, me decía, si el mundo ve lo que está sucediendo en Vietnam querrá poner fin a la guerra.
Luego de que mataron a mi hermano, yo pensaba, algún día tomaré fotografías. Tenía 14 años cuando AP me dio un trabajo luego de la muerte de mi hermano.
¿Quién le enseñó a usar una cámara? ¿Fue su hermano?
Cuando vivía con mi hermano, él me mostraba cómo usar diferentes cámaras, Leika, Nikon. Él me enseñó fotografía. Y me decía, "Nick, en la guerra se necesitarán más fotógrafos jóvenes como tú". Él siempre estaba viajando con distintas misiones. Cuando volvía me mostraba lo que había hecho. Luego de la muerte de mi hermano, seguí aprendiendo más por mi mismo.
La foto de Kim Phuc muestra con gran poder el sufrimiento causado por la guerra y aún hoy trae lágrimas a los ojos de muchos. ¿Qué sintió usted como vietnamita al ver esa imagen del sufrimiento de todo un país?
La foto tuvo un impacto profundo en mí. Hasta hoy en día la gente habla de esa foto y a donde voy con mis cámaras muchos saben quien soy. Voy a Vietnam cada año, y ahí la gente me dice, "Nick, tu foto cambió la guerra". Me siento muy feliz, hice un buen trabajo.

Nick y Kim.
¿Cuál ha sido su relación con Kim Phuc?, ¿Aún está en contacto con ella?
Kim Phuc es como mi hija. La llamo muy seguido para conversar y ella siempre me llama "tío Nick".
Siempre le pregunto cómo se siente, cómo está su familia. Siempre la visito cuando voy a Toronto, donde ella vive. Siempre me hace feliz verla.
¿Cuál es su trabajo actual como fotógrafo?
Soy fotógrafo de AP en California y hago de todo un poco, deportes, Hollywood, lo que venga.
¿Enseña fotografia?
He visitado muchas universidades para hablar de mi experiencia y la foto de Kim Phuc. No sólo en Estados Unidos sino en el extranjero. También viajo cada dos años a Hanoi para enseñar fotografía. Incluso los niños me conocen muy bien, aunque no vivieron la guerra, me abrazan, me llaman héroe.
Muchos fotógrafos me piden consejos, algunos antes de ir a Irak. Yo les recomiendo qué tipo de cámaras llevar, que no sean demasiado pesadas, qué tipo de lentes. Antes yo siempre cargaba cuatro cámaras, para no quedarme sin película. Hoy no es necesario, con cámaras digitales, que además son más livianas, se pueden llevar solo dos cámaras y un par de lentes.
¿Tiene hijos?
Dos, un varon, de casi 25, y mi hija, de 23. Les compré todo el kit, pero no les gusta la fotografía, toman fotos para divertirse, tienen sus trabajos, lo que ellos decidan, la vida de un fotógrafo no es fácil, hay mucha competencia hoy con todas las cámaras digitales, la vida de un fotógrafo freelance es dificil.
¿Cómo ve su misión como fotógrafo?
La misión de un fotógrafo en Vietnam era crucial. No es como la guerra de Irak, por ejemplo, donde los medios estaban más controlados.
En Vietnam podíamos viajar a donde quisiéramos y se tomaron fotos como las del ataque con napalm, o esa famosa foto del momento en que matan a un hombre sospechoso de ser del Vietcong de un tiro en la cabeza.
En la guerra de Vietnam nadie chequeaba tus fotos, hoy te piden que les muestres las fotos que tomaste. En Vietnam podíamos pasar de un frente a otro, ir al Vietcong, nadie controlaba a los medios, hoy te dicen que no estás autorizado a tomar fotos de restos de soldados.
Cuando la gente en cualquier parte del mundo ve su foto. ¿Qué es lo que usted espera que sientan? ¿Qué desea que la imagen transmita?
La gente todavía hoy me dice, Nicky, tomaste la foto del siglo XX, aún hoy es una foto muy poderosa.
Quiero que cuando la gente vea esa foto entienda que no quiero más guerras en el mundo. Hay que acabar con las guerras. No debe haber más fotos de quemaduras de napalm. No sólo hablo de la guerra de Vietnam. No debe haber ninguna guerra. En Irak muere gente cada día. Es muy triste.
LA NIÑA DE LA FOTO

