Vieja pero interesante.

La Habana de todos. La que nos embruja y encanta cada vez que caminamos sus calles, vemos sus gentes, su arquitectura, con el gran “sofá” junto al mar, el faro en lo alto identificando la entrada a la bahía, los botes de los pescadores como trenza en el mar, con una mezcla de salitre y petróleo. El Cristo en las alturas de Casa Blanca y frente a él, La Giraldilla, como símbolo de la ciudad. Los coches surcando una y otra vez, con sus ruedas de metal y madera los adoquines de la plaza junto al convento de San Francisco de Asís, las palomas que no se cansan de volar y volar entre la fuente de los leones que escupen agua constantemente y la gigantesca torre del campanario. Las sábanas y pañales blancos en su despertar cotidiano de la tendedera popular de la vieja plaza, la música contagiosa de los cantores populares que guitarra y clave en mano desandan sus calles buscando agradar al visitante y recibir a cambio una propina que engrose sus fondos monetarios en esa moneda que dicen que es dura. Por cada entre calle, a lo lejos, fundido con la diversidad de edificaciones, unas con “muletas” de palos para sostener el paso de los años, otras con los andamios en señal de que se trabaja en su reparación, la cúpula del Capitolio, monumento que en millones de fotos de extranjeros y nacionales, aparece como cuño de calidad de esta vieja ciudad que no por arribar a 488 años de fundada, nos deja de encantar e iluminar día tras días. Vieja, pero interesante.

Plaza Vieja.

Sus gentes.

Sabanas blancas

Capitolio Nacional

El Malecón.
70 x setenta

Con el mismo silencio que vivió, se nos fue. Parecía que nada lo inmutaba. No se por qué, pienso que el mar lo apasionaba, igual que su eterna amiga: la fotografía.
En una ocasión, le confesó a un colega de redacción: “¿Qué disfruto más? La foto que voy a hacer al día siguiente, el hecho nuevo, la incógnita de la nueva persona que voy a conocer y va entrar en mi vida (…) Mi oficio es una magia y mi cámara es mi vida entera. Siempre me ha dicho la verdad, ha sido franca y abierta. En fin, la fotografía es mi gran amiga íntima”.
Ángel González Baldrich era introvertido, ajeno a homenajes, por ser un hombre silencioso tuvo la única excusa impostergable para no estar presente, con la cual no dejó de sorprender a muchos de sus amigos, se fue para siempre.

Juventud Rebelde y la agencia de noticias IPS quisieron homenajear al fotógrafo y compañero con una sintetizada muestra fotográfica que nos permitió “asomar a los asistentes al trabajo profesional de Baldrich, su amor al mismo, así como la fidelidad a presupuestos estéticos, sustentados coherentemente por el sentido humanista que caracteriza su quehacer”, según expresó Elsa Methol Ferré, Directora de la oficina de IPS en Cuba.
En la exposición, las imágenes de los nuevos mambíses, unos machete en mano derribando la dulce gramínea y otros regresando victoriosos a la Patria después de las contiendas africanas, los obreros, la pared de una casa campesina llena de relucientes implementos de cocina, como manifestación plástica natural y el retrato a contra luz del Comandante en Jefe, son una simple pincelada de su exquisitez a la hora de componer, cámara en mano, una imagen periodística, cargada de arte, estética y de información sugerente al espectador.
“… a lo largo de su tiempo vital este hombre se ha dedicado, sobre todas las cosas, a desarrollar con especial empeño y maestría el cada vez más necesario oficio de buena persona y amigo cabal. Lo hizo tan cotidiana y vehemente que esas cualidades, las más hermosas que pueden adornar a un ser humano, fueron capaces incluso de superar en mi escala de valores y admiraciones los esplendores de su otra gran vocación, la fotográfica, cumplida a lo largo de cincuenta años con notable calidad y empecinamiento, como es fácil de constatar para cualquiera que se acerque a las miles de imágenes captadas por sus cámaras a través de todos esos años” dijo Leonardo Padura Fuentes, periodista y escritor, precisamente para el catálogo de la muestra que se exhibe en la galería del Combinado Poligráfico Granma.
Apuntes para un premio

La noticia se conoció hace unos días. Una foto de la autoría de Ismael Francisco, de la Agencia Latinoamericana de Noticias (PL), obtuvo mención especial durante el II Congreso Mundial de Agencias de Noticias, que sesionó en Estepona (Málaga), en la categoría de desastre.
El jurado encargado de la selección ha premiado tres fotografías de la española EFE, la francesa AFP y la azerbayana Azertac como las mejores imágenes del siglo XXI en las categorías de deportes, desastres y celebraciones respectivamente.
Es un premio que a muchos nos alegra. Porque detrás de ese ojo escudriñador y de olfato fotorreporteril, Ismael Francisco tiene en su haber una trayectoria profesional que comenzó como aprendiz de laboratorista, cuando se mezclaban la hidroquinona, el hiposulfito, el sulfito y había que batirlo a paleta, en una misma dirección.
Es un fotógrafo, que aunque joven, ya tiene una línea marcada en sus fotos, una constante superación en el dominio de las nuevas tecnologías y unas ansias perennes de hacer fotos.
Imagino al otro Ismael, también fotógrafo, pero más viejo, por las calles de Bayamo, por estos días, cámara en mano reflejando en imágenes las consecuencias de las intensas aguas, pero contento porque el vejigo sigue su oficio y de qué manera.





