Galicia, camisa blanca de mi esperanza
Galicia, camisa blanca de mi esperanza
Jesús Nieto Jurado
DIARIOSIGLOXXI.COM
Con la cita “Oh tempora , oh mores”, criticaba Cicerón los vicios que atacaban la pureza del pueblo romano en la época en la que las nuevas modas atentaban contra el hieratismo de una civilización condenada a desaparecer por el inexpugnable paso del tiempo, y la adopción por parte de la juventud de modas foráneas, ajenas a la pulcritud espiritual de la esencia clásica. Algo similar han debido experimentar en el seno del PP, un partido que pierde su bastión gallego, Santiago y cierra España, en el que sus dirigentes se interrogan melancólicos acerca del Ubi sunt? de un glorioso pasado imperial, del que en manifestaciones próximas a los desfiles de la División Azul, se proclaman custodios.
Previamente al abandono del sempiterno sillón de la Xunta gallega, el bueno de don Manuel Fraga ha querido dejar todo atado y bien atado, con un discurso lacrimógeno en el que despedirse con la calma gallega que le caracteriza de una comunidad que ha dejado de darle su voto, en el que sin ningún lugar a dudas recriminará a los gallegos, a los que vistió de negro petroleo, de ser los causantes de un gobierno rupturista de esa España eterna que ha optado por dejar a los de Génova sin la consecución de la fase superior del aznarismo.
Nuestro país hoy por hoy, además de haber incrementado notablemente el nivel de mejoras sociales de los colectivos tradicionalmente marginados por un gobierno a sueldo de Torquemada, ha conseguido cicatrizar las heridas que a la libertad profirió el anterior gobierno, esa libertad cantada por Miguel Hernández por la que había que luchar, sangrar y morir.
Hoy, contemplo con orgullo como en las inmediaciones de la Carrera de San Jerónimo, desfilan banderas arcoiris, enseñas muy alejadas de las barras y estrellas a las que el anterior legislativo rendió pleitesía en las Azores.
Jesús Nieto Jurado
DIARIOSIGLOXXI.COM
Con la cita “Oh tempora , oh mores”, criticaba Cicerón los vicios que atacaban la pureza del pueblo romano en la época en la que las nuevas modas atentaban contra el hieratismo de una civilización condenada a desaparecer por el inexpugnable paso del tiempo, y la adopción por parte de la juventud de modas foráneas, ajenas a la pulcritud espiritual de la esencia clásica. Algo similar han debido experimentar en el seno del PP, un partido que pierde su bastión gallego, Santiago y cierra España, en el que sus dirigentes se interrogan melancólicos acerca del Ubi sunt? de un glorioso pasado imperial, del que en manifestaciones próximas a los desfiles de la División Azul, se proclaman custodios.
Previamente al abandono del sempiterno sillón de la Xunta gallega, el bueno de don Manuel Fraga ha querido dejar todo atado y bien atado, con un discurso lacrimógeno en el que despedirse con la calma gallega que le caracteriza de una comunidad que ha dejado de darle su voto, en el que sin ningún lugar a dudas recriminará a los gallegos, a los que vistió de negro petroleo, de ser los causantes de un gobierno rupturista de esa España eterna que ha optado por dejar a los de Génova sin la consecución de la fase superior del aznarismo.
Nuestro país hoy por hoy, además de haber incrementado notablemente el nivel de mejoras sociales de los colectivos tradicionalmente marginados por un gobierno a sueldo de Torquemada, ha conseguido cicatrizar las heridas que a la libertad profirió el anterior gobierno, esa libertad cantada por Miguel Hernández por la que había que luchar, sangrar y morir.
Hoy, contemplo con orgullo como en las inmediaciones de la Carrera de San Jerónimo, desfilan banderas arcoiris, enseñas muy alejadas de las barras y estrellas a las que el anterior legislativo rendió pleitesía en las Azores.
Bien por vos, Argentina
El tibio sol del junio porteño ilumina la ciudad de Buenos Aires, que en estos días del invierno austral refulge con un brillo especial en los rostros y los autos que deambulan entre Avellaneda y Corrientes, entre el Obelisco y el barrio de La Boca.
Hoy, las madres de la Plaza de Mayo, el recordatorio a pardos generales de la necesidad de la memoria en la globalización del olvido, celebran jubilosas la decisión de la Corte Suprema de anular las leyes de Punto Final y el ocaso de la impunidad de los militares católicos, rectos y defensores de la patria.
Hoy, las madres de la Plaza de Mayo levantan sus rostros demacrados por la tristeza eterna, al claro cielo austral, aquel cielo puro por el que no volará más el cóndor del infierno.
Hoy, desde el ventanal del colectivo que me lleva por la Avenida 9 de Julio, contemplo una urbe herida por la historia que se despereza de las heridas del tiempo, de una historia en la que a los secretos los llamaron pasado, y a los genocidas libertadores de la patria.
Quizá, nunca haya viajado más que en sueños a Argentina, quizá demasiado nos una bajo una historia de sangre y fuego a aquel pueblo, pienso, mientras por mis avenidas matritenses, individuos peligrosamente similares a los generales de la Armada desfilan vociferando a los cuatro puntos cardinales veneno de sacristía y homofobia, y en Buenos Aires el coronel tiene quien le escriba: la justicia que le reclama su deuda con el pasado.
Hoy, las madres de la Plaza de Mayo, el recordatorio a pardos generales de la necesidad de la memoria en la globalización del olvido, celebran jubilosas la decisión de la Corte Suprema de anular las leyes de Punto Final y el ocaso de la impunidad de los militares católicos, rectos y defensores de la patria.
Hoy, las madres de la Plaza de Mayo levantan sus rostros demacrados por la tristeza eterna, al claro cielo austral, aquel cielo puro por el que no volará más el cóndor del infierno.
Hoy, desde el ventanal del colectivo que me lleva por la Avenida 9 de Julio, contemplo una urbe herida por la historia que se despereza de las heridas del tiempo, de una historia en la que a los secretos los llamaron pasado, y a los genocidas libertadores de la patria.
Quizá, nunca haya viajado más que en sueños a Argentina, quizá demasiado nos una bajo una historia de sangre y fuego a aquel pueblo, pienso, mientras por mis avenidas matritenses, individuos peligrosamente similares a los generales de la Armada desfilan vociferando a los cuatro puntos cardinales veneno de sacristía y homofobia, y en Buenos Aires el coronel tiene quien le escriba: la justicia que le reclama su deuda con el pasado.
De Sartre a Villepin
El viento arremolinado de la plomiza tarde parisina, traía por las calles empedradas de adoquines toscos ajenos a la playa, las inconfundibles notas de la cadenciosa música de Brel, aquel belga de Montmartre cuya melancolía contagiaba al Sena en su abrazo a la ciudad de la luz.
Las buhardillas de todo París rezumaban amor libre e ideología, mientras que los bulevares eran cada día, cada tarde y cada noche testigos mudas de batallas campales donde el sueño luchaba con gendarmes autómatas, obedientes ciegos de un decadente Charles De Gaulle. Pero era primavera, y cuando los retratos del Che coronaban las habitaciones colmadas de vinilos, la juventud leía despierta y entusiasmada las obras de un francés de difícil mirada pero certera visión, la de un Sastre que aportaba a aquellas fechas de esperanza y adoquines el corpus filosófico necesario para transformar una revolución mental y popular, en un cambio histórico, que como siempre, habría de fracasar ante el ser y la nada de la economía.
Aquellas fechas maravillosas de mayo del 68 resuenan felizmente en el corazón de miles de utópicos, que esperanzados asisten con felicidad y confianza a la debacle de la pesadilla de construir una Europa unida bajo el imperio del poderoso caballero. Los hijos de los franceses que en la primavera parisina no hallaron la playa bajo los adoquines del Pont Neuf, celebran en la Bastilla el descalabro y sepultura de una idea europeísta lejana a Montesquieu o Rosseau .
Las buhardillas de todo París rezumaban amor libre e ideología, mientras que los bulevares eran cada día, cada tarde y cada noche testigos mudas de batallas campales donde el sueño luchaba con gendarmes autómatas, obedientes ciegos de un decadente Charles De Gaulle. Pero era primavera, y cuando los retratos del Che coronaban las habitaciones colmadas de vinilos, la juventud leía despierta y entusiasmada las obras de un francés de difícil mirada pero certera visión, la de un Sastre que aportaba a aquellas fechas de esperanza y adoquines el corpus filosófico necesario para transformar una revolución mental y popular, en un cambio histórico, que como siempre, habría de fracasar ante el ser y la nada de la economía.
Aquellas fechas maravillosas de mayo del 68 resuenan felizmente en el corazón de miles de utópicos, que esperanzados asisten con felicidad y confianza a la debacle de la pesadilla de construir una Europa unida bajo el imperio del poderoso caballero. Los hijos de los franceses que en la primavera parisina no hallaron la playa bajo los adoquines del Pont Neuf, celebran en la Bastilla el descalabro y sepultura de una idea europeísta lejana a Montesquieu o Rosseau .
Rovira, Maragall y los clavos de Cristo
La virulencia de la actualidad, en las últimas semanas de este cálido y seco mes de Mayo, por la inercia de la brújula de los titulares, dirigidos hacia las Cortes y Euskadi, me habían impedido retomar el aliento cansado y crítico, para, con la suficiente reflexión escribir mi enésima columna, dedicada en cuerpo pecaminoso y alma laica, a criticar a esa sombría, añeja y antidemocrática institución que es la Iglesia Católica.
Vuelven los curillas patrios, martillo de herejes homosexuales, y luz del Trento ratzingeriano a criticar con total impunidad las acciones y decisiones del gobierno constitucional, a llamar a la sedición y a promover la oscuridad y el fascismo en los parlamentos en los que la crispación ha omitido el debate, y a ensalzar por medio de cierta publicación dictada a renglón derecho por Torquemada, la rebelión ciudadana ante la necesaria transformación laica del estado español.
Sin embargo, si en mis anteriores artículos referentes a los obispos hispanos, la crítica provenía de alguna decisión eclesial con gran trascendencia, en la presente columna, y aleccionado por Machado de la importancia de las cosas sencillas, mis palabras referirán con cierto punto guasón, la reprimenda que los religiosos patrios han remitido a los líderes de la incierta Cataluña, que en pleno énfasis de un viaje místico – religioso a Tierra Santa, tuvieron la sana ocurrencia de fotografiarse con una corona de espinas en uno de los innumerables puestos de recuerdos que jalonan la vía dolorosa, con tal mala suerte, que la estampa simpática y jovial de dos dirigentes que creíamos serios y atrabiliarios, fue a parar a las redacciones de ciertos medios y más de una sacristía. De tal modo que se originó en nuestra cada vez menos católica, por fortuna, nación, un revuelo en el que los alzacuellos mostraron su malestar por la imagen en la que un comunista se retrata con una corona de espinas como “rey de los tripartitos”.
Sorprende, que pese a lo anecdótico del incidente, la Iglesia patria lanzara envenenadas soflamas contra los virreyes catalanes, puesto que en la imagen no se aprecia ninguna iniquidad de los políticos para con la corona de espinas, cuando, muy al contrario, la religión romana coloca cientos y miles de ellas en las almas y los genitales de aquellos que no comparten la errónea visión de la sexualidad que nos quieren imponer.
Y es que, como afirmaba el malogrado maestro Vázquez Montalbán, siempre que en este país gobierna alguien incómodo para los púlpitos, los españoles acabamos a tiros, y ellos, paseándose bajo palio.
Vuelven los curillas patrios, martillo de herejes homosexuales, y luz del Trento ratzingeriano a criticar con total impunidad las acciones y decisiones del gobierno constitucional, a llamar a la sedición y a promover la oscuridad y el fascismo en los parlamentos en los que la crispación ha omitido el debate, y a ensalzar por medio de cierta publicación dictada a renglón derecho por Torquemada, la rebelión ciudadana ante la necesaria transformación laica del estado español.
Sin embargo, si en mis anteriores artículos referentes a los obispos hispanos, la crítica provenía de alguna decisión eclesial con gran trascendencia, en la presente columna, y aleccionado por Machado de la importancia de las cosas sencillas, mis palabras referirán con cierto punto guasón, la reprimenda que los religiosos patrios han remitido a los líderes de la incierta Cataluña, que en pleno énfasis de un viaje místico – religioso a Tierra Santa, tuvieron la sana ocurrencia de fotografiarse con una corona de espinas en uno de los innumerables puestos de recuerdos que jalonan la vía dolorosa, con tal mala suerte, que la estampa simpática y jovial de dos dirigentes que creíamos serios y atrabiliarios, fue a parar a las redacciones de ciertos medios y más de una sacristía. De tal modo que se originó en nuestra cada vez menos católica, por fortuna, nación, un revuelo en el que los alzacuellos mostraron su malestar por la imagen en la que un comunista se retrata con una corona de espinas como “rey de los tripartitos”.
Sorprende, que pese a lo anecdótico del incidente, la Iglesia patria lanzara envenenadas soflamas contra los virreyes catalanes, puesto que en la imagen no se aprecia ninguna iniquidad de los políticos para con la corona de espinas, cuando, muy al contrario, la religión romana coloca cientos y miles de ellas en las almas y los genitales de aquellos que no comparten la errónea visión de la sexualidad que nos quieren imponer.
Y es que, como afirmaba el malogrado maestro Vázquez Montalbán, siempre que en este país gobierna alguien incómodo para los púlpitos, los españoles acabamos a tiros, y ellos, paseándose bajo palio.
Carta abierta a Don Quijote
Estimado Sr Alonso Quijano el Bueno:
Aprovecho el respiro nocturno que me concede el ardiente calor español para remitirle una misiva con la que conmemorar de la manera más sincera, el cuarto centenario de su existencia, pues sepa Vuesa Merced que de todos los políticos que esta Hispania fértil ha engendrado, ninguno hace sombra a la bien ganada fama que en la defensa del menesteroso su quijotesca persona adquirió.
Dispenseme, Caballero de la Triste Figura, que en estos digitales renglones que redacto con la rapidez del AVE que recorre raúdo la Mancha, no pueda abarcar, por más que mi pluma lo anhele, todos los cambios que desde que Vuesa Merced cabalgaba por los pagos del Toboso, las Españas han conocido, es por ello, y suponiendo de antemano el beneplácito que sospecho en su condición de generoso caballero, amante a tiempo parejo de la pluma y la espada, me permita señalar aquellos vicios y defectos que se perpetuan como la vendimia y la cosecha en esta España plena de despropósitos en las que se anhela desde los mentideros de mando, el advenimiento de algún lider que como bien demostró V.M. desfaciera cuantos entuertos se presentaran a fin de perseguir la utopía y el sueño como pilar básico con el que constituir una nueva sociedad, diferente radicalmente a la actual, que con ciertos matices es similar a la que padeció en primera persona su creador, Cervantes, aquel complutense ilustre a quien debemos su existencia, la de un héroe nacional, patrón de los desfavorecidos y de diferencia patente con los gloriosos Cid y Don Pelayo, luz y guía de algún nefasto gobernante, no de Barataria precisamente.
En pleno siglo XXI, quien esta carta le remite, puede dar plena fe que las galeras en búsqueda de las conquistas imperiales ya no son dirigidas desde El Escorial, muy al contrario, una tierra asilvestrada en los sus tiempos, América, es la que dirige el destino dónde enviar galeras voladoras a las tierras donde Marco Polo descubrió culturas apenas exploradas, tales como los lejanos pagos mesopotámicos, lares destruídos por un Emperador tiránico que engrandece sus confines hacia el Dios del petróleo y los maravedíes.
Sepa además Vuesa Merced, que aquellos nobles caballeros de la Santa Inquisición, con los que se topó en más de una desventura por la meseta, siguen hoy ejerciendo su oscuro poder desde Roma y las sacristías, castigando algo tan sagrado para los caballeros andantes como el amor, ya sea cortés o "inter pares", y condenando a la hoguera, como a Copérnico, Bruno o Galileo a quienes confían en el avance del conocimiento y la ciencia, menester que no es baladí.
Para ir finalizando la presente epístola, y suponiendo la ingente cantidad de cédulas con las que ha de despachar, finalizaré estas líneas relatándole que cuatro centurias después de sus aventuras, los caminos pedregosos por los que deambuló en busca del preciado don de la libertad han sido tiznados de una gris y sempiterna carretera que une mi Madrid con la Bética, a cuyas orillas más de un avispado ventero ha hecho su Agosto a costa de su figura, la de su escudero y la de los gigantes molinos.
Aprovecho el respiro nocturno que me concede el ardiente calor español para remitirle una misiva con la que conmemorar de la manera más sincera, el cuarto centenario de su existencia, pues sepa Vuesa Merced que de todos los políticos que esta Hispania fértil ha engendrado, ninguno hace sombra a la bien ganada fama que en la defensa del menesteroso su quijotesca persona adquirió.
Dispenseme, Caballero de la Triste Figura, que en estos digitales renglones que redacto con la rapidez del AVE que recorre raúdo la Mancha, no pueda abarcar, por más que mi pluma lo anhele, todos los cambios que desde que Vuesa Merced cabalgaba por los pagos del Toboso, las Españas han conocido, es por ello, y suponiendo de antemano el beneplácito que sospecho en su condición de generoso caballero, amante a tiempo parejo de la pluma y la espada, me permita señalar aquellos vicios y defectos que se perpetuan como la vendimia y la cosecha en esta España plena de despropósitos en las que se anhela desde los mentideros de mando, el advenimiento de algún lider que como bien demostró V.M. desfaciera cuantos entuertos se presentaran a fin de perseguir la utopía y el sueño como pilar básico con el que constituir una nueva sociedad, diferente radicalmente a la actual, que con ciertos matices es similar a la que padeció en primera persona su creador, Cervantes, aquel complutense ilustre a quien debemos su existencia, la de un héroe nacional, patrón de los desfavorecidos y de diferencia patente con los gloriosos Cid y Don Pelayo, luz y guía de algún nefasto gobernante, no de Barataria precisamente.
En pleno siglo XXI, quien esta carta le remite, puede dar plena fe que las galeras en búsqueda de las conquistas imperiales ya no son dirigidas desde El Escorial, muy al contrario, una tierra asilvestrada en los sus tiempos, América, es la que dirige el destino dónde enviar galeras voladoras a las tierras donde Marco Polo descubrió culturas apenas exploradas, tales como los lejanos pagos mesopotámicos, lares destruídos por un Emperador tiránico que engrandece sus confines hacia el Dios del petróleo y los maravedíes.
Sepa además Vuesa Merced, que aquellos nobles caballeros de la Santa Inquisición, con los que se topó en más de una desventura por la meseta, siguen hoy ejerciendo su oscuro poder desde Roma y las sacristías, castigando algo tan sagrado para los caballeros andantes como el amor, ya sea cortés o "inter pares", y condenando a la hoguera, como a Copérnico, Bruno o Galileo a quienes confían en el avance del conocimiento y la ciencia, menester que no es baladí.
Para ir finalizando la presente epístola, y suponiendo la ingente cantidad de cédulas con las que ha de despachar, finalizaré estas líneas relatándole que cuatro centurias después de sus aventuras, los caminos pedregosos por los que deambuló en busca del preciado don de la libertad han sido tiznados de una gris y sempiterna carretera que une mi Madrid con la Bética, a cuyas orillas más de un avispado ventero ha hecho su Agosto a costa de su figura, la de su escudero y la de los gigantes molinos.
La extinción del humanista
Jesús Nieto Jurado
DIARIOSIGLOXXI.COM
Dispénsenme aquellos lectores que anhelasen una columna torpedeando el superficial y periférico debate acerca del estado de la nación, en el que el peso de las decisiones y el compás del parlamento recaen en bloques nacionalistas insolidarios cuyo fragor independentista es proporcional a los beneficios económicos que pueden obtener de un federalismo generado "ex profeso" bajo la complaciente y resignada mirada de un neófito gobernante, utópico y traicionado por su bloque político.
Un debate en el que la derecha patria, ha perdido una oportunidad histórica de desvincularse de los golpistas del 36, de Aznar y sus acólitos, en detrimento de brillantes políticos como Piqué y Gallardón, quienes bien hubiesen podido acometer la transición de la derecha española, de un autoritarismo manifiesto, a un diálogo equiparable al imperante en las formaciones de centroderecha continentales.
Ante tal resignación, mi crítica, amarga y desconsolada como la de Larra en sus últimos artículos de costumbres, recae en esta columna en la decisión del gobierno que preparó los fastos del Quijote de reducir el número de asignaturas universitarias de letras, la destrucción de una licenciatura sublime, historia del arte, condenada a la desaparición por el pragmatismo imperante de la sociedad del momento.
La amputación de las humanidades, no es algo que en esta ocasión pueda imputársele con impunidad al gobierno de Zapatitos, sino que muy al contrario supone la plasmación de una tendencia universal del orbe globalizado consistente en la erradicación de lo trascendente en beneficio de lo inmediato, lo práctico y lo rentable, esto es, la sustitución de las letras por las ciencias empíricas como reflejo de la sociedad y el ser humano que se va idiotizando ante la preeminencia de los números y de un avance científico y tecnológico, carente de contenido y beneficioso para unos pocos.
Como periodista, y por ende, humanista, reclamo al gobierno que se supone de izquierdas, la reflexión concienzuda de la decisión, puesto que sólo las humanidades son las responsables de crear en el ciudadano una posición crítica hacia la vida, profunda y necesaria, en la que la economía pueda ser vencida, o al menos enjuiciada por los contenidos intelectuales, de la ética y la razón.
Por todo esto, y como han demostrado muchas democracias a lo largo de la historia, los mejores estadistas han sido aquellos amantes del legado humano y no los economistas o tecnócratas, pues como asevera García Márquez, los gobiernos deberían sustuir los reportes económicos por la lectura de las grandes obras literarias de la humanidad.
Menos dividendos y más Machado ...
DIARIOSIGLOXXI.COM
Dispénsenme aquellos lectores que anhelasen una columna torpedeando el superficial y periférico debate acerca del estado de la nación, en el que el peso de las decisiones y el compás del parlamento recaen en bloques nacionalistas insolidarios cuyo fragor independentista es proporcional a los beneficios económicos que pueden obtener de un federalismo generado "ex profeso" bajo la complaciente y resignada mirada de un neófito gobernante, utópico y traicionado por su bloque político.
Un debate en el que la derecha patria, ha perdido una oportunidad histórica de desvincularse de los golpistas del 36, de Aznar y sus acólitos, en detrimento de brillantes políticos como Piqué y Gallardón, quienes bien hubiesen podido acometer la transición de la derecha española, de un autoritarismo manifiesto, a un diálogo equiparable al imperante en las formaciones de centroderecha continentales.
Ante tal resignación, mi crítica, amarga y desconsolada como la de Larra en sus últimos artículos de costumbres, recae en esta columna en la decisión del gobierno que preparó los fastos del Quijote de reducir el número de asignaturas universitarias de letras, la destrucción de una licenciatura sublime, historia del arte, condenada a la desaparición por el pragmatismo imperante de la sociedad del momento.
