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Columna de rojo sobre fondo gris
Mis columnas publicadas en Prensa Nacional, DIARIO SIGLO XXI y EL OTRO DIARIO.
Acerca de
Jesus Nieto Jurado, aspirante a periodista, ejerciendo ya como tal, tiene el honor de ser mi amigo, y tengo yo el valor de dedicarle un monólogo. La verdad es que es un tio peculiar. Malagueño, que no alagüeño, de pura cepa, aunque de corazón madrileño, madridista y madridoso y el madroño. Le gusta mucho Madrid, ama Madrid, adora Madrid, desea a Madrid...si hasta la primera vez que vino, que por cierto le hice yo de guía, y eso que soy de Móstoles; le chupó el dedo a la estatua de Colón, acarició los leones de la Cibeles, meó en Neptuno y hasta creo que se fumó un cigarro en en el edificio Windsor; pero de buena fé eh, luego le entraron remordimientos de conciencia y subió a mear pa ver si lo apagaba, y esas eran las sombras que se ven.
Sindicación
 
Bien por vos, Argentina
El tibio sol del junio porteño ilumina la ciudad de Buenos Aires, que en estos días del invierno austral refulge con un brillo especial en los rostros y los autos que deambulan entre Avellaneda y Corrientes, entre el Obelisco y el barrio de La Boca.

Hoy, las madres de la Plaza de Mayo, el recordatorio a pardos generales de la necesidad de la memoria en la globalización del olvido, celebran jubilosas la decisión de la Corte Suprema de anular las leyes de Punto Final y el ocaso de la impunidad de los militares católicos, rectos y defensores de la patria.

Hoy, las madres de la Plaza de Mayo levantan sus rostros demacrados por la tristeza eterna, al claro cielo austral, aquel cielo puro por el que no volará más el cóndor del infierno.

Hoy, desde el ventanal del colectivo que me lleva por la Avenida 9 de Julio, contemplo una urbe herida por la historia que se despereza de las heridas del tiempo, de una historia en la que a los secretos los llamaron pasado, y a los genocidas libertadores de la patria.

Quizá, nunca haya viajado más que en sueños a Argentina, quizá demasiado nos una bajo una historia de sangre y fuego a aquel pueblo, pienso, mientras por mis avenidas matritenses, individuos peligrosamente similares a los generales de la Armada desfilan vociferando a los cuatro puntos cardinales veneno de sacristía y homofobia, y en Buenos Aires el coronel tiene quien le escriba: la justicia que le reclama su deuda con el pasado.
 
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