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Cámara en mano
Tener como tema central la fotografía periodistica, sus conceptos, práctica y teoría..
Acerca de
Hola, soy Juvenal Balán, fotoperiodista cubano, quien te invita a reflexionar sobre la fotografía, el fotoperiodismo y sobre los temas actuales que nos ocupan en nuestra cotidianidad. Quisiera que esta página se convierta en un lugar de amistad y solidaridad entre los que, cámara en mano, desandamos por el mundo tratando de inmortalizar una imagen que testimonie nuestro paso por la vida.
Sindicación
 
Nuevos muros.


La Habana intramuros hace muchos siglos que dejó de existir. Restos de ese muro, aún quedan para la historia, cerca de la terminal de trenes y del museo de la Revolución, en la capital de Cuba.
Ahora se puede caminar por las calles habaneras sin estar marcado por el cañonazo de las nueve de la noche que anunciaba el cierre de las puertas de la ciudad.
En la actualidad otros muros se levantan. Primero fue el del parque Maceo en Belascoaín y Malecón, frente el majestuoso hospital Ameijeiras. Confieso que en nada me agradó.
Hace pocos días Gabriela, una bella niña corría en busca del jardín del Castillo de las Fuerzas, justo frente al Malecón y al Cristo de La Habana. Unos pasos más y viró bruscamente mirando a su padre, buscando una respuesta.



Frente a ella un lindo muro, con rejas, limitaba el acceso al jardín que tiempo a tras era un lunetario natural, donde acudían cientos de cubanos – y hasta extranjeros--, mayormente los fines de semana, para con pocos recursos llevados desde la casa –por que la mayoría de las ofertas en el contorno es en moneda convertible--, sentarse bajo la sombra del añejo árbol y disfrutar del paisaje, el mar y la salida o entrada de un barco.
Aún se construye en la remodelación del viejo castillo, al pasar por la acera, muchos se preguntan si verán de nuevo los jardines poblados de familias, con sus hijos correteando a sus anchas y disfrutando de un día de paseo por esta Habana Vieja que forma parte de nuestra identidad.
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VILMA

8 de Marzo 2005.
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EVOCACION


Cuando pienso en ti, pienso en el poema que recibiera Aleida March, poco después de la partida del Che hacia Bolivia:
" Adios, mi única, no tiembles ante el hambre de los lobos
ni en el frío estepario de la ausencia
del lado del corazón te llevo
y juntos seguiremos hasta que la ruta se esfume".
Y agregaría que mi soledad se llenará de tus recuerdos. Amaré en silencio.
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La Guerra de las fotos
Por Javier Rojahelis
El Mercurio , Chile
La conquista del honor", la recién estrenada película de Clint Eastwood, que junto con "Cartas desde Iwo Jima" forma parte de su díptico en torno a la crucial batalla entre Estados Unidos y Japón, reanima la historia de la fotografía más famosa de la Segunda Guerra Mundial: "Raising the flag on Iwo Jima".
El clásico del fotoperiodismo, que le valió un casi instantáneo Pulitzer a su autor, Joe Rosenthal, siempre tuvo a su alrededor un halo de dudas en torno a si los marines que aparecen levantando la bandera estadounidense sobre el monte Suribachi de Iwo Jima posaron o no para la foto.

La respuesta que da la cinta de Eastwood, basada en el libro escrito por el hijo de uno de los marines de la famosa foto, es que no. Lo que sí hubo, hecho que también muestra la película, fue una pequeña confusión a raíz de un cambio de bandera. La que fotografió Rosenthal en el monte Suribachi no era la primera que se izó, sino la segunda. La cinta de Eastwood atribuye este cambio de bandera a la decisión de un capitán que quiso evitar que un personaje del alto mando se quedara con la primera bandera como souvenir. Otras crónicas, en cambio, establecen que la decisión simplemente se basó en que la primera bandera era demasiado pequeña y no se distinguía bien a distancia. Razón por la cual fue reemplazada por una más grande.