La amputación de las humanidades, no es algo que en esta ocasión pueda imputársele con impunidad al gobierno de Zapatitos, sino que muy al contrario supone la plasmación de una tendencia universal del orbe globalizado consistente en la erradicación de lo trascendente en beneficio de lo inmediato, lo práctico y lo rentable, esto es, la sustitución de las letras por las ciencias empíricas como reflejo de la sociedad y el ser humano que se va idiotizando ante la preeminencia de los números y de un avance científico y tecnológico, carente de contenido y beneficioso para unos pocos.
Como periodista, y por ende, humanista, reclamo al gobierno que se supone de izquierdas, la reflexión concienzuda de la decisión, puesto que sólo las humanidades son las responsables de crear en el ciudadano una posición crítica hacia la vida, profunda y necesaria, en la que la economía pueda ser vencida, o al menos enjuiciada por los contenidos intelectuales, de la ética y la razón.
Por todo esto, y como han demostrado muchas democracias a lo largo de la historia, los mejores estadistas han sido aquellos amantes del legado humano y no los economistas o tecnócratas, pues como asevera García Márquez, los gobiernos deberían sustuir los reportes económicos por la lectura de las grandes obras literarias de la humanidad.
Menos dividendos y más Machado ...
"La virginidad del parlamentario"
Convendrán conmigo en la excesiva polarización mediática que el bipartidismo español ha creado, pues desde los diversos frentes de una trinchera, que con más o menos matices es siempre la misma, se ataca con una virulencia superficial al adversario político en cuestiones superficiales y vacuas, que como efecto directo de la trivialización parlamentaria sumen al ciudadano, o "animal político" en palabras de la tradición aristotélica en un estado prácticamente cataléptico.
Esta dialéctica perversa y liviana de la clase política patria, me lleva a cuestionar por la circunstancias temporales dependientes del turnismo de nuestra vida parlamentaria, a criticar en esta legislatura al PSOE de José Luis Rodriguez Zapatero, que poco a poco ha ido evolucionando desde una alternativa a la izquierda del ignominioso mandato de Aznar, a una escuadra política convertida en un cajón de sastre donde impera no más que la ideología del interés de promoción personal del político de turno, en el eterno conflicto entre el patriotismo nacional-católico de Bono, los gritos al aire del loco de la colina extremeña Ibarra, la agudeza mental y financiera de Maragall, o la kafkiana y nefasta ministra de la vivienda Trujillo, personajes cómicos de una dramática representación que es nuestra política.
Un partido en el que las decisiones trascendentes pertenecen, como todo en este sistema genocida que es el capitalismo, al responsable de economía, un Solbes partidario de el excelso legado macroeconómico de un Rato, aquel ministro que cuadró las cuentas nacionales para que la camarilla de empresarios endomingados, de Sotogrande a La Moraleja jalearan aquella consigna de "España va bien".
Vivimos por tanto en una situación terminal de la política, en la que la ideología, al menos la de la izquierda, ha sido plenamente fagocitada por un pragmatismo subordinado al capital , y que puede resumirse con las palabras de Pi y Margall, según las cuales, la ideologías políticas son similares a la virginidad, dado que una vez perdidas, es imposible volver a recuperarlas.
Esta dialéctica perversa y liviana de la clase política patria, me lleva a cuestionar por la circunstancias temporales dependientes del turnismo de nuestra vida parlamentaria, a criticar en esta legislatura al PSOE de José Luis Rodriguez Zapatero, que poco a poco ha ido evolucionando desde una alternativa a la izquierda del ignominioso mandato de Aznar, a una escuadra política convertida en un cajón de sastre donde impera no más que la ideología del interés de promoción personal del político de turno, en el eterno conflicto entre el patriotismo nacional-católico de Bono, los gritos al aire del loco de la colina extremeña Ibarra, la agudeza mental y financiera de Maragall, o la kafkiana y nefasta ministra de la vivienda Trujillo, personajes cómicos de una dramática representación que es nuestra política.
Un partido en el que las decisiones trascendentes pertenecen, como todo en este sistema genocida que es el capitalismo, al responsable de economía, un Solbes partidario de el excelso legado macroeconómico de un Rato, aquel ministro que cuadró las cuentas nacionales para que la camarilla de empresarios endomingados, de Sotogrande a La Moraleja jalearan aquella consigna de "España va bien".
Vivimos por tanto en una situación terminal de la política, en la que la ideología, al menos la de la izquierda, ha sido plenamente fagocitada por un pragmatismo subordinado al capital , y que puede resumirse con las palabras de Pi y Margall, según las cuales, la ideologías políticas son similares a la virginidad, dado que una vez perdidas, es imposible volver a recuperarlas.
El ser y la piedra
Miente cual bellaco quien asevera que el periodismo carece de la sublime capacidad lírica de conmover, quien niega al periodista la capacidad de emocionar, pues puedo asegurarle que hasta las fibras más profundas de mi alma de observadro semanal de la actualidad, llegaron a conmoverse no ha mucho, apenas unos meses antes de esta calma tensa que se respira en oriente Medio arrivara a Tierra Santa, cuando se vivía en los territorios ocupados la más trágica violación a los derechos humanos desde que Ariel Sharon se paseó desafiante por la explanada de las Mezquitas.
El breve internacional al que atribuía en el párrafo anterior la emotividad lírica, apenas aparecía como complemento a una foto trágica en la que dos cadaveres palestinos se descomponían bajo el sol de Palestina, siendo observados por dos soldados judíos, que como marines norteamericanos en Vietnam, mascaban chicle, ajenos al trágico escenario que les presentaba como anatagonistas de un conflicto del que víctimas y verdugos se observan cada mañana, bajo la sempiterna mirada de un muro de hormigón.
La noticia hacía mención al asesinato por tropas israelíes de un joven de diez años que había sido abatido por las huestes de Yahveh cuando cazaba pájaros en los pedregales palestinos, quizá como juego infantil, o como forma de alimentar a una familia que supuse destrozada y mermada por una guerra terrible, mutilada por la sinrazón de un ultraortodoxo que desde lujosos palacios de Tel Aviv o Jerusalén, en nombre de Dios, y con el beneplácito del texano loco de la Casa Blanca , jugaba a la guerra tecnológica contra indefensos musulmanes, resguardados en el abrigo ideológico del fanatismo islámico.
Imagino el entierro multitudinario de aquel chico que no es más que un número indefinido en la lista de bajas palestinas, rodeado de vecinos y amigos con los que ataviado seguro con las camisetas de equipos españoles, disfrutaba del fútbol, mientras el cielo de tierra santa era recorrido continuamente por cazas israelíes, y el muro de Sharon servía como improvisada porteria de un juego de niños.
El breve internacional al que atribuía en el párrafo anterior la emotividad lírica, apenas aparecía como complemento a una foto trágica en la que dos cadaveres palestinos se descomponían bajo el sol de Palestina, siendo observados por dos soldados judíos, que como marines norteamericanos en Vietnam, mascaban chicle, ajenos al trágico escenario que les presentaba como anatagonistas de un conflicto del que víctimas y verdugos se observan cada mañana, bajo la sempiterna mirada de un muro de hormigón.
La noticia hacía mención al asesinato por tropas israelíes de un joven de diez años que había sido abatido por las huestes de Yahveh cuando cazaba pájaros en los pedregales palestinos, quizá como juego infantil, o como forma de alimentar a una familia que supuse destrozada y mermada por una guerra terrible, mutilada por la sinrazón de un ultraortodoxo que desde lujosos palacios de Tel Aviv o Jerusalén, en nombre de Dios, y con el beneplácito del texano loco de la Casa Blanca , jugaba a la guerra tecnológica contra indefensos musulmanes, resguardados en el abrigo ideológico del fanatismo islámico.
Imagino el entierro multitudinario de aquel chico que no es más que un número indefinido en la lista de bajas palestinas, rodeado de vecinos y amigos con los que ataviado seguro con las camisetas de equipos españoles, disfrutaba del fútbol, mientras el cielo de tierra santa era recorrido continuamente por cazas israelíes, y el muro de Sharon servía como improvisada porteria de un juego de niños.
Comienza el VIII Festival de Cine de Málaga
Esta noche la alfombra roja del Teatro Cervantes de Málaga será testigo de excepción, otro año más, del Festival de Cine Español de la capital andaluza, que se consolida como el referente patrio del mejor celuloide nacional.
Ocho ediciones cumple el festival de cine de Málaga, que como cada primavera, cuando el calor y la luz meditarránea se instalan en la capital malacitana, vuelve a ser el protagonista de excepción de una ciudad que vuelca su clima y sus gentes a la consagración del mayor evento del séptimo arte nacional.
Once largometrajes competirán en este Festival de Málaga por alzarse con la biznaga de plata de la sección oficial,a la vez que la organización del certámen amplía su abanico de ofertas al audiovisual, desde las series de ficción al cortometraje que goza de gran protagonismo en la fiesta por antonomasia del cine español, pasando por el género erótico del celuloide que en esta octava edición inaugurará en Málaga una nueva sección en la que Celia Blanco y Nacho Vidal ejercerán como padrinos de excepción.
El documental protagonista
Al igual que en las pasadas ediciones, el género del documental tendrá su espacio en el Festival de Málaga con dieciocho cintas a concurso que proyectarán una visión comprometida y realista de la sociedad,en la que el compromiso y la revisión al pasado histórico serán protagonistas en un género cienmatográfico, tan denostado por el gran público como necesario.
"Hormigas en la boca" inaugura el concurso.
"Hormigas en la boca", filme de Mariano Barroso, y basado en la novela homónima de Miguel Barroso inaugurará la sección oficial esta noche, un filme ambientado en La Habana precastrrista que bajo la magistral fotografía de Aguirresarrobe y la magna interpretación de Jorge Perugorría, narra el viaje a Cuba de un republicano español, represaliado por el franquismo que huye de la España negra para ajustar cuentas con un pasado incierto , con el incomparable fondo de la bulliciosa Cuba del 58. Una conmovedora historia que se une a la tendencia iniciada por Zambrano de acercar por medio del cine, dos pueblos tan comunes como el español y el cubano,y que dará el pistoletazo de salida a una semana intensa de cine, en la que será noticia el estreno de Jose Corbacho en la dirección, y la cobertura mediática que la todopoderosa BBC británica prestará al evento.
"Las flechas de Carrillo"
La trágica historia de España, cíclica en su eterno retorno nos devuelve a la orilla del presente, imágenes, gestos y actitudes que creíamos sepultadas bajo el negro lodazal del tiempo, y que cubiertos por una fina capa de polvo de consenso, resurgen como fantasmas del pasado a menos que las circunstancias atisben una luz de progresismo en esta sufrida nación.
Esta semana, como un rayo en una seca noche de estío, el corazón de muchos demócratas se convulsionaba golpeado por la noticia que desde Madrid afirmaba que un grupo de desalmados de ultraderecha, de falangistas azules, de los de los puños y las pistolas había pretendido agredir a Santiago Carrillo, Santos Juliá y demás intelectuales comprometidos en un acto cultural celebrado en una librería de Madrid. Entre la condena cómplice de la derecha y el aplauso de la Falange institucional.
La amenaza, la opaca sombra de la Guerra Civil, por un instante sobrevoló esta España nuestra que por un momento olvidó el problema vasco, el de los pisos diminutos para asistir atónita al resurgimiento fantasmagórico de nuestro peor pasado, fruto maduro y efectivo de una campaña mediática, de micrófonos y púlpitos que encontró en estos salvapatrias, agresores a nonagenarios ilustres, su brazo ejecutor.
Quizá, como siempre ocurre en este país, la historia olvide a los ejecutores de este atentado a la libertad de la nación, quizá este gesto de la derecha patria no sea más que el canto de cisne de una España condenada a desaparecer, pero tengan en cuenta que en la hoguera del odio, del enfrentamiento, han participado crispados columnistas de escaso bagaje moral que bajo el amparo de libros y columnas, día a día y salga el sol por Antequera, inducen a los pronunciamientos decimonónicos de infausta memoria.
Por último, permitan una ingenua cuestión en esta época de persecución a formaciones políticas: ¿Podríamos encontrar indicios que apunten a la Gaviota en la dirección del yugo y las flechas? Ustedes juzguen...
Esta semana, como un rayo en una seca noche de estío, el corazón de muchos demócratas se convulsionaba golpeado por la noticia que desde Madrid afirmaba que un grupo de desalmados de ultraderecha, de falangistas azules, de los de los puños y las pistolas había pretendido agredir a Santiago Carrillo, Santos Juliá y demás intelectuales comprometidos en un acto cultural celebrado en una librería de Madrid. Entre la condena cómplice de la derecha y el aplauso de la Falange institucional.
La amenaza, la opaca sombra de la Guerra Civil, por un instante sobrevoló esta España nuestra que por un momento olvidó el problema vasco, el de los pisos diminutos para asistir atónita al resurgimiento fantasmagórico de nuestro peor pasado, fruto maduro y efectivo de una campaña mediática, de micrófonos y púlpitos que encontró en estos salvapatrias, agresores a nonagenarios ilustres, su brazo ejecutor.
Quizá, como siempre ocurre en este país, la historia olvide a los ejecutores de este atentado a la libertad de la nación, quizá este gesto de la derecha patria no sea más que el canto de cisne de una España condenada a desaparecer, pero tengan en cuenta que en la hoguera del odio, del enfrentamiento, han participado crispados columnistas de escaso bagaje moral que bajo el amparo de libros y columnas, día a día y salga el sol por Antequera, inducen a los pronunciamientos decimonónicos de infausta memoria.
Por último, permitan una ingenua cuestión en esta época de persecución a formaciones políticas: ¿Podríamos encontrar indicios que apunten a la Gaviota en la dirección del yugo y las flechas? Ustedes juzguen...
Revolución en la "Galaxia Gutemberg"
Cada cierto tiempo, y en perfecta imbricación con el devenir político y tecnológico, la comunicación sufre intensas revoluciones que modifican tanto el soporte como la accesibilidad a la información. En esta época de globalización, de interconexión del orbe, resulta fundamental para analizar el futuro del periodismo, el hecho de conocer en profundidad, con las consabidas luces y sombras, el surgimiento espectacular de las bitácoras o blogs, diarios personales y digitales en los que los internautas, por extensión toda la humanidad, pueden difundir “urbi et orbi” su parecer ante la complejidad temática de la actualidad, sin ningún tipo de cortapisa o censura, lo que supone e inaugura una nueva etapa de consecuencias imprevisibles en la relación entre el hombre y los medios de información.
La irrupción de la “blogosfera” en el mundo digital, no sólo ha acabado con la oligopólica concentración del dominio de la opinión en la sociedad mediática, sino que más allá, ha obligado a los tradicionales medios de comunicación a variar sus modos de difundir la opinión, hasta el punto que determinados medios de reciente aparición y gratuito coste, han optado por prescindir de los tradicionales columnistas para ofertar diariamente una selección de bitácoras en las que la “supuesta pluralidad” se lleva a gala ante la inexistencia de géneros de opinión en el rotativo.
Si bien la virulencia del advenimiento del fenómeno bitácora en España es notable, su influjo en sociedades anglosajonas ha resultado cuantitativamente superior, hasta el punto de constituir las bitácoras hoy en día, una de las fuentes de información con más repercusión en USA, sustituyendo a los tabloides tradicionales, cuya veracidad se ha visto condicionada por los blogs, y destapando escándalos televisivos y políticos, de dimensiones cercanas al “Watergate”, cuya existencia pública, sin la existencia de bitácoras nunca hubiesen adquirido la notoriedad pública en las pasadas presidenciales norteamericanas.
Se hace por tanto evidente la ruptura con un modelo decimonónico de prensa, que consagra la bitácora como el máximo exponente de la libertad de expresión en las sociedades democráticas, y ante el que no pocos periodistas se han visto atraídos como vía de escape literaria, columnística y crítica al férreo control que los medios tradicionales imponen al periodista.
La irrupción de la “blogosfera” en el mundo digital, no sólo ha acabado con la oligopólica concentración del dominio de la opinión en la sociedad mediática, sino que más allá, ha obligado a los tradicionales medios de comunicación a variar sus modos de difundir la opinión, hasta el punto que determinados medios de reciente aparición y gratuito coste, han optado por prescindir de los tradicionales columnistas para ofertar diariamente una selección de bitácoras en las que la “supuesta pluralidad” se lleva a gala ante la inexistencia de géneros de opinión en el rotativo.
Si bien la virulencia del advenimiento del fenómeno bitácora en España es notable, su influjo en sociedades anglosajonas ha resultado cuantitativamente superior, hasta el punto de constituir las bitácoras hoy en día, una de las fuentes de información con más repercusión en USA, sustituyendo a los tabloides tradicionales, cuya veracidad se ha visto condicionada por los blogs, y destapando escándalos televisivos y políticos, de dimensiones cercanas al “Watergate”, cuya existencia pública, sin la existencia de bitácoras nunca hubiesen adquirido la notoriedad pública en las pasadas presidenciales norteamericanas.
Se hace por tanto evidente la ruptura con un modelo decimonónico de prensa, que consagra la bitácora como el máximo exponente de la libertad de expresión en las sociedades democráticas, y ante el que no pocos periodistas se han visto atraídos como vía de escape literaria, columnística y crítica al férreo control que los medios tradicionales imponen al periodista.
14 de Abril
Algunos nostálgicos, y pocos ilusos conmemorábamos ayer jueves las setenta y cuatro primaveras de la instauración de la II República, el advenimiento a esta nación de espadones, sotanas y borbones del más ambicioso proyecto de modernización de un país que se asfixiaba bajo la negra sombra del clero y el caciquismo.
Setenta y cuatro años desde que un 14 de Abril, España se despertaba republicana, entre las miradas de muerte de los conservadores, y la amargura borbónica por el exilio. Tres cuartos de centuria que en su brevedad condicionada por el golpismo militar, transformaron las estructuras sociales, políticas y culturales de una nación que a partir de ese momento conservaría plena conciencia de la verdadera democracia, el conocimiento de un legado político inagotable que en estos tiempos de confrontación Centro-periferia, bien servirían para desarrollar nuevas fórmulas poíticas en la relación del Estado con las nacionalidades históricas, contraponiendo el diálogo a la ilegalización por principio de las formaciones vasquistas e izquierdistas, contrarias en sus postulados a la doctrinas ciertamente conservadoras de ciertas formaciones democráticas nacionales.
Hoy de todo aquél espíritu de progreso apenas queda algo, la amnesia impuesta por el régimen de progreso y bienestar ha ocultado en fosas criminales la herencia de la más perfecta forma de gobierno de nuestra historia, en esta coyuntura histórica y social en la que tan deficitarios se está de proyectos democráticos, mientras desde el estado de derecho se condena por principio a las voces disonantes de las autonomías nacionalistas, y se recluye en zulos diminutos a la juventud de una nación condenada al fracaso por las profundas desigualdades que el regímen de un hemofilico contempla.
Setenta y cuatro años desde que un 14 de Abril, España se despertaba republicana, entre las miradas de muerte de los conservadores, y la amargura borbónica por el exilio. Tres cuartos de centuria que en su brevedad condicionada por el golpismo militar, transformaron las estructuras sociales, políticas y culturales de una nación que a partir de ese momento conservaría plena conciencia de la verdadera democracia, el conocimiento de un legado político inagotable que en estos tiempos de confrontación Centro-periferia, bien servirían para desarrollar nuevas fórmulas poíticas en la relación del Estado con las nacionalidades históricas, contraponiendo el diálogo a la ilegalización por principio de las formaciones vasquistas e izquierdistas, contrarias en sus postulados a la doctrinas ciertamente conservadoras de ciertas formaciones democráticas nacionales.
Hoy de todo aquél espíritu de progreso apenas queda algo, la amnesia impuesta por el régimen de progreso y bienestar ha ocultado en fosas criminales la herencia de la más perfecta forma de gobierno de nuestra historia, en esta coyuntura histórica y social en la que tan deficitarios se está de proyectos democráticos, mientras desde el estado de derecho se condena por principio a las voces disonantes de las autonomías nacionalistas, y se recluye en zulos diminutos a la juventud de una nación condenada al fracaso por las profundas desigualdades que el regímen de un hemofilico contempla.
"Político de Dios, gobernante de Cristo, muerte de Satanás"
Bajo la neblina primaveral y húmeda del Tíber, el helicóptero de la RAI, difunde a la ciudad y al mundo tomas e imágenes de peregrinos fanáticos que esperan la santidad o la extenuación en las imponentes filas que rodean el Estado Vaticano desde el Puente de Santo Angelo a la columnata de Bernini.
Filas de cristianos aparentes, impacientes por conseguir la inmortalidad y el cielo eterno en la contemplación a escorzo de los restos del pontífice Wojtyla, que durante 26 años de pontificado, y tras el experimento social de Juan XXIII, plasmó en la tierra un reino de Dios, que al polaco se le antojó cerrado y anclado en Trento, pues de entre la totalidad de sus escritos, puede aseverarse con claridad meridiana, que la empresa de Juan Pablo II en vida fue la exterminación de todo el legado social que la Iglesia había ido adquiriendo en el devenir de algunos años en un contexto histórico en el que la sociedad de un mundo que poco a poco se iba globalizando bajo el dólar, suspiraba por mejoras en diferentes aspectos.
Hasta en los momentos finales del pontificado del conservadurismo, la consigna de Wojtyla se mantuvo fiel a los principios de su reinado celestial en la tierra, un culto a la personalidad desaforado, que en plena era de las telecomunicaciones asumía los preceptos propagandísticos que la Iglesia Católica asentó en Trento, mediante un exacerbado culto a la personalidad papal, como en la época de Hitler o Stalin, apoyado por manifestaciones multitudinarias y un mensaje ultraconservador, apocalíptico y de una efectividad proporcional a la preocupación humana por lo trascendente.
Desaparece con Wojtyla una manera añeja de asumir los preceptos de la fe, un modo de interpretar la religión y la fe, contrario y beligerante con los únicos religiosos dignos de alabar y honrar en su deceso, aquellos curas obreros, que en Vallecas, Chiapas, el Matto Grosso , Tegucigalpa o El Salvador luchaban por que cruces, biblias, libros rojos, hoces y martillos construyeran en un marco de respeto y cooperación mutua, un futuro de progreso e igualdad, frente a las continuas amenazas de la CIA o de la Santa Sede a la única forma ética de cristianismo, la “Teología de la Liberación”.
Filas de cristianos aparentes, impacientes por conseguir la inmortalidad y el cielo eterno en la contemplación a escorzo de los restos del pontífice Wojtyla, que durante 26 años de pontificado, y tras el experimento social de Juan XXIII, plasmó en la tierra un reino de Dios, que al polaco se le antojó cerrado y anclado en Trento, pues de entre la totalidad de sus escritos, puede aseverarse con claridad meridiana, que la empresa de Juan Pablo II en vida fue la exterminación de todo el legado social que la Iglesia había ido adquiriendo en el devenir de algunos años en un contexto histórico en el que la sociedad de un mundo que poco a poco se iba globalizando bajo el dólar, suspiraba por mejoras en diferentes aspectos.
