COLUMNAS
ENTRE TRENTO Y GESCARTERA
Se miente aquel iluso que opina que la Iglesia ha dejado de tener capacidad de influencia. Las últimas medidas llevadas a cabo por el gobierno de Zapatero, que únicamente pretende llevar a la práctica el texto constitucional, han causado un aluvión de críticas dentro del conciliábulo retrógrado de la Iglesia Católica, en una estampa reiterada de nuestra triste historia en la que las sotanas, en su afán de recuperar su extinto poder, pretenden procesionar crucifijos en San Jerónimo para así, en su juicio, inamovible desde la época de San Agustín, restaurar la moral cristiana en la sociedad española. Un país, el nuestro, condenado hacia un inevitable ocaso de sus valores, decadencia ante la cual los obispos persiguen una nueva "Cruzada Nacional", que si bien no puede librarse en el campo de batalla del 36, "Dios nos libre de ello", sí encuentra cobijo en aquellos medios de comunicación en los que propagandistas o locutores con desagradables frenillos en su pronunciación, difunden para la ciudad y para el mundo ideales peligrosamente cercanos a lo que puede denominarse un "talante golpista".
El matrimonio homosexual, la investigación con células madre, las medidas educativas o la financiación estatal a la Iglesia Católica son los caballos de batalla en los que la Santa Inquisición del siglo XXI (léase Conferencia Episcopal Española), al frente de la cual el Torquemada de nuestra era, auspiciado por la derecha bancaria, el OPUS y el Corpus Intelectual del PP, pretende dominar la escena pública española, dejando a un lado los avances científicos y sociales para embalsamar la piel de toro de la moralidad cristiana, alejándonos de las estridencias de la Europa de las luces, y acercándonos al fanatismo religioso de Bush o de Oriente Próximo.
Quizá, dado el calado social que esconde la cuestión educativa (que tantas y apasionadas horas de debate copó en el congreso en los tiempos de la II República), sea el principal "Casus belli" en el enésimo enfrentamiento entre la Iglesia y el gobierno progresista legítimamente establecido.
La educación, tal y como dejaron escrito prohombres de la talla de Giner de los Ríos, debe ser laica, basada en la razón y no en la confesión, puesto que quien les escribe puede en primera persona testificar las tropelías contra la libertad individual llevadas a cabo en un centro de educación religioso, donde la lectura reiterativa de las santas escrituras, al igual que los talibanes y el Corán, omitía el deleite en la lectura de obras como "El Quijote", verdadero reflejo del alma humana y sus valores.
Además, y frente a lo que los obispos hispanos pretenden, el estamento eclesial no está éticamente autorizado para inmiscuirse en la vida pública de nuestro país, dado que escándalos como el de la participación en Gescartera, la pederastia o la permanencia en posturas ideológicas ante asuntos como la eutanasia o la homosexualidad inamovibles desde el Concilio de Trento, niegan a la Iglesia la capacidad moral de constituir un interlocutor válido en el diálogo de la vida pública.
Se hace, por tanto, válida aquella sentencia de San Agustín que describía a la Iglesia como "Santa y prostituta".
Doctores tiene la Iglesia...
BOABDIL EN LAS AZORES
"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre". Estas fueron las palabras que según la tradición pronunció la madre de Boabdil, último rey de Granada, mientras su hijo, abatido, oteaba el horizonte crepuscular de la Alhambra en un último intento de grabar en sus pupilas y en su corazón el antiguo esplendor de la ciudad nazarí, aquella ciudad de fastuosos palacios que lentamente iban dejando atrás en su marcha hacia un futuro desolador. Aquellas lágrimas, evidenciaban como lúcidos oráculos la impotencia ante la pérdida de una ciudad, una vida y un tiempo pasado que ya no volverían a ver los vidriosos ojos del monarca.
La historia, hermosa y cíclica, vuelve a repetirse en episodios que la rueda de la fortuna trae al incierto presente, restaurando en nuestro tiempo aquellos personajes de nuestro pasado en la figura de los protagonistas de hoy, hallando el hábil lector, por tanto, cierto paralelismo entre las lágrimas de Boabdil por la perdida de Granada, y la furia desmedida de Aznar, que en lugar de haber asumido la derrota electoral, utiliza la plataforma de cualquier medio de comunicación para difundir "urbi et orbi" la indignación por la victoria del talante el 14-M, en una estampa que adquiere peligrosas similitudes con los fotogramas de la visionaria película de Chaplin, "El gran dictador".
Sin embargo, la erótica del poder, la dulce sensación de las mayorías parlamentarias, cegaron de tal manera al ex-presidente que durante los momentos finales de su mandato anheló dejar todo atado y bien atado, al igual que Franco antes de rendir cuentas ante el Altísimo, limitando las libertades de los españoles, privilegiando a la camarilla de empresarios de "bussines" y "marketing", y favoreciendo, en nombre de la sagrada juventud, a adolescentes empingorotados y cercanos al Opus en la consecución de el tercer deportivo y el chalet en Sotogrande.
Aún así, limitadas las libertades de los españoles, y favorecida la oligarquía del señorito, Aznar en sus delirios de grandeza, tuvo tiempo de "salvaguardar la imagen exterior de España", rindiendo pleitesía en las Azores y dirimiendo el futuro de víctimas civiles de Bagdad o Samarra, con un puro en la comisura de los labios, pies encima de la mesa, y la siempre interesante compañía de un texano visionario con maneras de mesías republicano.
EL CORONEL SI TIENE QUIÉN LE VOTE
Con el grito de "Vivan las caenas" jaleaba el pueblo de Madrid el retorno del rey "deseado", Fernando VII, aquél monarca de salud débil, de oscuras aficiones y corto de entendederas que retornaba a la capital de España tras la invasión francesa, mascullando el propósito de restaurar el absolutismo en aquella España decimonónica, provinciana, cainita y dominada por la negra sombra de las sotanas y crucifijos que, con su fragancia a incienso y mandamientos, disfrutaban de grandes patrimonios mientras el pueblo español se consumía en hambrunas y malas cosechas, pese a los esfuerzos de los mal llamados "afrancesados" en dotar de luces a los desvalidos hispanos.
Aquel rey de figura poco favorecida, de inteligencia reducida y de liderazgo fatídico para su país, adquiere hoy grandes similitudes con la fotografía de George W. Bush, el texano que por la gracia de Dios, del pucherazo y del pueril (electoralmente hablando) pueblo norteamericano, va a cumplir el último mandato al frente de la mayor potencia del mundo, en unos cuatro años en los que el poder casi ilimitado del vaquero hace peligrar la tenue estabilidad internacional que tras Clinton el mundo ha anhelado.
La opción republicana y su victoria electoral dice mucho de los Estados Unidos. El voto de la América conservadora, cerrada y orgullosa de héroes como David Crockett, evidencia la escasa preparación intelectual de un pueblo totalmente dominado por un estilo de vida desigual y primario, en el que valores como la religión, las armas y el miedo constituyen la piedra angular sobre la que se superpone una sociedad con profundas e irreparables desigualdades. Esta concepción, mayoritaria en USA, se opone a la visión de parte del electorado demócrata, en la que el cosmopolitismo mitiga en débil parte el provincianismo y el chauvinismo de la forma de vida del oeste y medio oeste que se ha impuesto en estos comicios.
Sin embargo, tanto el republicanismo como el supuesto talante demócrata no son más que sutiles matices de una misma concepción del mundo, una apreciación de la vida en la que los valores humanistas han sido plenamente omitidos por la divinización del béisbol, la ritualización de la hamburguesa y la sacralización del televisor, valores que por otra parte pretenden ser extendidos hasta los confines de la tierra por los productos audiovisuales yanquis.
Pese a todo, para la "vieja Europa", denostada por Powell, que paralelamente a la campaña electoral firmaba la Constitución, Kerry era el clavo ardiendo al que se agarraban los confiados en que la razón llegaría a aquel continente rico, desigual y asilvestrado, en el que sus habitantes, con apenas 200 años de historia , en lugar de deleitarse con la obra de Capote, Hemingway, Warhol o Woody Allen, prefieren dedicar su bendito tiempo a convivir con esa noble e inofensiva criatura que es el rifle.
ESPAÑAS EN EL CORAZÓN
Creo que fue Salvador de Madariaga, insigne historiógrafo patrio, quien sentenció que la historia de España es la peor de todas las historias porque siempre acaba mal. Aunque su campo de acción fuera el pasado, no se equivocaba el célebre historiador al vislumbrar el futuro de aquella España que mientras escribía, celebraba jubilosa en la Puerta del Sol de un Madrid primaveral la llegada de la Segunda República.
Por ello, por el reiterativo y dramático final de nuestros acontecimientos históricos, el español a lo largo de los siglos de nuestro anciano y riquísimo pasado ha ido forjando una espiritualidad casi martirizante, en el que el estoicismo hispano se ha traducido en resignación ante la clase política que ineficazmente ha venido rigiendo, de un tiempo a esta parte, los designios de esta España nuestra. De Pepe Botella al despreocupado Felipe IV, o de la regencia de Espartero al pésimo gobierno de la chacha falangista de las Azores, el español que trabaja, labra, ora y guarda las fiestas que diría Unamuno, ha sido víctima de las ambiciones de los gobernantes que no miraban más allá de los Reales Sitios.
Pero, la España cainita, envidiosa, cerrada y supersticiosa que retratara Goya en sus pinturas negras, aquella que condenó a "garrote vil" a los españoles que veían más allá de los Pirineos, (mal llamados "afrancesados"), vuelve a estar de actualidad, al acusar los nostálgicos del aguilucho y las flechas a la España que despierta de reavivar el fantasma de las dos Españas, concepto que paradójicamente originaron los enemigos de la libertad al atentar un cálido mes de Julio de 1936 contra una República legítimamente establecida.
Hoy, el concepto de las dos Españas vuelve a ser criticado por la derecha más rancia. Se acusa a Zapatero de favorecer el eterno enfrentamiento, cuando únicamente ha dado a los homosexuales voz y voto, ha limitado la tendencia golpista de los púlpitos y ha favorecido un clima audiovisual que pretende devolver el prestigio perdido de la televisión.
