Temas Transversales
De excursión a la casa Andenia. El lunes por la mañana, de nueve a una. Seis kilómetros ida y vuelta. Tres horas y cinco minutos. Parando cada quince minutos para completar los diferentes apartados de una ficha que habíamos preparado entre Patricia, la tutora de primer ciclo, y yo (un folio doblado a modo de minicuaderno). Y contando también el descanso para almorzar y la visita a la Fuente Lama. Parecía algo extraño que la caminata la emprendiéramos los de primero y segundo de primaria y los de primero y segundo de ESO. Los más pequeños y los más grandes. La propuesta fue para todos los ciclos pero por unas cosas u otras los demás no se apuntaron a la aventura. Adela, la tutora de ESO, resultó ser una botánica de primera categoría, descubriéndonos las diferentes plantas y arbustos que encontrábamos por el camino. Los chavales cogieron algunas muestras para estudiarlas en clase. Uno de los ejercicios de la ficha les preguntaba acerca de éstas, de los cultivos de la zona y de los recursos naturales. En otra de sus caras, se planteaba una reflexión sobre el aprovechamiento del agua, aprovechando (valga la redundancia) que pasábamos por una pequeña central hidroeléctrica. Una tercera cara nos servía para completar datos sobre el itinerario: origen y destino, tiempo empleado, desnivel y pulsaciones por minuto al acabar cada tramo. En la última cara de la ficha, un espacio para dibujar la casona para los más pequeños y unas preguntas sobre su función, origen, estructura... para los mayores. Todo eso además del trabajo que hacemos por el camino. Charlas sobre el respeto a la naturaleza, canciones, preguntas curiosas sobre cualquier cosa, historias de casas encantadas, etc. Así que sin comerlo ni beberlo la excursión nos ha servido para tratar cuestiones sobre electricidad, fisiología, botánica, meteorología, plástica, biología, literatura, historia, ética... Bueno, sinceramente, algo de mala intención por parte de Patricia y de mi, si que había...y es que los maestros no dejamos escapar ni una para hacer pensar a los niños... ¡mira que somos! ¿en la excursión también hay que escribir? Joooo… decía uno de los peques…Y con premeditación y alevosía. Fuimos unos días antes a recorrer el camino, determinar los tramos, tomar ideas para la ficha. Después la editamos en word, la imprimimos y la fotocopiamos. Ahora que ya han pasado unos días he preguntado a Adela y Patricia por los comentarios de los chavales y por el trabajo posterior en el aula. Las dos están satisfechas y los chavales también. Algunos de ellos nunca habían ido hasta allí pese a la cercanía al pueblo. Así que todos encantados, como la casona, yo el primero...¡buuuuuuhhhh!
Gestalgar desde el aire
Un artículo de Alfons Cervera, nacido en Gestalgar, en el diario Levante:
El corazón de la tierra se ve mejor desde lo alto, como si volaras en un avión a la velocidad lenta de las liebres cuando nadie las acosa. Era la primera vez que Gestalgar se veía desde tan arriba, desde tan alto como lo veíamos aquella mañana de sábado. Muchas veces lo hemos tenido a nuestros pies, subidos a las puntas del Palomar o desde las murallas rotas del castillo. Desde cualquier lugar, el pueblo es hermoso, recostado en la ladera del monte, buscando las huertas del Rajolar y el descenso a ratos agreste del agua hacia la ermita. Atrás las ruinas del puente romano, se multiplican las sendas y los parajes a que ellas conducen. La casona de la Andenia de donde en una novela me inventé que salía todas las noches un fantasma, la barranquera del Prau bajo una pared lisa donde ensayan sus peligros los escaladores del domingo, las lomas rojas de Gabaldón, los cortados de Pera jodidos por el incendio furioso de un verano, esa meseta irrepetible de Marjana en cuyos sembrados bajo la bocacha espía de la Cueva de los Diablos tantos viejos del lugar se dejaron la piel en los inviernos. Y sobre todo, entre el salto de agua y la presa vieja, a la espalda la cabeza de Napoleón esculpida en la roca, esa mole imperturbable de la Peña María, como un gigante de piedra con los pies enormes hundidos en el río. Desde lo alto desfilaba el pueblo entero por una pequeña pantalla. El aire llenaba de pronto sus pulmones y las casas se ponían a