"ZP entre el talante y el pragmatismo"
Ahora que se aproxima el aniversario de la llegada del Gobierno socialista al poder, y mientras la esperanza y el dolor se mezclan en el difuso recuerdo de los días posteriores a la masacre terrorista, el columnista se interroga acerca de si las esperanzas depositadas en los denominados socialistas del talante han caído en saco roto o, por el contrario, el futuro de España a corto plazo, 4 años, se le ha otorgado a dirigentes capaces de, al igual que los noventayochistas, regenerar esta “invertebrada España”.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.
Dispénsenme los autoproclamados socialistas de carné que este viejo marxista de 20 años asista con desesperanza al balance anual del Gobierno socialista, pues pese a la utopía de pancartas en los años del apogeo del tiránico Aznar, el nuevo Ejecutivo apenas ha originado leves revuelos con la Santa Sede y concedido más libertad a los homosexuales, medidas que como demócrata convencido, de los del no a la Constitución europea, considero acertadas pero a la par insuficientes para el grueso de la ciudadanía de esta nación de naciones que cada vez más lejos ve el horizonte de la dignidad de sueldos, o de la vivienda en propiedad. Problemas que, por otra parte, tanto Solbes con su tradición ratiniana como Rubalcaba con su espléndida demagogia, se empeñan en disipar.
Quizá, todo este panorama que veo con tal negrura, sea únicamente fruto de la compleja tarea gubernativa que a Zapatero le ha tocado en suerte lidiar, puesto que desde que Marx fue recluido en los Gulags stalinianos, la ideología siempre ha chocado con el infranqueable muro de la economía capitalista, el principal y único causante de los males de este mundo, y a la par responsable subsidiario de tsunamis, terremotos, hambrunas, sequías e inundaciones.
Capitalismo que, paralelamente, es venerado por esa Constitución europea que Zapatero, con manipulaciones periodísticas incluidas, se empeña en que seamos los primeros en ratificar.