Como dice mi amigo Pérez-Reverte, el problema de este país es la flagrante falta de perspectiva histórica. Con esta justificación, únicamente se explicaría el hecho de que los partidarios del "Franquismo sin Franco", durante el desconocido periodo de la Transición, (el Generalísimo se hallaba rindiendo cuentas ante el Altísimo), se presenten hoy como los únicos favorecedores del cambio democrático, obviando que Don Juan Carlos fue el sucesor elegido por Franco y el titánico esfuerzo de los comunistas al acatar la Corona, en aquellos momentos en que la Pasionaria desde su tribuna de diputada en el Congreso, debía hacer de tripas corazón para evitar un nuevo "derramamiento de sangre".
El problema de las dos Españas no ha muerto ni ha de ser enterrado, debe exaltarse el perdón, pero debe la sociedad conocer la voz de los ciudadanos de aquella España que trabaja de sol a sol, sufre la represión en los puentes de Cádiz o naufraga en el Cantábrico profundo, mientras la otra España disfruta de las rentas latifundistas en yates que cruzan el Mediterráneo, mismo charco en el que la tercera España, aquella del turbante, se deja la vida en el intento de encontrar los jardines de Alá nada más llegar a Tarifa.
EL GOLPE, LA BOINA Y LA GAVIOTA
Siempre creí que la diplomacia había mezclado, a partes iguales, el cinismo con la hipocresía; sin embargo, fue el bonachón Moratinos quien me demostró que la política, incluso dotada de talante puede ser sazonada por ciertas dosis de apasionamiento, ingrediente éste alejado de los grandes círculos de la política, con la evidente salvedad de lo ocurrido en Elche, donde la carencia ideológica y el bi-caudillismo entre Zaplana y Camps ha convertido el PP levantino en un “totum revolutum”.
Lo cierto, dejando el vuelo de la gaviota levantina aparte, es que Moratinos, acalorado por un debate televisivo que limita el arte de la retórica a 59 segundos, tuvo tiempo para responder a la alianza conservadora que se dio cita en aquel programa (PP-COPE), afirmando que el antiguo gobierno del Partido Popular, además de los escándalos del Prestige y los hilillos del bueno de Mariano, la LOU de Pili del Caudillo y la execrable foto de las Azores, tuvo tiempo y disposición de apoyar en Abril de 2002 la intentona golpista en Venezuela, ofreciendo el eje Madrid – Washington apoyo moral y diplomático a la revuelta capitalista que pretendía poner fin al “poco diáfano” gobierno de Hugo Chávez, político que por otra parte, como buen populista (que bien lo sabía El Caudillo), oculta las carencias ideológicas del gobierno con un discurso que apela al pasado, en este caso bolivariano, y de marcado tinte antiimperialista, aunque sea Venezuela uno de los países que más barriles de crudo exporten hacia el rancho de la Unión de Bush junior.
Lo significativo del asunto que me detengo a explicar no es la calidad de la democracia venezolana, ni el carisma del mítico presentador de “Aló Presidente”, sino la participación del anterior gobierno popular, ése que nos representó a los españoles de tres mundos durante ocho años, en un golpe de Estado, eso sí, por los cínicos cauces diplomáticos antes mencionados.
En aquella primavera de 2002, Aznar aprendería una lección que le sería valiosísima, como todas las recibidas en USA: la de cómo participar, al igual que hizo la CIA con Pinochet, o apoyando la Contra Nicaragüense, en la desestabilización , mediante golpes de estado, de las frágiles naciones latinoamericanas, con la finalidad de colocar al frente de estos países a una marioneta favorable a los intereses del capital.
MAS ALLÁ DE LA ROSA
Luís García Montero, santo de mi devoción poética y política, firma una colaboración en el diario El País en la que señala la necesidad de que en la Asamblea de IU, a celebrar este fin de semana, la formación parlamentaria destruya el halo de marginalidad y fracaso surgido tras los comicios del 14-M y brinde al PSOE apoyo serio, con el fin de constituir un bloque común frente a la rancia derecha, de doloroso y cercano recuerdo.
La Asamblea de IU es doblemente relevante para la salubridad de la democracia en nuestro país, en primer lugar porque persigue la regeneración de un partido dañado moral y electoralmente por el voto útil, y en segundo lugar por el hecho de mostrar a la opinión pública el deseo de resurgir, cual Ave Fénix, de sus cenizas y constituir una alternativa electoral al PSOE en el espectro electoral de la izquierda española, heterogéneo y diverso frente a la unidad insultante de los chicos de Génova.
La izquierda, pese al triunfo del voto útil y del PSOE, sigue padeciendo en España el estigma de la inferioridad respecto a los partidos nacionalistas, una situación, anómala a todas luces, que obliga tanto a nacionalistas como a izquierdistas a variar sus posturas, alejándose de la tan necesaria génesis ideológica.
Esta situación debe únicamente solucionarse mediante la refundación en sus principios de la izquierda, para así constituir IU un grupo parlamentario fuerte que haga oposición al neoliberalismo exacerbado de Solbes (seguidor acérrimo del legado de Rato), al talante cándido de ZP y a la falta de combatividad social de iconos como Ana Belén o Víctor Manuel, que de marxismo conocen “Una noche en la ópera”, integrantes de esa corriente ideológica que he bautizado como “Socialismo estético”.
Se hace por tanto evidente y necesario el que Izquierda Unida retome las parcelas de poder y decisorias, como freno a los excesos de la derrotada derecha y como juez y parte del gobierno de Zapatero.
RÉQUIEM POR EL ÚLTIMO PATRIOTA
Los diarios matutinos, sometidos a la crueldad del ahora y subyugados por la férrea agenda, se ven en ocasiones dinamitados por ciertas palabras, oraciones o adjetivos que esconden en la brevedad del rotativo toda la magia de la creatividad narrativa, reflexión esta del gran Borges.
Emulando al genial argentino, la pasada semana, por una de esas casualidades de la esquiva fortuna, mis cansados ojos, hastiados de las pulsiones del Tánatos del planeta tierra, se encontraron con una esquela en la que en su escueta pero profunda literatura se adivinaba la vida de un miliciano republicano que había vagado por Europa defendiendo batalla tras batalla y asedio tras asedio los ideales de la libertad y la igualdad, conceptos ante los que los humanos han luchado y sufrido a lo largo de la longeva línea de la historia de la sufrida humanidad.
Aquella esquela encerraba el existir idealista de un miliciano español que seguramente había aplaudido a la Pasionaria en sus encendidos discursos radiofónicos, había portado el fusil en las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid y marchado con lo puesto a cruzar las fronteras de los Pirineos, anhelando una vida en paz que resultó imposible.
Un idealista que sufrió en Francia la invasión germana del mismo diablo que había arrasado su patria años antes, padecido la represión en los fríos campos de concentración alemanes y desfilado triunfante, ante la indiferencia parisina en aquellos Campos Elíseos que -lejos de ser liberados por los americanos de chicle y cigarrillos- obtuvieron la liberación del yugo de la esvástica gracias a españoles que a bordo de tanques como "Madrid" o "Guadalajara" extendieron la solidaridad de los republicanos hispanos, dentro del viejo continente.
Imagino el funeral laico de ese valiente, apenas acompañado por sus familiares más cercanos, sin un mísero reconocimiento de aquella España democrática por la que luchó, o de las generaciones de españoles que olvidan a los mayores que lucharon por la libertad en aquella España asfixiada por las mismas sotanas que hoy pretenden retomar añejos privilegios.
"A ti, papá".
AÑO 1 DE LA ERA DEL TALANTE
Una vez que el estómago y la cabeza, dos caballos que caminan al unísono conducidos por el mismo auriga, han reposado la fatiga de la opulencia navideña, y hastiado el cuerpo de cigalas baratas y sidra asturiana de la España plural, el columnista se encuentra ante un complejo panorama informativo, en el que se hace especialmente necesaria una profundización irónica y cáustica, para desgajar, una vez puestos los Quevedos, el intríngulis del año 1 de le era del talante en estos pagos hispánicos.
Para empezar, el vientre diverso de esta nación diversa digiere o se indigesta a partes iguales ante el menú confeccionado por uno de los nuevos restauradores de la cocina política vasca, el chef Ibarretxe que, fruto de su amplio conocimiento de los resortes políticos, ha dado un paso más en su legítimo reclamo de la autonomía vasca, entre la oposición de los hooligans de Génova y la difusa oposición socialista, mediatizada en su gran mayoría por Maragall y el tripartito catalán.
Y, ante este panorama, sorprende la preocupación del resto de la piel de toro por la resolución del futuro de Euskadi, fruto de la decisión de un partido, el PNV de aquellos Aguirre y Arzalluz, de defender un programa nacionalista, mientras el resto de “regiones” de un país europeo, moderno y mediterráneo olvidaba su historia, sus costumbres, sus raíces y su literatura para embrutecerse delante del televisor, en esas mismas tardes en que los vascos excavaban el antiquísimo recuerdo de los lares vizcaínos.
Sin embargo, el resto de formaciones políticas, auspiciadas en principio por todos los españoles, omiten el auxilio a los españoles de Cádiz, que cada mañana, y lo permita o no la autoridad competente, defienden con chamuscados neumáticos y arcaicos tirachinas el futuro de sus hijos y de toda una bahía gaditana, que bajo rosas o gaviotas, no tienen más futuro que la final chirigotera del Falla o las aspiraciones del Cádiz en el feudo del Carranza.
Y mientras los obstinados vascones, donostiarras y vizcaínos, y en menor medidad alaveses pugnan por segregarse de la España plural y del talante, los descendientes de Moctezuma y los hijos de la extinta patria soviética arriban a nuestras inexistentes fronteras, anhelando no más banderas que una vida mejor, en este soleado rincón de la “Vieja Europa”, que debate en este “annus horribilis” que comienza, la ratificación de una continental “Carta Magna”, injusta en pos del omnipresente capital.
Todo esto, en un cervantino año, en el que un vascongado a lomos de un plan independentista, se dedica a recorrer el mundo desfaciendo entuertos y auxiliando al menesteroso.
MADRID ETERNA EN LA PLURAL ESPAÑA
Únicamente es necesaria una visión retrospectiva a nuestro longevo pasado, para percatarnos, realizando un sano ejercicio de perspectiva histórica, que las naciones, independientemente del potencial que demostrasen en el campo de batalla, son entes condenados a pasar, y como Jorge Manrique, debemos interrogarnos acerca del Ubi Sunt? de aquellas potencias que como el Imperio romano o el austrohúngaro se ven relegadas al ostracismo en el negro lodazal del pasado, fraguándose su auge y decadencia en el lento pero imperecedero fuego de la historia.