respirar el oxígeno puro de una tierra aún no destrozada por las excavadoras que arruinan otros lugares de la Serranía. En Gestalgar todavía no, aquí aún nos salvamos de esa salvaje devastación que sufren nuestros montes. Desde el aire, en aquellas imágenes de ordenador que había construido estupendamente Patricia Sánchez, una joven del pueblo, el paisaje saltaba como una cabra loca de nuestros ojos embobados a ese recóndito lugar donde alguien dice que todo lo que vemos es fruto de la ensoñación. Aquella mañana de sábado era como si todos los sitios que a simple vista nos conocemos al dedillo surgieran de pronto como algo diferente, desconocidos en su nueva envergadura de perdiz aterrizando tranquila por las trochas de los Llanos, grandes como son grandes algunos pueblos pequeños como el mío vistos ahora con el telescopio que Patricia había dispuesto para que no nos perdiéramos detalle. Aquel día supimos que el corazón de la tierra se ve mejor desde lo alto, que desde el aire se escucha con más fuerza el bombeo incansable y tenaz de su musculatura, que a veces el destino del mundo se lee en una simple imagen que vuela lenta y rojiza cerca de las nubes. Yo sigo ahí, enganchado a la pequeña pantalla de aquel sábado, con ese poema sideral, como diría Rubén Darío, dando vueltas y más vueltas por mi cabeza, deslumbrante, brincando libre y rebelde por el laberinto de los sueños.
El corazón de la tierra se ve mejor desde lo alto, como si volaras en un avión a la velocidad lenta de las liebres cuando nadie las acosa. Era la primera vez que Gestalgar se veía desde tan arriba, desde tan alto como lo veíamos aquella mañana de sábado. Muchas veces lo hemos tenido a nuestros pies, subidos a las puntas del Palomar o desde las murallas rotas del castillo. Desde cualquier lugar, el pueblo es hermoso, recostado en la ladera del monte, buscando las huertas del Rajolar y el descenso a ratos agreste del agua hacia la ermita. Atrás las ruinas del puente romano, se multiplican las sendas y los parajes a que ellas conducen. La casona de la Andenia de donde en una novela me inventé que salía todas las noches un fantasma, la barranquera del Prau bajo una pared lisa donde ensayan sus peligros los escaladores del domingo, las lomas rojas de Gabaldón, los cortados de Pera jodidos por el incendio furioso de un verano, esa meseta irrepetible de Marjana en cuyos sembrados bajo la bocacha espía de la Cueva de los Diablos tantos viejos del lugar se dejaron la piel en los inviernos. Y sobre todo, entre el salto de agua y la presa vieja, a la espalda la cabeza de Napoleón esculpida en la roca, esa mole imperturbable de la Peña María, como un gigante de piedra con los pies enormes hundidos en el río. Desde lo alto desfilaba el pueblo entero por una pequeña pantalla. El aire llenaba de pronto sus pulmones y las casas se ponían a respirar el oxígeno puro de una tierra aún no destrozada por las excavadoras que arruinan otros lugares de la Serranía. En Gestalgar todavía no, aquí aún nos salvamos de esa salvaje devastación que sufren nuestros montes. Desde el aire, en aquellas imágenes de ordenador que había construido estupendamente Patricia Sánchez, una joven del pueblo, el paisaje saltaba como una cabra loca de nuestros ojos embobados a ese recóndito lugar donde alguien dice que todo lo que vemos es fruto de la ensoñación. Aquella mañana de sábado era como si todos los sitios que a simple vista nos conocemos al dedillo surgieran de pronto como algo diferente, desconocidos en su nueva envergadura de perdiz aterrizando tranquila por las trochas de los Llanos, grandes como son grandes algunos pueblos pequeños como el mío vistos ahora con el telescopio que Patricia había dispuesto para que no nos perdiéramos detalle. Aquel día supimos que el corazón de la tierra se ve mejor desde lo alto, que desde el aire se escucha con más fuerza el bombeo incansable y tenaz de su musculatura, que a veces el destino del mundo se lee en una simple imagen que vuela lenta y rojiza cerca de las nubes. Yo sigo ahí, enganchado a la pequeña pantalla de aquel sábado, con ese poema sideral, como diría Rubén Darío, dando vueltas y más vueltas por mi cabeza, deslumbrante, brincando libre y rebelde por el laberinto de los sueños.