¿Acierto fotográfico?
De este modo hubo fotos de un primer izamiento, tomadas por el fotógrafo de los marines Lou Lowery, y de un segundo izamiento. En este último caso estuvo Rosenthal, de la Associated Press, para inmortalizar el momento.
La perfección de la imagen del grupo de soldados levantando el asta y la posterior publicidad que acarreó la foto, ciertamente hicieron dudar de la naturalidad del momento captado. Sobre todo tomando en cuenta que la imagen, en realidad, no coincidía con un verdadero triunfo ya que la isla logró ser controlada por las fuerzas estadounidenses sólo 30 días después. A esto se sumó el descarado uso que hizo el gobierno norteamericano de los tres sobrevivientes de la escena retratada, que viajaron por todo Estados Unidos recaudando fondos con el fin de seguir financiando la guerra (capítulo que sirve como columna vertebral de la historia de Eastwood). A las suspicacias y confusiones se sumó que años después se supiera, por boca de uno de los protagonistas de la foto, que entre los nombres de los soldados que supuestamente levantaron la bandera había uno que no coincidía con la lista real.
La polémica siguió a Rosenthal hasta su muerte (ocurrida en agosto del año pasado) y, en su defensa, él mismo dijo que de haber hecho posar a los marines les habría pedido que mostraran la cara (idea que también muestra el filme de Eastwood), es decir, que inevitablemente al hacerla ex profeso la habría arruinado. De hecho, hay otra foto de Rosenthal en la que los marines sí están posando junto a la bandera en una convencional y nada dramática imagen. Lo segundo es que en el mismo momento estaba el camarógrafo Bill Genaust, quien alcanzó a captar el momento del izamiento en un registro de cuatro segundos cuyos fotogramas se pueden ver en www.iwojima.com. También se ha planteado que de haber sido posada, la escena habría sido captada del mismo modo por los otros fotógrafos que estaban cerca (se dice que había 6).
Sin embargo, el argumento de que se hayan filmado unos pocos segundos de la escena del izamiento no aleja para algunos la sospecha de que fue dirigida. No olvidemos que la propia película de Eastwood reproduce el mismo momento a la perfección.
Lo que sí queda fuera de toda duda es que "Raising the flag on Iwo Jima" terminó convirtiéndose en todo un icono patriota para los estadounidenses (se hizo un también iconográfico monumento con la imagen) y en una especie de símbolo del bloque occidental durante la Guerra Fría.


La copia soviética
Justamente relacionado con ese nuevo escenario que se abrirá después de la Segunda Guerra Mundial, aparece el caso de otra famosa foto, que para muchos compite por el top one con la de Iwo Jima. Se trata de la bandera izada en el Reichstag por los rusos durante la invasión de Berlín. Efeméride ocurrida y fotografiada por Yevgeni Khaldei el 2 de mayo de 1945 (otros establecen el 30 de abril), es decir, 68 días después de la bandera de Iwo Jima.
Si ya las sospechas se dejaron caer sobre la foto en Iwo Jima, éstas se multiplicaron con la del Reichstag. En parte porque muchos vieron en la imagen de los comunistas una clara inspiración en el gesto iconográfico de la tomada en la isla japonesa. Lo otro ya viene entregado por lo que informan las crónicas. Por ejemplo, se dice que Khaldei habría recibido instrucciones de tomar una foto de esas características. Para ello subió al techo del edificio en compañía de tres soldados en un momento en el que los combates ya habían terminado. De hecho, la toma del Reichstag habría ocurrido cerca de las 11 de la noche, por lo que la foto debió ser tomada al día siguiente o dos días después. Una versión distinta es la que confesó uno de los supuestos protagonistas de la foto, un joven comunista español que en su versión dijo que la bandera sí fue colocada el mismo día de la toma del Reichstag y que, mientras la colocaban, había fuego enemigo. La bandera para izar habría sido confeccionada con 3 manteles rojos y la hoz y el martillo serían producto de una improvisada pintura.
En realidad, si hubo o no pose no fue un tema tan polémico como sí lo fue el trucaje posterior que sufrió la foto. Uno de ellos: el humo, que se agregó a la escena para darle mayor dramatismo. El otro, más anecdótico, surgió a raíz de que uno de los soldados de la escena exhibía en sus muñecas dos relojes, lo que obligó a que las autoridades soviéticas ordenaran la eliminación del artículo de uno de los brazos con el fin de evitar que se pensara que los soldados eran unos saqueadores.


