14 de Abril
Algunos nostálgicos, y pocos ilusos conmemorábamos ayer jueves las setenta y cuatro primaveras de la instauración de la II República, el advenimiento a esta nación de espadones, sotanas y borbones del más ambicioso proyecto de modernización de un país que se asfixiaba bajo la negra sombra del clero y el caciquismo.
Setenta y cuatro años desde que un 14 de Abril, España se despertaba republicana, entre las miradas de muerte de los conservadores, y la amargura borbónica por el exilio. Tres cuartos de centuria que en su brevedad condicionada por el golpismo militar, transformaron las estructuras sociales, políticas y culturales de una nación que a partir de ese momento conservaría plena conciencia de la verdadera democracia, el conocimiento de un legado político inagotable que en estos tiempos de confrontación Centro-periferia, bien servirían para desarrollar nuevas fórmulas poíticas en la relación del Estado con las nacionalidades históricas, contraponiendo el diálogo a la ilegalización por principio de las formaciones vasquistas e izquierdistas, contrarias en sus postulados a la doctrinas ciertamente conservadoras de ciertas formaciones democráticas nacionales.
Hoy de todo aquél espíritu de progreso apenas queda algo, la amnesia impuesta por el régimen de progreso y bienestar ha ocultado en fosas criminales la herencia de la más perfecta forma de gobierno de nuestra historia, en esta coyuntura histórica y social en la que tan deficitarios se está de proyectos democráticos, mientras desde el estado de derecho se condena por principio a las voces disonantes de las autonomías nacionalistas, y se recluye en zulos diminutos a la juventud de una nación condenada al fracaso por las profundas desigualdades que el regímen de un hemofilico contempla.
Setenta y cuatro años desde que un 14 de Abril, España se despertaba republicana, entre las miradas de muerte de los conservadores, y la amargura borbónica por el exilio. Tres cuartos de centuria que en su brevedad condicionada por el golpismo militar, transformaron las estructuras sociales, políticas y culturales de una nación que a partir de ese momento conservaría plena conciencia de la verdadera democracia, el conocimiento de un legado político inagotable que en estos tiempos de confrontación Centro-periferia, bien servirían para desarrollar nuevas fórmulas poíticas en la relación del Estado con las nacionalidades históricas, contraponiendo el diálogo a la ilegalización por principio de las formaciones vasquistas e izquierdistas, contrarias en sus postulados a la doctrinas ciertamente conservadoras de ciertas formaciones democráticas nacionales.
Hoy de todo aquél espíritu de progreso apenas queda algo, la amnesia impuesta por el régimen de progreso y bienestar ha ocultado en fosas criminales la herencia de la más perfecta forma de gobierno de nuestra historia, en esta coyuntura histórica y social en la que tan deficitarios se está de proyectos democráticos, mientras desde el estado de derecho se condena por principio a las voces disonantes de las autonomías nacionalistas, y se recluye en zulos diminutos a la juventud de una nación condenada al fracaso por las profundas desigualdades que el regímen de un hemofilico contempla.