Hasta en los momentos finales del pontificado del conservadurismo, la consigna de Wojtyla se mantuvo fiel a los principios de su reinado celestial en la tierra, un culto a la personalidad desaforado, que en plena era de las telecomunicaciones asumía los preceptos propagandísticos que la Iglesia Católica asentó en Trento, mediante un exacerbado culto a la personalidad papal, como en la época de Hitler o Stalin, apoyado por manifestaciones multitudinarias y un mensaje ultraconservador, apocalíptico y de una efectividad proporcional a la preocupación humana por lo trascendente.
Desaparece con Wojtyla una manera añeja de asumir los preceptos de la fe, un modo de interpretar la religión y la fe, contrario y beligerante con los únicos religiosos dignos de alabar y honrar en su deceso, aquellos curas obreros, que en Vallecas, Chiapas, el Matto Grosso , Tegucigalpa o El Salvador luchaban por que cruces, biblias, libros rojos, hoces y martillos construyeran en un marco de respeto y cooperación mutua, un futuro de progreso e igualdad, frente a las continuas amenazas de la CIA o de la Santa Sede a la única forma ética de cristianismo, la “Teología de la Liberación”.
"Sara Mago" y el "Hijo del Siglo"
La atrabiliaria y abyecta derecha, indignada y dolida en su orgullo tras el descabalgamiento escultórico del Caudillo, luz y guía de algunos parlamentarios, busca como en todas las situaciones terminales, alguna víctima con la que dar rienda suelta al desprecio al adversario político, y en su particular semana santa, amen de plañir bajo el palio dorado de dolorosas, ha crucificado a Eduardo Haro Tecglen, maestro de periodistas, que tuvo la genial capacidad literaria de definir a Esperanza Aguirre, dama del ladrillazo y la especulación, del Jarama al Alberche, y de Lozoya al Manzanares, con un adecuadísimo epíteto: Cristianofascista.
Bastó la genial columna de Eduardo Haro para provocar que la antigua y corta de entendederas ex ministra de cultura, ejerciendo aquello tan derechista de modificar a antojo la historia, definiera a Eduardo, el maestro, como franquista, amparándose en una columna que con 19 años, y presionado por las circunstancias de la época, redactó el bueno de Haro en alabanza al siempre presente José Antonio.
Hasta aquí, pudiese parecer un asunto sin más trascendencia, o lo que periodísticamente se conoce como sustancia, a excepción de un pequeño detalle en la epístola que en su defensa, Aguirre envió a “El País”, que en su nimiedad evidencia una tendencia dramática de la derechona patria, la autocatalogación de estos “animales de la política” como liberales, incurriéndose por tanto, en el interesado error de bulto de trastocar y confundir el pasado, puesto que “liberal”, según la RAE es “el partidario de la libertad individual y social en lo político (...)”,razón filológica que debe contraponerse al “talante” guerracivilista de ciertos periodistas e historiadores de Best Seller, que al igual que Aguirre han tomado el traje definitorio del liberalismo.
Pese a todo, y en auxilio al maestro Haro, y aunque no soy partidario de entrar al trapo dialéctico de estos señorones de la derecha, sería por mi parte obligado señalar que únicamente en España, tras los chocheos líricos y excelentes de Umbral, existe y pervive una pluma con la capacidad de referir con autoridad los acontecimientos políticos y sociales, y es la de Haro Tecglen, que gracias a la longevidad y al posicionamiento claro ante la vida, supone el más excelso seguidor de los designios periodísticos que desde Larra o Zola, la prensa nacional ha precisado.
Bastó la genial columna de Eduardo Haro para provocar que la antigua y corta de entendederas ex ministra de cultura, ejerciendo aquello tan derechista de modificar a antojo la historia, definiera a Eduardo, el maestro, como franquista, amparándose en una columna que con 19 años, y presionado por las circunstancias de la época, redactó el bueno de Haro en alabanza al siempre presente José Antonio.
Hasta aquí, pudiese parecer un asunto sin más trascendencia, o lo que periodísticamente se conoce como sustancia, a excepción de un pequeño detalle en la epístola que en su defensa, Aguirre envió a “El País”, que en su nimiedad evidencia una tendencia dramática de la derechona patria, la autocatalogación de estos “animales de la política” como liberales, incurriéndose por tanto, en el interesado error de bulto de trastocar y confundir el pasado, puesto que “liberal”, según la RAE es “el partidario de la libertad individual y social en lo político (...)”,razón filológica que debe contraponerse al “talante” guerracivilista de ciertos periodistas e historiadores de Best Seller, que al igual que Aguirre han tomado el traje definitorio del liberalismo.
Pese a todo, y en auxilio al maestro Haro, y aunque no soy partidario de entrar al trapo dialéctico de estos señorones de la derecha, sería por mi parte obligado señalar que únicamente en España, tras los chocheos líricos y excelentes de Umbral, existe y pervive una pluma con la capacidad de referir con autoridad los acontecimientos políticos y sociales, y es la de Haro Tecglen, que gracias a la longevidad y al posicionamiento claro ante la vida, supone el más excelso seguidor de los designios periodísticos que desde Larra o Zola, la prensa nacional ha precisado.
“La sombra del peñón es alargada”
El peñón se yergue majestuoso sobre la inconfundible silueta de la Bahía de Algeciras, unas gaviotas juguetonas revolotean sobre la lonja de pescado de la localidad de la Línea de la Concepción. Allá, al fondo, desdibujado por la neblina primaveral, presente incluso en tan suaves latitudes, aparece majestuoso y altivo el peñón de Gibraltar, una roca que en escasos metros cuadrados esconde una antiquísima tradición de la diplomacia hispano-británica.
Desde la época fenicia, el peñón ha jugado un papel primordial en las relaciones comerciales y geoestratégicas, pero será en 1713, cuando el Tratado de Utrecht dote a este peñasco de la soberanía británica, en un siglo 18 en el que se hace evidente la preponderancia militar de Gran Brteaña en detrimento de una España nuestra, embriagada de toros y hambre, mientras el futuro de del antiguo imperio donde no se ponía el sol se dirime en alcobas y salones.
La soberanía, humillante y actual del Reino Unido sobre el peñón donde Hércules situó sus columnas, supondrá una continua y vergonzante afrenta a nuestro país, y únicamente durante la dominación francesa de la Península, Gibraltar sirvió como tenue refugio a algunos españoles, que poco después se congregarían en Cádiz para fundar la primera Constitución de nuestra historia, la Pepa.
Desde entonces, y salvo la honrosa excepción de la Guerra Civil española, donde la Roca auxilió a un buen número de republicanos españoles, el peñón y sus llanitos mirarán desafiantes a una España que les presta el sol y el clima, y a la que consideran como un excitante y exótico vecino.
Si bien Franco en su régimen, exigió la devolución del Peñón, lo cierto fue que la débil diplomacia española, ineficaz desde sus principios, se ha mostrado incapaz de solicitar la devolución de una porción de tierra, que los británicos conservan en virtud de un añejo tratado.
Esta fragilidad endémica de la diplomacia española, se ha revelado en vejantes posturas del ministerio de Asuntos Exteriores del país de los hijos de la Gran Bretaña, al frente del cuál se encuentra un taciturno Straw.
Inglaterra, con su espíritu colonialista, que hunde sus raíces en la época victoriana, no sólo mantiene la soberanía sobre el peñón, cuya sombra es alargada para la diplomacia española, sino que de vez en cuando, y cuando a Blair le sale de Downing Street, para demostrar a los hermanos anglosajones de la otra orilla su exiguo potencial bélico, organizan un contubernio británico en las profundidades del estrecho de Gibraltar a bordo de submarinos nucleares, o en la pamela de una Windsor que se pasea por Maine Street ante la mirada complaciente y cómplice de un Caruana orgulloso de regir los designios del único paraíso fiscal de Europa, puesto que incluso Suiza ha endurecido su, hasta hace poco, débil política de control de inversiones extranjeras.
Columna
Ortega definía su excelente producción ensayística, filosófica y metafísica aseverando que únicamente durante toda su vida, no había sido más que un periodista.
Razón tenía el fundador de la Revista de Occidente, cuando en su sentencia evidenciaba la grandeza del ejercicio del periodismo, en aquella España revanchista y cainita de principios de siglo, en el que la prensa era ejemplo de claridad y calidad literaria, y balcón de ideas y pensamientos que influyeron en que a nuestras católicas fronteras arrivasen los más progresistas pensamientos europeos , matizados e introducidos por aquella vanguardia periodística hispana, capitaneada por el susodicho Ortega.
Es, por tanto, el periodismo, y como gusta aseverar al maestro García Márquez, una de las más bella profesiones del mundo, en la que la fuerza de la palabra y la pulcra rectitud moral conforman los dos puntos cardinales del oficio, al que grandes pensadores se han asomado, en un afán de engrandecer una activida humanística, fundamental en nuestras sociedades, que en los últimos tiempos en España se ha venido deteriorando gracias a la incesante actividad de una “degeneración” periodística digital, capitaneada por cierto golpista del micrófono y terror de logopedas, que fiel a su cita, y auspiciado por historiadores fascistas, cada mañana reinventa la actualidad, con el propósito de engañar a la ciudadanía para conducirla a los oscuros fines de la derecha autoritaria española.
Irrita la existencia de este grupo pseudoperiodístico que se proclama liberal, cuando realmente supone el brazo armado y mediático de los rancios obispos españoles y los nostálgicos de “los mjores tiempos” preconstitucionales, y que usa la calumnia contra los verdaderos maestros del periodismo, como el caso de mi maestro Haro Tecglen, a quién tuve oportunidad de conocer la semana pasada, y quien me animó a seguir por la línea del verdadero periodismo, el analítico, liteario y veraz, que según el gran Benedetti es el de izquierdas, aunque le pese a la rancia y antidemocrática derecha de nuestro país.
Razón tenía el fundador de la Revista de Occidente, cuando en su sentencia evidenciaba la grandeza del ejercicio del periodismo, en aquella España revanchista y cainita de principios de siglo, en el que la prensa era ejemplo de claridad y calidad literaria, y balcón de ideas y pensamientos que influyeron en que a nuestras católicas fronteras arrivasen los más progresistas pensamientos europeos , matizados e introducidos por aquella vanguardia periodística hispana, capitaneada por el susodicho Ortega.
Es, por tanto, el periodismo, y como gusta aseverar al maestro García Márquez, una de las más bella profesiones del mundo, en la que la fuerza de la palabra y la pulcra rectitud moral conforman los dos puntos cardinales del oficio, al que grandes pensadores se han asomado, en un afán de engrandecer una activida humanística, fundamental en nuestras sociedades, que en los últimos tiempos en España se ha venido deteriorando gracias a la incesante actividad de una “degeneración” periodística digital, capitaneada por cierto golpista del micrófono y terror de logopedas, que fiel a su cita, y auspiciado por historiadores fascistas, cada mañana reinventa la actualidad, con el propósito de engañar a la ciudadanía para conducirla a los oscuros fines de la derecha autoritaria española.
Irrita la existencia de este grupo pseudoperiodístico que se proclama liberal, cuando realmente supone el brazo armado y mediático de los rancios obispos españoles y los nostálgicos de “los mjores tiempos” preconstitucionales, y que usa la calumnia contra los verdaderos maestros del periodismo, como el caso de mi maestro Haro Tecglen, a quién tuve oportunidad de conocer la semana pasada, y quien me animó a seguir por la línea del verdadero periodismo, el analítico, liteario y veraz, que según el gran Benedetti es el de izquierdas, aunque le pese a la rancia y antidemocrática derecha de nuestro país.
Roma
Existen diferentes formas de conocer Roma, la capital de un mundo, de una religión y de un estado, la urbe clásica que fue durante un largo tiempo “mater nutricia” de todo un Imperio y una forma de ver y de sentir el mundo.
Diversas aproximaciones y vías para vivir y sentir la ciudad eterna, y entre todas ellas, como en un fulgurante fotograma cerebral, a mi cabeza acude aquella celebre escena de la “Dolce Vita” de Fellini en la que Annita Ekberg se zambulle en las cantarinas aguas de la fontana di Trevi, bajo la observación lujuriosa de aquel ídolo del celuloide transalpino que fue el bueno de Marcelo Mastroianni.
Pero mi visión de Roma, una ciudad que no he vistado más que en sueños, se nubló la pasada semana, cuando la televisión, haciéndose eco del estado de salud del Papa mostró a un coro de hooligans católicos, españoles para más Inri, que pertrechados de unos curiosos uniformes danzaban y cantaban rezos angelicales para interceder por la salud del Santo Padre.
Un curioso grupo de fanáticos religiosos, que bien hubiesen podido ser filmados en la Columnata de Bernini, en las mezquitas de Nayaf o en el muro de las lamentaciones, pues esa tipología de fanáticos es inherente a las grandes religiones monoteístas, y cuya diferencia se sustenta en exclusiva en la portabilidad de la media luna, la estrella de David o la Cruz, pero cuyos cantos en castellano plasmaban, “urbi et orbe”, un protipo de homínido hispano, meapilas y talibán, que haría un bien a la ciudad de Roma, quedándose en su parroquia, y oficiando catequesis a los hijos de los banqueros y concejales, y no enturbiando la fotogénica perspectiva de los crepúsculos dorados en la capital del Tiber.
Esperemos que Blázquez, el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española, si bien no va a unir en santo Matrimonio a los homosexuales, ni bendecir la investigación celular, al menos, y dada su sensatez, restrinja a estos ultrassur del coro parroquial las visitas a la capital del Lazio.
COLUMNAS
ENTRE TRENTO Y GESCARTERA
Se miente aquel iluso que opina que la Iglesia ha dejado de tener capacidad de influencia. Las últimas medidas llevadas a cabo por el gobierno de Zapatero, que únicamente pretende llevar a la práctica el texto constitucional, han causado un aluvión de críticas dentro del conciliábulo retrógrado de la Iglesia Católica, en una estampa reiterada de nuestra triste historia en la que las sotanas, en su afán de recuperar su extinto poder, pretenden procesionar crucifijos en San Jerónimo para así, en su juicio, inamovible desde la época de San Agustín, restaurar la moral cristiana en la sociedad española. Un país, el nuestro, condenado hacia un inevitable ocaso de sus valores, decadencia ante la cual los obispos persiguen una nueva "Cruzada Nacional", que si bien no puede librarse en el campo de batalla del 36, "Dios nos libre de ello", sí encuentra cobijo en aquellos medios de comunicación en los que propagandistas o locutores con desagradables frenillos en su pronunciación, difunden para la ciudad y para el mundo ideales peligrosamente cercanos a lo que puede denominarse un "talante golpista".
El matrimonio homosexual, la investigación con células madre, las medidas educativas o la financiación estatal a la Iglesia Católica son los caballos de batalla en los que la Santa Inquisición del siglo XXI (léase Conferencia Episcopal Española), al frente de la cual el Torquemada de nuestra era, auspiciado por la derecha bancaria, el OPUS y el Corpus Intelectual del PP, pretende dominar la escena pública española, dejando a un lado los avances científicos y sociales para embalsamar la piel de toro de la moralidad cristiana, alejándonos de las estridencias de la Europa de las luces, y acercándonos al fanatismo religioso de Bush o de Oriente Próximo.
Quizá, dado el calado social que esconde la cuestión educativa (que tantas y apasionadas horas de debate copó en el congreso en los tiempos de la II República), sea el principal "Casus belli" en el enésimo enfrentamiento entre la Iglesia y el gobierno progresista legítimamente establecido.
La educación, tal y como dejaron escrito prohombres de la talla de Giner de los Ríos, debe ser laica, basada en la razón y no en la confesión, puesto que quien les escribe puede en primera persona testificar las tropelías contra la libertad individual llevadas a cabo en un centro de educación religioso, donde la lectura reiterativa de las santas escrituras, al igual que los talibanes y el Corán, omitía el deleite en la lectura de obras como "El Quijote", verdadero reflejo del alma humana y sus valores.
Además, y frente a lo que los obispos hispanos pretenden, el estamento eclesial no está éticamente autorizado para inmiscuirse en la vida pública de nuestro país, dado que escándalos como el de la participación en Gescartera, la pederastia o la permanencia en posturas ideológicas ante asuntos como la eutanasia o la homosexualidad inamovibles desde el Concilio de Trento, niegan a la Iglesia la capacidad moral de constituir un interlocutor válido en el diálogo de la vida pública.
Se hace, por tanto, válida aquella sentencia de San Agustín que describía a la Iglesia como "Santa y prostituta".
Doctores tiene la Iglesia...
BOABDIL EN LAS AZORES
"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre". Estas fueron las palabras que según la tradición pronunció la madre de Boabdil, último rey de Granada, mientras su hijo, abatido, oteaba el horizonte crepuscular de la Alhambra en un último intento de grabar en sus pupilas y en su corazón el antiguo esplendor de la ciudad nazarí, aquella ciudad de fastuosos palacios que lentamente iban dejando atrás en su marcha hacia un futuro desolador. Aquellas lágrimas, evidenciaban como lúcidos oráculos la impotencia ante la pérdida de una ciudad, una vida y un tiempo pasado que ya no volverían a ver los vidriosos ojos del monarca.
La historia, hermosa y cíclica, vuelve a repetirse en episodios que la rueda de la fortuna trae al incierto presente, restaurando en nuestro tiempo aquellos personajes de nuestro pasado en la figura de los protagonistas de hoy, hallando el hábil lector, por tanto, cierto paralelismo entre las lágrimas de Boabdil por la perdida de Granada, y la furia desmedida de Aznar, que en lugar de haber asumido la derrota electoral, utiliza la plataforma de cualquier medio de comunicación para difundir "urbi et orbi" la indignación por la victoria del talante el 14-M, en una estampa que adquiere peligrosas similitudes con los fotogramas de la visionaria película de Chaplin, "El gran dictador".
Sin embargo, la erótica del poder, la dulce sensación de las mayorías parlamentarias, cegaron de tal manera al ex-presidente que durante los momentos finales de su mandato anheló dejar todo atado y bien atado, al igual que Franco antes de rendir cuentas ante el Altísimo, limitando las libertades de los españoles, privilegiando a la camarilla de empresarios de "bussines" y "marketing", y favoreciendo, en nombre de la sagrada juventud, a adolescentes empingorotados y cercanos al Opus en la consecución de el tercer deportivo y el chalet en Sotogrande.
Aún así, limitadas las libertades de los españoles, y favorecida la oligarquía del señorito, Aznar en sus delirios de grandeza, tuvo tiempo de "salvaguardar la imagen exterior de España", rindiendo pleitesía en las Azores y dirimiendo el futuro de víctimas civiles de Bagdad o Samarra, con un puro en la comisura de los labios, pies encima de la mesa, y la siempre interesante compañía de un texano visionario con maneras de mesías republicano.
EL CORONEL SI TIENE QUIÉN LE VOTE
Con el grito de "Vivan las caenas" jaleaba el pueblo de Madrid el retorno del rey "deseado", Fernando VII, aquél monarca de salud débil, de oscuras aficiones y corto de entendederas que retornaba a la capital de España tras la invasión francesa, mascullando el propósito de restaurar el absolutismo en aquella España decimonónica, provinciana, cainita y dominada por la negra sombra de las sotanas y crucifijos que, con su fragancia a incienso y mandamientos, disfrutaban de grandes patrimonios mientras el pueblo español se consumía en hambrunas y malas cosechas, pese a los esfuerzos de los mal llamados "afrancesados" en dotar de luces a los desvalidos hispanos.
Aquel rey de figura poco favorecida, de inteligencia reducida y de liderazgo fatídico para su país, adquiere hoy grandes similitudes con la fotografía de George W. Bush, el texano que por la gracia de Dios, del pucherazo y del pueril (electoralmente hablando) pueblo norteamericano, va a cumplir el último mandato al frente de la mayor potencia del mundo, en unos cuatro años en los que el poder casi ilimitado del vaquero hace peligrar la tenue estabilidad internacional que tras Clinton el mundo ha anhelado.
La opción republicana y su victoria electoral dice mucho de los Estados Unidos. El voto de la América conservadora, cerrada y orgullosa de héroes como David Crockett, evidencia la escasa preparación intelectual de un pueblo totalmente dominado por un estilo de vida desigual y primario, en el que valores como la religión, las armas y el miedo constituyen la piedra angular sobre la que se superpone una sociedad con profundas e irreparables desigualdades. Esta concepción, mayoritaria en USA, se opone a la visión de parte del electorado demócrata, en la que el cosmopolitismo mitiga en débil parte el provincianismo y el chauvinismo de la forma de vida del oeste y medio oeste que se ha impuesto en estos comicios.
Sin embargo, tanto el republicanismo como el supuesto talante demócrata no son más que sutiles matices de una misma concepción del mundo, una apreciación de la vida en la que los valores humanistas han sido plenamente omitidos por la divinización del béisbol, la ritualización de la hamburguesa y la sacralización del televisor, valores que por otra parte pretenden ser extendidos hasta los confines de la tierra por los productos audiovisuales yanquis.
Pese a todo, para la "vieja Europa", denostada por Powell, que paralelamente a la campaña electoral firmaba la Constitución, Kerry era el clavo ardiendo al que se agarraban los confiados en que la razón llegaría a aquel continente rico, desigual y asilvestrado, en el que sus habitantes, con apenas 200 años de historia , en lugar de deleitarse con la obra de Capote, Hemingway, Warhol o Woody Allen, prefieren dedicar su bendito tiempo a convivir con esa noble e inofensiva criatura que es el rifle.
ESPAÑAS EN EL CORAZÓN
Creo que fue Salvador de Madariaga, insigne historiógrafo patrio, quien sentenció que la historia de España es la peor de todas las historias porque siempre acaba mal. Aunque su campo de acción fuera el pasado, no se equivocaba el célebre historiador al vislumbrar el futuro de aquella España que mientras escribía, celebraba jubilosa en la Puerta del Sol de un Madrid primaveral la llegada de la Segunda República.
Por ello, por el reiterativo y dramático final de nuestros acontecimientos históricos, el español a lo largo de los siglos de nuestro anciano y riquísimo pasado ha ido forjando una espiritualidad casi martirizante, en el que el estoicismo hispano se ha traducido en resignación ante la clase política que ineficazmente ha venido rigiendo, de un tiempo a esta parte, los designios de esta España nuestra. De Pepe Botella al despreocupado Felipe IV, o de la regencia de Espartero al pésimo gobierno de la chacha falangista de las Azores, el español que trabaja, labra, ora y guarda las fiestas que diría Unamuno, ha sido víctima de las ambiciones de los gobernantes que no miraban más allá de los Reales Sitios.
Pero, la España cainita, envidiosa, cerrada y supersticiosa que retratara Goya en sus pinturas negras, aquella que condenó a "garrote vil" a los españoles que veían más allá de los Pirineos, (mal llamados "afrancesados"), vuelve a estar de actualidad, al acusar los nostálgicos del aguilucho y las flechas a la España que despierta de reavivar el fantasma de las dos Españas, concepto que paradójicamente originaron los enemigos de la libertad al atentar un cálido mes de Julio de 1936 contra una República legítimamente establecida.
Hoy, el concepto de las dos Españas vuelve a ser criticado por la derecha más rancia. Se acusa a Zapatero de favorecer el eterno enfrentamiento, cuando únicamente ha dado a los homosexuales voz y voto, ha limitado la tendencia golpista de los púlpitos y ha favorecido un clima audiovisual que pretende devolver el prestigio perdido de la televisión.
