Nuevos muros.

La Habana intramuros hace muchos siglos que dejó de existir. Restos de ese muro, aún quedan para la historia, cerca de la terminal de trenes y del museo de la Revolución, en la capital de Cuba.
Ahora se puede caminar por las calles habaneras sin estar marcado por el cañonazo de las nueve de la noche que anunciaba el cierre de las puertas de la ciudad.
En la actualidad otros muros se levantan. Primero fue el del parque Maceo en Belascoaín y Malecón, frente el majestuoso hospital Ameijeiras. Confieso que en nada me agradó.
Hace pocos días Gabriela, una bella niña corría en busca del jardín del Castillo de las Fuerzas, justo frente al Malecón y al Cristo de La Habana. Unos pasos más y viró bruscamente mirando a su padre, buscando una respuesta.

Frente a ella un lindo muro, con rejas, limitaba el acceso al jardín que tiempo a tras era un lunetario natural, donde acudían cientos de cubanos – y hasta extranjeros--, mayormente los fines de semana, para con pocos recursos llevados desde la casa –por que la mayoría de las ofertas en el contorno es en moneda convertible--, sentarse bajo la sombra del añejo árbol y disfrutar del paisaje, el mar y la salida o entrada de un barco.
Aún se construye en la remodelación del viejo castillo, al pasar por la acera, muchos se preguntan si verán de nuevo los jardines poblados de familias, con sus hijos correteando a sus anchas y disfrutando de un día de paseo por esta Habana Vieja que forma parte de nuestra identidad.