Kim Phuc con su hijo Thomas. Foto: Joe McNally.
Kim Phuc vive ahora en Canadá, desde donde conversó con Alejandra Martins de la BBC.
¿Cómo recuerda aquel 8 de junio de 1972, día del ataque con napalm?
Siempre recuerdo ese día. Nos habíamos refugiado con mi familia, vecinos del pueblo y soldados en el templo. Habíamos almorzado, cuando vimos el humo amarillo despedido por los aviones para marcar el blanco de un bombardeo.
Nos dimos cuenta de que iban a atacar el templo. Los soldados, survietnamitas, nos dijeron que debíamos salir, primero los niños.
Comencé a correr con los otros niños. Veía que el avión volaba cada vez más bajo y más cerca, cuando de pronto lanzó cuatro bombas.
Sabía que debía seguir corriendo, pero era una niña, y cada tanto me detenía a mirar. Repentinamente escuche las explosiones, y me vi rodeada de fuego, estaba por todas partes. Sentí el fuego en mi brazo izquierdo. Recuerdo que pensé, ¡oh, no! tengo quemaduras, ¡ya no seré normal! Estaba tan asustada. Mis ropas se consumieron con el fuego. Agradecí a Dios que mis pies no se habían quemado, y pude seguir corriendo.
Huí del fuego y recuerdo que pude ver a mis hermanos y a mi primo, sólo corríamos y corríamos. En un momento estaba tan exhausta que no pude más y me detuve. Uno de los soldados me dio agua para beber. Yo gritaba, nam ua, nam ua, en vietnamita, que significa, demasiado caliente. El soldado tenía una cantimplora con agua y la vertió sobre mi cuerpo. Ahora sé que no debía hacer eso, pero él intentó ayudarme.
En ese momento me desmayé y ya no supe más nada, hasta que me desperté mucho, mucho después en un hospital.
Hay otra famosa fotografía de ese día que muestra a su abuela corriendo cargando a su primo de tres años, inconsciente y con la piel negra y despellejada de las quemaduras. ¿Qué pasó con su familia?
Ese día perdí a mis dos primos, uno de nueve meses y otro de tres años. Mi tía, la madre de los niños, sufrió graves quemaduras en un brazo y una pierna. Ella aún vive en Vietnam.
¿Quién le llevó al hospital?
Supe posteriormente que después de quedar inconsciente quien me llevó al hospital fue el "tío Ut", como yo llamo a Nick Ut (el fotógrafo vietnamita de la agencia Associated Press que capturó la famosa imagen).
Me llevó en su auto. Mis padres no estaban allí. Ellos corrían detrás de nosotros y no pudieron atravesar el fuego, así que debieron regresar al templo.
Permaneció en el hospital durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel ¿Cómo enfrentó esto una niña de nueve años?
Fue terrible. Era tanto el dolor y la picazón. Estaba discapacitada, mi brazo, mi mano, mi axila, mi cuello, se contrajeron, y tenía que hacer ejercicios cada hora, cada día, y toda vez que lo hacía el dolor era enorme.
No quería hacerlo, pero mi mamá me alentaba, y todos los miembros de mi familia, siempre que podían venían a ayudarme.
Sufrí mucho con el dolor físico, además de las pesadillas frecuentes, del trauma.
En su libro "La niña de la foto", Denise Chong relata los baños de cada día en una solución especial
Eso fue muy difícil para mí. Era muy doloroso porque las enfermeras tenían que colocarme en esa bañera y cortar la piel muerta. Debían hacerlo para prevenir una infección.
Recuerdo esos baños cada mañana. Llegaba un punto en que ya no podía aguantar más el dolor y me desmayaba. Y eso me pasaba casi todos los días.
¿Antes del ataque con napalm, qué experiencia tenía de la guerra?