Como dice mi amigo Pérez-Reverte, el problema de este país es la flagrante falta de perspectiva histórica. Con esta justificación, únicamente se explicaría el hecho de que los partidarios del "Franquismo sin Franco", durante el desconocido periodo de la Transición, (el Generalísimo se hallaba rindiendo cuentas ante el Altísimo), se presenten hoy como los únicos favorecedores del cambio democrático, obviando que Don Juan Carlos fue el sucesor elegido por Franco y el titánico esfuerzo de los comunistas al acatar la Corona, en aquellos momentos en que la Pasionaria desde su tribuna de diputada en el Congreso, debía hacer de tripas corazón para evitar un nuevo "derramamiento de sangre".
El problema de las dos Españas no ha muerto ni ha de ser enterrado, debe exaltarse el perdón, pero debe la sociedad conocer la voz de los ciudadanos de aquella España que trabaja de sol a sol, sufre la represión en los puentes de Cádiz o naufraga en el Cantábrico profundo, mientras la otra España disfruta de las rentas latifundistas en yates que cruzan el Mediterráneo, mismo charco en el que la tercera España, aquella del turbante, se deja la vida en el intento de encontrar los jardines de Alá nada más llegar a Tarifa.
EL GOLPE, LA BOINA Y LA GAVIOTA
Siempre creí que la diplomacia había mezclado, a partes iguales, el cinismo con la hipocresía; sin embargo, fue el bonachón Moratinos quien me demostró que la política, incluso dotada de talante puede ser sazonada por ciertas dosis de apasionamiento, ingrediente éste alejado de los grandes círculos de la política, con la evidente salvedad de lo ocurrido en Elche, donde la carencia ideológica y el bi-caudillismo entre Zaplana y Camps ha convertido el PP levantino en un “totum revolutum”.
Lo cierto, dejando el vuelo de la gaviota levantina aparte, es que Moratinos, acalorado por un debate televisivo que limita el arte de la retórica a 59 segundos, tuvo tiempo para responder a la alianza conservadora que se dio cita en aquel programa (PP-COPE), afirmando que el antiguo gobierno del Partido Popular, además de los escándalos del Prestige y los hilillos del bueno de Mariano, la LOU de Pili del Caudillo y la execrable foto de las Azores, tuvo tiempo y disposición de apoyar en Abril de 2002 la intentona golpista en Venezuela, ofreciendo el eje Madrid – Washington apoyo moral y diplomático a la revuelta capitalista que pretendía poner fin al “poco diáfano” gobierno de Hugo Chávez, político que por otra parte, como buen populista (que bien lo sabía El Caudillo), oculta las carencias ideológicas del gobierno con un discurso que apela al pasado, en este caso bolivariano, y de marcado tinte antiimperialista, aunque sea Venezuela uno de los países que más barriles de crudo exporten hacia el rancho de la Unión de Bush junior.
Lo significativo del asunto que me detengo a explicar no es la calidad de la democracia venezolana, ni el carisma del mítico presentador de “Aló Presidente”, sino la participación del anterior gobierno popular, ése que nos representó a los españoles de tres mundos durante ocho años, en un golpe de Estado, eso sí, por los cínicos cauces diplomáticos antes mencionados.
En aquella primavera de 2002, Aznar aprendería una lección que le sería valiosísima, como todas las recibidas en USA: la de cómo participar, al igual que hizo la CIA con Pinochet, o apoyando la Contra Nicaragüense, en la desestabilización , mediante golpes de estado, de las frágiles naciones latinoamericanas, con la finalidad de colocar al frente de estos países a una marioneta favorable a los intereses del capital.
MAS ALLÁ DE LA ROSA
Luís García Montero, santo de mi devoción poética y política, firma una colaboración en el diario El País en la que señala la necesidad de que en la Asamblea de IU, a celebrar este fin de semana, la formación parlamentaria destruya el halo de marginalidad y fracaso surgido tras los comicios del 14-M y brinde al PSOE apoyo serio, con el fin de constituir un bloque común frente a la rancia derecha, de doloroso y cercano recuerdo.
La Asamblea de IU es doblemente relevante para la salubridad de la democracia en nuestro país, en primer lugar porque persigue la regeneración de un partido dañado moral y electoralmente por el voto útil, y en segundo lugar por el hecho de mostrar a la opinión pública el deseo de resurgir, cual Ave Fénix, de sus cenizas y constituir una alternativa electoral al PSOE en el espectro electoral de la izquierda española, heterogéneo y diverso frente a la unidad insultante de los chicos de Génova.
La izquierda, pese al triunfo del voto útil y del PSOE, sigue padeciendo en España el estigma de la inferioridad respecto a los partidos nacionalistas, una situación, anómala a todas luces, que obliga tanto a nacionalistas como a izquierdistas a variar sus posturas, alejándose de la tan necesaria génesis ideológica.
Esta situación debe únicamente solucionarse mediante la refundación en sus principios de la izquierda, para así constituir IU un grupo parlamentario fuerte que haga oposición al neoliberalismo exacerbado de Solbes (seguidor acérrimo del legado de Rato), al talante cándido de ZP y a la falta de combatividad social de iconos como Ana Belén o Víctor Manuel, que de marxismo conocen “Una noche en la ópera”, integrantes de esa corriente ideológica que he bautizado como “Socialismo estético”.
Se hace por tanto evidente y necesario el que Izquierda Unida retome las parcelas de poder y decisorias, como freno a los excesos de la derrotada derecha y como juez y parte del gobierno de Zapatero.
RÉQUIEM POR EL ÚLTIMO PATRIOTA
Los diarios matutinos, sometidos a la crueldad del ahora y subyugados por la férrea agenda, se ven en ocasiones dinamitados por ciertas palabras, oraciones o adjetivos que esconden en la brevedad del rotativo toda la magia de la creatividad narrativa, reflexión esta del gran Borges.
Emulando al genial argentino, la pasada semana, por una de esas casualidades de la esquiva fortuna, mis cansados ojos, hastiados de las pulsiones del Tánatos del planeta tierra, se encontraron con una esquela en la que en su escueta pero profunda literatura se adivinaba la vida de un miliciano republicano que había vagado por Europa defendiendo batalla tras batalla y asedio tras asedio los ideales de la libertad y la igualdad, conceptos ante los que los humanos han luchado y sufrido a lo largo de la longeva línea de la historia de la sufrida humanidad.
Aquella esquela encerraba el existir idealista de un miliciano español que seguramente había aplaudido a la Pasionaria en sus encendidos discursos radiofónicos, había portado el fusil en las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid y marchado con lo puesto a cruzar las fronteras de los Pirineos, anhelando una vida en paz que resultó imposible.
Un idealista que sufrió en Francia la invasión germana del mismo diablo que había arrasado su patria años antes, padecido la represión en los fríos campos de concentración alemanes y desfilado triunfante, ante la indiferencia parisina en aquellos Campos Elíseos que -lejos de ser liberados por los americanos de chicle y cigarrillos- obtuvieron la liberación del yugo de la esvástica gracias a españoles que a bordo de tanques como "Madrid" o "Guadalajara" extendieron la solidaridad de los republicanos hispanos, dentro del viejo continente.
Imagino el funeral laico de ese valiente, apenas acompañado por sus familiares más cercanos, sin un mísero reconocimiento de aquella España democrática por la que luchó, o de las generaciones de españoles que olvidan a los mayores que lucharon por la libertad en aquella España asfixiada por las mismas sotanas que hoy pretenden retomar añejos privilegios.
"A ti, papá".
AÑO 1 DE LA ERA DEL TALANTE
Una vez que el estómago y la cabeza, dos caballos que caminan al unísono conducidos por el mismo auriga, han reposado la fatiga de la opulencia navideña, y hastiado el cuerpo de cigalas baratas y sidra asturiana de la España plural, el columnista se encuentra ante un complejo panorama informativo, en el que se hace especialmente necesaria una profundización irónica y cáustica, para desgajar, una vez puestos los Quevedos, el intríngulis del año 1 de le era del talante en estos pagos hispánicos.
Para empezar, el vientre diverso de esta nación diversa digiere o se indigesta a partes iguales ante el menú confeccionado por uno de los nuevos restauradores de la cocina política vasca, el chef Ibarretxe que, fruto de su amplio conocimiento de los resortes políticos, ha dado un paso más en su legítimo reclamo de la autonomía vasca, entre la oposición de los hooligans de Génova y la difusa oposición socialista, mediatizada en su gran mayoría por Maragall y el tripartito catalán.
Y, ante este panorama, sorprende la preocupación del resto de la piel de toro por la resolución del futuro de Euskadi, fruto de la decisión de un partido, el PNV de aquellos Aguirre y Arzalluz, de defender un programa nacionalista, mientras el resto de “regiones” de un país europeo, moderno y mediterráneo olvidaba su historia, sus costumbres, sus raíces y su literatura para embrutecerse delante del televisor, en esas mismas tardes en que los vascos excavaban el antiquísimo recuerdo de los lares vizcaínos.
Sin embargo, el resto de formaciones políticas, auspiciadas en principio por todos los españoles, omiten el auxilio a los españoles de Cádiz, que cada mañana, y lo permita o no la autoridad competente, defienden con chamuscados neumáticos y arcaicos tirachinas el futuro de sus hijos y de toda una bahía gaditana, que bajo rosas o gaviotas, no tienen más futuro que la final chirigotera del Falla o las aspiraciones del Cádiz en el feudo del Carranza.
Y mientras los obstinados vascones, donostiarras y vizcaínos, y en menor medidad alaveses pugnan por segregarse de la España plural y del talante, los descendientes de Moctezuma y los hijos de la extinta patria soviética arriban a nuestras inexistentes fronteras, anhelando no más banderas que una vida mejor, en este soleado rincón de la “Vieja Europa”, que debate en este “annus horribilis” que comienza, la ratificación de una continental “Carta Magna”, injusta en pos del omnipresente capital.
Todo esto, en un cervantino año, en el que un vascongado a lomos de un plan independentista, se dedica a recorrer el mundo desfaciendo entuertos y auxiliando al menesteroso.
MADRID ETERNA EN LA PLURAL ESPAÑA
Únicamente es necesaria una visión retrospectiva a nuestro longevo pasado, para percatarnos, realizando un sano ejercicio de perspectiva histórica, que las naciones, independientemente del potencial que demostrasen en el campo de batalla, son entes condenados a pasar, y como Jorge Manrique, debemos interrogarnos acerca del Ubi Sunt? de aquellas potencias que como el Imperio romano o el austrohúngaro se ven relegadas al ostracismo en el negro lodazal del pasado, fraguándose su auge y decadencia en el lento pero imperecedero fuego de la historia.
Por ello, sorprende la crispada actitud de los políticos, bien de la “España eterna” o de las históricas nacionalidades, en defender ajadas banderas, no viendo más allá que los confines del terruño, condenando al hombre al enfrentamiento y a la división.
Como dice la copla, que sabias sentencias esconde, “Ná es eterno”, y pese a que pudiera parecer catastrofista en mi desconozco si sano juicio, e independientemente de planes soberanistas, nadie, ni incluso el “Altísimo”, puede prometernos que España exista siempre.
La Roma imperial, Cartago o el Imperio austrohúngaro, no son más que sombras pasadas mientras que Viena o Roma permanecen eternas en el corazón del viajero, al igual que eterna, sople por donde sople el viento de la historia, es la villa a la que dedico mi columna de hoy: Madrid.
Desde muy joven, y como buen niño de provincias, me había sentido atraído por Madrid, soñando con pasear despreocupado entre el bullicio de neón y musicales de la Gran Vía, reflexionar sobre lo humano y lo divino con Larra en el Paseo del Prado, o gozar con el deleite de los altos cielos velazqueños en los crepúsculos matritenses, bañados de áureos fuegos en los tejados del Madrid de los Austrias.
Como madrileño de adopción, y férreo defensor de los encantos de la Villa y Corte, me siento profundamente obligado a defender, a capa y espada, como los bravucones del Siglo de Oro, a la que fue capital del orbe, que desde que dejó de ser poblachón manchego regado por un inmundo Manzanares de irregular cauce, ha experimentado, con sangre y fuego y en primera persona, los despropósitos de sus gobernantes, Austrias, Borbones o Gallardones, y de una historia, que soplasen por donde soplasen los vientos, meseteños o del frío Guadarrama, ha sido una infiel amante.
Aunque el 11 de marzo haya supuesto un verdadero trauma a los madrileños, no supone más que una grave herida en la piel de la bella dama madrileña, curtida en los viles lances a los que la esquiva historia le ha enfrentado, y de los que siempre ha salido victoriosa, sea el villano marroquí, francés o ferrolano, porque como gritó una brava vizcaína, Madrid no pasará.
Hoy, igual que ayer y como siempre, Madrid para los de allende el Tajo y el Guadarrama, no representa más que la encarnación urbana de un sentimiento centralista, iniciado por los borbones y llevado a su máximo apogeo por Franco, un sentimiento que, desgraciadamente, ha ido diluyéndose por los aluviones de solidaridad que mi ciudad recibió tras el zarpazo terrorista, y la posterior gestión gubernativa.
La eterna mártir, la centralizada capital del sempiterno reino de España, siempre permanecerá en mi corazón, aunque Euskadi, Cataluña, España o Extremadura desaparezcan en el globalizado mundo que, por ventura o desdicha, nos ha tocado vivir.
LA ALARGADA SOMBRA DE WOJTYLA
Quizá pueda parecer repetitivo en mis análisis, y es por esto que últimamente mis columnas tienen como objetivo principal de mis críticas la Santa Iglesia Católica, pero únicamente hay que permanecer atento a la prensa para percatarse de la relevancia mediática de los crucifijos, que con envenenadas pastorales se rebelan ante este gobierno que le es incómodo.
El talante aconfesional del nuevo gobierno, en absoluta sintonía con la Constitución, ha despertado las iras del Santo Padre, que observa cómo ha cambiado aquel país que de recibirle con aires fascistoides y franquistas en Cuatro Vientos, se ha pervertido hasta el punto de ser tierra del libertinaje y del pecado, auspiciados tales desmanes por un pecaminoso gobierno que favorece a homosexuales, asesina a tetrapléjicos y favorece el satánico condón.
Panorama nefasto de esta España del Concordato, reserva espiritual de Occidente, que se desvanece por los nuevos vientos de la globalización, y ante el que únicamente puede poner fin una Cruzada Pastoral de difamaciones a un gobierno elegido democráticamente, mediante las soflamas entrecortadas pero contundentes de un Wojtyla que en sus delirios de grandeza anhela fervientemente rescatar de las garras del Ángel Caído socialista, a aquella nación de místicos, ascéticos, San Ignacios y opusdeístas.
Las injerencias del Vaticano en la política interior de nuestro país, y el libre posicionamiento ante el que los católicos atacan la sociedad laica, suponen una amenaza a la estabilidad de la democracia mucho mayor que los afanes independentistas de Ibarretxe o Carod, que sin embargo son auspiciados por aquella España (la de Pelayo, Fernando VII, Franco y Aznar) que impotente ante el cambio de los tiempos, se toma la bandera y la justicia por su mano, atentando contra el socialista joseantoniano, José Bono, o insultando de manera despiadada a Pilar Manjón, la "mater dolorosa" hispana.
El Vaticano, tomando atribuciones impropias de un Estado reconocido internacionalmente, se afana en emponzoñar la convivencia "aconfesional" de la nación, en un gesto inapropiado, que tratándose de otro Estado originaría un profundo conflicto diplomático, pero que aquí toleramos sin más, agachando la cabeza ante la regañina de Roma.
Qué triste España esta que se cierne sobre nuestras cabezas y qué olvidada en el tiempo parecía, ésa de la Inquisición de Torquemadas, de sambenitos y autos de fe, que creíamos desaparecida y que amenaza con acritud este efímero y sutil espíritu republicano que subyugado ante sotanas y crucifijos parece condenado a desaparecer.
NEGROS DÍAS DE ENERO
Madrid vivía en primera persona cómo los cimientos de la Transición cimbreaban ante el empuje de los fanáticos en aquel frío enero de 1977, en que los vientos de libertad y los que de ultratumba provenían del Valle de los Caídos creaban en mi Madrid una tormenta de bíblicas dimensiones, en la que la tragedia y el odio estaban a la orden del día.
Un 27 de aquel mes, un grupo de fanáticos, salvapatrias y ultracatólicos penetraban en el interior de un despacho de abogados en el número 55 de la madrileña calle de Atocha para atentar contra los sueños de libertad de unos abogados que, con su modesto trabajo y su férrea militancia, pretendían que España se liberase por fín del yugo del aguilucho que durante mucho tiempo había aniquilado las inquietudes sociales y políticas de una España progresista, que bajo fosas o desde los Pirineos era defendida.
28 años después, Madrid vuelve a experimentar el dolor del odio en su propia piel; casi tres décadas después de los asesinatos y de la ejemplar reacción del comunismo español, el mismo espectro intolerante y canalla de nuestro país, amparado por esa bandera que nos pertenece a todos, vuelve a emplear la violencia contra los representantes públicos en una manifestación que aunque en un principio era de rechazo a la violencia, se convirtió, por obra y gracia ya saben ustedes de quién, en un “contubernio” contra la legitimidad del gobierno y en contra de la libertad.
Quizá, veintiocho años después, viejas convicciones y pensamientos cerriles no hayan pasado; quizá, la España del progreso y la libertad no sea más que una quimera condenada a desaparecer por nuestros “defensores de la unidad de España”, que combaten el independentismo vasco o catalán, defendible desde perspectivas constitucionales, con esa bandera imperial que con “su sola presencia, prendados nos dejó de su negrura”.
ZP ENTRE EL TALANTE Y EL PRAGMATISMO
Ahora que se aproxima el aniversario de la llegada del Gobierno socialista al poder, y mientras la esperanza y el dolor se mezclan en el difuso recuerdo de los días posteriores a la masacre terrorista, el columnista se interroga acerca de si las esperanzas depositadas en los denominados socialistas del talante han caído en saco roto o, por el contrario, el futuro de España a corto plazo, 4 años, se le ha otorgado a dirigentes capaces de, al igual que los noventayochistas, regenerar esta “invertebrada España”.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
A EUROPA CON “PRISAS”
Solía aseverar Don José Ortega y Gasset , que si España era el problema, Europa sería la solución al atraso de una nación en la que aún resonaban los ecos del vacío interior del espíritu hispano, tras la perdida de aquel vasto imperio donde no se ponía el sol.
Sentencia clarividente del filósofo madrileño, que adquiere en estos precisos momentos una trascendencia esencialmente relevante en la actitud política del cada vez menos independiente Zapatero, manejado al antojo de nacionalistas, y advertido de la peligrosidad del cándido talante por sectores de su propio partido, pues mientras España se consume en el sempiterno debate sobre su esencia, sacado a la palestra por los nacionalistas, él prefiere desviar la atención lógica y racional de la ciudadanía respecto al futuro de su nación, mediante la defensa a capa y espada de la aprobación popular de la Constitución Europea en la pantomima del 20-F.
Un debate monodireccional, este de la Constitución Europea, que además de encubrir el complejo, pero sano debate sobre las reivindicaciones nacionalistas, conjetura de cara a un probable futuro, unos fines oscuros que de social andan escasos y que a fín de cuentas y de cuentos, entronizan la maléfica y atroz economía capitalista bajo el confuso epíteto de "economía social de mercado".
Pero no es mi afán criticar el nefasto contenido de este "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", sino mostrar mi profundo desagrado ante la manipulación sistemática que los grandes medios informativos nacionales, bajo el beneplácito del PSOE han venido realizando de un tiempo a esta parte para mostrar su espíritu europeísta, pues desde el diario de referencia, hasta el más monárquico tabloide, en lugar de favorecer el debate equitativo entre las dos posturas ante el refrendo, han realizado el, bajo mi parecer, más execrable ultraje al cuerpo deontológico periodístico, dado que la propaganda favorable al Sí ha impregnado todas las páginas, desbordando el cauce del editorial e inundando de un pestilente tufo pseudoeuropeísta, el resto de secciones del diario.
Una tendencia recurrente en estas electorales "calendas", es el establecer espurias combinaciones entre progresismo, europeísmo y la presente constitución, en un complejo entramado de intereses creados que en última instancia confunden al ciudadano medio, y lo hacen soportar bajo sus cansados hombros la falsa culpabilidad de auspiciar a los "neocons" de Washington, mientras que se ratifica un tratado que paradójicamente nos asemeja y acerca cada vez más a la mentalidad yanki.
Al menos, y puesto que el pasado San Valentín, y el próximo advenimiento de la primavera inauguran en mí un sutil optimismo, he de congratularme en el sentido en el que con este dialogante presidente, podamos al menos recordar el significado de un referéndum, palabra que en un no muy lejano pasado, era asimilado, ya saben porque jugador de pádel, como un acto de apología terrorista.
EL DIARIO SÍ HABLABA DE TÍ
Esta mañana, los periódicos hablarán de los atentados en Irak, de la previa de la liga o de los afanes independentistas de Rovira y de Ibarretxe, pero a fecha de hoy, en plena agonía del loco mes de febrero, el columnista melancólico, hastiado de la política, opta por desintoxicarse con el noble arte de la poesía, y más concretamente en el disfrute de uno de nuestros grandes maestros contemporáneos, Joaquín Sabina.
Soy consciente de que la comparación de Joaquín Sabina con Lorca o Manrique pueda parecer desafortunada a quienes desprestigian el oficio de la canción, pero únicamente aquellos que aman profundamente el verso sabiniano pueden establecer estas justas comparaciones.
Conocí al flaco una gélida noche malagueña, de esas en que la humedad mediterránea cala hasta los huesos, en una de las contadas apariciones públicas del maestro, coincidente con la presentación de su libro “Ciento volando de catorce”, y supuso para mí el encuentro con quien había sido el referente sonoro y literario de mis primeros fracasos amorosos, que no serían los últimos; la banda sonora de las noches en vela del adolescente que, incomprendido y curtido en las desdichas del corazón, hallaba en la voz afónica y en la sempiterna guitarra un oasis de comprensión y amparo ante lo infernal del presente.
Quizá, al igual que yo mismo, en los rincones del planeta donde se parla la lengua de Cervantes, miles de adolescentes sentían latir al galope el corazón con los acordes y con la poesía del olvido de la maravillosa “19 días y 500 noches”.
Pero el tiempo huye, y de esa primera y neófita aproximación a Joaquín Sabina, el hombre, según la vida se diluye, aprecia los matices que “el Flaco” regala a su vida, y es de esta manera como la música, la poesía y el ser de Sabina se apoderan del alma, mientras la existencia es continua en sus cornadas a golpe de desengaño, cuernos y fracaso.
El genio de Úbeda es la suma de esa España castiza, moderna, sociata, progre o pepera que agradece la rebeldía del chico malo, que aprecia la mala vida de Sabina como ejemplo de simpático comunista. Pero es esta una interpretación errónea acerca del ser y el escribir de Joaquín, quien me confesó que sus mejores publicistas eran los críticos.