Clase multiedad
De primero tres chicos, uno de ellos con ese armazón en las piernas para mantenerlas separadas. Los tres son de lo más movido. De segundo tres chicas. De tercero cuatro chicos (uno de ellos con un nivel motriz sensiblemente inferior aún por diagnosticar, probablemente una ataxia) y una chica (rumana recién llegada). De cuarto dos niñas. Y todos juntos, los 13, para mí tres horas por semana. Decidimos que los de segundo ciclo también hicieran tres horas.
Estas semanas toca trabajo de coordinación óculo-pédica, o sea, fútbol. La sesión de hoy ha empezado (después del calentamiento) con tres grupos 4-4-5 haciendo un rondo con un balón de fútbol-sala (de los que acabo de comprar) con dos toques, parada y pase. Luego repetimos con pero con un solo toque. Después de un ratito los tres grupos se han convertido en dos y por último en uno. Es curioso observar como la diferencia de nivel es mayor en relación al sexo que a la edad. Uno de los niños de primero es mucho más hábil que una de las de cuarto. Teorías al respecto hay cien. Yo apunto una, falta de costumbre.
El último cuarto de hora… ¡partido! Para elegir los componentes de cada equipo suelo tomar a dos de los más o de los menos hábiles de modo que no vayan en el mismo equipo. Juegan conmigo de árbitro. Se ponen eufóricos cuando meten gol, alguno se burla del otro, se riñen los del mismo equipo…Pito el final y les pongo en dos filas enfrentadas. Les explico lo de la deportividad, lo del respeto al contrario y lo de que cada uno hace las cosas lo mejor que sabe. Se dan la mano y se van para la clase a asearse. Antes de entrar hay dos empujones, tres insultos y dos burlas. Lo he intentado, lo de la vuelta a la calma, quiero decir. Y es que esto de las teórias de la eduación está muy bien para las tesis doctorales pero para el patio nuestro de cada día...
Estas semanas toca trabajo de coordinación óculo-pédica, o sea, fútbol. La sesión de hoy ha empezado (después del calentamiento) con tres grupos 4-4-5 haciendo un rondo con un balón de fútbol-sala (de los que acabo de comprar) con dos toques, parada y pase. Luego repetimos con pero con un solo toque. Después de un ratito los tres grupos se han convertido en dos y por último en uno. Es curioso observar como la diferencia de nivel es mayor en relación al sexo que a la edad. Uno de los niños de primero es mucho más hábil que una de las de cuarto. Teorías al respecto hay cien. Yo apunto una, falta de costumbre.
El último cuarto de hora… ¡partido! Para elegir los componentes de cada equipo suelo tomar a dos de los más o de los menos hábiles de modo que no vayan en el mismo equipo. Juegan conmigo de árbitro. Se ponen eufóricos cuando meten gol, alguno se burla del otro, se riñen los del mismo equipo…Pito el final y les pongo en dos filas enfrentadas. Les explico lo de la deportividad, lo del respeto al contrario y lo de que cada uno hace las cosas lo mejor que sabe. Se dan la mano y se van para la clase a asearse. Antes de entrar hay dos empujones, tres insultos y dos burlas. Lo he intentado, lo de la vuelta a la calma, quiero decir. Y es que esto de las teórias de la eduación está muy bien para las tesis doctorales pero para el patio nuestro de cada día...
Oposiciones a maestro (II) rural?
Ah! nooo.., si no hay oposiciones a maestro rural. ¿Por qué habría de haberlas? Si hay incluso quien dice que esto de la escuela rural no existe. Y parece que tiene razón quien lo diga. Sin ir más lejos dentro de los 25 temas sobre EF de la oposición no hay ninguno sobre el tratamiento del área en entornos rurales. Si, es cierto, se habla de actividades en el medio natural o de las posibilidades de organización de grupos, pero no desde la perspectiva de una escuela rural. Por descontado que a nadie se le ocurre plantear su programación encuadrada en una escuela rural y tener que defender unas unidades didácticas con grupos multiedad, escaso material u horarios imposibles delante de un tribunal. Tampoco en la fase de concurso se contempla algún apartado donde al igual que ocurre en el concurso de traslados, se valore más la experiencia en centros de especial dificultad como pudiera ser una unitaria, un CRA, etc.
