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Columna de rojo sobre fondo gris
Mis columnas publicadas en Prensa Nacional, DIARIO SIGLO XXI y EL OTRO DIARIO.
Acerca de
Jesus Nieto Jurado, aspirante a periodista, ejerciendo ya como tal, tiene el honor de ser mi amigo, y tengo yo el valor de dedicarle un monólogo. La verdad es que es un tio peculiar. Malagueño, que no alagüeño, de pura cepa, aunque de corazón madrileño, madridista y madridoso y el madroño. Le gusta mucho Madrid, ama Madrid, adora Madrid, desea a Madrid...si hasta la primera vez que vino, que por cierto le hice yo de guía, y eso que soy de Móstoles; le chupó el dedo a la estatua de Colón, acarició los leones de la Cibeles, meó en Neptuno y hasta creo que se fumó un cigarro en en el edificio Windsor; pero de buena fé eh, luego le entraron remordimientos de conciencia y subió a mear pa ver si lo apagaba, y esas eran las sombras que se ven.
Sindicación
 
De Sartre a Villepin
El viento arremolinado de la plomiza tarde parisina, traía por las calles empedradas de adoquines toscos ajenos a la playa, las inconfundibles notas de la cadenciosa música de Brel, aquel belga de Montmartre cuya melancolía contagiaba al Sena en su abrazo a la ciudad de la luz.

Las buhardillas de todo París rezumaban amor libre e ideología, mientras que los bulevares eran cada día, cada tarde y cada noche testigos mudas de batallas campales donde el sueño luchaba con gendarmes autómatas, obedientes ciegos de un decadente Charles De Gaulle. Pero era primavera, y cuando los retratos del Che coronaban las habitaciones colmadas de vinilos, la juventud leía despierta y entusiasmada las obras de un francés de difícil mirada pero certera visión, la de un Sastre que aportaba a aquellas fechas de esperanza y adoquines el corpus filosófico necesario para transformar una revolución mental y popular, en un cambio histórico, que como siempre, habría de fracasar ante el ser y la nada de la economía.

Aquellas fechas maravillosas de mayo del 68 resuenan felizmente en el corazón de miles de utópicos, que esperanzados asisten con felicidad y confianza a la debacle de la pesadilla de construir una Europa unida bajo el imperio del poderoso caballero. Los hijos de los franceses que en la primavera parisina no hallaron la playa bajo los adoquines del Pont Neuf, celebran en la Bastilla el descalabro y sepultura de una idea europeísta lejana a Montesquieu o Rosseau .
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