He aquí por tanto esta humilde columna, que más que motivada por la puntualidad que acostumbro con “vuesas mercedes”, se debe a una deuda que mantenía con mi maestro Joaquín desde aquella noche en la que acudí a la presentación de su libro como periodista y salí como poeta en grado de tentativa.
EL TEXANO Y EL JUDÍO
Es peligrosa la rapidez con la que la ciudadanía, apoyada por los medios de información, olvida o ignora las meteduras de pata de los grandes gobernantes, que pueden oscilar en diversos grados, desde comisiones de 3% hasta genocidios en toda regla, y cuyo ejemplo más flagrante se percibe en las portadas de los diferentes tabloides.
Para esta tesis, sirvan dos hechos capitales de la política internacional en estas fechas, el paseo triunfal de Bush con su oligofrénico rostro por Europa, y la cumbre de Sharm el Shaij, ambos acontecimientos que tienen como protagonistas a gobernantes a los que la ciudadanía pareciese que otorgase un supuesto voto de confianza por percibir un sutil cambio de actitud en sus decisiones.
El problema que manifiesto no puede ser tomado a la ligera, porque resulta alarmante como los periodistas de los medios más moderados depositan en sus editoriales cierta confianza y esperanza en que tanto Israel como USA varíen de la noche a la mañana sus políticas genocidas y criminales, obviando que en la cumbre de Egipto, Israel se comprometía a retirar sus efectivos militares a la par que Sharon denominaba la exangüe defensa del pueblo palestino como terrorismo, en esa espiral de manipulación lingüística que el maestro Grijelmo denomina la “seducción del lenguaje”.
Es, a pesar de todo indignante que se nos presente a la opinión pública a ambos terroristas de estado como dos estadistas moderados y modelados por el arte de la política, cuando en el aire resuenan los disparos y las bombas en Irak , fruto de la búsqueda de Bush del Dorado mesopotámico (armas de destrucción masiva), y el pueblo palestino sigue cercado por el muro de la vergüenza, edificado ladrillo a ladrillo por ese Sharon que recordemos fue el causante de la Intifada al pasearse desafiante por la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, y responsable máximo de las matanzas de Sabra y Chatila.
Además, no pensemos que Bush vuelve al viejo continene para un mayor diálogo, muy al contrario, la desafortunada visita de Walker Bush se debe al búsqueda de apoyos con las que sufragar la infausta invasión irakí, mientras el canciller alemán le baila el agua al texano, y ZP recibe los aplausos de la derecha gala.
MADRID DE CORTE A MÁRTIR
"Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas."
Don Antonio Machado
Madrid, Agosto 2004
Vuelvo a Madrid tras los infaustos días, paseo por sus calles, respiro el aire de libertad del rompeolas de todas las Españas, mientras que en las paradas del metro o en las cafeterías galdosianas resuenan los ecos latinoamericanos de las voces de los inmigrantes que han hecho de Madrid su nueva patria, la de la esperanza y la vida que fluyen tranquilamente entre el bullicio nervioso de la gran urbe castellana, que con el día a día va cicatrizando las incurables heridas de los fatídicos atentados de Marzo.
El sol cae a plomo sobre el derretido asfalto de la Gran Vía, donde los madrileños se resguardan del inclemente sol en cafeterías en las que la prensa o la televisión, muestran imágenes y recuerdos de aquellos días de la infamia, y entonces, al igual que al llegar en el Talgo a Atocha, se produce un silencio aterrador jalonado de miradas perdidas al suelo, esquivas o indagadoras de una respuesta inexistente, y , en ese preciso momento, comprendo que las heridas no han cicatrizado y que en el subconsciente del madrileño pervive el desgarrador recuerdo del más negro mes de Marzo.
El recuerdo de fechas en las que España sufría trágica y virulentamente una segunda transición, un recuerdo de dolor indescriptible en el que la mentira y el engaño mancillaron el dolor sereno de las víctimas de la masacre, que una vez terminados los lutos de esta España de plañideras y negros, fueron vapuleadas a las puertas del Congreso por los "salvapatrias" de la Gaviota, los ultras de Génova, quizá enervados por la derrota electoral que les arrebató aquella nación que había sido gobernada durante ocho años como un cortijo andaluz.
Pero mi paseo no se detiene, al descender desde Cibeles por el Paseo del Prado y arribar a la cúpula de la estación de Atocha, pese al ambiente callejero del Prado entre exposiciones y ferias literarias, el tiempo parece detenerse en la contemplación de lo que fue en un pasado reciente lugar de encuentros y despedidas esperanzadas, y que una brumosa mañana de Marzo se transformó en el monumento popular de Madrid a las nuevas víctimas de un nuevo 2 de mayo, y en mi mente se aparece Pilar Manjón, la "mater dolorosa" del llanto sereno, como en un lienzo de “El Greco” sobre un fondo de Madrid en tinieblas, donde el cielo velazqueño ha sido cubierto por oscuras gaviotas que como cuervos revolotean sobre la carroña terrorista.
Málaga, 12 de Marzo de 2004
Madrid se levantaba bajo la luz difusa de un amanecer plomizo de invierno. Los madrileños, esos seres eclécticos y multirraciales, se desperezaban del sueño cuando una concatenación de explosiones turbaba la normalidad de infarto de una ciudad que, hasta pocas horas antes se acostaba con el poso de los mítines de fín de campaña.
Pasadas las 7 y media de la mañana, el horror se asentaba en la capital de la Villa y Corte, barrios obreros de la capital, Santa Eugenia, El Pozo, y la flamante estación de Atocha, sufrían el horror de la tragedia, el olor a muerte bajo los rescoldos del dominio del diablo, y gritos que con rabia pedían socorro, mientras un último halo de vida se mezclaba con el vaho en la fría mañana madrileña.
La dantesca danza de ambulancias, precedida del sordo minué del silencio, despertaba a la totalidad de un Madrid, que pocos segundos después de consumada la catástrofe, marchó presto a ayudar a los afectados del mortal ataque.
Mi artículo, bajo el dolor que embarga mis ojos empañados en sinceras lágrimas, pretende ser un sencillo, pero sincero homenaje a todo el pueblo de Madrid que arriesgó su vida en el auxilio de los afectados.
El madrileño, cuya vida es un metro a punto a de salir en voz de Sabina, ha sufrido a lo largo de la historia de España, todos los errores de las pésimas políticas estatales, regidas por ineficaces gobernantes.
La invasión francesa que tan bien plasmó Goya en los Fusilamientos del 3 de Mayo, el atentado a la naciente democracia que supuso la matanza a los abogados laboristas en un bufete de Atocha, o el 23-F, manifiestan el carácter de mártir español que acompaña al madrileño.
Madrid, con su “no pasarán”, ha cristalizado, a la par que con el sufrimiento, la respuesta de un país oprimido ante el mal, la ineficacia gubernativa y la tiranía.
Madrid, durante el asedio por parte de las tropas nacionales, y en lo exhaustos momentos de la Guerra Civil, era exonerado a combatir al enemigo Franquista por una Pasionaria que a la fuerza, y apoyada por su carácter batallador, sacaba a los cómodos literatos de café de sus elevadas tertulias a combatir por una República herida de muerte, como hoy, herido de muerte está el corazón de los madrileños.
Tras el ruido de sirenas, silbatos nerviosos de policías, y gritos desgarradores de inocentes víctimas, he visto, no sé si debido a la confusión que en mí producía el inmenso dolor, a la Pasionaria gritando decididamente el “no pasarán “en el oído de todos y cada uno de los madrileños de bien, que arriesgaban su vida en pos de salvar de las garras de la muerte a sus inocentes paisanos, que hoy deben ser elevados a los altares de una democracia, que desde hace tiempo, ya no esta en manos del pueblo.
A Pilar Manjón, con todo el caríño, por la valentía mostrada.
Se miente aquel iluso que opina que la Iglesia ha dejado de tener capacidad de influencia. Las últimas medidas llevadas a cabo por el gobierno de Zapatero, que únicamente pretende llevar a la práctica el texto constitucional, han causado un aluvión de críticas dentro del conciliábulo retrógrado de la Iglesia Católica, en una estampa reiterada de nuestra triste historia en la que las sotanas, en su afán de recuperar su extinto poder, pretenden procesionar crucifijos en San Jerónimo para así, en su juicio, inamovible desde la época de San Agustín, restaurar la moral cristiana en la sociedad española. Un país, el nuestro, condenado hacia un inevitable ocaso de sus valores, decadencia ante la cual los obispos persiguen una nueva "Cruzada Nacional", que si bien no puede librarse en el campo de batalla del 36, "Dios nos libre de ello", sí encuentra cobijo en aquellos medios de comunicación en los que propagandistas o locutores con desagradables frenillos en su pronunciación, difunden para la ciudad y para el mundo ideales peligrosamente cercanos a lo que puede denominarse un "talante golpista".
El matrimonio homosexual, la investigación con células madre, las medidas educativas o la financiación estatal a la Iglesia Católica son los caballos de batalla en los que la Santa Inquisición del siglo XXI (léase Conferencia Episcopal Española), al frente de la cual el Torquemada de nuestra era, auspiciado por la derecha bancaria, el OPUS y el Corpus Intelectual del PP, pretende dominar la escena pública española, dejando a un lado los avances científicos y sociales para embalsamar la piel de toro de la moralidad cristiana, alejándonos de las estridencias de la Europa de las luces, y acercándonos al fanatismo religioso de Bush o de Oriente Próximo.
Quizá, dado el calado social que esconde la cuestión educativa (que tantas y apasionadas horas de debate copó en el congreso en los tiempos de la II República), sea el principal "Casus belli" en el enésimo enfrentamiento entre la Iglesia y el gobierno progresista legítimamente establecido.
La educación, tal y como dejaron escrito prohombres de la talla de Giner de los Ríos, debe ser laica, basada en la razón y no en la confesión, puesto que quien les escribe puede en primera persona testificar las tropelías contra la libertad individual llevadas a cabo en un centro de educación religioso, donde la lectura reiterativa de las santas escrituras, al igual que los talibanes y el Corán, omitía el deleite en la lectura de obras como "El Quijote", verdadero reflejo del alma humana y sus valores.
Además, y frente a lo que los obispos hispanos pretenden, el estamento eclesial no está éticamente autorizado para inmiscuirse en la vida pública de nuestro país, dado que escándalos como el de la participación en Gescartera, la pederastia o la permanencia en posturas ideológicas ante asuntos como la eutanasia o la homosexualidad inamovibles desde el Concilio de Trento, niegan a la Iglesia la capacidad moral de constituir un interlocutor válido en el diálogo de la vida pública.
Se hace, por tanto, válida aquella sentencia de San Agustín que describía a la Iglesia como "Santa y prostituta".
Doctores tiene la Iglesia...
BOABDIL EN LAS AZORES
"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre". Estas fueron las palabras que según la tradición pronunció la madre de Boabdil, último rey de Granada, mientras su hijo, abatido, oteaba el horizonte crepuscular de la Alhambra en un último intento de grabar en sus pupilas y en su corazón el antiguo esplendor de la ciudad nazarí, aquella ciudad de fastuosos palacios que lentamente iban dejando atrás en su marcha hacia un futuro desolador. Aquellas lágrimas, evidenciaban como lúcidos oráculos la impotencia ante la pérdida de una ciudad, una vida y un tiempo pasado que ya no volverían a ver los vidriosos ojos del monarca.
La historia, hermosa y cíclica, vuelve a repetirse en episodios que la rueda de la fortuna trae al incierto presente, restaurando en nuestro tiempo aquellos personajes de nuestro pasado en la figura de los protagonistas de hoy, hallando el hábil lector, por tanto, cierto paralelismo entre las lágrimas de Boabdil por la perdida de Granada, y la furia desmedida de Aznar, que en lugar de haber asumido la derrota electoral, utiliza la plataforma de cualquier medio de comunicación para difundir "urbi et orbi" la indignación por la victoria del talante el 14-M, en una estampa que adquiere peligrosas similitudes con los fotogramas de la visionaria película de Chaplin, "El gran dictador".
Sin embargo, la erótica del poder, la dulce sensación de las mayorías parlamentarias, cegaron de tal manera al ex-presidente que durante los momentos finales de su mandato anheló dejar todo atado y bien atado, al igual que Franco antes de rendir cuentas ante el Altísimo, limitando las libertades de los españoles, privilegiando a la camarilla de empresarios de "bussines" y "marketing", y favoreciendo, en nombre de la sagrada juventud, a adolescentes empingorotados y cercanos al Opus en la consecución de el tercer deportivo y el chalet en Sotogrande.
Aún así, limitadas las libertades de los españoles, y favorecida la oligarquía del señorito, Aznar en sus delirios de grandeza, tuvo tiempo de "salvaguardar la imagen exterior de España", rindiendo pleitesía en las Azores y dirimiendo el futuro de víctimas civiles de Bagdad o Samarra, con un puro en la comisura de los labios, pies encima de la mesa, y la siempre interesante compañía de un texano visionario con maneras de mesías republicano.
EL CORONEL SI TIENE QUIÉN LE VOTE
Con el grito de "Vivan las caenas" jaleaba el pueblo de Madrid el retorno del rey "deseado", Fernando VII, aquél monarca de salud débil, de oscuras aficiones y corto de entendederas que retornaba a la capital de España tras la invasión francesa, mascullando el propósito de restaurar el absolutismo en aquella España decimonónica, provinciana, cainita y dominada por la negra sombra de las sotanas y crucifijos que, con su fragancia a incienso y mandamientos, disfrutaban de grandes patrimonios mientras el pueblo español se consumía en hambrunas y malas cosechas, pese a los esfuerzos de los mal llamados "afrancesados" en dotar de luces a los desvalidos hispanos.
Aquel rey de figura poco favorecida, de inteligencia reducida y de liderazgo fatídico para su país, adquiere hoy grandes similitudes con la fotografía de George W. Bush, el texano que por la gracia de Dios, del pucherazo y del pueril (electoralmente hablando) pueblo norteamericano, va a cumplir el último mandato al frente de la mayor potencia del mundo, en unos cuatro años en los que el poder casi ilimitado del vaquero hace peligrar la tenue estabilidad internacional que tras Clinton el mundo ha anhelado.
La opción republicana y su victoria electoral dice mucho de los Estados Unidos. El voto de la América conservadora, cerrada y orgullosa de héroes como David Crockett, evidencia la escasa preparación intelectual de un pueblo totalmente dominado por un estilo de vida desigual y primario, en el que valores como la religión, las armas y el miedo constituyen la piedra angular sobre la que se superpone una sociedad con profundas e irreparables desigualdades. Esta concepción, mayoritaria en USA, se opone a la visión de parte del electorado demócrata, en la que el cosmopolitismo mitiga en débil parte el provincianismo y el chauvinismo de la forma de vida del oeste y medio oeste que se ha impuesto en estos comicios.
Sin embargo, tanto el republicanismo como el supuesto talante demócrata no son más que sutiles matices de una misma concepción del mundo, una apreciación de la vida en la que los valores humanistas han sido plenamente omitidos por la divinización del béisbol, la ritualización de la hamburguesa y la sacralización del televisor, valores que por otra parte pretenden ser extendidos hasta los confines de la tierra por los productos audiovisuales yanquis.
Pese a todo, para la "vieja Europa", denostada por Powell, que paralelamente a la campaña electoral firmaba la Constitución, Kerry era el clavo ardiendo al que se agarraban los confiados en que la razón llegaría a aquel continente rico, desigual y asilvestrado, en el que sus habitantes, con apenas 200 años de historia , en lugar de deleitarse con la obra de Capote, Hemingway, Warhol o Woody Allen, prefieren dedicar su bendito tiempo a convivir con esa noble e inofensiva criatura que es el rifle.
ESPAÑAS EN EL CORAZÓN
Creo que fue Salvador de Madariaga, insigne historiógrafo patrio, quien sentenció que la historia de España es la peor de todas las historias porque siempre acaba mal. Aunque su campo de acción fuera el pasado, no se equivocaba el célebre historiador al vislumbrar el futuro de aquella España que mientras escribía, celebraba jubilosa en la Puerta del Sol de un Madrid primaveral la llegada de la Segunda República.
Por ello, por el reiterativo y dramático final de nuestros acontecimientos históricos, el español a lo largo de los siglos de nuestro anciano y riquísimo pasado ha ido forjando una espiritualidad casi martirizante, en el que el estoicismo hispano se ha traducido en resignación ante la clase política que ineficazmente ha venido rigiendo, de un tiempo a esta parte, los designios de esta España nuestra. De Pepe Botella al despreocupado Felipe IV, o de la regencia de Espartero al pésimo gobierno de la chacha falangista de las Azores, el español que trabaja, labra, ora y guarda las fiestas que diría Unamuno, ha sido víctima de las ambiciones de los gobernantes que no miraban más allá de los Reales Sitios.
Pero, la España cainita, envidiosa, cerrada y supersticiosa que retratara Goya en sus pinturas negras, aquella que condenó a "garrote vil" a los españoles que veían más allá de los Pirineos, (mal llamados "afrancesados"), vuelve a estar de actualidad, al acusar los nostálgicos del aguilucho y las flechas a la España que despierta de reavivar el fantasma de las dos Españas, concepto que paradójicamente originaron los enemigos de la libertad al atentar un cálido mes de Julio de 1936 contra una República legítimamente establecida.
Hoy, el concepto de las dos Españas vuelve a ser criticado por la derecha más rancia. Se acusa a Zapatero de favorecer el eterno enfrentamiento, cuando únicamente ha dado a los homosexuales voz y voto, ha limitado la tendencia golpista de los púlpitos y ha favorecido un clima audiovisual que pretende devolver el prestigio perdido de la televisión.
Como dice mi amigo Pérez-Reverte, el problema de este país es la flagrante falta de perspectiva histórica. Con esta justificación, únicamente se explicaría el hecho de que los partidarios del "Franquismo sin Franco", durante el desconocido periodo de la Transición, (el Generalísimo se hallaba rindiendo cuentas ante el Altísimo), se presenten hoy como los únicos favorecedores del cambio democrático, obviando que Don Juan Carlos fue el sucesor elegido por Franco y el titánico esfuerzo de los comunistas al acatar la Corona, en aquellos momentos en que la Pasionaria desde su tribuna de diputada en el Congreso, debía hacer de tripas corazón para evitar un nuevo "derramamiento de sangre".
El problema de las dos Españas no ha muerto ni ha de ser enterrado, debe exaltarse el perdón, pero debe la sociedad conocer la voz de los ciudadanos de aquella España que trabaja de sol a sol, sufre la represión en los puentes de Cádiz o naufraga en el Cantábrico profundo, mientras la otra España disfruta de las rentas latifundistas en yates que cruzan el Mediterráneo, mismo charco en el que la tercera España, aquella del turbante, se deja la vida en el intento de encontrar los jardines de Alá nada más llegar a Tarifa.
EL GOLPE, LA BOINA Y LA GAVIOTA
Siempre creí que la diplomacia había mezclado, a partes iguales, el cinismo con la hipocresía; sin embargo, fue el bonachón Moratinos quien me demostró que la política, incluso dotada de talante puede ser sazonada por ciertas dosis de apasionamiento, ingrediente éste alejado de los grandes círculos de la política, con la evidente salvedad de lo ocurrido en Elche, donde la carencia ideológica y el bi-caudillismo entre Zaplana y Camps ha convertido el PP levantino en un “totum revolutum”.
Lo cierto, dejando el vuelo de la gaviota levantina aparte, es que Moratinos, acalorado por un debate televisivo que limita el arte de la retórica a 59 segundos, tuvo tiempo para responder a la alianza conservadora que se dio cita en aquel programa (PP-COPE), afirmando que el antiguo gobierno del Partido Popular, además de los escándalos del Prestige y los hilillos del bueno de Mariano, la LOU de Pili del Caudillo y la execrable foto de las Azores, tuvo tiempo y disposición de apoyar en Abril de 2002 la intentona golpista en Venezuela, ofreciendo el eje Madrid – Washington apoyo moral y diplomático a la revuelta capitalista que pretendía poner fin al “poco diáfano” gobierno de Hugo Chávez, político que por otra parte, como buen populista (que bien lo sabía El Caudillo), oculta las carencias ideológicas del gobierno con un discurso que apela al pasado, en este caso bolivariano, y de marcado tinte antiimperialista, aunque sea Venezuela uno de los países que más barriles de crudo exporten hacia el rancho de la Unión de Bush junior.
Lo significativo del asunto que me detengo a explicar no es la calidad de la democracia venezolana, ni el carisma del mítico presentador de “Aló Presidente”, sino la participación del anterior gobierno popular, ése que nos representó a los españoles de tres mundos durante ocho años, en un golpe de Estado, eso sí, por los cínicos cauces diplomáticos antes mencionados.
En aquella primavera de 2002, Aznar aprendería una lección que le sería valiosísima, como todas las recibidas en USA: la de cómo participar, al igual que hizo la CIA con Pinochet, o apoyando la Contra Nicaragüense, en la desestabilización , mediante golpes de estado, de las frágiles naciones latinoamericanas, con la finalidad de colocar al frente de estos países a una marioneta favorable a los intereses del capital.
MAS ALLÁ DE LA ROSA
Luís García Montero, santo de mi devoción poética y política, firma una colaboración en el diario El País en la que señala la necesidad de que en la Asamblea de IU, a celebrar este fin de semana, la formación parlamentaria destruya el halo de marginalidad y fracaso surgido tras los comicios del 14-M y brinde al PSOE apoyo serio, con el fin de constituir un bloque común frente a la rancia derecha, de doloroso y cercano recuerdo.
La Asamblea de IU es doblemente relevante para la salubridad de la democracia en nuestro país, en primer lugar porque persigue la regeneración de un partido dañado moral y electoralmente por el voto útil, y en segundo lugar por el hecho de mostrar a la opinión pública el deseo de resurgir, cual Ave Fénix, de sus cenizas y constituir una alternativa electoral al PSOE en el espectro electoral de la izquierda española, heterogéneo y diverso frente a la unidad insultante de los chicos de Génova.
La izquierda, pese al triunfo del voto útil y del PSOE, sigue padeciendo en España el estigma de la inferioridad respecto a los partidos nacionalistas, una situación, anómala a todas luces, que obliga tanto a nacionalistas como a izquierdistas a variar sus posturas, alejándose de la tan necesaria génesis ideológica.
Esta situación debe únicamente solucionarse mediante la refundación en sus principios de la izquierda, para así constituir IU un grupo parlamentario fuerte que haga oposición al neoliberalismo exacerbado de Solbes (seguidor acérrimo del legado de Rato), al talante cándido de ZP y a la falta de combatividad social de iconos como Ana Belén o Víctor Manuel, que de marxismo conocen “Una noche en la ópera”, integrantes de esa corriente ideológica que he bautizado como “Socialismo estético”.
Se hace por tanto evidente y necesario el que Izquierda Unida retome las parcelas de poder y decisorias, como freno a los excesos de la derrotada derecha y como juez y parte del gobierno de Zapatero.
RÉQUIEM POR EL ÚLTIMO PATRIOTA
Los diarios matutinos, sometidos a la crueldad del ahora y subyugados por la férrea agenda, se ven en ocasiones dinamitados por ciertas palabras, oraciones o adjetivos que esconden en la brevedad del rotativo toda la magia de la creatividad narrativa, reflexión esta del gran Borges.