Menos mal que la formación que recibes durante la Diplomatura SI que te prepara para ser tutor-director de una unitaria, o itinerante de educación física, o tutor-especialista; y a trabajar a la vez con alumnos de 6 y 12 años; o a impartir una clase de hora y media. Es broma!!! Incrédulos…seguro que por un momento alguien ha respirado tranquilo. Pues lo siento. Nada más lejos de la realidad. Salvo contadas excepciones, esto no ocurre así. Y luego allá te las apañes tu y tu capacidad de reacción.
Menos mal que la formación que recibes durante la Diplomatura SI que te prepara para ser tutor-director de una unitaria, o itinerante de educación física, o tutor-especialista; y a trabajar a la vez con alumnos de 6 y 12 años; o a impartir una clase de hora y media. Es broma!!! Incrédulos…seguro que por un momento alguien ha respirado tranquilo. Pues lo siento. Nada más lejos de la realidad. Salvo contadas excepciones, esto no ocurre así. Y luego allá te las apañes tu y tu capacidad de reacción.
Oposiciones a Maestro
La primera vez que me presenté fue en junio de 1999. En la fase de concurso me quedé sin plaza y pase a bolsa de interinos. Nunca me llamaron a trabajar. De manera que no sirvió para nada todo mi esfuerzo. Aún hoy no se como pudo ser que no se me llamara para alguna sustitución. No me quedó más remedio que volver a presentarme el año siguiente. Resultado: el mismo. Bueno, casi. Esta vez si me llamaron, el 29 de Noviembre empecé a trabajar en Salem, un pueblecito de la Vall d'Albaida, dentro del CRA Serra del Benicadell.
El año pasado decidí volver a intentarlo. Las razones han sido varias. Una, estaba destinado en La Torre de les Maçanes, vivía allí de lunes a viernes. A las cinco y cinco minutos estaba en casa aburrido como una ostra. Sin ningún tipo de entretenimiento cultural o deportivo, decidí aprovechar el tiempo y estudiar, bueno re-estudiar el temario. Además esta vez parecía más fácil. El primer examen solo consistía en el teórico de la especialidad. El práctico había cambiado. Se mantenía la prueba de expresión pero en vez de las pruebas físicas se incorporaba un examen escrito de carácter práctico. De cinco supuestos basados en situaciones o circunstancias que hacían referencia a escuelas, alumnos, programaciones, materiales, etc. el tribunal sorteaba dos que debían ser solucionados en dos horas. Para mi era mejor que correr durante 12 minutos. Por último, en la tercera parte, exponías una programación didáctica hecha por ti y defendías una de las 15 u.d de que debía constar. El concurso también cambió. Ahora aumentaban los puntos por años de trabajo y no se distinguía entre experiencia en distintas especialidades o primaria. Todo a mi favor. Y aprobé. A pesar de la incoherencia y sinsentido de este tipo de pruebas. Lo de que valga igual un minuto haciendo de Nacho Duato que dos horas de examen práctico escrito es surreal. Y eso es solo un ejemplo.
Este año creo que se mantiene la misma estructura. Y como entonces parece mas fácil aprobar si eres interino ya que los puntos por experiencia pesan mucho sobre el total.Conclusión: Si estudias en serio, apruebas los exámenes y superas la fase de oposición. Para sacar buena nota además necesitas caer simpático, ir a por todas, no tener vergüenza, no ponerte nervioso, tratar al tribunal con respeto pero con confianza, de tu a tu, distinguirte del resto en algún detalle, etc. Pero si la estructura del concurso-oposición, (el peso de cada fase, la distribución de puntos de concurso en cada apartado, etc.) no te va bién (por falta de puntos de experiencia, cursillos, idiomas, etc.) no sacas plaza ni a la de tres. Así que recomiendo a todo aquel que se presente que antes de nada vea la convocatoria, las fases, los puntos, etc. y que si aún teniendo menos de 4 puntos en la fase de concurso quiere seguir adelante, pues nada, que la fuerza le acompañe. Hay quien ha aprobado con menos, haberlos, haylos.