Sabía de la guerra, oía hablar de ella, pero nunca se me había aparecido. Teníamos todo, mi mamá tenía un restaurante, mi hermana era maestra.
Cuando volvía de la escuela, entraba a mi casa, grande y preciosa y me sentía como una princesa entrando a su palacio.
Pero de repente llegó la guerra, y se lo llevó todo. Lo llevó todo.
¿Cuáles eran sus sentimientos respecto a aquellos que lanzaron el napalm?
Sufrí tanto dolor, pesadillas. Todo eso fue generando en mí una carga de odio, ira, resentimiento. Me preguntaba, ¿por qué a mi?
Pero ahora le agradezco a Dios, que cuando me hice cristiana y me acerqué a Jesús, mi fe realmente me ayudó y recé para que Dios me ayudara a liberarme de esos sentimientos.
Odiaba a todo el mundo, no quería seguir viviendo. Pero al rezar, Dios me ayudó y mi fe me llevó a otra etapa. Pude cambiar el significado para mí de lo que sucedió y puedo vivir con alegría, paz en mi corazón, esperanza y perdón. Me doy cuenta de que Dios tocó mi vida.
Y pude salir al mundo y ayudar a otras víctimas.
Antes de ello, vivía en aquella batalla interna y oscuridad. Nadie puede ser feliz así.
Ahora vivo en el presente, y tengo una familia maravillosa.
¿Usted vivió en Cuba cerca de seis años, que recuerdos tiene?
Tengo muchos, muchos recuerdos de Cuba, mucha gente que me ayudó, como mi familia adoptiva, mami Nuria y papi Manolo, ellos me querían mucho, y yo pude aprender español, fue magnífico, quiero mucho a Cuba, el país es muy lindo y la gente muy amable, amistosa.
Allí me casé con mi marido, vietnamita, tengo muy buenos recuerdos. No quiero perder mi español. Tengo deseos de, algún día llevar a mis hijos Thomas y Steven a Cuba, para que conozcan a mi familia adoptiva y a mis amigos. Hablan un poquito de español porque yo les enseño, cada día les enseño una palabra nueva
¿Cuál es la misión de la fundación Kim Phuc?
A través de la fundación ayudamos a niños en todo el mundo que son víctimas de guerra.
Y como embajadora de buena volunta de UNESCO, mi misión es difundir un mensaje de paz.
¿Qué siente al ver que la foto de Kim Phuc corriendo desnuda a los 9 años sigue siendo vista una y otra vez en todo el mundo?
Creo que es una imagen terrible, porque en ella podemos ver cuán atroz puede ser la guerra. No hay que decir mucho. Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños.
Los niños necesitan cariño y alegría, no acabar corriendo así.
Cuando veo esa imagen una y otra vez, le agradezco a Dios que el "tío Ut" congeló ese momento de la historia con su fotografía, y permitió que las próximas generaciones vieran lo que puede ser el horror de la guerra.
Me siento feliz de que la gente pueda ver ahora otra fotografía de mi vida, adulta, en la que se ve amor, esperanza y perdón.
La gente puede ver con estas imágenes que puede elegir algo mucho mejor que la guerra.
Podemos elegir entre el bien y el mal porque tenemos libre albedrío. Y si elegimos el mal sabemos las consecuencias.
Treinta años después de la guerra, cuando piensa en las víctimas, 58.000 estadounidenses, 2 millones de vietnamitas, ¿qué siente respecto a su país?
Vivimos miedo, desesperación y sufrimiento. Treinta años después hay mucho por hacer, pero veo a la nueva generación y creo que nos espera un futuro maravilloso.
Siempre rezo por mi país. Creo que debemos recordar lo que pasó, pero debemos seguir adelante y hacer lo mejor que podamos por nuestro futuro y por nuestros niños.
Es hora de sanar y enfocarnos en una vida mejor.
* Los textos entre paréntesis son del autor del blogs.
Cindy Sheehan renuncia