Emulando al genial argentino, la pasada semana, por una de esas casualidades de la esquiva fortuna, mis cansados ojos, hastiados de las pulsiones del Tánatos del planeta tierra, se encontraron con una esquela en la que en su escueta pero profunda literatura se adivinaba la vida de un miliciano republicano que había vagado por Europa defendiendo batalla tras batalla y asedio tras asedio los ideales de la libertad y la igualdad, conceptos ante los que los humanos han luchado y sufrido a lo largo de la longeva línea de la historia de la sufrida humanidad.
Aquella esquela encerraba el existir idealista de un miliciano español que seguramente había aplaudido a la Pasionaria en sus encendidos discursos radiofónicos, había portado el fusil en las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid y marchado con lo puesto a cruzar las fronteras de los Pirineos, anhelando una vida en paz que resultó imposible.
Un idealista que sufrió en Francia la invasión germana del mismo diablo que había arrasado su patria años antes, padecido la represión en los fríos campos de concentración alemanes y desfilado triunfante, ante la indiferencia parisina en aquellos Campos Elíseos que -lejos de ser liberados por los americanos de chicle y cigarrillos- obtuvieron la liberación del yugo de la esvástica gracias a españoles que a bordo de tanques como "Madrid" o "Guadalajara" extendieron la solidaridad de los republicanos hispanos, dentro del viejo continente.
Imagino el funeral laico de ese valiente, apenas acompañado por sus familiares más cercanos, sin un mísero reconocimiento de aquella España democrática por la que luchó, o de las generaciones de españoles que olvidan a los mayores que lucharon por la libertad en aquella España asfixiada por las mismas sotanas que hoy pretenden retomar añejos privilegios.
"A ti, papá".
AÑO 1 DE LA ERA DEL TALANTE
Una vez que el estómago y la cabeza, dos caballos que caminan al unísono conducidos por el mismo auriga, han reposado la fatiga de la opulencia navideña, y hastiado el cuerpo de cigalas baratas y sidra asturiana de la España plural, el columnista se encuentra ante un complejo panorama informativo, en el que se hace especialmente necesaria una profundización irónica y cáustica, para desgajar, una vez puestos los Quevedos, el intríngulis del año 1 de le era del talante en estos pagos hispánicos.
Para empezar, el vientre diverso de esta nación diversa digiere o se indigesta a partes iguales ante el menú confeccionado por uno de los nuevos restauradores de la cocina política vasca, el chef Ibarretxe que, fruto de su amplio conocimiento de los resortes políticos, ha dado un paso más en su legítimo reclamo de la autonomía vasca, entre la oposición de los hooligans de Génova y la difusa oposición socialista, mediatizada en su gran mayoría por Maragall y el tripartito catalán.
Y, ante este panorama, sorprende la preocupación del resto de la piel de toro por la resolución del futuro de Euskadi, fruto de la decisión de un partido, el PNV de aquellos Aguirre y Arzalluz, de defender un programa nacionalista, mientras el resto de “regiones” de un país europeo, moderno y mediterráneo olvidaba su historia, sus costumbres, sus raíces y su literatura para embrutecerse delante del televisor, en esas mismas tardes en que los vascos excavaban el antiquísimo recuerdo de los lares vizcaínos.
Sin embargo, el resto de formaciones políticas, auspiciadas en principio por todos los españoles, omiten el auxilio a los españoles de Cádiz, que cada mañana, y lo permita o no la autoridad competente, defienden con chamuscados neumáticos y arcaicos tirachinas el futuro de sus hijos y de toda una bahía gaditana, que bajo rosas o gaviotas, no tienen más futuro que la final chirigotera del Falla o las aspiraciones del Cádiz en el feudo del Carranza.
Y mientras los obstinados vascones, donostiarras y vizcaínos, y en menor medidad alaveses pugnan por segregarse de la España plural y del talante, los descendientes de Moctezuma y los hijos de la extinta patria soviética arriban a nuestras inexistentes fronteras, anhelando no más banderas que una vida mejor, en este soleado rincón de la “Vieja Europa”, que debate en este “annus horribilis” que comienza, la ratificación de una continental “Carta Magna”, injusta en pos del omnipresente capital.
Todo esto, en un cervantino año, en el que un vascongado a lomos de un plan independentista, se dedica a recorrer el mundo desfaciendo entuertos y auxiliando al menesteroso.
MADRID ETERNA EN LA PLURAL ESPAÑA
Únicamente es necesaria una visión retrospectiva a nuestro longevo pasado, para percatarnos, realizando un sano ejercicio de perspectiva histórica, que las naciones, independientemente del potencial que demostrasen en el campo de batalla, son entes condenados a pasar, y como Jorge Manrique, debemos interrogarnos acerca del Ubi Sunt? de aquellas potencias que como el Imperio romano o el austrohúngaro se ven relegadas al ostracismo en el negro lodazal del pasado, fraguándose su auge y decadencia en el lento pero imperecedero fuego de la historia.
Por ello, sorprende la crispada actitud de los políticos, bien de la “España eterna” o de las históricas nacionalidades, en defender ajadas banderas, no viendo más allá que los confines del terruño, condenando al hombre al enfrentamiento y a la división.
Como dice la copla, que sabias sentencias esconde, “Ná es eterno”, y pese a que pudiera parecer catastrofista en mi desconozco si sano juicio, e independientemente de planes soberanistas, nadie, ni incluso el “Altísimo”, puede prometernos que España exista siempre.
La Roma imperial, Cartago o el Imperio austrohúngaro, no son más que sombras pasadas mientras que Viena o Roma permanecen eternas en el corazón del viajero, al igual que eterna, sople por donde sople el viento de la historia, es la villa a la que dedico mi columna de hoy: Madrid.
Desde muy joven, y como buen niño de provincias, me había sentido atraído por Madrid, soñando con pasear despreocupado entre el bullicio de neón y musicales de la Gran Vía, reflexionar sobre lo humano y lo divino con Larra en el Paseo del Prado, o gozar con el deleite de los altos cielos velazqueños en los crepúsculos matritenses, bañados de áureos fuegos en los tejados del Madrid de los Austrias.
Como madrileño de adopción, y férreo defensor de los encantos de la Villa y Corte, me siento profundamente obligado a defender, a capa y espada, como los bravucones del Siglo de Oro, a la que fue capital del orbe, que desde que dejó de ser poblachón manchego regado por un inmundo Manzanares de irregular cauce, ha experimentado, con sangre y fuego y en primera persona, los despropósitos de sus gobernantes, Austrias, Borbones o Gallardones, y de una historia, que soplasen por donde soplasen los vientos, meseteños o del frío Guadarrama, ha sido una infiel amante.
Aunque el 11 de marzo haya supuesto un verdadero trauma a los madrileños, no supone más que una grave herida en la piel de la bella dama madrileña, curtida en los viles lances a los que la esquiva historia le ha enfrentado, y de los que siempre ha salido victoriosa, sea el villano marroquí, francés o ferrolano, porque como gritó una brava vizcaína, Madrid no pasará.
Hoy, igual que ayer y como siempre, Madrid para los de allende el Tajo y el Guadarrama, no representa más que la encarnación urbana de un sentimiento centralista, iniciado por los borbones y llevado a su máximo apogeo por Franco, un sentimiento que, desgraciadamente, ha ido diluyéndose por los aluviones de solidaridad que mi ciudad recibió tras el zarpazo terrorista, y la posterior gestión gubernativa.
La eterna mártir, la centralizada capital del sempiterno reino de España, siempre permanecerá en mi corazón, aunque Euskadi, Cataluña, España o Extremadura desaparezcan en el globalizado mundo que, por ventura o desdicha, nos ha tocado vivir.
LA ALARGADA SOMBRA DE WOJTYLA
Quizá pueda parecer repetitivo en mis análisis, y es por esto que últimamente mis columnas tienen como objetivo principal de mis críticas la Santa Iglesia Católica, pero únicamente hay que permanecer atento a la prensa para percatarse de la relevancia mediática de los crucifijos, que con envenenadas pastorales se rebelan ante este gobierno que le es incómodo.
El talante aconfesional del nuevo gobierno, en absoluta sintonía con la Constitución, ha despertado las iras del Santo Padre, que observa cómo ha cambiado aquel país que de recibirle con aires fascistoides y franquistas en Cuatro Vientos, se ha pervertido hasta el punto de ser tierra del libertinaje y del pecado, auspiciados tales desmanes por un pecaminoso gobierno que favorece a homosexuales, asesina a tetrapléjicos y favorece el satánico condón.
Panorama nefasto de esta España del Concordato, reserva espiritual de Occidente, que se desvanece por los nuevos vientos de la globalización, y ante el que únicamente puede poner fin una Cruzada Pastoral de difamaciones a un gobierno elegido democráticamente, mediante las soflamas entrecortadas pero contundentes de un Wojtyla que en sus delirios de grandeza anhela fervientemente rescatar de las garras del Ángel Caído socialista, a aquella nación de místicos, ascéticos, San Ignacios y opusdeístas.
Las injerencias del Vaticano en la política interior de nuestro país, y el libre posicionamiento ante el que los católicos atacan la sociedad laica, suponen una amenaza a la estabilidad de la democracia mucho mayor que los afanes independentistas de Ibarretxe o Carod, que sin embargo son auspiciados por aquella España (la de Pelayo, Fernando VII, Franco y Aznar) que impotente ante el cambio de los tiempos, se toma la bandera y la justicia por su mano, atentando contra el socialista joseantoniano, José Bono, o insultando de manera despiadada a Pilar Manjón, la "mater dolorosa" hispana.
El Vaticano, tomando atribuciones impropias de un Estado reconocido internacionalmente, se afana en emponzoñar la convivencia "aconfesional" de la nación, en un gesto inapropiado, que tratándose de otro Estado originaría un profundo conflicto diplomático, pero que aquí toleramos sin más, agachando la cabeza ante la regañina de Roma.
Qué triste España esta que se cierne sobre nuestras cabezas y qué olvidada en el tiempo parecía, ésa de la Inquisición de Torquemadas, de sambenitos y autos de fe, que creíamos desaparecida y que amenaza con acritud este efímero y sutil espíritu republicano que subyugado ante sotanas y crucifijos parece condenado a desaparecer.
NEGROS DÍAS DE ENERO
Madrid vivía en primera persona cómo los cimientos de la Transición cimbreaban ante el empuje de los fanáticos en aquel frío enero de 1977, en que los vientos de libertad y los que de ultratumba provenían del Valle de los Caídos creaban en mi Madrid una tormenta de bíblicas dimensiones, en la que la tragedia y el odio estaban a la orden del día.
Un 27 de aquel mes, un grupo de fanáticos, salvapatrias y ultracatólicos penetraban en el interior de un despacho de abogados en el número 55 de la madrileña calle de Atocha para atentar contra los sueños de libertad de unos abogados que, con su modesto trabajo y su férrea militancia, pretendían que España se liberase por fín del yugo del aguilucho que durante mucho tiempo había aniquilado las inquietudes sociales y políticas de una España progresista, que bajo fosas o desde los Pirineos era defendida.
28 años después, Madrid vuelve a experimentar el dolor del odio en su propia piel; casi tres décadas después de los asesinatos y de la ejemplar reacción del comunismo español, el mismo espectro intolerante y canalla de nuestro país, amparado por esa bandera que nos pertenece a todos, vuelve a emplear la violencia contra los representantes públicos en una manifestación que aunque en un principio era de rechazo a la violencia, se convirtió, por obra y gracia ya saben ustedes de quién, en un “contubernio” contra la legitimidad del gobierno y en contra de la libertad.
Quizá, veintiocho años después, viejas convicciones y pensamientos cerriles no hayan pasado; quizá, la España del progreso y la libertad no sea más que una quimera condenada a desaparecer por nuestros “defensores de la unidad de España”, que combaten el independentismo vasco o catalán, defendible desde perspectivas constitucionales, con esa bandera imperial que con “su sola presencia, prendados nos dejó de su negrura”.
ZP ENTRE EL TALANTE Y EL PRAGMATISMO
Ahora que se aproxima el aniversario de la llegada del Gobierno socialista al poder, y mientras la esperanza y el dolor se mezclan en el difuso recuerdo de los días posteriores a la masacre terrorista, el columnista se interroga acerca de si las esperanzas depositadas en los denominados socialistas del talante han caído en saco roto o, por el contrario, el futuro de España a corto plazo, 4 años, se le ha otorgado a dirigentes capaces de, al igual que los noventayochistas, regenerar esta “invertebrada España”.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
A EUROPA CON “PRISAS”
Solía aseverar Don José Ortega y Gasset , que si España era el problema, Europa sería la solución al atraso de una nación en la que aún resonaban los ecos del vacío interior del espíritu hispano, tras la perdida de aquel vasto imperio donde no se ponía el sol.
Sentencia clarividente del filósofo madrileño, que adquiere en estos precisos momentos una trascendencia esencialmente relevante en la actitud política del cada vez menos independiente Zapatero, manejado al antojo de nacionalistas, y advertido de la peligrosidad del cándido talante por sectores de su propio partido, pues mientras España se consume en el sempiterno debate sobre su esencia, sacado a la palestra por los nacionalistas, él prefiere desviar la atención lógica y racional de la ciudadanía respecto al futuro de su nación, mediante la defensa a capa y espada de la aprobación popular de la Constitución Europea en la pantomima del 20-F.
Un debate monodireccional, este de la Constitución Europea, que además de encubrir el complejo, pero sano debate sobre las reivindicaciones nacionalistas, conjetura de cara a un probable futuro, unos fines oscuros que de social andan escasos y que a fín de cuentas y de cuentos, entronizan la maléfica y atroz economía capitalista bajo el confuso epíteto de "economía social de mercado".
Pero no es mi afán criticar el nefasto contenido de este "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", sino mostrar mi profundo desagrado ante la manipulación sistemática que los grandes medios informativos nacionales, bajo el beneplácito del PSOE han venido realizando de un tiempo a esta parte para mostrar su espíritu europeísta, pues desde el diario de referencia, hasta el más monárquico tabloide, en lugar de favorecer el debate equitativo entre las dos posturas ante el refrendo, han realizado el, bajo mi parecer, más execrable ultraje al cuerpo deontológico periodístico, dado que la propaganda favorable al Sí ha impregnado todas las páginas, desbordando el cauce del editorial e inundando de un pestilente tufo pseudoeuropeísta, el resto de secciones del diario.
Una tendencia recurrente en estas electorales "calendas", es el establecer espurias combinaciones entre progresismo, europeísmo y la presente constitución, en un complejo entramado de intereses creados que en última instancia confunden al ciudadano medio, y lo hacen soportar bajo sus cansados hombros la falsa culpabilidad de auspiciar a los "neocons" de Washington, mientras que se ratifica un tratado que paradójicamente nos asemeja y acerca cada vez más a la mentalidad yanki.
Al menos, y puesto que el pasado San Valentín, y el próximo advenimiento de la primavera inauguran en mí un sutil optimismo, he de congratularme en el sentido en el que con este dialogante presidente, podamos al menos recordar el significado de un referéndum, palabra que en un no muy lejano pasado, era asimilado, ya saben porque jugador de pádel, como un acto de apología terrorista.
EL DIARIO SÍ HABLABA DE TÍ
Esta mañana, los periódicos hablarán de los atentados en Irak, de la previa de la liga o de los afanes independentistas de Rovira y de Ibarretxe, pero a fecha de hoy, en plena agonía del loco mes de febrero, el columnista melancólico, hastiado de la política, opta por desintoxicarse con el noble arte de la poesía, y más concretamente en el disfrute de uno de nuestros grandes maestros contemporáneos, Joaquín Sabina.
Soy consciente de que la comparación de Joaquín Sabina con Lorca o Manrique pueda parecer desafortunada a quienes desprestigian el oficio de la canción, pero únicamente aquellos que aman profundamente el verso sabiniano pueden establecer estas justas comparaciones.
Conocí al flaco una gélida noche malagueña, de esas en que la humedad mediterránea cala hasta los huesos, en una de las contadas apariciones públicas del maestro, coincidente con la presentación de su libro “Ciento volando de catorce”, y supuso para mí el encuentro con quien había sido el referente sonoro y literario de mis primeros fracasos amorosos, que no serían los últimos; la banda sonora de las noches en vela del adolescente que, incomprendido y curtido en las desdichas del corazón, hallaba en la voz afónica y en la sempiterna guitarra un oasis de comprensión y amparo ante lo infernal del presente.
Quizá, al igual que yo mismo, en los rincones del planeta donde se parla la lengua de Cervantes, miles de adolescentes sentían latir al galope el corazón con los acordes y con la poesía del olvido de la maravillosa “19 días y 500 noches”.
Pero el tiempo huye, y de esa primera y neófita aproximación a Joaquín Sabina, el hombre, según la vida se diluye, aprecia los matices que “el Flaco” regala a su vida, y es de esta manera como la música, la poesía y el ser de Sabina se apoderan del alma, mientras la existencia es continua en sus cornadas a golpe de desengaño, cuernos y fracaso.
El genio de Úbeda es la suma de esa España castiza, moderna, sociata, progre o pepera que agradece la rebeldía del chico malo, que aprecia la mala vida de Sabina como ejemplo de simpático comunista. Pero es esta una interpretación errónea acerca del ser y el escribir de Joaquín, quien me confesó que sus mejores publicistas eran los críticos.
He aquí por tanto esta humilde columna, que más que motivada por la puntualidad que acostumbro con “vuesas mercedes”, se debe a una deuda que mantenía con mi maestro Joaquín desde aquella noche en la que acudí a la presentación de su libro como periodista y salí como poeta en grado de tentativa.
EL TEXANO Y EL JUDÍO
Es peligrosa la rapidez con la que la ciudadanía, apoyada por los medios de información, olvida o ignora las meteduras de pata de los grandes gobernantes, que pueden oscilar en diversos grados, desde comisiones de 3% hasta genocidios en toda regla, y cuyo ejemplo más flagrante se percibe en las portadas de los diferentes tabloides.
Para esta tesis, sirvan dos hechos capitales de la política internacional en estas fechas, el paseo triunfal de Bush con su oligofrénico rostro por Europa, y la cumbre de Sharm el Shaij, ambos acontecimientos que tienen como protagonistas a gobernantes a los que la ciudadanía pareciese que otorgase un supuesto voto de confianza por percibir un sutil cambio de actitud en sus decisiones.
El problema que manifiesto no puede ser tomado a la ligera, porque resulta alarmante como los periodistas de los medios más moderados depositan en sus editoriales cierta confianza y esperanza en que tanto Israel como USA varíen de la noche a la mañana sus políticas genocidas y criminales, obviando que en la cumbre de Egipto, Israel se comprometía a retirar sus efectivos militares a la par que Sharon denominaba la exangüe defensa del pueblo palestino como terrorismo, en esa espiral de manipulación lingüística que el maestro Grijelmo denomina la “seducción del lenguaje”.
Es, a pesar de todo indignante que se nos presente a la opinión pública a ambos terroristas de estado como dos estadistas moderados y modelados por el arte de la política, cuando en el aire resuenan los disparos y las bombas en Irak , fruto de la búsqueda de Bush del Dorado mesopotámico (armas de destrucción masiva), y el pueblo palestino sigue cercado por el muro de la vergüenza, edificado ladrillo a ladrillo por ese Sharon que recordemos fue el causante de la Intifada al pasearse desafiante por la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, y responsable máximo de las matanzas de Sabra y Chatila.
Además, no pensemos que Bush vuelve al viejo continene para un mayor diálogo, muy al contrario, la desafortunada visita de Walker Bush se debe al búsqueda de apoyos con las que sufragar la infausta invasión irakí, mientras el canciller alemán le baila el agua al texano, y ZP recibe los aplausos de la derecha gala.
MADRID DE CORTE A MÁRTIR
"Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas."
Don Antonio Machado
Madrid, Agosto 2004
Vuelvo a Madrid tras los infaustos días, paseo por sus calles, respiro el aire de libertad del rompeolas de todas las Españas, mientras que en las paradas del metro o en las cafeterías galdosianas resuenan los ecos latinoamericanos de las voces de los inmigrantes que han hecho de Madrid su nueva patria, la de la esperanza y la vida que fluyen tranquilamente entre el bullicio nervioso de la gran urbe castellana, que con el día a día va cicatrizando las incurables heridas de los fatídicos atentados de Marzo.
El sol cae a plomo sobre el derretido asfalto de la Gran Vía, donde los madrileños se resguardan del inclemente sol en cafeterías en las que la prensa o la televisión, muestran imágenes y recuerdos de aquellos días de la infamia, y entonces, al igual que al llegar en el Talgo a Atocha, se produce un silencio aterrador jalonado de miradas perdidas al suelo, esquivas o indagadoras de una respuesta inexistente, y , en ese preciso momento, comprendo que las heridas no han cicatrizado y que en el subconsciente del madrileño pervive el desgarrador recuerdo del más negro mes de Marzo.
El recuerdo de fechas en las que España sufría trágica y virulentamente una segunda transición, un recuerdo de dolor indescriptible en el que la mentira y el engaño mancillaron el dolor sereno de las víctimas de la masacre, que una vez terminados los lutos de esta España de plañideras y negros, fueron vapuleadas a las puertas del Congreso por los "salvapatrias" de la Gaviota, los ultras de Génova, quizá enervados por la derrota electoral que les arrebató aquella nación que había sido gobernada durante ocho años como un cortijo andaluz.
Pero mi paseo no se detiene, al descender desde Cibeles por el Paseo del Prado y arribar a la cúpula de la estación de Atocha, pese al ambiente callejero del Prado entre exposiciones y ferias literarias, el tiempo parece detenerse en la contemplación de lo que fue en un pasado reciente lugar de encuentros y despedidas esperanzadas, y que una brumosa mañana de Marzo se transformó en el monumento popular de Madrid a las nuevas víctimas de un nuevo 2 de mayo, y en mi mente se aparece Pilar Manjón, la "mater dolorosa" del llanto sereno, como en un lienzo de “El Greco” sobre un fondo de Madrid en tinieblas, donde el cielo velazqueño ha sido cubierto por oscuras gaviotas que como cuervos revolotean sobre la carroña terrorista.
Málaga, 12 de Marzo de 2004
Madrid se levantaba bajo la luz difusa de un amanecer plomizo de invierno. Los madrileños, esos seres eclécticos y multirraciales, se desperezaban del sueño cuando una concatenación de explosiones turbaba la normalidad de infarto de una ciudad que, hasta pocas horas antes se acostaba con el poso de los mítines de fín de campaña.
Pasadas las 7 y media de la mañana, el horror se asentaba en la capital de la Villa y Corte, barrios obreros de la capital, Santa Eugenia, El Pozo, y la flamante estación de Atocha, sufrían el horror de la tragedia, el olor a muerte bajo los rescoldos del dominio del diablo, y gritos que con rabia pedían socorro, mientras un último halo de vida se mezclaba con el vaho en la fría mañana madrileña.
La dantesca danza de ambulancias, precedida del sordo minué del silencio, despertaba a la totalidad de un Madrid, que pocos segundos después de consumada la catástrofe, marchó presto a ayudar a los afectados del mortal ataque.