Por ello, sorprende la crispada actitud de los políticos, bien de la “España eterna” o de las históricas nacionalidades, en defender ajadas banderas, no viendo más allá que los confines del terruño, condenando al hombre al enfrentamiento y a la división.
Como dice la copla, que sabias sentencias esconde, “Ná es eterno”, y pese a que pudiera parecer catastrofista en mi desconozco si sano juicio, e independientemente de planes soberanistas, nadie, ni incluso el “Altísimo”, puede prometernos que España exista siempre.
La Roma imperial, Cartago o el Imperio austrohúngaro, no son más que sombras pasadas mientras que Viena o Roma permanecen eternas en el corazón del viajero, al igual que eterna, sople por donde sople el viento de la historia, es la villa a la que dedico mi columna de hoy: Madrid.
Desde muy joven, y como buen niño de provincias, me había sentido atraído por Madrid, soñando con pasear despreocupado entre el bullicio de neón y musicales de la Gran Vía, reflexionar sobre lo humano y lo divino con Larra en el Paseo del Prado, o gozar con el deleite de los altos cielos velazqueños en los crepúsculos matritenses, bañados de áureos fuegos en los tejados del Madrid de los Austrias.
Como madrileño de adopción, y férreo defensor de los encantos de la Villa y Corte, me siento profundamente obligado a defender, a capa y espada, como los bravucones del Siglo de Oro, a la que fue capital del orbe, que desde que dejó de ser poblachón manchego regado por un inmundo Manzanares de irregular cauce, ha experimentado, con sangre y fuego y en primera persona, los despropósitos de sus gobernantes, Austrias, Borbones o Gallardones, y de una historia, que soplasen por donde soplasen los vientos, meseteños o del frío Guadarrama, ha sido una infiel amante.
Aunque el 11 de marzo haya supuesto un verdadero trauma a los madrileños, no supone más que una grave herida en la piel de la bella dama madrileña, curtida en los viles lances a los que la esquiva historia le ha enfrentado, y de los que siempre ha salido victoriosa, sea el villano marroquí, francés o ferrolano, porque como gritó una brava vizcaína, Madrid no pasará.
Hoy, igual que ayer y como siempre, Madrid para los de allende el Tajo y el Guadarrama, no representa más que la encarnación urbana de un sentimiento centralista, iniciado por los borbones y llevado a su máximo apogeo por Franco, un sentimiento que, desgraciadamente, ha ido diluyéndose por los aluviones de solidaridad que mi ciudad recibió tras el zarpazo terrorista, y la posterior gestión gubernativa.
La eterna mártir, la centralizada capital del sempiterno reino de España, siempre permanecerá en mi corazón, aunque Euskadi, Cataluña, España o Extremadura desaparezcan en el globalizado mundo que, por ventura o desdicha, nos ha tocado vivir.
LA ALARGADA SOMBRA DE WOJTYLA
Quizá pueda parecer repetitivo en mis análisis, y es por esto que últimamente mis columnas tienen como objetivo principal de mis críticas la Santa Iglesia Católica, pero únicamente hay que permanecer atento a la prensa para percatarse de la relevancia mediática de los crucifijos, que con envenenadas pastorales se rebelan ante este gobierno que le es incómodo.
El talante aconfesional del nuevo gobierno, en absoluta sintonía con la Constitución, ha despertado las iras del Santo Padre, que observa cómo ha cambiado aquel país que de recibirle con aires fascistoides y franquistas en Cuatro Vientos, se ha pervertido hasta el punto de ser tierra del libertinaje y del pecado, auspiciados tales desmanes por un pecaminoso gobierno que favorece a homosexuales, asesina a tetrapléjicos y favorece el satánico condón.
Panorama nefasto de esta España del Concordato, reserva espiritual de Occidente, que se desvanece por los nuevos vientos de la globalización, y ante el que únicamente puede poner fin una Cruzada Pastoral de difamaciones a un gobierno elegido democráticamente, mediante las soflamas entrecortadas pero contundentes de un Wojtyla que en sus delirios de grandeza anhela fervientemente rescatar de las garras del Ángel Caído socialista, a aquella nación de místicos, ascéticos, San Ignacios y opusdeístas.
Las injerencias del Vaticano en la política interior de nuestro país, y el libre posicionamiento ante el que los católicos atacan la sociedad laica, suponen una amenaza a la estabilidad de la democracia mucho mayor que los afanes independentistas de Ibarretxe o Carod, que sin embargo son auspiciados por aquella España (la de Pelayo, Fernando VII, Franco y Aznar) que impotente ante el cambio de los tiempos, se toma la bandera y la justicia por su mano, atentando contra el socialista joseantoniano, José Bono, o insultando de manera despiadada a Pilar Manjón, la "mater dolorosa" hispana.
El Vaticano, tomando atribuciones impropias de un Estado reconocido internacionalmente, se afana en emponzoñar la convivencia "aconfesional" de la nación, en un gesto inapropiado, que tratándose de otro Estado originaría un profundo conflicto diplomático, pero que aquí toleramos sin más, agachando la cabeza ante la regañina de Roma.
Qué triste España esta que se cierne sobre nuestras cabezas y qué olvidada en el tiempo parecía, ésa de la Inquisición de Torquemadas, de sambenitos y autos de fe, que creíamos desaparecida y que amenaza con acritud este efímero y sutil espíritu republicano que subyugado ante sotanas y crucifijos parece condenado a desaparecer.
NEGROS DÍAS DE ENERO
Madrid vivía en primera persona cómo los cimientos de la Transición cimbreaban ante el empuje de los fanáticos en aquel frío enero de 1977, en que los vientos de libertad y los que de ultratumba provenían del Valle de los Caídos creaban en mi Madrid una tormenta de bíblicas dimensiones, en la que la tragedia y el odio estaban a la orden del día.
Un 27 de aquel mes, un grupo de fanáticos, salvapatrias y ultracatólicos penetraban en el interior de un despacho de abogados en el número 55 de la madrileña calle de Atocha para atentar contra los sueños de libertad de unos abogados que, con su modesto trabajo y su férrea militancia, pretendían que España se liberase por fín del yugo del aguilucho que durante mucho tiempo había aniquilado las inquietudes sociales y políticas de una España progresista, que bajo fosas o desde los Pirineos era defendida.
28 años después, Madrid vuelve a experimentar el dolor del odio en su propia piel; casi tres décadas después de los asesinatos y de la ejemplar reacción del comunismo español, el mismo espectro intolerante y canalla de nuestro país, amparado por esa bandera que nos pertenece a todos, vuelve a emplear la violencia contra los representantes públicos en una manifestación que aunque en un principio era de rechazo a la violencia, se convirtió, por obra y gracia ya saben ustedes de quién, en un “contubernio” contra la legitimidad del gobierno y en contra de la libertad.
Quizá, veintiocho años después, viejas convicciones y pensamientos cerriles no hayan pasado; quizá, la España del progreso y la libertad no sea más que una quimera condenada a desaparecer por nuestros “defensores de la unidad de España”, que combaten el independentismo vasco o catalán, defendible desde perspectivas constitucionales, con esa bandera imperial que con “su sola presencia, prendados nos dejó de su negrura”.
ZP ENTRE EL TALANTE Y EL PRAGMATISMO
Ahora que se aproxima el aniversario de la llegada del Gobierno socialista al poder, y mientras la esperanza y el dolor se mezclan en el difuso recuerdo de los días posteriores a la masacre terrorista, el columnista se interroga acerca de si las esperanzas depositadas en los denominados socialistas del talante han caído en saco roto o, por el contrario, el futuro de España a corto plazo, 4 años, se le ha otorgado a dirigentes capaces de, al igual que los noventayochistas, regenerar esta “invertebrada España”.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
A EUROPA CON “PRISAS”
Solía aseverar Don José Ortega y Gasset , que si España era el problema, Europa sería la solución al atraso de una nación en la que aún resonaban los ecos del vacío interior del espíritu hispano, tras la perdida de aquel vasto imperio donde no se ponía el sol.
Sentencia clarividente del filósofo madrileño, que adquiere en estos precisos momentos una trascendencia esencialmente relevante en la actitud política del cada vez menos independiente Zapatero, manejado al antojo de nacionalistas, y advertido de la peligrosidad del cándido talante por sectores de su propio partido, pues mientras España se consume en el sempiterno debate sobre su esencia, sacado a la palestra por los nacionalistas, él prefiere desviar la atención lógica y racional de la ciudadanía respecto al futuro de su nación, mediante la defensa a capa y espada de la aprobación popular de la Constitución Europea en la pantomima del 20-F.
Un debate monodireccional, este de la Constitución Europea, que además de encubrir el complejo, pero sano debate sobre las reivindicaciones nacionalistas, conjetura de cara a un probable futuro, unos fines oscuros que de social andan escasos y que a fín de cuentas y de cuentos, entronizan la maléfica y atroz economía capitalista bajo el confuso epíteto de "economía social de mercado".
Pero no es mi afán criticar el nefasto contenido de este "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", sino mostrar mi profundo desagrado ante la manipulación sistemática que los grandes medios informativos nacionales, bajo el beneplácito del PSOE han venido realizando de un tiempo a esta parte para mostrar su espíritu europeísta, pues desde el diario de referencia, hasta el más monárquico tabloide, en lugar de favorecer el debate equitativo entre las dos posturas ante el refrendo, han realizado el, bajo mi parecer, más execrable ultraje al cuerpo deontológico periodístico, dado que la propaganda favorable al Sí ha impregnado todas las páginas, desbordando el cauce del editorial e inundando de un pestilente tufo pseudoeuropeísta, el resto de secciones del diario.
Una tendencia recurrente en estas electorales "calendas", es el establecer espurias combinaciones entre progresismo, europeísmo y la presente constitución, en un complejo entramado de intereses creados que en última instancia confunden al ciudadano medio, y lo hacen soportar bajo sus cansados hombros la falsa culpabilidad de auspiciar a los "neocons" de Washington, mientras que se ratifica un tratado que paradójicamente nos asemeja y acerca cada vez más a la mentalidad yanki.