La activista Cindy Sheehan ha anunciado que va a dejar su campaña pública contra la guerra en Irak y ha criticado duramente a los demócratas, los republicanos y a los "dirigentes cobardes" que han dejado abandonadas indefinidamente a las tropas estadounidenses en Irak.
Esta es mi carta de dimisión como la 'cara' del movimiento pacifista americano", declaró en un comunicado colgado el lunes en la página web Daily Kos con motivo del Día de los Caídos.
Sheehan se convirtió en una de las principales voces críticas contra el conflicto en Irak después de que su hijo Casey muriera en combate en 2004.

Sheehan dijo que durante el Día de los Caídos llegó a la conclusión de que su hijo "desde luego murió por nada" y que fue "asesinado por su propio país, que está agradecido y dirigido por una máquina de guerra que incluso controla lo que piensa".
"Nuestros valientes hombres y mujeres en Irak han sido abandonados allí indefinidamente por sus dirigentes cobardes, que se mueven a su alrededor como peones en un destructivo tablero de ajedrez", escribió.
"Adiós América ... no eres el país que amo y finalmente me he dado cuenta de que no importa cuántas cosas sacrifique, no puedo convertirte en ese país a no ser que tú lo quieras", añadió. "Ahora depende de ti".
La reina posa de nuevo