Mi artículo, bajo el dolor que embarga mis ojos empañados en sinceras lágrimas, pretende ser un sencillo, pero sincero homenaje a todo el pueblo de Madrid que arriesgó su vida en el auxilio de los afectados.
El madrileño, cuya vida es un metro a punto a de salir en voz de Sabina, ha sufrido a lo largo de la historia de España, todos los errores de las pésimas políticas estatales, regidas por ineficaces gobernantes.
La invasión francesa que tan bien plasmó Goya en los Fusilamientos del 3 de Mayo, el atentado a la naciente democracia que supuso la matanza a los abogados laboristas en un bufete de Atocha, o el 23-F, manifiestan el carácter de mártir español que acompaña al madrileño.
Madrid, con su “no pasarán”, ha cristalizado, a la par que con el sufrimiento, la respuesta de un país oprimido ante el mal, la ineficacia gubernativa y la tiranía.
Madrid, durante el asedio por parte de las tropas nacionales, y en lo exhaustos momentos de la Guerra Civil, era exonerado a combatir al enemigo Franquista por una Pasionaria que a la fuerza, y apoyada por su carácter batallador, sacaba a los cómodos literatos de café de sus elevadas tertulias a combatir por una República herida de muerte, como hoy, herido de muerte está el corazón de los madrileños.
Tras el ruido de sirenas, silbatos nerviosos de policías, y gritos desgarradores de inocentes víctimas, he visto, no sé si debido a la confusión que en mí producía el inmenso dolor, a la Pasionaria gritando decididamente el “no pasarán “en el oído de todos y cada uno de los madrileños de bien, que arriesgaban su vida en pos de salvar de las garras de la muerte a sus inocentes paisanos, que hoy deben ser elevados a los altares de una democracia, que desde hace tiempo, ya no esta en manos del pueblo.
A Pilar Manjón, con todo el caríño, por la valentía mostrada.
A MIS AMIGOS
No me encuentro especialmente inspirado en este anochecer húmedo y sombrío de Marzo para dedicar una columna digna a mis amigos, los de siempre y especialmente a vosotros, quienes en Agosto me ofrecísteis una amistad irrepetible, que en estos duros momentos me ha servido como hilo de esperanza a este incierto y trágico mundo. A todos vosotros, y esperando que estos versos de Machado expresen mejor que yo mi gratitud*, mil gracias.
"Poned atención:
un corazón solitario,
no es un corazón"
"No extrañeis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas"
Antonio Machado "Proverbios y Cantares"
* No creas que te olvido, hermano de las invasiones"
"Poned atención:
un corazón solitario,
no es un corazón"
"No extrañeis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas"
Antonio Machado "Proverbios y Cantares"
* No creas que te olvido, hermano de las invasiones"
A MIS AMIGOS
No me encuentro especialmente inspirado en este anochecer húmedo y sombrío de Marzo para dedicar una columna digna a mis amigos, los de siempre y especialmente a vosotros, quienes en Agosto me ofrecísteis una amistad irrepetible, que en estos duros momentos me ha servido como hilo de esperanza a este incierto y trágico mundo. A todos vosotros, y esperando que estos versos de Machado expresen mejor que yo mi gratitud, mil gracias.
"Poned atención:
un corazón solitario,
no es un corazón"
"No extrañeis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas"
Antonio Machado "Proverbios y Cantares"
"Poned atención:
un corazón solitario,
no es un corazón"
"No extrañeis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas"
Antonio Machado "Proverbios y Cantares"
Madrid
Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas.
Don Antonio Machado
Madrid, 7 de noviembre de 1936.
Vuelvo a Madrid tras los infaustos días, paseo por sus calles, respiro el aire de libertad del rompeolas de todas las Españas, mientras que en las paradas del metro o en las cafeterías galdosianas resuenan los ecos latinoamericanos de las voces de los inmigrantes que han hecho de Madrid su nueva patria, la de la esperanza y la vida que fluyen tranquilamente entre el bullicio nervioso de la gran urbe castellana, que con el día a día va cicatrizando las incurables heridas de los fatídicos atentados de Marzo.
El sol cae a plomo sobre el derretido asfalto de la Gran Vía, donde los madrileños se resguardan del inclemente sol en cafeterías en las que la prensa o la televisión, muestran imágenes y recuerdos de aquellos días de la infamia, y entonces, al igual que al llegar en el Talgo a Atocha, se produce un silencio aterrador jalonado de miradas perdidas al suelo, esquivas o indagadoras de una respuesta inexistente, y , en ese preciso momento, comprendo que las heridas no han cicatrizado y que en el subconsciente del madrileño pervive el desgarrador recuerdo del más negro mes de Marzo.
El recuerdo de fechas en las que España sufría trágica y virulentamente una segunda transición, un recuerdo de dolor indescriptible en el que la mentira y el engaño mancillaron el dolor sereno de las víctimas de la masacre, que una vez terminados los lutos de esta España de plañideras y negros, fueron vapuleadas a las puertas del Congreso por los "salvapatrias" de la Gaviota, los ultras de Génova, quizá enervados por la derrota electoral que les arrebató aquella nación que había sido gobernada durante ocho años como un cortijo andaluz.
Pero mi paseo no se detiene, al descender desde Cibeles por el Paseo del Prado y arribar a la cúpula de la estación de Atocha, pese al ambiente callejero del Prado entre exposiciones y ferias literarias, el tiempo parece detenerse en la contemplación de lo que fue en un pasado reciente lugar de encuentros y despedidas esperanzadas, y que una brumosa mañana de Marzo se transformó en el monumento popular de Madrid a las nuevas víctimas de un nuevo 2 de mayo, y en mi mente se aparece Pilar Manjón, la "mater dolorosa" del llanto sereno, como en un lienzo de “El Greco” sobre un fondo de Madrid en tinieblas, donde el cielo velazqueño ha sido cubierto por oscuras gaviotas que como cuervos revolotean sobre la carroña terrorista.
EL TEXANO Y EL JUDIO
Es peligrosa la rapidez con la que la ciudadanía, apoyada por los medios de información, olvida o ignora las meteduras de pata de los grandes gobernantes, que pueden oscilar en diversos grados, desde comisiones de 3% hasta genocidios en toda regla, y cuyo ejemplo más flagrante se percibe en las portadas de los diferentes tabloides.
Para esta tesis, sirvan dos hechos capitales de la política internacional en estas fechas, el paseo triunfal de Bush con su oligofrénico rostro por Europa, y la cumbre de Sharm el Shaij, ambos acontecimientos que tienen como protagonistas a gobernantes a los que la ciudadanía pareciese que otorgase un supuesto voto de confianza por percibir un sutil cambio de actitud en sus decisiones.
El problema que manifiesto no puede ser tomado a la ligera, porque resulta alarmante como los periodistas de los medios más moderados depositan en sus editoriales cierta confianza y esperanza en que tanto Israel como USA varíen de la noche a la mañana sus políticas genocidas y criminales, obviando que en la cumbre de Egipto, Israel se comprometía a retirar sus efectivos militares a la par que Sharon denominaba la exangüe defensa del pueblo palestino como terrorismo, en esa espiral de manipulación lingüística que el maestro Grijelmo denomina la “seducción del lenguaje”.
Es, a pesar de todo indignante que se nos presente a la opinión pública a ambos terroristas de estado como dos estadistas moderados y modelados por el arte de la política, cuando en el aire resuenan los disparos y las bombas en Irak , fruto de la búsqueda de Bush del Dorado mesopotámico (armas de destrucción masiva), y el pueblo palestino sigue cercado por el muro de la vergüenza, edificado ladrillo a ladrillo por ese Sharon que recordemos fue el causante de la Intifada al pasearse desafiante por la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, y responsable máximo de las matanzas de Sabra y Chatila.
Además, no pensemos que Bush vuelve al viejo continene para un mayor diálogo, muy al contrario, la desafortunada visita de Walker Bush se debe al búsqueda de apoyos con las que sufragar la infausta invasión irakí, mientras el canciller alemán le baila el agua al texano, y ZP recibe los aplausos de la derecha gala.
Para esta tesis, sirvan dos hechos capitales de la política internacional en estas fechas, el paseo triunfal de Bush con su oligofrénico rostro por Europa, y la cumbre de Sharm el Shaij, ambos acontecimientos que tienen como protagonistas a gobernantes a los que la ciudadanía pareciese que otorgase un supuesto voto de confianza por percibir un sutil cambio de actitud en sus decisiones.
El problema que manifiesto no puede ser tomado a la ligera, porque resulta alarmante como los periodistas de los medios más moderados depositan en sus editoriales cierta confianza y esperanza en que tanto Israel como USA varíen de la noche a la mañana sus políticas genocidas y criminales, obviando que en la cumbre de Egipto, Israel se comprometía a retirar sus efectivos militares a la par que Sharon denominaba la exangüe defensa del pueblo palestino como terrorismo, en esa espiral de manipulación lingüística que el maestro Grijelmo denomina la “seducción del lenguaje”.
Es, a pesar de todo indignante que se nos presente a la opinión pública a ambos terroristas de estado como dos estadistas moderados y modelados por el arte de la política, cuando en el aire resuenan los disparos y las bombas en Irak , fruto de la búsqueda de Bush del Dorado mesopotámico (armas de destrucción masiva), y el pueblo palestino sigue cercado por el muro de la vergüenza, edificado ladrillo a ladrillo por ese Sharon que recordemos fue el causante de la Intifada al pasearse desafiante por la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, y responsable máximo de las matanzas de Sabra y Chatila.
Además, no pensemos que Bush vuelve al viejo continene para un mayor diálogo, muy al contrario, la desafortunada visita de Walker Bush se debe al búsqueda de apoyos con las que sufragar la infausta invasión irakí, mientras el canciller alemán le baila el agua al texano, y ZP recibe los aplausos de la derecha gala.
"Larra en La Rosaleda"
Que el oficio del periodista no es un camino de rosas es un hecho constatado y constatable, desde aquellos inicios de la prensa de masas en los que el reportero era un noctámbulo más de la “city”, como el barrendero, el policía, el sereno o el sepulturero, sin embargo, en los albores del siglo XXI, algunos periodistas vendidos al mejor postor y recluidos en gabinetes de prensa, se afanan en complicar, paradójicamente aún más a sus compañeros periodistas, la tarea de informar.
A lo largo de mi carrera, he debido de enfrentarme en no pocas ocasiones a situaciones en las que el ejercer mi derecho a informar ha chocado con las grandes corporaciones económicas, en un proceso en el que cada cuál defiende sus posturas dentro de un sano marco democrático, y ello en todos los ámbitos, del cultural al político, a los que poco a poco me he ido asomando. Pero el presente artículo surge de la indignación que sufrimos los compañeros redactores en Málaga de este medio tras ser despreciados, ignorados y desdeñados por la sección de Prensa del Málaga CF, una institución deportiva que en un acto deplorable ha mentido, manipulado y entorpecido el trabajo del periodista, cuando únicamente, de parte del cuarto medio digital en España pretendíamos dar debidamente cuenta a la “ciudad y al mundo” de todo cuanto hubiese acontecido en el feudo de la Rosaleda.
Además, y parafraseando a un gran periodista, y no a periodistas metidos a taquilleros como los citados con anterioridad, diré como aseveraba Mariano José de Larra en pleno XIX español, que los hispanos adolecen de vagancia e inoperancia , y que este endémico nacional se ve multiplicado “in crescendo” en estas tierras sureñas, como ejemplifica el surrealista, y en momentos kafkiano episodio, verídico como decía el desaparecido Paco Gandía que relato a continuación.
Mi compañero David Camín, jefe, amigo y ambas cosas, intentó ponerse en contacto con la sección de prensa del Málaga CF, desde donde le indican el protocolo para formalizar dentro de los cauces normales, la credencial de prensa, para lo que se requiere el envío de un fax, en el cuál aparecerían los datos de David Castillo y míos junto al DNI respectivo a fin de regularizar la entrada al terreno de juego, un proceso normal pero en el que se percibe el trato discriminatorio al periodista que por ventura o desdicha aún no ha sido absorbido por la vorágine de los grandes emporios comunicativos.
A las dos lunas de haberse enviado el susodicho fax, para percatarnos de la acepción de la credencial, y con la mosca detrás de la oreja dada la ineficacia malacitana, David Camín vuelve a llamar al club malaguista, desde donde le confirman que efectivamente estamos acreditados.
Sin embargo, como he enunciado antes, lo kafkiano, humorístico, cómico o surrealista del asunto comienza en el momento en el que mi compañero David y yo arrivamos, entre los peligros de la jungla de asfalto al estadio, que por cierto ni es el Bernabéu, ni Old Trafford, sino más bien una suerte de “corral de comedias” donde los chavales de las barriadas más deprimidas, pertrechados con escaleras pretenden aprovechar los resquicios de la estructura para otear algo del partido, y custodiado por hombretones que hacen de los malos modos la consigan diaria de un club de una ciudad, que institucionalmente aspira a mirar a Europa.
En tal panorama, nos acercamos a la taquilla de prensa, donde tras diversos rodeos y espurias excusas, el taquillero tras ponerse en contacto con el jefe de prensa, nos confirma primero que al ser para ellos una “pagina web” debemos solicitar la credencial a la LFP, y una vez informado tanto el operario de taquilla como el jefe de prensa de que no somos una web sino un medio digital, auditado como tal, se excusa afirmando que con el cambio de ubicación en las oficinas no han podido enviar a nuestra redacción una respuesta clara, diría yo, más bien ninguna.
A todo esto, una vez que los periodistas han accedido al terreno de juego, el taquillero con la socarronería habitual del malagueño, me muestra la posibilidad de acceder al estadio, ¡TRAS PREVIO PAGO!, algo que ya me indignó hasta límites insospechables.
Y por si fuera poco, para solicitar la credencial esta semana, y considerando los anteriores despropósitos como “peccata minuta”, el jefe de deportes, David Camín, ha vuelto a sufrir , por segunda vez las desatenciones y la faltas a la educación del Málaga CF, para negar finalmente a este medio, cuarto en difusión digital, la credencial, en un episodio que recuerda alarmantemente al "Vulva usted mañana" de mi admirado Larra.
En definitiva, una burocracia de regional para un equipo cuya institución, desde la 2ª b, no ha ascendido al nivel futbolístico del equipo, en unas fechas en las que se habla de apagón informativo en el Carmel, o de manipulación periodística, cuando un equipo niega el derecho a informar de sus redactores.
Por ello, para que conste al grueso de la sociedad y de la familia periodística, vaya este artículo.
A lo largo de mi carrera, he debido de enfrentarme en no pocas ocasiones a situaciones en las que el ejercer mi derecho a informar ha chocado con las grandes corporaciones económicas, en un proceso en el que cada cuál defiende sus posturas dentro de un sano marco democrático, y ello en todos los ámbitos, del cultural al político, a los que poco a poco me he ido asomando. Pero el presente artículo surge de la indignación que sufrimos los compañeros redactores en Málaga de este medio tras ser despreciados, ignorados y desdeñados por la sección de Prensa del Málaga CF, una institución deportiva que en un acto deplorable ha mentido, manipulado y entorpecido el trabajo del periodista, cuando únicamente, de parte del cuarto medio digital en España pretendíamos dar debidamente cuenta a la “ciudad y al mundo” de todo cuanto hubiese acontecido en el feudo de la Rosaleda.
Además, y parafraseando a un gran periodista, y no a periodistas metidos a taquilleros como los citados con anterioridad, diré como aseveraba Mariano José de Larra en pleno XIX español, que los hispanos adolecen de vagancia e inoperancia , y que este endémico nacional se ve multiplicado “in crescendo” en estas tierras sureñas, como ejemplifica el surrealista, y en momentos kafkiano episodio, verídico como decía el desaparecido Paco Gandía que relato a continuación.
Mi compañero David Camín, jefe, amigo y ambas cosas, intentó ponerse en contacto con la sección de prensa del Málaga CF, desde donde le indican el protocolo para formalizar dentro de los cauces normales, la credencial de prensa, para lo que se requiere el envío de un fax, en el cuál aparecerían los datos de David Castillo y míos junto al DNI respectivo a fin de regularizar la entrada al terreno de juego, un proceso normal pero en el que se percibe el trato discriminatorio al periodista que por ventura o desdicha aún no ha sido absorbido por la vorágine de los grandes emporios comunicativos.
A las dos lunas de haberse enviado el susodicho fax, para percatarnos de la acepción de la credencial, y con la mosca detrás de la oreja dada la ineficacia malacitana, David Camín vuelve a llamar al club malaguista, desde donde le confirman que efectivamente estamos acreditados.
Sin embargo, como he enunciado antes, lo kafkiano, humorístico, cómico o surrealista del asunto comienza en el momento en el que mi compañero David y yo arrivamos, entre los peligros de la jungla de asfalto al estadio, que por cierto ni es el Bernabéu, ni Old Trafford, sino más bien una suerte de “corral de comedias” donde los chavales de las barriadas más deprimidas, pertrechados con escaleras pretenden aprovechar los resquicios de la estructura para otear algo del partido, y custodiado por hombretones que hacen de los malos modos la consigan diaria de un club de una ciudad, que institucionalmente aspira a mirar a Europa.
En tal panorama, nos acercamos a la taquilla de prensa, donde tras diversos rodeos y espurias excusas, el taquillero tras ponerse en contacto con el jefe de prensa, nos confirma primero que al ser para ellos una “pagina web” debemos solicitar la credencial a la LFP, y una vez informado tanto el operario de taquilla como el jefe de prensa de que no somos una web sino un medio digital, auditado como tal, se excusa afirmando que con el cambio de ubicación en las oficinas no han podido enviar a nuestra redacción una respuesta clara, diría yo, más bien ninguna.
A todo esto, una vez que los periodistas han accedido al terreno de juego, el taquillero con la socarronería habitual del malagueño, me muestra la posibilidad de acceder al estadio, ¡TRAS PREVIO PAGO!, algo que ya me indignó hasta límites insospechables.
Y por si fuera poco, para solicitar la credencial esta semana, y considerando los anteriores despropósitos como “peccata minuta”, el jefe de deportes, David Camín, ha vuelto a sufrir , por segunda vez las desatenciones y la faltas a la educación del Málaga CF, para negar finalmente a este medio, cuarto en difusión digital, la credencial, en un episodio que recuerda alarmantemente al "Vulva usted mañana" de mi admirado Larra.
En definitiva, una burocracia de regional para un equipo cuya institución, desde la 2ª b, no ha ascendido al nivel futbolístico del equipo, en unas fechas en las que se habla de apagón informativo en el Carmel, o de manipulación periodística, cuando un equipo niega el derecho a informar de sus redactores.
Por ello, para que conste al grueso de la sociedad y de la familia periodística, vaya este artículo.
"Más allá de la rosa"
Luís García Montero, santo de mi devoción poética y política, firma una colaboración en el diario El País en la que señala la necesidad de que en la Asamblea de IU, a celebrar este fin de semana, la formación parlamentaria destruya el halo de marginalidad y fracaso surgido tras los comicios del 14-M y brinde al PSOE apoyo serio, con el fin de constituir un bloque común frente a la rancia derecha, de doloroso y cercano recuerdo.
La Asamblea de IU es doblemente relevante para la salubridad de la democracia en nuestro país, en primer lugar porque persigue la regeneración de un partido dañado moral y electoralmente por el voto útil, y en segundo lugar por el hecho de mostrar a la opinión pública el deseo de resurgir, cual Ave Fénix, de sus cenizas y constituir una alternativa electoral al PSOE en el espectro electoral de la izquierda española, heterogéneo y diverso frente a la unidad insultante de los chicos de Génova.
La izquierda, pese al triunfo del voto útil y del PSOE, sigue padeciendo en España el estigma de la inferioridad respecto a los partidos nacionalistas, una situación, anómala a todas luces, que obliga tanto a nacionalistas como a izquierdistas a variar sus posturas, alejándose de la tan necesaria génesis ideológica.
Esta situación debe únicamente solucionarse mediante la refundación en sus principios de la izquierda, para así constituir IU un grupo parlamentario fuerte que haga oposición al neoliberalismo exacerbado de Solbes (seguidor acérrimo del legado de Rato), al talante cándido de ZP y a la falta de combatividad social de iconos como Ana Belén o Víctor Manuel, que de marxismo conocen “Una noche en la ópera”, integrantes de esa corriente ideológica que he bautizado como “Socialismo estético”.
Se hace por tanto evidente y necesario el que Izquierda Unida retome las parcelas de poder y decisorias, como freno a los excesos de la derrotada derecha y como juez y parte del gobierno de Zapatero.
La Asamblea de IU es doblemente relevante para la salubridad de la democracia en nuestro país, en primer lugar porque persigue la regeneración de un partido dañado moral y electoralmente por el voto útil, y en segundo lugar por el hecho de mostrar a la opinión pública el deseo de resurgir, cual Ave Fénix, de sus cenizas y constituir una alternativa electoral al PSOE en el espectro electoral de la izquierda española, heterogéneo y diverso frente a la unidad insultante de los chicos de Génova.
La izquierda, pese al triunfo del voto útil y del PSOE, sigue padeciendo en España el estigma de la inferioridad respecto a los partidos nacionalistas, una situación, anómala a todas luces, que obliga tanto a nacionalistas como a izquierdistas a variar sus posturas, alejándose de la tan necesaria génesis ideológica.
Esta situación debe únicamente solucionarse mediante la refundación en sus principios de la izquierda, para así constituir IU un grupo parlamentario fuerte que haga oposición al neoliberalismo exacerbado de Solbes (seguidor acérrimo del legado de Rato), al talante cándido de ZP y a la falta de combatividad social de iconos como Ana Belén o Víctor Manuel, que de marxismo conocen “Una noche en la ópera”, integrantes de esa corriente ideológica que he bautizado como “Socialismo estético”.
Se hace por tanto evidente y necesario el que Izquierda Unida retome las parcelas de poder y decisorias, como freno a los excesos de la derrotada derecha y como juez y parte del gobierno de Zapatero.
"Réquiem laico por el último patriota"
Los diarios matutinos, sometidos a la crueldad del ahora y subyugados por la férrea agenda, se ven en ocasiones dinamitados por ciertas palabras, oraciones o adjetivos que esconden en la brevedad del rotativo toda la magia de la creatividad narrativa, reflexión esta del gran Borges.
Emulando al genial argentino, la pasada semana, por una de esas casualidades de la esquiva fortuna, mis cansados ojos, hastiados de las pulsiones del Tánatos del planeta tierra, se encontraron con una esquela en la que en su escueta pero profunda literatura se adivinaba la vida de un miliciano republicano que había vagado por Europa defendiendo batalla tras batalla y asedio tras asedio los ideales de la libertad y la igualdad, conceptos ante los que los humanos han luchado y sufrido a lo largo de la longeva línea de la historia de la sufrida humanidad.
Aquella esquela encerraba el existir idealista de un miliciano español que seguramente había aplaudido a la Pasionaria en sus encendidos discursos radiofónicos, había portado el fusil en las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid y marchado con lo puesto a cruzar las fronteras de los Pirineos, anhelando una vida en paz que resultó imposible.