Al menos, y puesto que el pasado San Valentín, y el próximo advenimiento de la primavera inauguran en mí un sutil optimismo, he de congratularme en el sentido en el que con este dialogante presidente, podamos al menos recordar el significado de un referéndum, palabra que en un no muy lejano pasado, era asimilado, ya saben porque jugador de pádel, como un acto de apología terrorista.
EL DIARIO SÍ HABLABA DE TÍ
Esta mañana, los periódicos hablarán de los atentados en Irak, de la previa de la liga o de los afanes independentistas de Rovira y de Ibarretxe, pero a fecha de hoy, en plena agonía del loco mes de febrero, el columnista melancólico, hastiado de la política, opta por desintoxicarse con el noble arte de la poesía, y más concretamente en el disfrute de uno de nuestros grandes maestros contemporáneos, Joaquín Sabina.
Soy consciente de que la comparación de Joaquín Sabina con Lorca o Manrique pueda parecer desafortunada a quienes desprestigian el oficio de la canción, pero únicamente aquellos que aman profundamente el verso sabiniano pueden establecer estas justas comparaciones.
Conocí al flaco una gélida noche malagueña, de esas en que la humedad mediterránea cala hasta los huesos, en una de las contadas apariciones públicas del maestro, coincidente con la presentación de su libro “Ciento volando de catorce”, y supuso para mí el encuentro con quien había sido el referente sonoro y literario de mis primeros fracasos amorosos, que no serían los últimos; la banda sonora de las noches en vela del adolescente que, incomprendido y curtido en las desdichas del corazón, hallaba en la voz afónica y en la sempiterna guitarra un oasis de comprensión y amparo ante lo infernal del presente.
Quizá, al igual que yo mismo, en los rincones del planeta donde se parla la lengua de Cervantes, miles de adolescentes sentían latir al galope el corazón con los acordes y con la poesía del olvido de la maravillosa “19 días y 500 noches”.
Pero el tiempo huye, y de esa primera y neófita aproximación a Joaquín Sabina, el hombre, según la vida se diluye, aprecia los matices que “el Flaco” regala a su vida, y es de esta manera como la música, la poesía y el ser de Sabina se apoderan del alma, mientras la existencia es continua en sus cornadas a golpe de desengaño, cuernos y fracaso.
El genio de Úbeda es la suma de esa España castiza, moderna, sociata, progre o pepera que agradece la rebeldía del chico malo, que aprecia la mala vida de Sabina como ejemplo de simpático comunista. Pero es esta una interpretación errónea acerca del ser y el escribir de Joaquín, quien me confesó que sus mejores publicistas eran los críticos.
He aquí por tanto esta humilde columna, que más que motivada por la puntualidad que acostumbro con “vuesas mercedes”, se debe a una deuda que mantenía con mi maestro Joaquín desde aquella noche en la que acudí a la presentación de su libro como periodista y salí como poeta en grado de tentativa.
EL TEXANO Y EL JUDÍO
Es peligrosa la rapidez con la que la ciudadanía, apoyada por los medios de información, olvida o ignora las meteduras de pata de los grandes gobernantes, que pueden oscilar en diversos grados, desde comisiones de 3% hasta genocidios en toda regla, y cuyo ejemplo más flagrante se percibe en las portadas de los diferentes tabloides.
Para esta tesis, sirvan dos hechos capitales de la política internacional en estas fechas, el paseo triunfal de Bush con su oligofrénico rostro por Europa, y la cumbre de Sharm el Shaij, ambos acontecimientos que tienen como protagonistas a gobernantes a los que la ciudadanía pareciese que otorgase un supuesto voto de confianza por percibir un sutil cambio de actitud en sus decisiones.
El problema que manifiesto no puede ser tomado a la ligera, porque resulta alarmante como los periodistas de los medios más moderados depositan en sus editoriales cierta confianza y esperanza en que tanto Israel como USA varíen de la noche a la mañana sus políticas genocidas y criminales, obviando que en la cumbre de Egipto, Israel se comprometía a retirar sus efectivos militares a la par que Sharon denominaba la exangüe defensa del pueblo palestino como terrorismo, en esa espiral de manipulación lingüística que el maestro Grijelmo denomina la “seducción del lenguaje”.
Es, a pesar de todo indignante que se nos presente a la opinión pública a ambos terroristas de estado como dos estadistas moderados y modelados por el arte de la política, cuando en el aire resuenan los disparos y las bombas en Irak , fruto de la búsqueda de Bush del Dorado mesopotámico (armas de destrucción masiva), y el pueblo palestino sigue cercado por el muro de la vergüenza, edificado ladrillo a ladrillo por ese Sharon que recordemos fue el causante de la Intifada al pasearse desafiante por la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, y responsable máximo de las matanzas de Sabra y Chatila.
Además, no pensemos que Bush vuelve al viejo continene para un mayor diálogo, muy al contrario, la desafortunada visita de Walker Bush se debe al búsqueda de apoyos con las que sufragar la infausta invasión irakí, mientras el canciller alemán le baila el agua al texano, y ZP recibe los aplausos de la derecha gala.
MADRID DE CORTE A MÁRTIR
"Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas."
Don Antonio Machado
Madrid, Agosto 2004
Vuelvo a Madrid tras los infaustos días, paseo por sus calles, respiro el aire de libertad del rompeolas de todas las Españas, mientras que en las paradas del metro o en las cafeterías galdosianas resuenan los ecos latinoamericanos de las voces de los inmigrantes que han hecho de Madrid su nueva patria, la de la esperanza y la vida que fluyen tranquilamente entre el bullicio nervioso de la gran urbe castellana, que con el día a día va cicatrizando las incurables heridas de los fatídicos atentados de Marzo.
El sol cae a plomo sobre el derretido asfalto de la Gran Vía, donde los madrileños se resguardan del inclemente sol en cafeterías en las que la prensa o la televisión, muestran imágenes y recuerdos de aquellos días de la infamia, y entonces, al igual que al llegar en el Talgo a Atocha, se produce un silencio aterrador jalonado de miradas perdidas al suelo, esquivas o indagadoras de una respuesta inexistente, y , en ese preciso momento, comprendo que las heridas no han cicatrizado y que en el subconsciente del madrileño pervive el desgarrador recuerdo del más negro mes de Marzo.
El recuerdo de fechas en las que España sufría trágica y virulentamente una segunda transición, un recuerdo de dolor indescriptible en el que la mentira y el engaño mancillaron el dolor sereno de las víctimas de la masacre, que una vez terminados los lutos de esta España de plañideras y negros, fueron vapuleadas a las puertas del Congreso por los "salvapatrias" de la Gaviota, los ultras de Génova, quizá enervados por la derrota electoral que les arrebató aquella nación que había sido gobernada durante ocho años como un cortijo andaluz.
Pero mi paseo no se detiene, al descender desde Cibeles por el Paseo del Prado y arribar a la cúpula de la estación de Atocha, pese al ambiente callejero del Prado entre exposiciones y ferias literarias, el tiempo parece detenerse en la contemplación de lo que fue en un pasado reciente lugar de encuentros y despedidas esperanzadas, y que una brumosa mañana de Marzo se transformó en el monumento popular de Madrid a las nuevas víctimas de un nuevo 2 de mayo, y en mi mente se aparece Pilar Manjón, la "mater dolorosa" del llanto sereno, como en un lienzo de “El Greco” sobre un fondo de Madrid en tinieblas, donde el cielo velazqueño ha sido cubierto por oscuras gaviotas que como cuervos revolotean sobre la carroña terrorista.
Málaga, 12 de Marzo de 2004
Madrid se levantaba bajo la luz difusa de un amanecer plomizo de invierno. Los madrileños, esos seres eclécticos y multirraciales, se desperezaban del sueño cuando una concatenación de explosiones turbaba la normalidad de infarto de una ciudad que, hasta pocas horas antes se acostaba con el poso de los mítines de fín de campaña.
Pasadas las 7 y media de la mañana, el horror se asentaba en la capital de la Villa y Corte, barrios obreros de la capital, Santa Eugenia, El Pozo, y la flamante estación de Atocha, sufrían el horror de la tragedia, el olor a muerte bajo los rescoldos del dominio del diablo, y gritos que con rabia pedían socorro, mientras un último halo de vida se mezclaba con el vaho en la fría mañana madrileña.
La dantesca danza de ambulancias, precedida del sordo minué del silencio, despertaba a la totalidad de un Madrid, que pocos segundos después de consumada la catástrofe, marchó presto a ayudar a los afectados del mortal ataque.
Mi artículo, bajo el dolor que embarga mis ojos empañados en sinceras lágrimas, pretende ser un sencillo, pero sincero homenaje a todo el pueblo de Madrid que arriesgó su vida en el auxilio de los afectados.
El madrileño, cuya vida es un metro a punto a de salir en voz de Sabina, ha sufrido a lo largo de la historia de España, todos los errores de las pésimas políticas estatales, regidas por ineficaces gobernantes.
La invasión francesa que tan bien plasmó Goya en los Fusilamientos del 3 de Mayo, el atentado a la naciente democracia que supuso la matanza a los abogados laboristas en un bufete de Atocha, o el 23-F, manifiestan el carácter de mártir español que acompaña al madrileño.
Madrid, con su “no pasarán”, ha cristalizado, a la par que con el sufrimiento, la respuesta de un país oprimido ante el mal, la ineficacia gubernativa y la tiranía.
Madrid, durante el asedio por parte de las tropas nacionales, y en lo exhaustos momentos de la Guerra Civil, era exonerado a combatir al enemigo Franquista por una Pasionaria que a la fuerza, y apoyada por su carácter batallador, sacaba a los cómodos literatos de café de sus elevadas tertulias a combatir por una República herida de muerte, como hoy, herido de muerte está el corazón de los madrileños.
Tras el ruido de sirenas, silbatos nerviosos de policías, y gritos desgarradores de inocentes víctimas, he visto, no sé si debido a la confusión que en mí producía el inmenso dolor, a la Pasionaria gritando decididamente el “no pasarán “en el oído de todos y cada uno de los madrileños de bien, que arriesgaban su vida en pos de salvar de las garras de la muerte a sus inocentes paisanos, que hoy deben ser elevados a los altares de una democracia, que desde hace tiempo, ya no esta en manos del pueblo.
A Pilar Manjón, con todo el caríño, por la valentía mostrada.