Con una tiara de diamantes en la mano y envuelta en su vestido de noche adornado en oro, la reina Isabel II posó para la lente de la más famosa fotógrafa estadounidense, Annie Leibovitz.
Así, la monarca de Inglaterra se suma al portafolio de Leibovitz, donde se hallan John Lennon desnudo, Demi Moore sin ropa y embarazada y Whoopi Goldberg en su tina de baño llena de leche.
Leibovitz, mejor conocida por su trabajo para la revista Rolling Stones y Vanity Fair, dijo que quería tomar "un retrato muy simple".
La reina se ve sentada en la Sala Blanca de los apartamentos del Palacio de Buckingham. Es una imagen oficial, publicada en víspera de la visita de seis días que la reina hizo a Estados Unidos.
La foto forma parte de una serie comisionada para coincidir con la primera visita de Estado que la reina hace a ese país en 16 años.
La reina ha posado en incontables ocasiones oficiales para pintores y fotógrafos. Existen más de 130 retratos oficiales de la monarca, muchos de ellos en lienzos, realizados por artistas de la talla de Lucian Freud.
¿CONOCES A LA AUTORA DE LA FOTO?
Annie Leibowitz (2 de Octubre de 1949) es una fotógrafa estadounidense, que adquirió fama por sus elegantes retratos de celebridades utilizando una técnica que brinda impactantes resultados
Nació en Westport, Connecticut, bajo el seno de Samuel Leibowitz y Marilyn Heit Leibowitz. En 1969 vivió en un kibutz en Israel y participó en una excavación arqueológica en el sitio del templo del Rey Salomón. Recibió una licenciatura en bellas artes del San Francisco Art Institute en 1971. Posteriormente siguió sus estudios con el fotógrafo Ralph Gibson.
Conocida por sus retratos de famosos, que abarcan desde figuras políticas a músicos y atletas. Su trabajo ha incluido revistas, moda y fotografía publicitaria. Muchos de sus retratos de famosos de la música rock se han convertido en imágenes de firma. Un ejemplo notable es su retrato de John Lennon desnudo sobre una cama, en un abrazo con su esposa, Yoko Ono, totalmente vestida, el último retrato de John Lennon que ella tomó solo un par de horas antes de su trágica muerte en diciembre de 1980.
Su carrera comenzó en 1970, cuando dio sus fotografías a la revista Rolling Stone. Desde 1970 fue fotógrafa independiente y en 1973 se convirtió en la fotógrafa jefa de esta revista y en 1975 fue fotógrafa de gira de conciertos para la banda The Rolling Stones.
Más adelante trabajó para Life, Vogue, Esquire, Time Newsweek. Ha sido fotógrafa colaboradora de la revista Vanity Fair desde 1983, y a principio de los años 1990 fundó el Estudio Annie Leibovitz en la ciudad de Nueva York.
En 1991, Liebovitz se convirtió en la segunda fotógrafa vivo y la primera mujer de todos los tiempos, cuyos trabajos fueron exhibidos en la prestigiosa National Portrait Gallery of Smithsonian Institute en Washington DC. El libro Olympic Portraits, que es el resultado de un largo proyecto de dos años, muestran a atletas olímpicos entrenando. Fue publicado en junio de 1996 cuando tuvieron lugar los Juegos Olímpicos de Verano en Atlanta. A finales de 1999 publicó un libro de fotografías de mujeres. En diciembre del 2004 perdió a la que había sido su pareja durante más de diez años, la escritora Susan Sontag. Actualmente vive en Nueva York.
Como el fotógrafo de retrato Arnold Newman, Leibovitz ha buscado en su trabajo la forma de acentuar algún aspecto del personaje público de cada sujeto. Usando todo el cuerpo del sujeto, normalmente capturado en medio de una actividad física, Leibovitz alcanza sus efectos sin aparente artificialidad y con un talento - a menudo escandaloso - que aleja su trabajo del de otros artistas de retrato. El trabajo publicitario de Leibovitz, al que ella brinda una frescura y dramatismo equivalentes, ha atraído a muchos clientes importantes.
Tres de las exposiciones de Leibovitz han recorrido los Estados Unidos y Europa. Dos fueron organizadas por la Sidney Janis Gallery (1983-1985 y 1986-1989), y la National Portrait Gallery (Washington, D.C.) la honró en 1991 con una retrospectiva que posteriormente recorrió los Estados Unidos, Europa, y Asia. Sus premios incluyen el American Society of Magazine Photographers (ASMP) Photographer of the Year Award (1984) (premio al fotógrafo del año); el ASMP Innovation in Photography Award (1987) (premio a la innovación en fotografía) ; la Campaign of the Decade Award de la revista Advertising Age (1987); y el Infinity Award para fotografía aplicada del International Center for Photography (1990) (premio al fotógrafo del año), así como los premios Grammy, Kelly, y Clio.
Puedes ver algunas de sus fotos en Sales de Plata http://es.geocities.com/sdeplata/leibovit.htm
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Annie_Leibowitz"
ANDY ENTRE NOSOTROS

“He venido, vengo y vendré siempre a Cuba, aunque Bush no lo quiera” dijo Andy Montañez al recibir el Premio de Honor Cubadisco, en el Salón Rosado de La Tropical.
Tras varias horas de espera, acompañado por lo más variado de la música popular cubana a través de los equipos de sonido y por la pertinaz lluvia que no dejaba que los bailadores hicieran gala de sus dotes, entre músicos de renombrada trayectoria, más de una vez tuvimos que protegernos del agua que insistía en mojar la noche.
Allí, muy cercano a todos, estaba el gran sonero puertorriqueño Andy Montañez, quien en su momento dio su toque particular a su paso por el Gran Combo de Puerto Rico y Dimensión Latina.

Apretones de manos, abrazos, una foto para la historia, todos querían saludarle y encontraban en este mulato de sonrisa perenne a un hombre asequible. Muy cerca una escuadra de fotoperiodistas listos para buscar la imagen.