Un idealista que sufrió en Francia la invasión germana del mismo diablo que había arrasado su patria años antes, padecido la represión en los fríos campos de concentración alemanes y desfilado triunfante, ante la indiferencia parisina en aquellos Campos Elíseos que -lejos de ser liberados por los americanos de chicle y cigarrillos- obtuvieron la liberación del yugo de la esvástica gracias a españoles que a bordo de tanques como "Madrid" o "Guadalajara" extendieron la solidaridad de los republicanos hispanos, dentro del viejo continente.
Imagino el funeral laico de ese valiente, apenas acompañado por sus familiares más cercanos, sin un mísero reconocimiento de aquella España democrática por la que luchó, o de las generaciones de españoles que olvidan a los mayores que lucharon por la libertad en aquella España asfixiada por las mismas sotanas que hoy pretenden retomar añejos privilegios.
"A ti, papá".
Emulando al genial argentino, la pasada semana, por una de esas casualidades de la esquiva fortuna, mis cansados ojos, hastiados de las pulsiones del Tánatos del planeta tierra, se encontraron con una esquela en la que en su escueta pero profunda literatura se adivinaba la vida de un miliciano republicano que había vagado por Europa defendiendo batalla tras batalla y asedio tras asedio los ideales de la libertad y la igualdad, conceptos ante los que los humanos han luchado y sufrido a lo largo de la longeva línea de la historia de la sufrida humanidad.
Aquella esquela encerraba el existir idealista de un miliciano español que seguramente había aplaudido a la Pasionaria en sus encendidos discursos radiofónicos, había portado el fusil en las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid y marchado con lo puesto a cruzar las fronteras de los Pirineos, anhelando una vida en paz que resultó imposible.
Un idealista que sufrió en Francia la invasión germana del mismo diablo que había arrasado su patria años antes, padecido la represión en los fríos campos de concentración alemanes y desfilado triunfante, ante la indiferencia parisina en aquellos Campos Elíseos que -lejos de ser liberados por los americanos de chicle y cigarrillos- obtuvieron la liberación del yugo de la esvástica gracias a españoles que a bordo de tanques como "Madrid" o "Guadalajara" extendieron la solidaridad de los republicanos hispanos, dentro del viejo continente.
Imagino el funeral laico de ese valiente, apenas acompañado por sus familiares más cercanos, sin un mísero reconocimiento de aquella España democrática por la que luchó, o de las generaciones de españoles que olvidan a los mayores que lucharon por la libertad en aquella España asfixiada por las mismas sotanas que hoy pretenden retomar añejos privilegios.
"A ti, papá".
"Madrid eterna en la plural España"
Únicamente es necesaria una visión retrospectiva a nuestro longevo pasado, para percatarnos, realizando un sano ejercicio de perspectiva histórica, que las naciones, independientemente del potencial que demostrasen en el campo de batalla, son entes condenados a pasar, y como Jorge Manrique, debemos interrogarnos acerca del Ubi Sunt? de aquellas potencias que como el Imperio romano o el austrohúngaro se ven relegadas al ostracismo en el negro lodazal del pasado, fraguándose su auge y decadencia en el lento pero imperecedero fuego de la historia.
Por ello, sorprende la crispada actitud de los políticos, bien de la “España eterna” o de las históricas nacionalidades, en defender ajadas banderas, no viendo más allá que los confines del terruño, condenando al hombre al enfrentamiento y a la división.
Como dice la copla, que sabias sentencias esconde, “Ná es eterno”, y pese a que pudiera parecer catastrofista en mi desconozco si sano juicio, e independientemente de planes soberanistas, nadie, ni incluso el “Altísimo”, puede prometernos que España exista siempre.
La Roma imperial, Cartago o el Imperio austrohúngaro, no son más que sombras pasadas mientras que Viena o Roma permanecen eternas en el corazón del viajero, al igual que eterna, sople por donde sople el viento de la historia, es la villa a la que dedico mi columna de hoy: Madrid.
Desde muy joven, y como buen niño de provincias, me había sentido atraído por Madrid, soñando con pasear despreocupado entre el bullicio de neón y musicales de la Gran Vía, reflexionar sobre lo humano y lo divino con Larra en el Paseo del Prado, o gozar con el deleite de los altos cielos velazqueños en los crepúsculos matritenses, bañados de áureos fuegos en los tejados del Madrid de los Austrias.
Como madrileño de adopción, y férreo defensor de los encantos de la Villa y Corte, me siento profundamente obligado a defender, a capa y espada, como los bravucones del Siglo de Oro, a la que fue capital del orbe, que desde que dejó de ser poblachón manchego regado por un inmundo Manzanares de irregular cauce, ha experimentado, con sangre y fuego y en primera persona, los despropósitos de sus gobernantes, Austrias, Borbones o Gallardones, y de una historia, que soplasen por donde soplasen los vientos, meseteños o del frío Guadarrama, ha sido una infiel amante.
Aunque el 11 de marzo haya supuesto un verdadero trauma a los madrileños, no supone más que una grave herida en la piel de la bella dama madrileña, curtida en los viles lances a los que la esquiva historia le ha enfrentado, y de los que siempre ha salido victoriosa, sea el villano marroquí, francés o ferrolano, porque como gritó una brava vizcaína, Madrid no pasará.
Hoy, igual que ayer y como siempre, Madrid para los de allende el Tajo y el Guadarrama, no representa más que la encarnación urbana de un sentimiento centralista, iniciado por los borbones y llevado a su máximo apogeo por Franco, un sentimiento que, desgraciadamente, ha ido diluyéndose por los aluviones de solidaridad que mi ciudad recibió tras el zarpazo terrorista, y la posterior gestión gubernativa.
La eterna mártir, la centralizada capital del sempiterno reino de España, siempre permanecerá en mi corazón, aunque Euskadi, Cataluña, España o Extremadura desaparezcan en el globalizado mundo que, por ventura o desdicha, nos ha tocado vivir.
Por ello, sorprende la crispada actitud de los políticos, bien de la “España eterna” o de las históricas nacionalidades, en defender ajadas banderas, no viendo más allá que los confines del terruño, condenando al hombre al enfrentamiento y a la división.
Como dice la copla, que sabias sentencias esconde, “Ná es eterno”, y pese a que pudiera parecer catastrofista en mi desconozco si sano juicio, e independientemente de planes soberanistas, nadie, ni incluso el “Altísimo”, puede prometernos que España exista siempre.
La Roma imperial, Cartago o el Imperio austrohúngaro, no son más que sombras pasadas mientras que Viena o Roma permanecen eternas en el corazón del viajero, al igual que eterna, sople por donde sople el viento de la historia, es la villa a la que dedico mi columna de hoy: Madrid.
Desde muy joven, y como buen niño de provincias, me había sentido atraído por Madrid, soñando con pasear despreocupado entre el bullicio de neón y musicales de la Gran Vía, reflexionar sobre lo humano y lo divino con Larra en el Paseo del Prado, o gozar con el deleite de los altos cielos velazqueños en los crepúsculos matritenses, bañados de áureos fuegos en los tejados del Madrid de los Austrias.
Como madrileño de adopción, y férreo defensor de los encantos de la Villa y Corte, me siento profundamente obligado a defender, a capa y espada, como los bravucones del Siglo de Oro, a la que fue capital del orbe, que desde que dejó de ser poblachón manchego regado por un inmundo Manzanares de irregular cauce, ha experimentado, con sangre y fuego y en primera persona, los despropósitos de sus gobernantes, Austrias, Borbones o Gallardones, y de una historia, que soplasen por donde soplasen los vientos, meseteños o del frío Guadarrama, ha sido una infiel amante.
Aunque el 11 de marzo haya supuesto un verdadero trauma a los madrileños, no supone más que una grave herida en la piel de la bella dama madrileña, curtida en los viles lances a los que la esquiva historia le ha enfrentado, y de los que siempre ha salido victoriosa, sea el villano marroquí, francés o ferrolano, porque como gritó una brava vizcaína, Madrid no pasará.
Hoy, igual que ayer y como siempre, Madrid para los de allende el Tajo y el Guadarrama, no representa más que la encarnación urbana de un sentimiento centralista, iniciado por los borbones y llevado a su máximo apogeo por Franco, un sentimiento que, desgraciadamente, ha ido diluyéndose por los aluviones de solidaridad que mi ciudad recibió tras el zarpazo terrorista, y la posterior gestión gubernativa.
La eterna mártir, la centralizada capital del sempiterno reino de España, siempre permanecerá en mi corazón, aunque Euskadi, Cataluña, España o Extremadura desaparezcan en el globalizado mundo que, por ventura o desdicha, nos ha tocado vivir.
'La alargada sombra de Wojtyla'
Quizá pueda parecer repetitivo en mis análisis, y es por esto que últimamente mis columnas tienen como objetivo principal de mis críticas la Santa Iglesia Católica, pero únicamente hay que permanecer atento a la prensa para percatarse de la relevancia mediática de los crucifijos, que con envenenadas pastorales se rebelan ante este gobierno que le es incómodo.
El talante aconfesional del nuevo gobierno, en absoluta sintonía con la Constitución, ha despertado las iras del Santo Padre, que observa cómo ha cambiado aquel país que de recibirle con aires fascistoides y franquistas en Cuatro Vientos, se ha pervertido hasta el punto de ser tierra del libertinaje y del pecado, auspiciados tales desmanes por un pecaminoso gobierno que favorece a homosexuales, asesina a tetrapléjicos y favorece el satánico condón.
Panorama nefasto de esta España del Concordato, reserva espiritual de Occidente, que se desvanece por los nuevos vientos de la globalización, y ante el que únicamente puede poner fin una Cruzada Pastoral de difamaciones a un gobierno elegido democráticamente, mediante las soflamas entrecortadas pero contundentes de un Wojtyla que en sus delirios de grandeza anhela fervientemente rescatar de las garras del Ángel Caído socialista, a aquella nación de místicos, ascéticos, San Ignacios y opusdeístas.
Las injerencias del Vaticano en la política interior de nuestro país, y el libre posicionamiento ante el que los católicos atacan la sociedad laica, suponen una amenaza a la estabilidad de la democracia mucho mayor que los afanes independentistas de Ibarretxe o Carod, que sin embargo son auspiciados por aquella España (la de Pelayo, Fernando VII, Franco y Aznar) que impotente ante el cambio de los tiempos, se toma la bandera y la justicia por su mano, atentando contra el socialista joseantoniano, José Bono, o insultando de manera despiadada a Pilar Manjón, la "mater dolorosa" hispana.
El Vaticano, tomando atribuciones impropias de un Estado reconocido internacionalmente, se afana en emponzoñar la convivencia "aconfesional" de la nación, en un gesto inapropiado, que tratándose de otro Estado originaría un profundo conflicto diplomático, pero que aquí toleramos sin más, agachando la cabeza ante la regañina de Roma.
Qué triste España esta que se cierne sobre nuestras cabezas y qué olvidada en el tiempo parecía, ésa de la Inquisición de Torquemadas, de sambenitos y autos de fe, que creíamos desaparecida y que amenaza con acritud este efímero y sutil espíritu republicano que subyugado ante sotanas y crucifijos parece condenado a desaparecer.
El talante aconfesional del nuevo gobierno, en absoluta sintonía con la Constitución, ha despertado las iras del Santo Padre, que observa cómo ha cambiado aquel país que de recibirle con aires fascistoides y franquistas en Cuatro Vientos, se ha pervertido hasta el punto de ser tierra del libertinaje y del pecado, auspiciados tales desmanes por un pecaminoso gobierno que favorece a homosexuales, asesina a tetrapléjicos y favorece el satánico condón.
Panorama nefasto de esta España del Concordato, reserva espiritual de Occidente, que se desvanece por los nuevos vientos de la globalización, y ante el que únicamente puede poner fin una Cruzada Pastoral de difamaciones a un gobierno elegido democráticamente, mediante las soflamas entrecortadas pero contundentes de un Wojtyla que en sus delirios de grandeza anhela fervientemente rescatar de las garras del Ángel Caído socialista, a aquella nación de místicos, ascéticos, San Ignacios y opusdeístas.
Las injerencias del Vaticano en la política interior de nuestro país, y el libre posicionamiento ante el que los católicos atacan la sociedad laica, suponen una amenaza a la estabilidad de la democracia mucho mayor que los afanes independentistas de Ibarretxe o Carod, que sin embargo son auspiciados por aquella España (la de Pelayo, Fernando VII, Franco y Aznar) que impotente ante el cambio de los tiempos, se toma la bandera y la justicia por su mano, atentando contra el socialista joseantoniano, José Bono, o insultando de manera despiadada a Pilar Manjón, la "mater dolorosa" hispana.
El Vaticano, tomando atribuciones impropias de un Estado reconocido internacionalmente, se afana en emponzoñar la convivencia "aconfesional" de la nación, en un gesto inapropiado, que tratándose de otro Estado originaría un profundo conflicto diplomático, pero que aquí toleramos sin más, agachando la cabeza ante la regañina de Roma.
Qué triste España esta que se cierne sobre nuestras cabezas y qué olvidada en el tiempo parecía, ésa de la Inquisición de Torquemadas, de sambenitos y autos de fe, que creíamos desaparecida y que amenaza con acritud este efímero y sutil espíritu republicano que subyugado ante sotanas y crucifijos parece condenado a desaparecer.
"ZP entre el talante y el pragmatismo"
Ahora que se aproxima el aniversario de la llegada del Gobierno socialista al poder, y mientras la esperanza y el dolor se mezclan en el difuso recuerdo de los días posteriores a la masacre terrorista, el columnista se interroga acerca de si las esperanzas depositadas en los denominados socialistas del talante han caído en saco roto o, por el contrario, el futuro de España a corto plazo, 4 años, se le ha otorgado a dirigentes capaces de, al igual que los noventayochistas, regenerar esta “invertebrada España”.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
"A Europa con PRISAS"
Solía aseverar Don José Ortega y Gasset , que si España era el problema, Europa sería la solución al atraso de una nación en la que aún resonaban los ecos del vacío interior del espíritu hispano, tras la perdida de aquel vasto imperio donde no se ponía el sol.
Sentencia clarividente del filósofo madrileño, que adquiere en estos precisos momentos una trascendencia esencialmente relevante en la actitud política del cada vez menos independiente Zapatero, manejado al antojo de nacionalistas, y advertido de la peligrosidad del cándido talante por sectores de su propio partido, pues mientras España se consume en el sempiterno debate sobre su esencia, sacado a la palestra por los nacionalistas, él prefiere desviar la atención lógica y racional de la ciudadanía respecto al futuro de su nación, mediante la defensa a capa y espada de la aprobación popular de la Constitución Europea en la pantomima del 20-F.
Un debate monodireccional, este de la Constitución Europea, que además de encubrir el complejo, pero sano debate sobre las reivindicaciones nacionalistas, conjetura de cara a un probable futuro, unos fines oscuros que de social andan escasos y que a fín de cuentas y de cuentos, entronizan la maléfica y atroz economía capitalista bajo el confuso epíteto de "economía social de mercado".
Pero no es mi afán criticar el nefasto contenido de este "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", sino mostrar mi profundo desagrado ante la manipulación sistemática que los grandes medios informativos nacionales, bajo el beneplácito del PSOE han venido realizando de un tiempo a esta parte para mostrar su espíritu europeísta, pues desde el diario de referencia, hasta el más monárquico tabloide, en lugar de favorecer el debate equitativo entre las dos posturas ante el refrendo, han realizado el, bajo mi parecer, más execrable ultraje al cuerpo deontológico periodístico, dado que la propaganda favorable al Sí ha impregnado todas las páginas, desbordando el cauce del editorial e inundando de un pestilente tufo pseudoeuropeísta, el resto de secciones del diario.
Una tendencia recurrente en estas electorales "calendas", es el establecer espurias combinaciones entre progresismo, europeísmo y la presente constitución, en un complejo entramado de intereses creados que en última instancia confunden al ciudadano medio, y lo hacen soportar bajo sus cansados hombros la falsa culpabilidad de auspiciar a los "neocons" de Washington, mientras que se ratifica un tratado que paradójicamente nos asemeja y acerca cada vez más a la mentalidad yanki.
Al menos, y puesto que el pasado San Valentín, y el próximo advenimiento de la primavera inauguran en mí un sutil optimismo, he de congratularme en el sentido en el que con este dialogante presidente, podamos al menos recordar el significado de un referéndum, palabra que en un no muy lejano pasado, era asimilado, ya saben porque jugador de pádel, como un acto de apología terrorista.
Sentencia clarividente del filósofo madrileño, que adquiere en estos precisos momentos una trascendencia esencialmente relevante en la actitud política del cada vez menos independiente Zapatero, manejado al antojo de nacionalistas, y advertido de la peligrosidad del cándido talante por sectores de su propio partido, pues mientras España se consume en el sempiterno debate sobre su esencia, sacado a la palestra por los nacionalistas, él prefiere desviar la atención lógica y racional de la ciudadanía respecto al futuro de su nación, mediante la defensa a capa y espada de la aprobación popular de la Constitución Europea en la pantomima del 20-F.
Un debate monodireccional, este de la Constitución Europea, que además de encubrir el complejo, pero sano debate sobre las reivindicaciones nacionalistas, conjetura de cara a un probable futuro, unos fines oscuros que de social andan escasos y que a fín de cuentas y de cuentos, entronizan la maléfica y atroz economía capitalista bajo el confuso epíteto de "economía social de mercado".
Pero no es mi afán criticar el nefasto contenido de este "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", sino mostrar mi profundo desagrado ante la manipulación sistemática que los grandes medios informativos nacionales, bajo el beneplácito del PSOE han venido realizando de un tiempo a esta parte para mostrar su espíritu europeísta, pues desde el diario de referencia, hasta el más monárquico tabloide, en lugar de favorecer el debate equitativo entre las dos posturas ante el refrendo, han realizado el, bajo mi parecer, más execrable ultraje al cuerpo deontológico periodístico, dado que la propaganda favorable al Sí ha impregnado todas las páginas, desbordando el cauce del editorial e inundando de un pestilente tufo pseudoeuropeísta, el resto de secciones del diario.
Una tendencia recurrente en estas electorales "calendas", es el establecer espurias combinaciones entre progresismo, europeísmo y la presente constitución, en un complejo entramado de intereses creados que en última instancia confunden al ciudadano medio, y lo hacen soportar bajo sus cansados hombros la falsa culpabilidad de auspiciar a los "neocons" de Washington, mientras que se ratifica un tratado que paradójicamente nos asemeja y acerca cada vez más a la mentalidad yanki.
Al menos, y puesto que el pasado San Valentín, y el próximo advenimiento de la primavera inauguran en mí un sutil optimismo, he de congratularme en el sentido en el que con este dialogante presidente, podamos al menos recordar el significado de un referéndum, palabra que en un no muy lejano pasado, era asimilado, ya saben porque jugador de pádel, como un acto de apología terrorista.
El diario sí hablaba de ti
Hoy los periódicos hablarán de los atentados en Irak, de la previa de la liga o de los afanes independentistas de Rovira y de Ibarretxe, pero a fecha de hoy, en plena agonía del loco mes de febrero, el columnista melancólico, hastiado de la política, opta por desintoxicarse con el noble arte de la poesía, y más concretamente en el disfrute de uno de nuestros grandes maestros contemporáneos, Joaquín Sabina.
Soy consciente de que la comparación de Joaquín Sabina con Lorca o Manrique pueda parecer desafortunada a quienes desprestigian el oficio de la canción, pero únicamente aquellos que aman profundamente el verso sabiniano pueden establecer estas justas comparaciones.
Conocí al flaco una gélida noche malagueña, de esas en que la humedad mediterránea cala hasta los huesos, en una de las contadas apariciones públicas del maestro, coincidente con la presentación de su libro “Ciento volando de catorce”, y supuso para mí el encuentro con quien había sido el referente sonoro y literario de mis primeros fracasos amorosos, que no serían los últimos; la banda sonora de las noches en vela del adolescente que, incomprendido y curtido en las desdichas del corazón, hallaba en la voz afónica y en la sempiterna guitarra un oasis de comprensión y amparo ante lo infernal del presente.
Quizá, al igual que yo mismo, en los rincones del planeta donde se parla la lengua de Cervantes, miles de adolescentes sentían latir al galope el corazón con los acordes y con la poesía del olvido de la maravillosa “19 días y 500 noches”.
Pero el tiempo huye, y de esa primera y neófita aproximación a Joaquín Sabina, el hombre, según la vida se diluye, aprecia los matices que “el Flaco” regala a su vida, y es de esta manera como la música, la poesía y el ser de Sabina se apoderan del alma, mientras la existencia es continua en sus cornadas a golpe de desengaño, cuernos y fracaso.
El genio de Úbeda es la suma de esa España castiza, moderna, sociata, progre o pepera que agradece la rebeldía del chico malo, que aprecia la mala vida de Sabina como ejemplo de simpático comunista. Pero es esta una interpretación errónea acerca del ser y el escribir de Joaquín, quien me confesó que sus mejores publicistas eran los críticos.
He aquí por tanto esta humilde columna, que más que motivada por la puntualidad que acostumbro con “vuesas mercedes”, se debe a una deuda que mantenía con mi maestro Joaquín desde aquella noche en la que acudí a la presentación de su libro como periodista y salí como poeta en grado de tentativa.
Soy consciente de que la comparación de Joaquín Sabina con Lorca o Manrique pueda parecer desafortunada a quienes desprestigian el oficio de la canción, pero únicamente aquellos que aman profundamente el verso sabiniano pueden establecer estas justas comparaciones.
Conocí al flaco una gélida noche malagueña, de esas en que la humedad mediterránea cala hasta los huesos, en una de las contadas apariciones públicas del maestro, coincidente con la presentación de su libro “Ciento volando de catorce”, y supuso para mí el encuentro con quien había sido el referente sonoro y literario de mis primeros fracasos amorosos, que no serían los últimos; la banda sonora de las noches en vela del adolescente que, incomprendido y curtido en las desdichas del corazón, hallaba en la voz afónica y en la sempiterna guitarra un oasis de comprensión y amparo ante lo infernal del presente.
Quizá, al igual que yo mismo, en los rincones del planeta donde se parla la lengua de Cervantes, miles de adolescentes sentían latir al galope el corazón con los acordes y con la poesía del olvido de la maravillosa “19 días y 500 noches”.
Pero el tiempo huye, y de esa primera y neófita aproximación a Joaquín Sabina, el hombre, según la vida se diluye, aprecia los matices que “el Flaco” regala a su vida, y es de esta manera como la música, la poesía y el ser de Sabina se apoderan del alma, mientras la existencia es continua en sus cornadas a golpe de desengaño, cuernos y fracaso.
El genio de Úbeda es la suma de esa España castiza, moderna, sociata, progre o pepera que agradece la rebeldía del chico malo, que aprecia la mala vida de Sabina como ejemplo de simpático comunista. Pero es esta una interpretación errónea acerca del ser y el escribir de Joaquín, quien me confesó que sus mejores publicistas eran los críticos.
He aquí por tanto esta humilde columna, que más que motivada por la puntualidad que acostumbro con “vuesas mercedes”, se debe a una deuda que mantenía con mi maestro Joaquín desde aquella noche en la que acudí a la presentación de su libro como periodista y salí como poeta en grado de tentativa.