El año pasado decidí volver a intentarlo. Las razones han sido varias. Una, estaba destinado en La Torre de les Maçanes, vivía allí de lunes a viernes. A las cinco y cinco minutos estaba en casa aburrido como una ostra. Sin ningún tipo de entretenimiento cultural o deportivo, decidí aprovechar el tiempo y estudiar, bueno re-estudiar el temario. Además esta vez parecía más fácil. El primer examen solo consistía en el teórico de la especialidad. El práctico había cambiado. Se mantenía la prueba de expresión pero en vez de las pruebas físicas se incorporaba un examen escrito de carácter práctico. De cinco supuestos basados en situaciones o circunstancias que hacían referencia a escuelas, alumnos, programaciones, materiales, etc. el tribunal sorteaba dos que debían ser solucionados en dos horas. Para mi era mejor que correr durante 12 minutos. Por último, en la tercera parte, exponías una programación didáctica hecha por ti y defendías una de las 15 u.d de que debía constar. El concurso también cambió. Ahora aumentaban los puntos por años de trabajo y no se distinguía entre experiencia en distintas especialidades o primaria. Todo a mi favor. Y aprobé. A pesar de la incoherencia y sinsentido de este tipo de pruebas. Lo de que valga igual un minuto haciendo de Nacho Duato que dos horas de examen práctico escrito es surreal. Y eso es solo un ejemplo.
Este año creo que se mantiene la misma estructura. Y como entonces parece mas fácil aprobar si eres interino ya que los puntos por experiencia pesan mucho sobre el total.Conclusión: Si estudias en serio, apruebas los exámenes y superas la fase de oposición. Para sacar buena nota además necesitas caer simpático, ir a por todas, no tener vergüenza, no ponerte nervioso, tratar al tribunal con respeto pero con confianza, de tu a tu, distinguirte del resto en algún detalle, etc. Pero si la estructura del concurso-oposición, (el peso de cada fase, la distribución de puntos de concurso en cada apartado, etc.) no te va bién (por falta de puntos de experiencia, cursillos, idiomas, etc.) no sacas plaza ni a la de tres. Así que recomiendo a todo aquel que se presente que antes de nada vea la convocatoria, las fases, los puntos, etc. y que si aún teniendo menos de 4 puntos en la fase de concurso quiere seguir adelante, pues nada, que la fuerza le acompañe. Hay quien ha aprobado con menos, haberlos, haylos.
Homenaje al Maestro
Ahí va el texto de Marina
De los recuerdos de nuestra infancia emerge siempre la clara figura de una maestra o de un maestro, con quien tenemos pendiente una deuda de gratitud. Suele ocurrir que tardamos mucho en darnos cuenta de su influencia benefactora, y para entonces aquellas personas que sirvieron de puente entre la familia y la sociedad, que suavizaron el desamparo de los primeros días de escuela y nos llevaron de la mano por los laberintos del abecedario y la cultura habrán desaparecido ya de nuestras vidas. Un homenaje al maestro puede servir para pagar esta deuda de gratitud. Es por ello un acto de justicia poética.
Pero también es un acto de justicia real, porque tiene que servir para llamar la atención de la sociedad hacia una profesión que, por esa inversión de prestigios que desdichadamente sufrimos, pasa inadvertida o menospreciada. Otras admiraciones más espectaculares nos hacen ser mezquinos al valorar a las personas que nos enseñaron las primeras letras, que nos obligaron, con una conmovedora paciencia, a dominar nuestra atención, tan propensa a irse por las nubes, para fijarla en el encerado o el cuaderno. Para el niño, ellos son los máximos representantes de la cultura, y, para todos, los grandes funcionarios de la Humanidad. Supieron hacernos pasar de un mundo de afectos privados a un mundo de afectos sociales, y nos convirtieron en pequeños ciudadanos, al enseñarnos las normas compartidas.