Pasada la media noche Manolito Simonet y su Trabuco, a pesar del agua, puso a bailar a quienes acudieron a la cita. Una y otra vez, los ritmos iban calentando los cuerpos. Los metales conjugados con la fuerte percusión de nuestra música y los fraseos, hacían que los cuerpos fueran un constante movimiento.
Al fin toca su turno a Andy Montañez. Con su sencillez comienza un derroche de canciones que anuncian que vino, como siempre, a sonear en grande. La lluvia insiste. Hay preocupación por los instrumentos, en especial, el piano de Manolito. ¿Que pasará? El clímax está tan rico y alto la interpretación que es inigualable el momento. La voz de Simonet se impone: ¡seguimos!

Ya casi nadie está pendiente del agua. Todos disfrutan la música cubana en la voz de uno de los grandes, acompañado por los ritmos contagiosos del Trabuco.
Detrás de una cámara D1X de la Nikon, hay un fotoperiodista que no quiere perderse un instante, pero sus pies no se están quietos, su cuerpo se electrifica con cada nota musical. Lleva el toque de los cueros muy adentro, de cuando muy joven bailó por varios años comparsa. De cuando aprendió los secretos de las negras, corcheas y semicorcheas, entre cinco líneas y cuatro espacios, de la mano del gallego Morselles. Ahora está en la disyuntiva de apretar el obturador o llevar el ritmo. Se decide por marcar el ritmo de esta contagiosa musicalidad en sus fotos.

Avanzada la noche, cuando los desibeles cedieron, aún resuenan en los oídos lo dicho por Andy Montañez al colega Pedro de la Hoz: “Aquí entre ustedes me siento como en mi propia casa. Me nacen ganas de cantar cuando veo gozar a la gente con mis sones o ponerse sentimentales con mis canciones. Es que entre ustedes y nosotros existe una corriente de simpatía que nada ni nadie podrá interrumpir.”
JUSTICIA

"Todo está dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son nuevas", dijo el Maestro.
Recuerdo una imagen, en recuadro negro, que ocupa un espacio destacado de la primera página del periódico Granma del 14 de octubre de 1976. Es una foto donde Raúl Rodríguez del Rey y Caridad Bocalandro, quienes perdieron a su hija María Elisa, una joven aeromoza de 28 años, fueron captados por el lente, dejando inmortalizado para la historia una escena de dolor y ternura, indescriptibles por la palabra.
Tan inmenso y profundo como el océano que guarda los restos del avión es el dolor del pueblo. Tan embravecida como el mar cuando ruge es la ira del pueblo. Y creciente también como la marea es la indignación del pueblo.

Treinta años después, en una marea humana, del pueblo enérgico y viril, sobresale una negra, toda vestida de blanco, con el cuello lleno de collares multicolores y en la boca un alargado tabaco, enarbolando en sus rudas manos un cartel con la misma foto, exigiendo JUSTICIA ante la oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana.
Treinta años después, el dolor perdura. ¡Pégate al agua Felo! Es la frase que ha pasado a la historia como el más estremecedor testimonio del crimen cometido en Barbados aquel 6 de octubre de 1976. La verdad no cayó al mar. Cuando el recuerdo empaña los ojos. Los asesinos siguen impunes. Exigimos justicia. La injusticia tiene nombre. Son algunos de los titulares que encontramos al hojear nuestra prensa.
Hoy el asesino, terrorista y torturador Luís Posada Carriles está suelto. Goza de plena libertad en la propia madriguera que lo preparó y financió. El gobierno de EEUU se quitó la mascara. La CIA no puede estar ajena a estas acciones. Posada Carriles fue hombre de su confianza y uno de los oficiales ilegales más fiel y experimentado en la región al que le deben muchos favores.
El criminal anda suelto. ¡Qué vergüenza para la humanidad toda!, conocer la barbarie, la masacre, el crimen, su autor y saber que aún no se ha hecho JUSTICIA.
Para el pueblo cubano es inaceptable que se deje en libertad al terrorista más notorio y sanguinario que jamás ha existido en este hemisferio y permanezcan en cruel e injusta prisión cinco jóvenes cubanos cuyo único delito ha sido el de luchar contra el terrorismo.
Ofenden a nuestro pueblo, ofenden a la humanidad. Es un insulto a la justicia. La mentira vuelve a hacer vibrar de rabia los corazones justos. Por todo ello, nosotros, los hombres y mujeres que defendemos la verdad con la fuerza de la palabra y las imágenes, los periodistas cubanos, por la memoria gloriosa de nuestros muertos, no nos mueve la venganza, fácil sería ejecutarla. Queremos JUSTICIA.
Y como expresó el periodista cubano José Martí en un discurso en Nueva York, el 17 de febrero de 1892: "La tribuna de la verdad se mantendrá siempre cuando las demás tribunas caigan."
Cazador cazado.

