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Columna de rojo sobre fondo gris
Mis columnas publicadas en Prensa Nacional, DIARIO SIGLO XXI y EL OTRO DIARIO.
Acerca de
Jesus Nieto Jurado, aspirante a periodista, ejerciendo ya como tal, tiene el honor de ser mi amigo, y tengo yo el valor de dedicarle un monólogo. La verdad es que es un tio peculiar. Malagueño, que no alagüeño, de pura cepa, aunque de corazón madrileño, madridista y madridoso y el madroño. Le gusta mucho Madrid, ama Madrid, adora Madrid, desea a Madrid...si hasta la primera vez que vino, que por cierto le hice yo de guía, y eso que soy de Móstoles; le chupó el dedo a la estatua de Colón, acarició los leones de la Cibeles, meó en Neptuno y hasta creo que se fumó un cigarro en en el edificio Windsor; pero de buena fé eh, luego le entraron remordimientos de conciencia y subió a mear pa ver si lo apagaba, y esas eran las sombras que se ven.
Sindicación
 
"Más allá de la rosa"
Luís García Montero, santo de mi devoción poética y política, firma una colaboración en el diario El País en la que señala la necesidad de que en la Asamblea de IU, a celebrar este fin de semana, la formación parlamentaria destruya el halo de marginalidad y fracaso surgido tras los comicios del 14-M y brinde al PSOE apoyo serio, con el fin de constituir un bloque común frente a la rancia derecha, de doloroso y cercano recuerdo.

La Asamblea de IU es doblemente relevante para la salubridad de la democracia en nuestro país, en primer lugar porque persigue la regeneración de un partido dañado moral y electoralmente por el voto útil, y en segundo lugar por el hecho de mostrar a la opinión pública el deseo de resurgir, cual Ave Fénix, de sus cenizas y constituir una alternativa electoral al PSOE en el espectro electoral de la izquierda española, heterogéneo y diverso frente a la unidad insultante de los chicos de Génova.

La izquierda, pese al triunfo del voto útil y del PSOE, sigue padeciendo en España el estigma de la inferioridad respecto a los partidos nacionalistas, una situación, anómala a todas luces, que obliga tanto a nacionalistas como a izquierdistas a variar sus posturas, alejándose de la tan necesaria génesis ideológica.

Esta situación debe únicamente solucionarse mediante la refundación en sus principios de la izquierda, para así constituir IU un grupo parlamentario fuerte que haga oposición al neoliberalismo exacerbado de Solbes (seguidor acérrimo del legado de Rato), al talante cándido de ZP y a la falta de combatividad social de iconos como Ana Belén o Víctor Manuel, que de marxismo conocen “Una noche en la ópera”, integrantes de esa corriente ideológica que he bautizado como “Socialismo estético”.

Se hace por tanto evidente y necesario el que Izquierda Unida retome las parcelas de poder y decisorias, como freno a los excesos de la derrotada derecha y como juez y parte del gobierno de Zapatero.

 
"Réquiem laico por el último patriota"
Los diarios matutinos, sometidos a la crueldad del ahora y subyugados por la férrea agenda, se ven en ocasiones dinamitados por ciertas palabras, oraciones o adjetivos que esconden en la brevedad del rotativo toda la magia de la creatividad narrativa, reflexión esta del gran Borges.

Emulando al genial argentino, la pasada semana, por una de esas casualidades de la esquiva fortuna, mis cansados ojos, hastiados de las pulsiones del Tánatos del planeta tierra, se encontraron con una esquela en la que en su escueta pero profunda literatura se adivinaba la vida de un miliciano republicano que había vagado por Europa defendiendo batalla tras batalla y asedio tras asedio los ideales de la libertad y la igualdad, conceptos ante los que los humanos han luchado y sufrido a lo largo de la longeva línea de la historia de la sufrida humanidad.

Aquella esquela encerraba el existir idealista de un miliciano español que seguramente había aplaudido a la Pasionaria en sus encendidos discursos radiofónicos, había portado el fusil en las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid y marchado con lo puesto a cruzar las fronteras de los Pirineos, anhelando una vida en paz que resultó imposible.