El maestro necesita autoridad para poder ejercer bien su cometido, y esa autoridad sólo puede recibirla de un generoso y constante apoyo social. Un homenaje al maestro se convierte así en una eficaz colaboración pedagógica. Y también en una demostración de inteligencia ciudadana. La sabiduría de una sociedad, su estatura ética, se demuestra en los modos de conferir prestigios o distinciones. Cuando esos reconocimientos se dan a quienes no los merecen, o dejan de darse a quien los merecía, se produce una corrupción social, un empequeñecimiento que a todos nos empequeñece. Al homenajear al maestro estamos ennobleciendo el espacio de nuestra convivencia.
A los adultos nos invade muchas veces el desaliento ante el futuro, un cierto cansancio de lo porvenir. Entonces deberíamos recordar la figura del maestro, que es el profesional de la esperanza, el incansable, humilde y magnífico cuidador del futuro. Con la misma tenacidad con que el árbol florece en primavera, él volverá a enseñar que dos por dos son cuatro. Nos convendría a todos regresar por un momento a ese ámbito animoso y cordial. Este homenaje puede servir también para reavivar nuestra esperanza.
Por todas estas razones, de justicia, de sabiduría, de propio interés, invitamos a niños y a adultos, a padres e hijos, a participar en un homenaje nacional e intergeneracional al maestro.
Ya hace algún tiempo de este escrito pero está bien recordarlo de vez en cuando ¿no?
De los recuerdos de nuestra infancia emerge siempre la clara figura de una maestra o de un maestro, con quien tenemos pendiente una deuda de gratitud. Suele ocurrir que tardamos mucho en darnos cuenta de su influencia benefactora, y para entonces aquellas personas que sirvieron de puente entre la familia y la sociedad, que suavizaron el desamparo de los primeros días de escuela y nos llevaron de la mano por los laberintos del abecedario y la cultura habrán desaparecido ya de nuestras vidas. Un homenaje al maestro puede servir para pagar esta deuda de gratitud. Es por ello un acto de justicia poética.
Pero también es un acto de justicia real, porque tiene que servir para llamar la atención de la sociedad hacia una profesión que, por esa inversión de prestigios que desdichadamente sufrimos, pasa inadvertida o menospreciada. Otras admiraciones más espectaculares nos hacen ser mezquinos al valorar a las personas que nos enseñaron las primeras letras, que nos obligaron, con una conmovedora paciencia, a dominar nuestra atención, tan propensa a irse por las nubes, para fijarla en el encerado o el cuaderno. Para el niño, ellos son los máximos representantes de la cultura, y, para todos, los grandes funcionarios de la Humanidad. Supieron hacernos pasar de un mundo de afectos privados a un mundo de afectos sociales, y nos convirtieron en pequeños ciudadanos, al enseñarnos las normas compartidas.
El maestro necesita autoridad para poder ejercer bien su cometido, y esa autoridad sólo puede recibirla de un generoso y constante apoyo social. Un homenaje al maestro se convierte así en una eficaz colaboración pedagógica. Y también en una demostración de inteligencia ciudadana. La sabiduría de una sociedad, su estatura ética, se demuestra en los modos de conferir prestigios o distinciones. Cuando esos reconocimientos se dan a quienes no los merecen, o dejan de darse a quien los merecía, se produce una corrupción social, un empequeñecimiento que a todos nos empequeñece. Al homenajear al maestro estamos ennobleciendo el espacio de nuestra convivencia.
A los adultos nos invade muchas veces el desaliento ante el futuro, un cierto cansancio de lo porvenir. Entonces deberíamos recordar la figura del maestro, que es el profesional de la esperanza, el incansable, humilde y magnífico cuidador del futuro. Con la misma tenacidad con que el árbol florece en primavera, él volverá a enseñar que dos por dos son cuatro. Nos convendría a todos regresar por un momento a ese ámbito animoso y cordial. Este homenaje puede servir también para reavivar nuestra esperanza.
Por todas estas razones, de justicia, de sabiduría, de propio interés, invitamos a niños y a adultos, a padres e hijos, a participar en un homenaje nacional e intergeneracional al maestro.
Ya hace algún tiempo de este escrito pero está bien recordarlo de vez en cuando ¿no?