Capa en el banquillo
Más allá de que a estas emblemáticas fotos se les cuestione si fueron velados montajes o trucos, se trata en ambas situaciones de estandartes que marcan con mayor antelación o con disimulada posterioridad un triunfo. A diferencia de estos casos, la foto en donde la polémica sí se convirtió en algo más que una mera guerra de detalles fue otro hito del fotoperiodismo. Se trata de la famosa imagen del célebre corresponsal gráfico Robert Capa, que captó el preciso instante en que un miliciano, Federico Borrel, caía en el campo de batalla en 1936 durante la Guerra Civil Española. Todo parte con la supuesta confesión de Capa al periodista O. D. Gallagher, en donde habría reconocido que la imagen era un fraude y que el miliciano en cuestión habría simulado que caía abatido. En respuesta a esta afrenta a la memoria de Capa, el historiador Richard Whelan sacó un libro que recoge las pruebas de la autenticidad de la imagen. Entre las que encontró está el testimonio de uno de los combatientes que acompañaba a Borrel y que afirmó que efectivamente había muerto ese día. Otras crónicas dicen que ese día había tranquilidad en el frente y que Capa hizo simular a los milicianos un asalto y que, en medio de ese ejercicio, aparecieron los disparos de tropas nacionales. Uno de los cuales dio en el protagonista de la foto. ¿Se trató de un acierto de segundos o fue una foto premonitoria de lo que estaba a punto de ocurrir?. La imagen en todo caso apareció sin ninguna suspicacia en 1937 en la revista Life, la misma que ocho años más tarde tendría a los 6 héroes de Iwo Jima enarbolando la bandera de Estados Unidos.

Algunas manipulaciones y trucos
La manipulación fotográfica no deja de ser un tema delicado, sobre todo con los numerosos medios técnicos que existen hoy para modificar imágenes, como la famosa técnica del "photoshopeado". En el pasado la inocencia visual del público o la benevolencia de ciertos medios hacia el manejo de los registros fotográficos, permitieron que algunos trucos se convirtieran en testimonios históricos. Por ejemplo, el humo agregado del Reichstag no significó la condena de Khaldei (obviamente se trataba de una operación política), algo que sí sufrió el año pasado el corresponsal libanés de Reuters, Adnan Hajj, quien manipuló una imagen de la bombardeada Beirut, agregando más humo del que había realmente. Como consecuencia fue despedido. Suceso que recuerda el elaborado fotomontaje de Brian Walski, quien mezclando 2 imágenes de un soldado británico con civiles iraquíes, logró una tercera imagen en la que el militar aparece más amenazante. La manipuladora creatividad de Walski le significó la salida de Los Angeles Times.



El trucaje se hace más evidente en la época de Hitler y de Stalin, con una serie de ejemplos en los que se mejoran imágenes o se eliminan personajes generalmente por decisiones políticas. Por ejemplo, una foto de Lenin arengando a la multitud fue intervenida por los estalinistas, que decidieron eliminar la imagen de Trotsky (políticamente inadecuado) que acompañaba al líder comunista.




Lo estético tampoco dejó de ser un criterio a la hora de modificar alguno de estos registros. Como una foto en la que Franco aparece junto a Hitler con uno de esos típicos congelamientos de cara con los ojos cerrados. El rostro fue reemplazado por uno en donde el dictador español aparecía despierto y sonriente.
En cuanto al uso del trucaje como manipulación política, también aparecen casos relacionados con ideas conspirativas. Como lo que ocurrió con una cuestionada imagen de Lee Harvey Oswald, en la que se supone que su rostro fue montado sobre un cuerpo que está posando con unos diarios de izquierda y con el rifle que usó para matar a Kennedy.
Y sobre hacer pasar una escena dirigida y posada como si fuera una captura espontánea, uno de los mayores fiascos ha sido "Le baiser" de Robert Doisneau. La imagen de un joven y una muchacha besándose apasionadamente en la calle, se convirtió en una de las postales más famosas del París romántico. Pero el truco detrás de la magia se descubrió cuando, a principios de los 90, dos mujeres se arrogaron la identidad de la protagonista femenina de la escena y exigieron compensación económica por las ventas millonarias del póster con la imagen. En el proceso Doisneau admitió que le había pedido a una pareja, a la que vio previamente besarse, que repitiera ante su cámara la misma situación. La besadora, en todo caso, no obtuvo el dinero. Y el beso de Doisneau, definitivamente, perdió su sabor.