Un idealista que sufrió en Francia la invasión germana del mismo diablo que había arrasado su patria años antes, padecido la represión en los fríos campos de concentración alemanes y desfilado triunfante, ante la indiferencia parisina en aquellos Campos Elíseos que -lejos de ser liberados por los americanos de chicle y cigarrillos- obtuvieron la liberación del yugo de la esvástica gracias a españoles que a bordo de tanques como "Madrid" o "Guadalajara" extendieron la solidaridad de los republicanos hispanos, dentro del viejo continente.

Imagino el funeral laico de ese valiente, apenas acompañado por sus familiares más cercanos, sin un mísero reconocimiento de aquella España democrática por la que luchó, o de las generaciones de españoles que olvidan a los mayores que lucharon por la libertad en aquella España asfixiada por las mismas sotanas que hoy pretenden retomar añejos privilegios.

"A ti, papá".
 
"Madrid eterna en la plural España"
Únicamente es necesaria una visión retrospectiva a nuestro longevo pasado, para percatarnos, realizando un sano ejercicio de perspectiva histórica, que las naciones, independientemente del potencial que demostrasen en el campo de batalla, son entes condenados a pasar, y como Jorge Manrique, debemos interrogarnos acerca del Ubi Sunt? de aquellas potencias que como el Imperio romano o el austrohúngaro se ven relegadas al ostracismo en el negro lodazal del pasado, fraguándose su auge y decadencia en el lento pero imperecedero fuego de la historia.

Por ello, sorprende la crispada actitud de los políticos, bien de la “España eterna” o de las históricas nacionalidades, en defender ajadas banderas, no viendo más allá que los confines del terruño, condenando al hombre al enfrentamiento y a la división.

Como dice la copla, que sabias sentencias esconde, “Ná es eterno”, y pese a que pudiera parecer catastrofista en mi desconozco si sano juicio, e independientemente de planes soberanistas, nadie, ni incluso el “Altísimo”, puede prometernos que España exista siempre.

La Roma imperial, Cartago o el Imperio austrohúngaro, no son más que sombras pasadas mientras que Viena o Roma permanecen eternas en el corazón del viajero, al igual que eterna, sople por donde sople el viento de la historia, es la villa a la que dedico mi columna de hoy: Madrid.
Desde muy joven, y como buen niño de provincias, me había sentido atraído por Madrid, soñando con pasear despreocupado entre el bullicio de neón y musicales de la Gran Vía, reflexionar sobre lo humano y lo divino con Larra en el Paseo del Prado, o gozar con el deleite de los altos cielos velazqueños en los crepúsculos matritenses, bañados de áureos fuegos en los tejados del Madrid de los Austrias.

Como madrileño de adopción, y férreo defensor de los encantos de la Villa y Corte, me siento profundamente obligado a defender, a capa y espada, como los bravucones del Siglo de Oro, a la que fue capital del orbe, que desde que dejó de ser poblachón manchego regado por un inmundo Manzanares de irregular cauce, ha experimentado, con sangre y fuego y en primera persona, los despropósitos de sus gobernantes, Austrias, Borbones o Gallardones, y de una historia, que soplasen por donde soplasen los vientos, meseteños o del frío Guadarrama, ha sido una infiel amante.

Aunque el 11 de marzo haya supuesto un verdadero trauma a los madrileños, no supone más que una grave herida en la piel de la bella dama madrileña, curtida en los viles lances a los que la esquiva historia le ha enfrentado, y de los que siempre ha salido victoriosa, sea el villano marroquí, francés o ferrolano, porque como gritó una brava vizcaína, Madrid no pasará.

Hoy, igual que ayer y como siempre, Madrid para los de allende el Tajo y el Guadarrama, no representa más que la encarnación urbana de un sentimiento centralista, iniciado por los borbones y llevado a su máximo apogeo por Franco, un sentimiento que, desgraciadamente, ha ido diluyéndose por los aluviones de solidaridad que mi ciudad recibió tras el zarpazo terrorista, y la posterior gestión gubernativa.

La eterna mártir, la centralizada capital del sempiterno reino de España, siempre permanecerá en mi corazón, aunque Euskadi, Cataluña, España o Extremadura desaparezcan en el globalizado mundo que, por ventura o desdicha, nos ha tocado vivir.

