ANDY ENTRE NOSOTROS

“He venido, vengo y vendré siempre a Cuba, aunque Bush no lo quiera” dijo Andy Montañez al recibir el Premio de Honor Cubadisco, en el Salón Rosado de La Tropical.
Tras varias horas de espera, acompañado por lo más variado de la música popular cubana a través de los equipos de sonido y por la pertinaz lluvia que no dejaba que los bailadores hicieran gala de sus dotes, entre músicos de renombrada trayectoria, más de una vez tuvimos que protegernos del agua que insistía en mojar la noche.
Allí, muy cercano a todos, estaba el gran sonero puertorriqueño Andy Montañez, quien en su momento dio su toque particular a su paso por el Gran Combo de Puerto Rico y Dimensión Latina.

Apretones de manos, abrazos, una foto para la historia, todos querían saludarle y encontraban en este mulato de sonrisa perenne a un hombre asequible. Muy cerca una escuadra de fotoperiodistas listos para buscar la imagen.

Pasada la media noche Manolito Simonet y su Trabuco, a pesar del agua, puso a bailar a quienes acudieron a la cita. Una y otra vez, los ritmos iban calentando los cuerpos. Los metales conjugados con la fuerte percusión de nuestra música y los fraseos, hacían que los cuerpos fueran un constante movimiento.
Al fin toca su turno a Andy Montañez. Con su sencillez comienza un derroche de canciones que anuncian que vino, como siempre, a sonear en grande. La lluvia insiste. Hay preocupación por los instrumentos, en especial, el piano de Manolito. ¿Que pasará? El clímax está tan rico y alto la interpretación que es inigualable el momento. La voz de Simonet se impone: ¡seguimos!

Ya casi nadie está pendiente del agua. Todos disfrutan la música cubana en la voz de uno de los grandes, acompañado por los ritmos contagiosos del Trabuco.
Detrás de una cámara D1X de la Nikon, hay un fotoperiodista que no quiere perderse un instante, pero sus pies no se están quietos, su cuerpo se electrifica con cada nota musical. Lleva el toque de los cueros muy adentro, de cuando muy joven bailó por varios años comparsa. De cuando aprendió los secretos de las negras, corcheas y semicorcheas, entre cinco líneas y cuatro espacios, de la mano del gallego Morselles. Ahora está en la disyuntiva de apretar el obturador o llevar el ritmo. Se decide por marcar el ritmo de esta contagiosa musicalidad en sus fotos.

Avanzada la noche, cuando los desibeles cedieron, aún resuenan en los oídos lo dicho por Andy Montañez al colega Pedro de la Hoz: “Aquí entre ustedes me siento como en mi propia casa. Me nacen ganas de cantar cuando veo gozar a la gente con mis sones o ponerse sentimentales con mis canciones. Es que entre ustedes y nosotros existe una corriente de simpatía que nada ni nadie podrá interrumpir.”