Se miente aquel iluso que opina que la Iglesia ha dejado de tener capacidad de influencia. Las últimas medidas llevadas a cabo por el gobierno de Zapatero, que únicamente pretende llevar a la práctica el texto constitucional, han causado un aluvión de críticas dentro del conciliábulo retrógrado de la Iglesia Católica, en una estampa reiterada de nuestra triste historia en la que las sotanas, en su afán de recuperar su extinto poder, pretenden procesionar crucifijos en San Jerónimo para así, en su juicio, inamovible desde la época de San Agustín, restaurar la moral cristiana en la sociedad española. Un país, el nuestro, condenado hacia un inevitable ocaso de sus valores, decadencia ante la cual los obispos persiguen una nueva "Cruzada Nacional", que si bien no puede librarse en el campo de batalla del 36, "Dios nos libre de ello", sí encuentra cobijo en aquellos medios de comunicación en los que propagandistas o locutores con desagradables frenillos en su pronunciación, difunden para la ciudad y para el mundo ideales peligrosamente cercanos a lo que puede denominarse un "talante golpista".
El matrimonio homosexual, la investigación con células madre, las medidas educativas o la financiación estatal a la Iglesia Católica son los caballos de batalla en los que la Santa Inquisición del siglo XXI (léase Conferencia Episcopal Española), al frente de la cual el Torquemada de nuestra era, auspiciado por la derecha bancaria, el OPUS y el Corpus Intelectual del PP, pretende dominar la escena pública española, dejando a un lado los avances científicos y sociales para embalsamar la piel de toro de la moralidad cristiana, alejándonos de las estridencias de la Europa de las luces, y acercándonos al fanatismo religioso de Bush o de Oriente Próximo.
Quizá, dado el calado social que esconde la cuestión educativa (que tantas y apasionadas horas de debate copó en el congreso en los tiempos de la II República), sea el principal "Casus belli" en el enésimo enfrentamiento entre la Iglesia y el gobierno progresista legítimamente establecido.
La educación, tal y como dejaron escrito prohombres de la talla de Giner de los Ríos, debe ser laica, basada en la razón y no en la confesión, puesto que quien les escribe puede en primera persona testificar las tropelías contra la libertad individual llevadas a cabo en un centro de educación religioso, donde la lectura reiterativa de las santas escrituras, al igual que los talibanes y el Corán, omitía el deleite en la lectura de obras como "El Quijote", verdadero reflejo del alma humana y sus valores.
Además, y frente a lo que los obispos hispanos pretenden, el estamento eclesial no está éticamente autorizado para inmiscuirse en la vida pública de nuestro país, dado que escándalos como el de la participación en Gescartera, la pederastia o la permanencia en posturas ideológicas ante asuntos como la eutanasia o la homosexualidad inamovibles desde el Concilio de Trento, niegan a la Iglesia la capacidad moral de constituir un interlocutor válido en el diálogo de la vida pública.
Se hace, por tanto, válida aquella sentencia de San Agustín que describía a la Iglesia como "Santa y prostituta".
Doctores tiene la Iglesia...
BOABDIL EN LAS AZORES
"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre". Estas fueron las palabras que según la tradición pronunció la madre de Boabdil, último rey de Granada, mientras su hijo, abatido, oteaba el horizonte crepuscular de la Alhambra en un último intento de grabar en sus pupilas y en su corazón el antiguo esplendor de la ciudad nazarí, aquella ciudad de fastuosos palacios que lentamente iban dejando atrás en su marcha hacia un futuro desolador. Aquellas lágrimas, evidenciaban como lúcidos oráculos la impotencia ante la pérdida de una ciudad, una vida y un tiempo pasado que ya no volverían a ver los vidriosos ojos del monarca.
La historia, hermosa y cíclica, vuelve a repetirse en episodios que la rueda de la fortuna trae al incierto presente, restaurando en nuestro tiempo aquellos personajes de nuestro pasado en la figura de los protagonistas de hoy, hallando el hábil lector, por tanto, cierto paralelismo entre las lágrimas de Boabdil por la perdida de Granada, y la furia desmedida de Aznar, que en lugar de haber asumido la derrota electoral, utiliza la plataforma de cualquier medio de comunicación para difundir "urbi et orbi" la indignación por la victoria del talante el 14-M, en una estampa que adquiere peligrosas similitudes con los fotogramas de la visionaria película de Chaplin, "El gran dictador".
Sin embargo, la erótica del poder, la dulce sensación de las mayorías parlamentarias, cegaron de tal manera al ex-presidente que durante los momentos finales de su mandato anheló dejar todo atado y bien atado, al igual que Franco antes de rendir cuentas ante el Altísimo, limitando las libertades de los españoles, privilegiando a la camarilla de empresarios de "bussines" y "marketing", y favoreciendo, en nombre de la sagrada juventud, a adolescentes empingorotados y cercanos al Opus en la consecución de el tercer deportivo y el chalet en Sotogrande.
Aún así, limitadas las libertades de los españoles, y favorecida la oligarquía del señorito, Aznar en sus delirios de grandeza, tuvo tiempo de "salvaguardar la imagen exterior de España", rindiendo pleitesía en las Azores y dirimiendo el futuro de víctimas civiles de Bagdad o Samarra, con un puro en la comisura de los labios, pies encima de la mesa, y la siempre interesante compañía de un texano visionario con maneras de mesías republicano.
EL CORONEL SI TIENE QUIÉN LE VOTE
Con el grito de "Vivan las caenas" jaleaba el pueblo de Madrid el retorno del rey "deseado", Fernando VII, aquél monarca de salud débil, de oscuras aficiones y corto de entendederas que retornaba a la capital de España tras la invasión francesa, mascullando el propósito de restaurar el absolutismo en aquella España decimonónica, provinciana, cainita y dominada por la negra sombra de las sotanas y crucifijos que, con su fragancia a incienso y mandamientos, disfrutaban de grandes patrimonios mientras el pueblo español se consumía en hambrunas y malas cosechas, pese a los esfuerzos de los mal llamados "afrancesados" en dotar de luces a los desvalidos hispanos.
Aquel rey de figura poco favorecida, de inteligencia reducida y de liderazgo fatídico para su país, adquiere hoy grandes similitudes con la fotografía de George W. Bush, el texano que por la gracia de Dios, del pucherazo y del pueril (electoralmente hablando) pueblo norteamericano, va a cumplir el último mandato al frente de la mayor potencia del mundo, en unos cuatro años en los que el poder casi ilimitado del vaquero hace peligrar la tenue estabilidad internacional que tras Clinton el mundo ha anhelado.
La opción republicana y su victoria electoral dice mucho de los Estados Unidos. El voto de la América conservadora, cerrada y orgullosa de héroes como David Crockett, evidencia la escasa preparación intelectual de un pueblo totalmente dominado por un estilo de vida desigual y primario, en el que valores como la religión, las armas y el miedo constituyen la piedra angular sobre la que se superpone una sociedad con profundas e irreparables desigualdades. Esta concepción, mayoritaria en USA, se opone a la visión de parte del electorado demócrata, en la que el cosmopolitismo mitiga en débil parte el provincianismo y el chauvinismo de la forma de vida del oeste y medio oeste que se ha impuesto en estos comicios.
Sin embargo, tanto el republicanismo como el supuesto talante demócrata no son más que sutiles matices de una misma concepción del mundo, una apreciación de la vida en la que los valores humanistas han sido plenamente omitidos por la divinización del béisbol, la ritualización de la hamburguesa y la sacralización del televisor, valores que por otra parte pretenden ser extendidos hasta los confines de la tierra por los productos audiovisuales yanquis.
Pese a todo, para la "vieja Europa", denostada por Powell, que paralelamente a la campaña electoral firmaba la Constitución, Kerry era el clavo ardiendo al que se agarraban los confiados en que la razón llegaría a aquel continente rico, desigual y asilvestrado, en el que sus habitantes, con apenas 200 años de historia , en lugar de deleitarse con la obra de Capote, Hemingway, Warhol o Woody Allen, prefieren dedicar su bendito tiempo a convivir con esa noble e inofensiva criatura que es el rifle.
ESPAÑAS EN EL CORAZÓN
Creo que fue Salvador de Madariaga, insigne historiógrafo patrio, quien sentenció que la historia de España es la peor de todas las historias porque siempre acaba mal. Aunque su campo de acción fuera el pasado, no se equivocaba el célebre historiador al vislumbrar el futuro de aquella España que mientras escribía, celebraba jubilosa en la Puerta del Sol de un Madrid primaveral la llegada de la Segunda República.
Por ello, por el reiterativo y dramático final de nuestros acontecimientos históricos, el español a lo largo de los siglos de nuestro anciano y riquísimo pasado ha ido forjando una espiritualidad casi martirizante, en el que el estoicismo hispano se ha traducido en resignación ante la clase política que ineficazmente ha venido rigiendo, de un tiempo a esta parte, los designios de esta España nuestra. De Pepe Botella al despreocupado Felipe IV, o de la regencia de Espartero al pésimo gobierno de la chacha falangista de las Azores, el español que trabaja, labra, ora y guarda las fiestas que diría Unamuno, ha sido víctima de las ambiciones de los gobernantes que no miraban más allá de los Reales Sitios.
Pero, la España cainita, envidiosa, cerrada y supersticiosa que retratara Goya en sus pinturas negras, aquella que condenó a "garrote vil" a los españoles que veían más allá de los Pirineos, (mal llamados "afrancesados"), vuelve a estar de actualidad, al acusar los nostálgicos del aguilucho y las flechas a la España que despierta de reavivar el fantasma de las dos Españas, concepto que paradójicamente originaron los enemigos de la libertad al atentar un cálido mes de Julio de 1936 contra una República legítimamente establecida.
Hoy, el concepto de las dos Españas vuelve a ser criticado por la derecha más rancia. Se acusa a Zapatero de favorecer el eterno enfrentamiento, cuando únicamente ha dado a los homosexuales voz y voto, ha limitado la tendencia golpista de los púlpitos y ha favorecido un clima audiovisual que pretende devolver el prestigio perdido de la televisión.