 
'La alargada sombra de Wojtyla'
Quizá pueda parecer repetitivo en mis análisis, y es por esto que últimamente mis columnas tienen como objetivo principal de mis críticas la Santa Iglesia Católica, pero únicamente hay que permanecer atento a la prensa para percatarse de la relevancia mediática de los crucifijos, que con envenenadas pastorales se rebelan ante este gobierno que le es incómodo.

El talante aconfesional del nuevo gobierno, en absoluta sintonía con la Constitución, ha despertado las iras del Santo Padre, que observa cómo ha cambiado aquel país que de recibirle con aires fascistoides y franquistas en Cuatro Vientos, se ha pervertido hasta el punto de ser tierra del libertinaje y del pecado, auspiciados tales desmanes por un pecaminoso gobierno que favorece a homosexuales, asesina a tetrapléjicos y favorece el satánico condón.

Panorama nefasto de esta España del Concordato, reserva espiritual de Occidente, que se desvanece por los nuevos vientos de la globalización, y ante el que únicamente puede poner fin una Cruzada Pastoral de difamaciones a un gobierno elegido democráticamente, mediante las soflamas entrecortadas pero contundentes de un Wojtyla que en sus delirios de grandeza anhela fervientemente rescatar de las garras del Ángel Caído socialista, a aquella nación de místicos, ascéticos, San Ignacios y opusdeístas.

Las injerencias del Vaticano en la política interior de nuestro país, y el libre posicionamiento ante el que los católicos atacan la sociedad laica, suponen una amenaza a la estabilidad de la democracia mucho mayor que los afanes independentistas de Ibarretxe o Carod, que sin embargo son auspiciados por aquella España (la de Pelayo, Fernando VII, Franco y Aznar) que impotente ante el cambio de los tiempos, se toma la bandera y la justicia por su mano, atentando contra el socialista joseantoniano, José Bono, o insultando de manera despiadada a Pilar Manjón, la "mater dolorosa" hispana.

El Vaticano, tomando atribuciones impropias de un Estado reconocido internacionalmente, se afana en emponzoñar la convivencia "aconfesional" de la nación, en un gesto inapropiado, que tratándose de otro Estado originaría un profundo conflicto diplomático, pero que aquí toleramos sin más, agachando la cabeza ante la regañina de Roma.

Qué triste España esta que se cierne sobre nuestras cabezas y qué olvidada en el tiempo parecía, ésa de la Inquisición de Torquemadas, de sambenitos y autos de fe, que creíamos desaparecida y que amenaza con acritud este efímero y sutil espíritu republicano que subyugado ante sotanas y crucifijos parece condenado a desaparecer.

 
"ZP entre el talante y el pragmatismo"
Ahora que se aproxima el aniversario de la llegada del Gobierno socialista al poder, y mientras la esperanza y el dolor se mezclan en el difuso recuerdo de los días posteriores a la masacre terrorista, el columnista se interroga acerca de si las esperanzas depositadas en los denominados socialistas del talante han caído en saco roto o, por el contrario, el futuro de España a corto plazo, 4 años, se le ha otorgado a dirigentes capaces de, al igual que los noventayochistas, regenerar esta “invertebrada España”.

Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.

Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.

Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
 
"A Europa con PRISAS"
Solía aseverar Don José Ortega y Gasset , que si España era el problema, Europa sería la solución al atraso de una nación en la que aún resonaban los ecos del vacío interior del espíritu hispano, tras la perdida de aquel vasto imperio donde no se ponía el sol.

Sentencia clarividente del filósofo madrileño, que adquiere en estos precisos momentos una trascendencia esencialmente relevante en la actitud política del cada vez menos independiente Zapatero, manejado al antojo de nacionalistas, y advertido de la peligrosidad del cándido talante por sectores de su propio partido, pues mientras España se consume en el sempiterno debate sobre su esencia, sacado a la palestra por los nacionalistas, él prefiere desviar la atención lógica y racional de la ciudadanía respecto al futuro de su nación, mediante la defensa a capa y espada de la aprobación popular de la Constitución Europea en la pantomima del 20-F.

Un debate monodireccional, este de la Constitución Europea, que además de encubrir el complejo, pero sano debate sobre las reivindicaciones nacionalistas, conjetura de cara a un probable futuro, unos fines oscuros que de social andan escasos y que a fín de cuentas y de cuentos, entronizan la maléfica y atroz economía capitalista bajo el confuso epíteto de "economía social de mercado".

