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Cámara en mano
Tener como tema central la fotografía periodistica, sus conceptos, práctica y teoría..
Acerca de
Hola, soy Juvenal Balán, fotoperiodista cubano, quien te invita a reflexionar sobre la fotografía, el fotoperiodismo y sobre los temas actuales que nos ocupan en nuestra cotidianidad. Quisiera que esta página se convierta en un lugar de amistad y solidaridad entre los que, cámara en mano, desandamos por el mundo tratando de inmortalizar una imagen que testimonie nuestro paso por la vida.
Sindicación
 
Hoy cumplo 30 días


Hola, hace solo 30 días que vine al mundo. Me llamo Verónica y quienes me crearon son Griset, una chica de salir, pequeña de estatura, al igual que mi padre, Frank y el resto de mis parientes más cercanos. Lo de la estatura parece que es de origen.
Mi mamá no sufrió nada a la hora de traerme a la vida con la ayuda de un tío llamado Joel, padre de mi prima Gabriela, una niña inquieta, linda, que según dicen, es el mismo retrato de mi mamá cuando era pequeña. Si es así, entonces ¿a quién me pareceré?
Tremendo frío hacía en el lugar donde me llevaron junto a mi mamá, en la sala de recuperación de Maternidad Obrera, en Marianao. Ella algo demacrada y molesta, me miraba con ternura. El frío arreciaba a medida que pasaban las horas. Al fin llegó el momento de salir de esa agonía. Me divertí mucho cuando Joel, mi tío, vestido de verde, con gorro y todo, me puso mis primeras prendas de vestir.



Llegó la hora de salir para la sala. La enfermera, una mujer dura de carácter, me entregó a dos hombres que esperaban en el pasillo. ¿Quiénes serán este nervioso muchacho que me sostiene entre sus manos y sobresale por sus entradas despobladas, encima de los espejuelos y el gordo bigotudo que lo acompaña? Según escucho después el primero es mi padre y el segundo mi abuelo materno.



Estaba algo cansada por el viaje desde la “casita” en la barriga de mi mamá, hasta este mundo lleno de bulla, colores, olores, en fin, una odisea. Los dos hombres caminan y bajan las escaleras muy despacio, como si fueran por encima de clavos o vidrios. Las miradas de todas las mujeres con su barriga crecidas están en los dos hombres. Qué extraño que sean hombres quienes lleven una recién nacida.
Los llantos infantiles están por donde quiera. Quiero conciliar el sueño, pero parece algo difícil. Ahora me entregan a dos mujeres, ellas sí saben manipularme, qué torpes son los hombres. Según supe después, son mis abuelas.



Pasan las horas, busco la teta, chupo con ansias. A las 24 horas exactas de haber nacido, ya el gordo bigotudo, con un aparato extraño en sus manos empieza a apuntarme. No deja de seguirme con esa cosa. Estoy en el cunero. Duermo. Siempre a la misma hora llega el bullicio. Los cuartos, no tan amplios, se llenan de visitantes. Todos quieren ver al recién llegado. Una tras otra, mujeres de distintas razas, tamaño y forma, parecen una quincalla ambulante: muñecos inflables, mediecitas, blumers pequeños, presillas para el pelo, galletitas, en fin que en un hospital puedes encontrar de todo y nadie repara en nosotros, los recién llegados.
El tiempo ha transcurrido, ya estoy en la que dicen es mi casa. En mi cuna y coche. He sido transportada además en una cosa extraña que llaman cargador. Dicen que hace 30 días vine a la vida. Otra vez el bigotudo insiste con esa cosa en sus manos. Creo que es mi abuelo…


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