Como dice mi amigo Pérez-Reverte, el problema de este país es la flagrante falta de perspectiva histórica. Con esta justificación, únicamente se explicaría el hecho de que los partidarios del "Franquismo sin Franco", durante el desconocido periodo de la Transición, (el Generalísimo se hallaba rindiendo cuentas ante el Altísimo), se presenten hoy como los únicos favorecedores del cambio democrático, obviando que Don Juan Carlos fue el sucesor elegido por Franco y el titánico esfuerzo de los comunistas al acatar la Corona, en aquellos momentos en que la Pasionaria desde su tribuna de diputada en el Congreso, debía hacer de tripas corazón para evitar un nuevo "derramamiento de sangre".
El problema de las dos Españas no ha muerto ni ha de ser enterrado, debe exaltarse el perdón, pero debe la sociedad conocer la voz de los ciudadanos de aquella España que trabaja de sol a sol, sufre la represión en los puentes de Cádiz o naufraga en el Cantábrico profundo, mientras la otra España disfruta de las rentas latifundistas en yates que cruzan el Mediterráneo, mismo charco en el que la tercera España, aquella del turbante, se deja la vida en el intento de encontrar los jardines de Alá nada más llegar a Tarifa.
EL GOLPE, LA BOINA Y LA GAVIOTA
Siempre creí que la diplomacia había mezclado, a partes iguales, el cinismo con la hipocresía; sin embargo, fue el bonachón Moratinos quien me demostró que la política, incluso dotada de talante puede ser sazonada por ciertas dosis de apasionamiento, ingrediente éste alejado de los grandes círculos de la política, con la evidente salvedad de lo ocurrido en Elche, donde la carencia ideológica y el bi-caudillismo entre Zaplana y Camps ha convertido el PP levantino en un “totum revolutum”.
Lo cierto, dejando el vuelo de la gaviota levantina aparte, es que Moratinos, acalorado por un debate televisivo que limita el arte de la retórica a 59 segundos, tuvo tiempo para responder a la alianza conservadora que se dio cita en aquel programa (PP-COPE), afirmando que el antiguo gobierno del Partido Popular, además de los escándalos del Prestige y los hilillos del bueno de Mariano, la LOU de Pili del Caudillo y la execrable foto de las Azores, tuvo tiempo y disposición de apoyar en Abril de 2002 la intentona golpista en Venezuela, ofreciendo el eje Madrid – Washington apoyo moral y diplomático a la revuelta capitalista que pretendía poner fin al “poco diáfano” gobierno de Hugo Chávez, político que por otra parte, como buen populista (que bien lo sabía El Caudillo), oculta las carencias ideológicas del gobierno con un discurso que apela al pasado, en este caso bolivariano, y de marcado tinte antiimperialista, aunque sea Venezuela uno de los países que más barriles de crudo exporten hacia el rancho de la Unión de Bush junior.
Lo significativo del asunto que me detengo a explicar no es la calidad de la democracia venezolana, ni el carisma del mítico presentador de “Aló Presidente”, sino la participación del anterior gobierno popular, ése que nos representó a los españoles de tres mundos durante ocho años, en un golpe de Estado, eso sí, por los cínicos cauces diplomáticos antes mencionados.
En aquella primavera de 2002, Aznar aprendería una lección que le sería valiosísima, como todas las recibidas en USA: la de cómo participar, al igual que hizo la CIA con Pinochet, o apoyando la Contra Nicaragüense, en la desestabilización , mediante golpes de estado, de las frágiles naciones latinoamericanas, con la finalidad de colocar al frente de estos países a una marioneta favorable a los intereses del capital.
MAS ALLÁ DE LA ROSA
Luís García Montero, santo de mi devoción poética y política, firma una colaboración en el diario El País en la que señala la necesidad de que en la Asamblea de IU, a celebrar este fin de semana, la formación parlamentaria destruya el halo de marginalidad y fracaso surgido tras los comicios del 14-M y brinde al PSOE apoyo serio, con el fin de constituir un bloque común frente a la rancia derecha, de doloroso y cercano recuerdo.
La Asamblea de IU es doblemente relevante para la salubridad de la democracia en nuestro país, en primer lugar porque persigue la regeneración de un partido dañado moral y electoralmente por el voto útil, y en segundo lugar por el hecho de mostrar a la opinión pública el deseo de resurgir, cual Ave Fénix, de sus cenizas y constituir una alternativa electoral al PSOE en el espectro electoral de la izquierda española, heterogéneo y diverso frente a la unidad insultante de los chicos de Génova.
La izquierda, pese al triunfo del voto útil y del PSOE, sigue padeciendo en España el estigma de la inferioridad respecto a los partidos nacionalistas, una situación, anómala a todas luces, que obliga tanto a nacionalistas como a izquierdistas a variar sus posturas, alejándose de la tan necesaria génesis ideológica.
Esta situación debe únicamente solucionarse mediante la refundación en sus principios de la izquierda, para así constituir IU un grupo parlamentario fuerte que haga oposición al neoliberalismo exacerbado de Solbes (seguidor acérrimo del legado de Rato), al talante cándido de ZP y a la falta de combatividad social de iconos como Ana Belén o Víctor Manuel, que de marxismo conocen “Una noche en la ópera”, integrantes de esa corriente ideológica que he bautizado como “Socialismo estético”.
Se hace por tanto evidente y necesario el que Izquierda Unida retome las parcelas de poder y decisorias, como freno a los excesos de la derrotada derecha y como juez y parte del gobierno de Zapatero.
RÉQUIEM POR EL ÚLTIMO PATRIOTA
Los diarios matutinos, sometidos a la crueldad del ahora y subyugados por la férrea agenda, se ven en ocasiones dinamitados por ciertas palabras, oraciones o adjetivos que esconden en la brevedad del rotativo toda la magia de la creatividad narrativa, reflexión esta del gran Borges.
Emulando al genial argentino, la pasada semana, por una de esas casualidades de la esquiva fortuna, mis cansados ojos, hastiados de las pulsiones del Tánatos del planeta tierra, se encontraron con una esquela en la que en su escueta pero profunda literatura se adivinaba la vida de un miliciano republicano que había vagado por Europa defendiendo batalla tras batalla y asedio tras asedio los ideales de la libertad y la igualdad, conceptos ante los que los humanos han luchado y sufrido a lo largo de la longeva línea de la historia de la sufrida humanidad.
Aquella esquela encerraba el existir idealista de un miliciano español que seguramente había aplaudido a la Pasionaria en sus encendidos discursos radiofónicos, había portado el fusil en las trincheras de Ciudad Universitaria en Madrid y marchado con lo puesto a cruzar las fronteras de los Pirineos, anhelando una vida en paz que resultó imposible.
Un idealista que sufrió en Francia la invasión germana del mismo diablo que había arrasado su patria años antes, padecido la represión en los fríos campos de concentración alemanes y desfilado triunfante, ante la indiferencia parisina en aquellos Campos Elíseos que -lejos de ser liberados por los americanos de chicle y cigarrillos- obtuvieron la liberación del yugo de la esvástica gracias a españoles que a bordo de tanques como "Madrid" o "Guadalajara" extendieron la solidaridad de los republicanos hispanos, dentro del viejo continente.
Imagino el funeral laico de ese valiente, apenas acompañado por sus familiares más cercanos, sin un mísero reconocimiento de aquella España democrática por la que luchó, o de las generaciones de españoles que olvidan a los mayores que lucharon por la libertad en aquella España asfixiada por las mismas sotanas que hoy pretenden retomar añejos privilegios.
"A ti, papá".
AÑO 1 DE LA ERA DEL TALANTE
Una vez que el estómago y la cabeza, dos caballos que caminan al unísono conducidos por el mismo auriga, han reposado la fatiga de la opulencia navideña, y hastiado el cuerpo de cigalas baratas y sidra asturiana de la España plural, el columnista se encuentra ante un complejo panorama informativo, en el que se hace especialmente necesaria una profundización irónica y cáustica, para desgajar, una vez puestos los Quevedos, el intríngulis del año 1 de le era del talante en estos pagos hispánicos.
Para empezar, el vientre diverso de esta nación diversa digiere o se indigesta a partes iguales ante el menú confeccionado por uno de los nuevos restauradores de la cocina política vasca, el chef Ibarretxe que, fruto de su amplio conocimiento de los resortes políticos, ha dado un paso más en su legítimo reclamo de la autonomía vasca, entre la oposición de los hooligans de Génova y la difusa oposición socialista, mediatizada en su gran mayoría por Maragall y el tripartito catalán.
Y, ante este panorama, sorprende la preocupación del resto de la piel de toro por la resolución del futuro de Euskadi, fruto de la decisión de un partido, el PNV de aquellos Aguirre y Arzalluz, de defender un programa nacionalista, mientras el resto de “regiones” de un país europeo, moderno y mediterráneo olvidaba su historia, sus costumbres, sus raíces y su literatura para embrutecerse delante del televisor, en esas mismas tardes en que los vascos excavaban el antiquísimo recuerdo de los lares vizcaínos.
Sin embargo, el resto de formaciones políticas, auspiciadas en principio por todos los españoles, omiten el auxilio a los españoles de Cádiz, que cada mañana, y lo permita o no la autoridad competente, defienden con chamuscados neumáticos y arcaicos tirachinas el futuro de sus hijos y de toda una bahía gaditana, que bajo rosas o gaviotas, no tienen más futuro que la final chirigotera del Falla o las aspiraciones del Cádiz en el feudo del Carranza.
Y mientras los obstinados vascones, donostiarras y vizcaínos, y en menor medidad alaveses pugnan por segregarse de la España plural y del talante, los descendientes de Moctezuma y los hijos de la extinta patria soviética arriban a nuestras inexistentes fronteras, anhelando no más banderas que una vida mejor, en este soleado rincón de la “Vieja Europa”, que debate en este “annus horribilis” que comienza, la ratificación de una continental “Carta Magna”, injusta en pos del omnipresente capital.
Todo esto, en un cervantino año, en el que un vascongado a lomos de un plan independentista, se dedica a recorrer el mundo desfaciendo entuertos y auxiliando al menesteroso.
MADRID ETERNA EN LA PLURAL ESPAÑA
Únicamente es necesaria una visión retrospectiva a nuestro longevo pasado, para percatarnos, realizando un sano ejercicio de perspectiva histórica, que las naciones, independientemente del potencial que demostrasen en el campo de batalla, son entes condenados a pasar, y como Jorge Manrique, debemos interrogarnos acerca del Ubi Sunt? de aquellas potencias que como el Imperio romano o el austrohúngaro se ven relegadas al ostracismo en el negro lodazal del pasado, fraguándose su auge y decadencia en el lento pero imperecedero fuego de la historia.