Pero no es mi afán criticar el nefasto contenido de este "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", sino mostrar mi profundo desagrado ante la manipulación sistemática que los grandes medios informativos nacionales, bajo el beneplácito del PSOE han venido realizando de un tiempo a esta parte para mostrar su espíritu europeísta, pues desde el diario de referencia, hasta el más monárquico tabloide, en lugar de favorecer el debate equitativo entre las dos posturas ante el refrendo, han realizado el, bajo mi parecer, más execrable ultraje al cuerpo deontológico periodístico, dado que la propaganda favorable al Sí ha impregnado todas las páginas, desbordando el cauce del editorial e inundando de un pestilente tufo pseudoeuropeísta, el resto de secciones del diario.

Una tendencia recurrente en estas electorales "calendas", es el establecer espurias combinaciones entre progresismo, europeísmo y la presente constitución, en un complejo entramado de intereses creados que en última instancia confunden al ciudadano medio, y lo hacen soportar bajo sus cansados hombros la falsa culpabilidad de auspiciar a los "neocons" de Washington, mientras que se ratifica un tratado que paradójicamente nos asemeja y acerca cada vez más a la mentalidad yanki.

Al menos, y puesto que el pasado San Valentín, y el próximo advenimiento de la primavera inauguran en mí un sutil optimismo, he de congratularme en el sentido en el que con este dialogante presidente, podamos al menos recordar el significado de un referéndum, palabra que en un no muy lejano pasado, era asimilado, ya saben porque jugador de pádel, como un acto de apología terrorista.

 
El diario sí hablaba de ti
Hoy los periódicos hablarán de los atentados en Irak, de la previa de la liga o de los afanes independentistas de Rovira y de Ibarretxe, pero a fecha de hoy, en plena agonía del loco mes de febrero, el columnista melancólico, hastiado de la política, opta por desintoxicarse con el noble arte de la poesía, y más concretamente en el disfrute de uno de nuestros grandes maestros contemporáneos, Joaquín Sabina.

Soy consciente de que la comparación de Joaquín Sabina con Lorca o Manrique pueda parecer desafortunada a quienes desprestigian el oficio de la canción, pero únicamente aquellos que aman profundamente el verso sabiniano pueden establecer estas justas comparaciones.

Conocí al flaco una gélida noche malagueña, de esas en que la humedad mediterránea cala hasta los huesos, en una de las contadas apariciones públicas del maestro, coincidente con la presentación de su libro “Ciento volando de catorce”, y supuso para mí el encuentro con quien había sido el referente sonoro y literario de mis primeros fracasos amorosos, que no serían los últimos; la banda sonora de las noches en vela del adolescente que, incomprendido y curtido en las desdichas del corazón, hallaba en la voz afónica y en la sempiterna guitarra un oasis de comprensión y amparo ante lo infernal del presente.

Quizá, al igual que yo mismo, en los rincones del planeta donde se parla la lengua de Cervantes, miles de adolescentes sentían latir al galope el corazón con los acordes y con la poesía del olvido de la maravillosa “19 días y 500 noches”.

Pero el tiempo huye, y de esa primera y neófita aproximación a Joaquín Sabina, el hombre, según la vida se diluye, aprecia los matices que “el Flaco” regala a su vida, y es de esta manera como la música, la poesía y el ser de Sabina se apoderan del alma, mientras la existencia es continua en sus cornadas a golpe de desengaño, cuernos y fracaso.

El genio de Úbeda es la suma de esa España castiza, moderna, sociata, progre o pepera que agradece la rebeldía del chico malo, que aprecia la mala vida de Sabina como ejemplo de simpático comunista. Pero es esta una interpretación errónea acerca del ser y el escribir de Joaquín, quien me confesó que sus mejores publicistas eran los críticos.

He aquí por tanto esta humilde columna, que más que motivada por la puntualidad que acostumbro con “vuesas mercedes”, se debe a una deuda que mantenía con mi maestro Joaquín desde aquella noche en la que acudí a la presentación de su libro como periodista y salí como poeta en grado de tentativa.