René Burri, uno de los fotógrafos más famosos del mundo, recorre las calles de La Habana. Vino una vez más a esta ciudad que atrae y envuelve, para junto a familiares y amigos, gozarla, disfrutarla. Sendas exposiciones de su obra fotográfica se colgaron en el Museo de Bellas Artes y en la Fototeca de Cuba. El Che con tabaco en mano, quedó inmortalizado como puente de su inquietud por Cuba.
Las propias manos que manosean las pequeñas Leikas, una analógica y la otra digital, ahora portan un aromático tabaco cubano, torcido con las mejores hojas de la cosecha, el cual enciende y absorbe su humo, como póstumo homenaje al guerrillero argentino.

Más de 200 imágenes son expuestas en la Sala de Arte Universal del Museo de Bellas Artes. Fotos de personalidades del mundo como el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, el pintor español Pablo Picasso, el escultor suizo Albert Giacometti, el ex presidente estadounidense Richard Nixon, la cantante lírica griega María Callas y el famoso hombre del lente, el francés Cartier-Bresson, otro de los grandes de la fotografía mundial.

En 1963 Burri visitó por primera vez La Habana para documentar gráficamente una entrevista que le haría la periodista norteamericana Laura Berquist al comandante Ernesto Che Guevara, Ministro de Industria, para la revista Look. De esa época se muestran medio centenar de fotografías del acontecer de la Revolución naciente.

René Burri, uno de los más importantes fotógrafos vivos del mundo, por la obra realizada, es un hombre de Magnum, una de las agencias fotográficas más importantes del planeta, fundada por Cartier-Bresson y Robert Capa en 1947.
A Magnum llegó en 1955, con el aval de estar graduado de fotografía en la Escuela de Artes y Oficios de Suiza. A los 23 años publicó su primer reportaje en la revista Life y cámara en mano recorrió el mundo haciendo fotos de acontecimientos relevantes, incluyendo varias guerras, constituyendo sus fotos un canto de amor por la paz.

Burri vuelve a las calles de La Habana. Eligió a nuestra ciudad para hacer gala de su obra en dos sendas exposiciones gigantescas que muestran su arte y la excelencia como escudriñador de momentos precisos. También vino a festejar entre amigos y familiares un nuevo aniversario de su vida, que ya sobrepasa en varios años las siete décadas.

Ahora lo tengo frente a mí. Disfruta de su tabaco. Habla de la foto del Che, de la Cuba que encontró en el año 1963 cuando vino por primera vez. Es un reto retratar a uno de los grandes. Me imagino que Burri experimentó lo mismo cuando fotografió varias veces a Cartier-Bresson. Es un reto, pero no deja de ser un cazador cazado.
Esta es mi Cuba

Más unidos, fuertes y solidarios que nunca.
"La razón es como un brazo colosal, que levanta a la JUSTICIA donde no pueden alcanzarla las avaricias de los hombres".

"A los obreros razonadores, mesurados, activa, lenta y tremendamente enérgicos, no los vencerá jamás, en lo que sea justo, nadie".

Fidel, el invicto Comandante, estuvo presente en el corazón de cada revolucionario y junto a los millones de cubanas y cubanos desfiló por las distintas plazas de todo el país.
(Los textos entre comillados son de José Martí).