Por ello, sorprende la crispada actitud de los políticos, bien de la “España eterna” o de las históricas nacionalidades, en defender ajadas banderas, no viendo más allá que los confines del terruño, condenando al hombre al enfrentamiento y a la división.
Como dice la copla, que sabias sentencias esconde, “Ná es eterno”, y pese a que pudiera parecer catastrofista en mi desconozco si sano juicio, e independientemente de planes soberanistas, nadie, ni incluso el “Altísimo”, puede prometernos que España exista siempre.
La Roma imperial, Cartago o el Imperio austrohúngaro, no son más que sombras pasadas mientras que Viena o Roma permanecen eternas en el corazón del viajero, al igual que eterna, sople por donde sople el viento de la historia, es la villa a la que dedico mi columna de hoy: Madrid.
Desde muy joven, y como buen niño de provincias, me había sentido atraído por Madrid, soñando con pasear despreocupado entre el bullicio de neón y musicales de la Gran Vía, reflexionar sobre lo humano y lo divino con Larra en el Paseo del Prado, o gozar con el deleite de los altos cielos velazqueños en los crepúsculos matritenses, bañados de áureos fuegos en los tejados del Madrid de los Austrias.
Como madrileño de adopción, y férreo defensor de los encantos de la Villa y Corte, me siento profundamente obligado a defender, a capa y espada, como los bravucones del Siglo de Oro, a la que fue capital del orbe, que desde que dejó de ser poblachón manchego regado por un inmundo Manzanares de irregular cauce, ha experimentado, con sangre y fuego y en primera persona, los despropósitos de sus gobernantes, Austrias, Borbones o Gallardones, y de una historia, que soplasen por donde soplasen los vientos, meseteños o del frío Guadarrama, ha sido una infiel amante.
Aunque el 11 de marzo haya supuesto un verdadero trauma a los madrileños, no supone más que una grave herida en la piel de la bella dama madrileña, curtida en los viles lances a los que la esquiva historia le ha enfrentado, y de los que siempre ha salido victoriosa, sea el villano marroquí, francés o ferrolano, porque como gritó una brava vizcaína, Madrid no pasará.
Hoy, igual que ayer y como siempre, Madrid para los de allende el Tajo y el Guadarrama, no representa más que la encarnación urbana de un sentimiento centralista, iniciado por los borbones y llevado a su máximo apogeo por Franco, un sentimiento que, desgraciadamente, ha ido diluyéndose por los aluviones de solidaridad que mi ciudad recibió tras el zarpazo terrorista, y la posterior gestión gubernativa.
La eterna mártir, la centralizada capital del sempiterno reino de España, siempre permanecerá en mi corazón, aunque Euskadi, Cataluña, España o Extremadura desaparezcan en el globalizado mundo que, por ventura o desdicha, nos ha tocado vivir.
LA ALARGADA SOMBRA DE WOJTYLA
Quizá pueda parecer repetitivo en mis análisis, y es por esto que últimamente mis columnas tienen como objetivo principal de mis críticas la Santa Iglesia Católica, pero únicamente hay que permanecer atento a la prensa para percatarse de la relevancia mediática de los crucifijos, que con envenenadas pastorales se rebelan ante este gobierno que le es incómodo.
El talante aconfesional del nuevo gobierno, en absoluta sintonía con la Constitución, ha despertado las iras del Santo Padre, que observa cómo ha cambiado aquel país que de recibirle con aires fascistoides y franquistas en Cuatro Vientos, se ha pervertido hasta el punto de ser tierra del libertinaje y del pecado, auspiciados tales desmanes por un pecaminoso gobierno que favorece a homosexuales, asesina a tetrapléjicos y favorece el satánico condón.
Panorama nefasto de esta España del Concordato, reserva espiritual de Occidente, que se desvanece por los nuevos vientos de la globalización, y ante el que únicamente puede poner fin una Cruzada Pastoral de difamaciones a un gobierno elegido democráticamente, mediante las soflamas entrecortadas pero contundentes de un Wojtyla que en sus delirios de grandeza anhela fervientemente rescatar de las garras del Ángel Caído socialista, a aquella nación de místicos, ascéticos, San Ignacios y opusdeístas.
Las injerencias del Vaticano en la política interior de nuestro país, y el libre posicionamiento ante el que los católicos atacan la sociedad laica, suponen una amenaza a la estabilidad de la democracia mucho mayor que los afanes independentistas de Ibarretxe o Carod, que sin embargo son auspiciados por aquella España (la de Pelayo, Fernando VII, Franco y Aznar) que impotente ante el cambio de los tiempos, se toma la bandera y la justicia por su mano, atentando contra el socialista joseantoniano, José Bono, o insultando de manera despiadada a Pilar Manjón, la "mater dolorosa" hispana.
El Vaticano, tomando atribuciones impropias de un Estado reconocido internacionalmente, se afana en emponzoñar la convivencia "aconfesional" de la nación, en un gesto inapropiado, que tratándose de otro Estado originaría un profundo conflicto diplomático, pero que aquí toleramos sin más, agachando la cabeza ante la regañina de Roma.
Qué triste España esta que se cierne sobre nuestras cabezas y qué olvidada en el tiempo parecía, ésa de la Inquisición de Torquemadas, de sambenitos y autos de fe, que creíamos desaparecida y que amenaza con acritud este efímero y sutil espíritu republicano que subyugado ante sotanas y crucifijos parece condenado a desaparecer.
NEGROS DÍAS DE ENERO
Madrid vivía en primera persona cómo los cimientos de la Transición cimbreaban ante el empuje de los fanáticos en aquel frío enero de 1977, en que los vientos de libertad y los que de ultratumba provenían del Valle de los Caídos creaban en mi Madrid una tormenta de bíblicas dimensiones, en la que la tragedia y el odio estaban a la orden del día.
Un 27 de aquel mes, un grupo de fanáticos, salvapatrias y ultracatólicos penetraban en el interior de un despacho de abogados en el número 55 de la madrileña calle de Atocha para atentar contra los sueños de libertad de unos abogados que, con su modesto trabajo y su férrea militancia, pretendían que España se liberase por fín del yugo del aguilucho que durante mucho tiempo había aniquilado las inquietudes sociales y políticas de una España progresista, que bajo fosas o desde los Pirineos era defendida.
28 años después, Madrid vuelve a experimentar el dolor del odio en su propia piel; casi tres décadas después de los asesinatos y de la ejemplar reacción del comunismo español, el mismo espectro intolerante y canalla de nuestro país, amparado por esa bandera que nos pertenece a todos, vuelve a emplear la violencia contra los representantes públicos en una manifestación que aunque en un principio era de rechazo a la violencia, se convirtió, por obra y gracia ya saben ustedes de quién, en un “contubernio” contra la legitimidad del gobierno y en contra de la libertad.
Quizá, veintiocho años después, viejas convicciones y pensamientos cerriles no hayan pasado; quizá, la España del progreso y la libertad no sea más que una quimera condenada a desaparecer por nuestros “defensores de la unidad de España”, que combaten el independentismo vasco o catalán, defendible desde perspectivas constitucionales, con esa bandera imperial que con “su sola presencia, prendados nos dejó de su negrura”.
ZP ENTRE EL TALANTE Y EL PRAGMATISMO
Ahora que se aproxima el aniversario de la llegada del Gobierno socialista al poder, y mientras la esperanza y el dolor se mezclan en el difuso recuerdo de los días posteriores a la masacre terrorista, el columnista se interroga acerca de si las esperanzas depositadas en los denominados socialistas del talante han caído en saco roto o, por el contrario, el futuro de España a corto plazo, 4 años, se le ha otorgado a dirigentes capaces de, al igual que los noventayochistas, regenerar esta “invertebrada España”.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
A EUROPA CON “PRISAS”
Solía aseverar Don José Ortega y Gasset , que si España era el problema, Europa sería la solución al atraso de una nación en la que aún resonaban los ecos del vacío interior del espíritu hispano, tras la perdida de aquel vasto imperio donde no se ponía el sol.
Sentencia clarividente del filósofo madrileño, que adquiere en estos precisos momentos una trascendencia esencialmente relevante en la actitud política del cada vez menos independiente Zapatero, manejado al antojo de nacionalistas, y advertido de la peligrosidad del cándido talante por sectores de su propio partido, pues mientras España se consume en el sempiterno debate sobre su esencia, sacado a la palestra por los nacionalistas, él prefiere desviar la atención lógica y racional de la ciudadanía respecto al futuro de su nación, mediante la defensa a capa y espada de la aprobación popular de la Constitución Europea en la pantomima del 20-F.
Un debate monodireccional, este de la Constitución Europea, que además de encubrir el complejo, pero sano debate sobre las reivindicaciones nacionalistas, conjetura de cara a un probable futuro, unos fines oscuros que de social andan escasos y que a fín de cuentas y de cuentos, entronizan la maléfica y atroz economía capitalista bajo el confuso epíteto de "economía social de mercado".
Pero no es mi afán criticar el nefasto contenido de este "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", sino mostrar mi profundo desagrado ante la manipulación sistemática que los grandes medios informativos nacionales, bajo el beneplácito del PSOE han venido realizando de un tiempo a esta parte para mostrar su espíritu europeísta, pues desde el diario de referencia, hasta el más monárquico tabloide, en lugar de favorecer el debate equitativo entre las dos posturas ante el refrendo, han realizado el, bajo mi parecer, más execrable ultraje al cuerpo deontológico periodístico, dado que la propaganda favorable al Sí ha impregnado todas las páginas, desbordando el cauce del editorial e inundando de un pestilente tufo pseudoeuropeísta, el resto de secciones del diario.
Una tendencia recurrente en estas electorales "calendas", es el establecer espurias combinaciones entre progresismo, europeísmo y la presente constitución, en un complejo entramado de intereses creados que en última instancia confunden al ciudadano medio, y lo hacen soportar bajo sus cansados hombros la falsa culpabilidad de auspiciar a los "neocons" de Washington, mientras que se ratifica un tratado que paradójicamente nos asemeja y acerca cada vez más a la mentalidad yanki.
