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Columna de rojo sobre fondo gris
Mis columnas publicadas en Prensa Nacional, DIARIO SIGLO XXI y EL OTRO DIARIO.
Acerca de
Jesus Nieto Jurado, aspirante a periodista, ejerciendo ya como tal, tiene el honor de ser mi amigo, y tengo yo el valor de dedicarle un monólogo. La verdad es que es un tio peculiar. Malagueño, que no alagüeño, de pura cepa, aunque de corazón madrileño, madridista y madridoso y el madroño. Le gusta mucho Madrid, ama Madrid, adora Madrid, desea a Madrid...si hasta la primera vez que vino, que por cierto le hice yo de guía, y eso que soy de Móstoles; le chupó el dedo a la estatua de Colón, acarició los leones de la Cibeles, meó en Neptuno y hasta creo que se fumó un cigarro en en el edificio Windsor; pero de buena fé eh, luego le entraron remordimientos de conciencia y subió a mear pa ver si lo apagaba, y esas eran las sombras que se ven.
Sindicación
 
"Las flechas de Carrillo"
La trágica historia de España, cíclica en su eterno retorno nos devuelve a la orilla del presente, imágenes, gestos y actitudes que creíamos sepultadas bajo el negro lodazal del tiempo, y que cubiertos por una fina capa de polvo de consenso, resurgen como fantasmas del pasado a menos que las circunstancias atisben una luz de progresismo en esta sufrida nación.

Esta semana, como un rayo en una seca noche de estío, el corazón de muchos demócratas se convulsionaba golpeado por la noticia que desde Madrid afirmaba que un grupo de desalmados de ultraderecha, de falangistas azules, de los de los puños y las pistolas había pretendido agredir a Santiago Carrillo, Santos Juliá y demás intelectuales comprometidos en un acto cultural celebrado en una librería de Madrid. Entre la condena cómplice de la derecha y el aplauso de la Falange institucional.

La amenaza, la opaca sombra de la Guerra Civil, por un instante sobrevoló esta España nuestra que por un momento olvidó el problema vasco, el de los pisos diminutos para asistir atónita al resurgimiento fantasmagórico de nuestro peor pasado, fruto maduro y efectivo de una campaña mediática, de micrófonos y púlpitos que encontró en estos salvapatrias, agresores a nonagenarios ilustres, su brazo ejecutor.

Quizá, como siempre ocurre en este país, la historia olvide a los ejecutores de este atentado a la libertad de la nación, quizá este gesto de la derecha patria no sea más que el canto de cisne de una España condenada a desaparecer, pero tengan en cuenta que en la hoguera del odio, del enfrentamiento, han participado crispados columnistas de escaso bagaje moral que bajo el amparo de libros y columnas, día a día y salga el sol por Antequera, inducen a los pronunciamientos decimonónicos de infausta memoria.

Por último, permitan una ingenua cuestión en esta época de persecución a formaciones políticas: ¿Podríamos encontrar indicios que apunten a la Gaviota en la dirección del yugo y las flechas? Ustedes juzguen...

No