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Aventuras y Desventuras de un MEF rural
La vida diaria de un maestro de educación física en la escuela rural.
ACERCA DE
Después de varios años de pueblo en pueblo, de escuela en escuela he llegado a Náquera en plena Sierra Calderona He vuelto a las montañas.
SINDICACION
 
Las vacaciones
Ahora que a todo el mundo le da por irse a una casita rural, o de excursión, acampadas, a esquiar, etc. a mi me ha dado por quedarme en casa y disfrutar de Valencia con menos gente que de costumbre. Supongo que de alguna manera compenso mi nivel de aire puro inhalado todos estos meses por La Serranía con un poquito de aire urbano con sustancia. Y es que esto de ser maestro rural está muy bien pero no puedo evitar el tirón de la city de vez en cuando. Así que espero que estos días me sirvan para dos cosas, la primera para desconectar del cole y la segunda para volver con ganas de recuperar esos paisajes, que ahora en primavera son una maravilla.
 
Eppur si muove. Pensamientos en voz alta.
De camino a la escuela, en mi coche, por esas carreteras secundarias, hago a veces un repaso mental de cómo van las cosas y me doy cuenta que pasan los días del curso y que se van realizando las sesiones, consiguiendo los objetivos, y uno va sintiendo como su trabajo no cae en saco roto. Las dificultades que se anunciaban y otras imprevistas han hecho que esté atento, activo, dispuesto. Voy aprendiendo cada día, hasta me sorprendo de mi mismo, de mi capacidad de adaptación. Además, cuando salgo al patio y veo ese paisaje…

Los chavales están deseando que llegue el día de EF. ¿Qué nuevos juegos nos enseñará? ¿Iremos al polideportivo? ¿Haremos la sesión con los mayores? ¿Haremos una excursión? ¿Jugaremos un partido? Para ellos es una novedad. La oportunidad de romper la rutina de jugar en la calle sin reglas ni control. Les sorprendería saber lo que les envidiarían los alumnos de ciudad. Tienen una gran riqueza motriz, incluso a veces son temerarios, acostumbrados a trepar a los árboles, saltar zanjas o cazar bichos. Son muy activos, inquietos, habladores. Algunos de ellos son hermanos o primos, están todo el día juntos y esto hace que se peleen por cualquier tontería pero nunca llegan a la violencia gratuita. La verdad es que se nota la diferencia con los chavales de ciudad.

Tengo libertad absoluta para desarrollar mi programación, hacer cambios o proponer nuevas actividades. Incluso a veces a conveniencia mía o del tutor cambiamos el orden de las clases o su duración. En alguna ocasión que he coincidido con el maestro de música hemos improvisado una sesión de danzas con los dos grupos juntos. Esta flexibilidad no la he encontrado en centros urbanos. Cuando llueve, como no tenemos gimnasio, nos vamos al aula y trabajamos fichas que tengo preparadas para la ocasión, o hacemos algún paquete de CLIC en el ordenador, jugamos al ajedrez o incluso vemos alguna película de deportes. En primavera salimos al campo y hacemos un recorrido hasta la cima de la montaña, la nevera o la fuente. Llevamos brújulas, mapas, cantimploras y pequeñas mochilas. La orientación espacial, la higiene o la resistencia aeróbica se explican por si solas.

Un día a la semana no hay clase por la tarde. Si no tenemos ningún curso de formación del profesorado en el mismo centro, aprovechamos para reunirnos y tener reuniones de ciclo, de coordinación pedagógica o claustro. A menudo alguien trae dulces caseros o típicos de su pueblo y pasamos un ratito agradable. También utilizamos esas horas para recibir las visitas, del inspector, del asesor rural del Cefire e incluso de algún informador sindicalista. Para que nadie se ofenda, cambiamos de aulario cada mes, de este modo también podemos descubrir algún mural de decoración para las fiestas, las producciones de los niños de ese aulario y por qué no, compartir ideas y materiales. Yo como itinerante encuentro cada centro como propio, aunque siempre aquel al cual estás adscrito parece que te tira un poquito más.

Parece que el hecho de estar algo aislado hace que busques compañía con más interés. Cuándo he coincidido con otro MEF en un mismo centro (urbano, claro) no siempre hemos buscado colaborar. Sin embargo ahora me gustaría hacerlo, sobre todo con otros MEF de CEERs. De hecho desde la asesoría de EF del Cefire de Godella se nos convocó a una reunión a todos los MEF de la comarca y de ahí ha surgido un posible grupo de trabajo e incluso puede que organicemos unas jornadas de intercambio de experiencias. Desde luego aquello de que cada maestrillo tiene su librillo, en la EF de las escuelas rurales aún “lo tiene” más y sería muy enriquecedor compartirlo.
 
Nueva Escuela
En Domeño. Y es preciosa. Todo aquel que conoció la vieja escuela se sorprende de que el mismo espacio haya sido tan bien aprovechado. Mucha madera, paredes de cristal, azulejos de colores en los baños, techos altos, pasillos anchos, almacenes, aulas de todo tipo, tres patios, un laboratorio totalmente equipado, comedor... No todos los días uno estrena una escuela, y la verdad es que da tanto gusto que por un momento te apetece volver a ser alumno y escribir en esas enormes pizarras que llegan hasta el suelo, pinchar dibujos en las paredes de corcho, colocar tus libros en la libreria-casillero de madera, navegar por internet en los ordenadores de la biblioteca, casi ná. El año pasado también tuve la suerte de inaugurar la escuela nueva de Gorga. Pasamos de dar clase en el edificio del ayuntamiento (la plaza del pueblo y la calle de la iglesia eran nuestro patio) a disfrutar de una escuela pequeñita pero resultona que no tenía nada que ver con la anterior.
Sin embargo siempre hay un pero y helo aquí, ¿pero... por qué los arquitectos, políticos, o quien corresponda, no tienen en cuenta la opinión de los maestros y alumnos que vamos a habitarla? ¿Es que cuesta mucho tiempo, trabajo o dinero consultarnos? ¿o es simplemente indiferencia? Me explico. No hablo de elegir los colores de la pared del despacho o el modelo de cortinas sino de elementos, detalles, que en el día a día de la escuela son importantes. Por ejemplo: Si no hay un espacio concreto para hacer educación física, ¿no sería lógico que al menos el patio sea de piso firme y no de grava como ocurría en Gorga? o ¿por qué no se pintan las líneas de un campo de balonmano, baloncesto y voley en el pista de EF en lugar de dejarla tal cual? o que para evitar que se entre en la escuela en actividades extraescolares, tiempo de recreo o comedor ¿no sería más cómodo, límpio y seguro haber construido unos lavabos exteriores? y aunque quede muy moderno y esteticamente bonito, lo de tanto cristal a ras de suelo, incluso en la escalera ¿no es una invitación a estampar los dedos pringosos de bocata?. Por cierto, ¿a que lumbrera se le ha ocurrido colocar el parking de los maestros justo en el patio sin ningún tipo de separación más que unas líneas en el suelo? y por último, si la idea de hacer un gimnasio es la de construirlo con un suelo de hormigón con azulejos en las paredes y cuatro puertas de garaje enormes a modo de pared, eso si, con ventilación de rejilla natural en lo alto, pues nada, a formar campeones olímpicos tipo Esparta.
Si, ya se, me quejo por vicio. Muchos de mis compañeros y yo mismo nos daríamos con un canto en los dientes si todos los coles fueran así pero si se pueden hacer un poco mejor las cosas, pues tanto mejor ¿no?.