Al menos, y puesto que el pasado San Valentín, y el próximo advenimiento de la primavera inauguran en mí un sutil optimismo, he de congratularme en el sentido en el que con este dialogante presidente, podamos al menos recordar el significado de un referéndum, palabra que en un no muy lejano pasado, era asimilado, ya saben porque jugador de pádel, como un acto de apología terrorista.
EL DIARIO SÍ HABLABA DE TÍ
Esta mañana, los periódicos hablarán de los atentados en Irak, de la previa de la liga o de los afanes independentistas de Rovira y de Ibarretxe, pero a fecha de hoy, en plena agonía del loco mes de febrero, el columnista melancólico, hastiado de la política, opta por desintoxicarse con el noble arte de la poesía, y más concretamente en el disfrute de uno de nuestros grandes maestros contemporáneos, Joaquín Sabina.
Soy consciente de que la comparación de Joaquín Sabina con Lorca o Manrique pueda parecer desafortunada a quienes desprestigian el oficio de la canción, pero únicamente aquellos que aman profundamente el verso sabiniano pueden establecer estas justas comparaciones.
Conocí al flaco una gélida noche malagueña, de esas en que la humedad mediterránea cala hasta los huesos, en una de las contadas apariciones públicas del maestro, coincidente con la presentación de su libro “Ciento volando de catorce”, y supuso para mí el encuentro con quien había sido el referente sonoro y literario de mis primeros fracasos amorosos, que no serían los últimos; la banda sonora de las noches en vela del adolescente que, incomprendido y curtido en las desdichas del corazón, hallaba en la voz afónica y en la sempiterna guitarra un oasis de comprensión y amparo ante lo infernal del presente.
Quizá, al igual que yo mismo, en los rincones del planeta donde se parla la lengua de Cervantes, miles de adolescentes sentían latir al galope el corazón con los acordes y con la poesía del olvido de la maravillosa “19 días y 500 noches”.
Pero el tiempo huye, y de esa primera y neófita aproximación a Joaquín Sabina, el hombre, según la vida se diluye, aprecia los matices que “el Flaco” regala a su vida, y es de esta manera como la música, la poesía y el ser de Sabina se apoderan del alma, mientras la existencia es continua en sus cornadas a golpe de desengaño, cuernos y fracaso.
El genio de Úbeda es la suma de esa España castiza, moderna, sociata, progre o pepera que agradece la rebeldía del chico malo, que aprecia la mala vida de Sabina como ejemplo de simpático comunista. Pero es esta una interpretación errónea acerca del ser y el escribir de Joaquín, quien me confesó que sus mejores publicistas eran los críticos.
He aquí por tanto esta humilde columna, que más que motivada por la puntualidad que acostumbro con “vuesas mercedes”, se debe a una deuda que mantenía con mi maestro Joaquín desde aquella noche en la que acudí a la presentación de su libro como periodista y salí como poeta en grado de tentativa.
EL TEXANO Y EL JUDÍO
Es peligrosa la rapidez con la que la ciudadanía, apoyada por los medios de información, olvida o ignora las meteduras de pata de los grandes gobernantes, que pueden oscilar en diversos grados, desde comisiones de 3% hasta genocidios en toda regla, y cuyo ejemplo más flagrante se percibe en las portadas de los diferentes tabloides.
Para esta tesis, sirvan dos hechos capitales de la política internacional en estas fechas, el paseo triunfal de Bush con su oligofrénico rostro por Europa, y la cumbre de Sharm el Shaij, ambos acontecimientos que tienen como protagonistas a gobernantes a los que la ciudadanía pareciese que otorgase un supuesto voto de confianza por percibir un sutil cambio de actitud en sus decisiones.
El problema que manifiesto no puede ser tomado a la ligera, porque resulta alarmante como los periodistas de los medios más moderados depositan en sus editoriales cierta confianza y esperanza en que tanto Israel como USA varíen de la noche a la mañana sus políticas genocidas y criminales, obviando que en la cumbre de Egipto, Israel se comprometía a retirar sus efectivos militares a la par que Sharon denominaba la exangüe defensa del pueblo palestino como terrorismo, en esa espiral de manipulación lingüística que el maestro Grijelmo denomina la “seducción del lenguaje”.
Es, a pesar de todo indignante que se nos presente a la opinión pública a ambos terroristas de estado como dos estadistas moderados y modelados por el arte de la política, cuando en el aire resuenan los disparos y las bombas en Irak , fruto de la búsqueda de Bush del Dorado mesopotámico (armas de destrucción masiva), y el pueblo palestino sigue cercado por el muro de la vergüenza, edificado ladrillo a ladrillo por ese Sharon que recordemos fue el causante de la Intifada al pasearse desafiante por la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, y responsable máximo de las matanzas de Sabra y Chatila.
Además, no pensemos que Bush vuelve al viejo continene para un mayor diálogo, muy al contrario, la desafortunada visita de Walker Bush se debe al búsqueda de apoyos con las que sufragar la infausta invasión irakí, mientras el canciller alemán le baila el agua al texano, y ZP recibe los aplausos de la derecha gala.
MADRID DE CORTE A MÁRTIR
"Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas."
Don Antonio Machado
Madrid, Agosto 2004
Vuelvo a Madrid tras los infaustos días, paseo por sus calles, respiro el aire de libertad del rompeolas de todas las Españas, mientras que en las paradas del metro o en las cafeterías galdosianas resuenan los ecos latinoamericanos de las voces de los inmigrantes que han hecho de Madrid su nueva patria, la de la esperanza y la vida que fluyen tranquilamente entre el bullicio nervioso de la gran urbe castellana, que con el día a día va cicatrizando las incurables heridas de los fatídicos atentados de Marzo.
El sol cae a plomo sobre el derretido asfalto de la Gran Vía, donde los madrileños se resguardan del inclemente sol en cafeterías en las que la prensa o la televisión, muestran imágenes y recuerdos de aquellos días de la infamia, y entonces, al igual que al llegar en el Talgo a Atocha, se produce un silencio aterrador jalonado de miradas perdidas al suelo, esquivas o indagadoras de una respuesta inexistente, y , en ese preciso momento, comprendo que las heridas no han cicatrizado y que en el subconsciente del madrileño pervive el desgarrador recuerdo del más negro mes de Marzo.
El recuerdo de fechas en las que España sufría trágica y virulentamente una segunda transición, un recuerdo de dolor indescriptible en el que la mentira y el engaño mancillaron el dolor sereno de las víctimas de la masacre, que una vez terminados los lutos de esta España de plañideras y negros, fueron vapuleadas a las puertas del Congreso por los "salvapatrias" de la Gaviota, los ultras de Génova, quizá enervados por la derrota electoral que les arrebató aquella nación que había sido gobernada durante ocho años como un cortijo andaluz.
Pero mi paseo no se detiene, al descender desde Cibeles por el Paseo del Prado y arribar a la cúpula de la estación de Atocha, pese al ambiente callejero del Prado entre exposiciones y ferias literarias, el tiempo parece detenerse en la contemplación de lo que fue en un pasado reciente lugar de encuentros y despedidas esperanzadas, y que una brumosa mañana de Marzo se transformó en el monumento popular de Madrid a las nuevas víctimas de un nuevo 2 de mayo, y en mi mente se aparece Pilar Manjón, la "mater dolorosa" del llanto sereno, como en un lienzo de “El Greco” sobre un fondo de Madrid en tinieblas, donde el cielo velazqueño ha sido cubierto por oscuras gaviotas que como cuervos revolotean sobre la carroña terrorista.
Málaga, 12 de Marzo de 2004
Madrid se levantaba bajo la luz difusa de un amanecer plomizo de invierno. Los madrileños, esos seres eclécticos y multirraciales, se desperezaban del sueño cuando una concatenación de explosiones turbaba la normalidad de infarto de una ciudad que, hasta pocas horas antes se acostaba con el poso de los mítines de fín de campaña.
Pasadas las 7 y media de la mañana, el horror se asentaba en la capital de la Villa y Corte, barrios obreros de la capital, Santa Eugenia, El Pozo, y la flamante estación de Atocha, sufrían el horror de la tragedia, el olor a muerte bajo los rescoldos del dominio del diablo, y gritos que con rabia pedían socorro, mientras un último halo de vida se mezclaba con el vaho en la fría mañana madrileña.
La dantesca danza de ambulancias, precedida del sordo minué del silencio, despertaba a la totalidad de un Madrid, que pocos segundos después de consumada la catástrofe, marchó presto a ayudar a los afectados del mortal ataque.
Mi artículo, bajo el dolor que embarga mis ojos empañados en sinceras lágrimas, pretende ser un sencillo, pero sincero homenaje a todo el pueblo de Madrid que arriesgó su vida en el auxilio de los afectados.
El madrileño, cuya vida es un metro a punto a de salir en voz de Sabina, ha sufrido a lo largo de la historia de España, todos los errores de las pésimas políticas estatales, regidas por ineficaces gobernantes.
La invasión francesa que tan bien plasmó Goya en los Fusilamientos del 3 de Mayo, el atentado a la naciente democracia que supuso la matanza a los abogados laboristas en un bufete de Atocha, o el 23-F, manifiestan el carácter de mártir español que acompaña al madrileño.
Madrid, con su “no pasarán”, ha cristalizado, a la par que con el sufrimiento, la respuesta de un país oprimido ante el mal, la ineficacia gubernativa y la tiranía.
Madrid, durante el asedio por parte de las tropas nacionales, y en lo exhaustos momentos de la Guerra Civil, era exonerado a combatir al enemigo Franquista por una Pasionaria que a la fuerza, y apoyada por su carácter batallador, sacaba a los cómodos literatos de café de sus elevadas tertulias a combatir por una República herida de muerte, como hoy, herido de muerte está el corazón de los madrileños.
Tras el ruido de sirenas, silbatos nerviosos de policías, y gritos desgarradores de inocentes víctimas, he visto, no sé si debido a la confusión que en mí producía el inmenso dolor, a la Pasionaria gritando decididamente el “no pasarán “en el oído de todos y cada uno de los madrileños de bien, que arriesgaban su vida en pos de salvar de las garras de la muerte a sus inocentes paisanos, que hoy deben ser elevados a los altares de una democracia, que desde hace tiempo, ya no esta en manos del pueblo.
A Pilar Manjón, con todo el caríño, por la valentía mostrada.





