Cámara en mano
Tener como tema central la fotografía periodistica, sus conceptos, práctica y teoría..
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Hola, soy Juvenal Balán, fotoperiodista cubano, quien te invita a reflexionar sobre la fotografía, el fotoperiodismo y sobre los temas actuales que nos ocupan en nuestra cotidianidad. Quisiera que esta página se convierta en un lugar de amistad y solidaridad entre los que, cámara en mano, desandamos por el mundo tratando de inmortalizar una imagen que testimonie nuestro paso por la vida.
Sindicación
 
Historias de periodistas que fotografiaron su propia muerte
Condenado el asesino del reportero venezolano Jorge Aguirre. La imagen que tomó Aguirre mientras caía permitió capturar y juzgar al homicida

Miguel Wiñazki



Jorge Aguirre fotografió su propia y realísima muerte. Lo hizo en Caracas hace dos años. Era venezolano y trabajaba para el vespertino El Mundo.
Le dispararon mientras cubría una manifestación. Pero Aguirre también disparó, con su cámara y no con un arma. Y ahora se hizo justicia. Condenaron, esta semana, gracias a esa foto postrera, a Boris Blanco Arcia, el hombre al que se ve huir en una moto, según lo capturó, en el instante final, la lente del fotógrafo asesinado. El homicida deberá pasar 15 años en prisión.

La foto fue la prueba crucial para identificarlo, detenerlo y juzgarlo. Fue una suerte de refutación trágica y radical de la teoría que asocia al periodismo con un sistemático relato de ficción. Nada es menos ficticio que un asesinato "vivido" en carne propia y reflejado por el mismísimo asesinado.

Hubo otros que, como Aguirre, testimoniaron el horror que les quitaba la vida.

El 29 de junio de 1973, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen filmaba el paso vivo y agresivo de una fuerza militar que avanzaba en dirección a La Moneda, la casa de gobierno en Santiago de Chile. Fue un primer intento por derrocar a Salvador Allende. Lo lograrían en setiembre de ese año. Un oficial lo vio a él y a su filmadora, y ordenó dispararle. Erró el tiro, pero un soldado obediente lo liquidó con un fusil FAL. Henrichsen dejó todo grabado en su cámara, mientras se desplomaba y no soltaba el dedo que la mantenía encendida. Esta semana, los carabineros agredieron a palos a Víctor Salas, un fotógrafo de la agencia Efe que cubría una manifestación en Valparaíso. Salas encarna ahora una metáfora cruel: está a punto de perder un ojo.

En 1985, Neil Davis, periodista de la cadena norteamericana NBC, estaba en Bangkok, la capital de Tailandia, bajo el fuego de un grupo de blindados que quería derrocar al gobierno. Davis recibió un disparo. No dejó de filmar, cayó inmediatamente y gritaba: "Estoy bien, estoy bien". Pero en el acto murió. En octubre de 2006, Brad Will, camarógrafo freelance, tomaba imágenes de una manifestación en Oaxaca, México. Se observa una balacera. Y de pronto un grito del propio Will. Pedía ayuda y seguía filmando. Desde el piso la cámara permaneció encendida, aún "viva", mientras su portador ya estaba muerto.

Frente a la definición peyorativa del periodista como un "turista profesional", quienes filmaron su muerte reafirman, por oposición, la condición de cronistas profesionales, con los ojos implacablemente abiertos, hasta el exacto momento en que ya no pueden mirar ni testimoniar nada más.

(Fuente: Clarín.com)
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