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Columna de rojo sobre fondo gris
Mis columnas publicadas en Prensa Nacional, DIARIO SIGLO XXI y EL OTRO DIARIO.
Acerca de
Jesus Nieto Jurado, aspirante a periodista, ejerciendo ya como tal, tiene el honor de ser mi amigo, y tengo yo el valor de dedicarle un monólogo. La verdad es que es un tio peculiar. Malagueño, que no alagüeño, de pura cepa, aunque de corazón madrileño, madridista y madridoso y el madroño. Le gusta mucho Madrid, ama Madrid, adora Madrid, desea a Madrid...si hasta la primera vez que vino, que por cierto le hice yo de guía, y eso que soy de Móstoles; le chupó el dedo a la estatua de Colón, acarició los leones de la Cibeles, meó en Neptuno y hasta creo que se fumó un cigarro en en el edificio Windsor; pero de buena fé eh, luego le entraron remordimientos de conciencia y subió a mear pa ver si lo apagaba, y esas eran las sombras que se ven.
Sindicación
 
"Político de Dios, gobernante de Cristo, muerte de Satanás"
Bajo la neblina primaveral y húmeda del Tíber, el helicóptero de la RAI, difunde a la ciudad y al mundo tomas e imágenes de peregrinos fanáticos que esperan la santidad o la extenuación en las imponentes filas que rodean el Estado Vaticano desde el Puente de Santo Angelo a la columnata de Bernini.

Filas de cristianos aparentes, impacientes por conseguir la inmortalidad y el cielo eterno en la contemplación a escorzo de los restos del pontífice Wojtyla, que durante 26 años de pontificado, y tras el experimento social de Juan XXIII, plasmó en la tierra un reino de Dios, que al polaco se le antojó cerrado y anclado en Trento, pues de entre la totalidad de sus escritos, puede aseverarse con claridad meridiana, que la empresa de Juan Pablo II en vida fue la exterminación de todo el legado social que la Iglesia había ido adquiriendo en el devenir de algunos años en un contexto histórico en el que la sociedad de un mundo que poco a poco se iba globalizando bajo el dólar, suspiraba por mejoras en diferentes aspectos.

Hasta en los momentos finales del pontificado del conservadurismo, la consigna de Wojtyla se mantuvo fiel a los principios de su reinado celestial en la tierra, un culto a la personalidad desaforado, que en plena era de las telecomunicaciones asumía los preceptos propagandísticos que la Iglesia Católica asentó en Trento, mediante un exacerbado culto a la personalidad papal, como en la época de Hitler o Stalin, apoyado por manifestaciones multitudinarias y un mensaje ultraconservador, apocalíptico y de una efectividad proporcional a la preocupación humana por lo trascendente.

Desaparece con Wojtyla una manera añeja de asumir los preceptos de la fe, un modo de interpretar la religión y la fe, contrario y beligerante con los únicos religiosos dignos de alabar y honrar en su deceso, aquellos curas obreros, que en Vallecas, Chiapas, el Matto Grosso , Tegucigalpa o El Salvador luchaban por que cruces, biblias, libros rojos, hoces y martillos construyeran en un marco de respeto y cooperación mutua, un futuro de progreso e igualdad, frente a las continuas amenazas de la CIA o de la Santa Sede a la única forma ética de cristianismo, la “Teología de la Liberación”.
No