Eppur si muove. Pensamientos en voz alta.
De camino a la escuela, en mi coche, por esas carreteras secundarias, hago a veces un repaso mental de cómo van las cosas y me doy cuenta que pasan los días del curso y que se van realizando las sesiones, consiguiendo los objetivos, y uno va sintiendo como su trabajo no cae en saco roto. Las dificultades que se anunciaban y otras imprevistas han hecho que esté atento, activo, dispuesto. Voy aprendiendo cada día, hasta me sorprendo de mi mismo, de mi capacidad de adaptación. Además, cuando salgo al patio y veo ese paisaje…
Los chavales están deseando que llegue el día de EF. ¿Qué nuevos juegos nos enseñará? ¿Iremos al polideportivo? ¿Haremos la sesión con los mayores? ¿Haremos una excursión? ¿Jugaremos un partido? Para ellos es una novedad. La oportunidad de romper la rutina de jugar en la calle sin reglas ni control. Les sorprendería saber lo que les envidiarían los alumnos de ciudad. Tienen una gran riqueza motriz, incluso a veces son temerarios, acostumbrados a trepar a los árboles, saltar zanjas o cazar bichos. Son muy activos, inquietos, habladores. Algunos de ellos son hermanos o primos, están todo el día juntos y esto hace que se peleen por cualquier tontería pero nunca llegan a la violencia gratuita. La verdad es que se nota la diferencia con los chavales de ciudad.
Tengo libertad absoluta para desarrollar mi programación, hacer cambios o proponer nuevas actividades. Incluso a veces a conveniencia mía o del tutor cambiamos el orden de las clases o su duración. En alguna ocasión que he coincidido con el maestro de música hemos improvisado una sesión de danzas con los dos grupos juntos. Esta flexibilidad no la he encontrado en centros urbanos. Cuando llueve, como no tenemos gimnasio, nos vamos al aula y trabajamos fichas que tengo preparadas para la ocasión, o hacemos algún paquete de CLIC en el ordenador, jugamos al ajedrez o incluso vemos alguna película de deportes. En primavera salimos al campo y hacemos un recorrido hasta la cima de la montaña, la nevera o la fuente. Llevamos brújulas, mapas, cantimploras y pequeñas mochilas. La orientación espacial, la higiene o la resistencia aeróbica se explican por si solas.
Un día a la semana no hay clase por la tarde. Si no tenemos ningún curso de formación del profesorado en el mismo centro, aprovechamos para reunirnos y tener reuniones de ciclo, de coordinación pedagógica o claustro. A menudo alguien trae dulces caseros o típicos de su pueblo y pasamos un ratito agradable. También utilizamos esas horas para recibir las visitas, del inspector, del asesor rural del Cefire e incluso de algún informador sindicalista. Para que nadie se ofenda, cambiamos de aulario cada mes, de este modo también podemos descubrir algún mural de decoración para las fiestas, las producciones de los niños de ese aulario y por qué no, compartir ideas y materiales. Yo como itinerante encuentro cada centro como propio, aunque siempre aquel al cual estás adscrito parece que te tira un poquito más.
Parece que el hecho de estar algo aislado hace que busques compañía con más interés. Cuándo he coincidido con otro MEF en un mismo centro (urbano, claro) no siempre hemos buscado colaborar. Sin embargo ahora me gustaría hacerlo, sobre todo con otros MEF de CEERs. De hecho desde la asesoría de EF del Cefire de Godella se nos convocó a una reunión a todos los MEF de la comarca y de ahí ha surgido un posible grupo de trabajo e incluso puede que organicemos unas jornadas de intercambio de experiencias. Desde luego aquello de que cada maestrillo tiene su librillo, en la EF de las escuelas rurales aún “lo tiene” más y sería muy enriquecedor compartirlo.
Los chavales están deseando que llegue el día de EF. ¿Qué nuevos juegos nos enseñará? ¿Iremos al polideportivo? ¿Haremos la sesión con los mayores? ¿Haremos una excursión? ¿Jugaremos un partido? Para ellos es una novedad. La oportunidad de romper la rutina de jugar en la calle sin reglas ni control. Les sorprendería saber lo que les envidiarían los alumnos de ciudad. Tienen una gran riqueza motriz, incluso a veces son temerarios, acostumbrados a trepar a los árboles, saltar zanjas o cazar bichos. Son muy activos, inquietos, habladores. Algunos de ellos son hermanos o primos, están todo el día juntos y esto hace que se peleen por cualquier tontería pero nunca llegan a la violencia gratuita. La verdad es que se nota la diferencia con los chavales de ciudad.
Tengo libertad absoluta para desarrollar mi programación, hacer cambios o proponer nuevas actividades. Incluso a veces a conveniencia mía o del tutor cambiamos el orden de las clases o su duración. En alguna ocasión que he coincidido con el maestro de música hemos improvisado una sesión de danzas con los dos grupos juntos. Esta flexibilidad no la he encontrado en centros urbanos. Cuando llueve, como no tenemos gimnasio, nos vamos al aula y trabajamos fichas que tengo preparadas para la ocasión, o hacemos algún paquete de CLIC en el ordenador, jugamos al ajedrez o incluso vemos alguna película de deportes. En primavera salimos al campo y hacemos un recorrido hasta la cima de la montaña, la nevera o la fuente. Llevamos brújulas, mapas, cantimploras y pequeñas mochilas. La orientación espacial, la higiene o la resistencia aeróbica se explican por si solas.
Un día a la semana no hay clase por la tarde. Si no tenemos ningún curso de formación del profesorado en el mismo centro, aprovechamos para reunirnos y tener reuniones de ciclo, de coordinación pedagógica o claustro. A menudo alguien trae dulces caseros o típicos de su pueblo y pasamos un ratito agradable. También utilizamos esas horas para recibir las visitas, del inspector, del asesor rural del Cefire e incluso de algún informador sindicalista. Para que nadie se ofenda, cambiamos de aulario cada mes, de este modo también podemos descubrir algún mural de decoración para las fiestas, las producciones de los niños de ese aulario y por qué no, compartir ideas y materiales. Yo como itinerante encuentro cada centro como propio, aunque siempre aquel al cual estás adscrito parece que te tira un poquito más.
Parece que el hecho de estar algo aislado hace que busques compañía con más interés. Cuándo he coincidido con otro MEF en un mismo centro (urbano, claro) no siempre hemos buscado colaborar. Sin embargo ahora me gustaría hacerlo, sobre todo con otros MEF de CEERs. De hecho desde la asesoría de EF del Cefire de Godella se nos convocó a una reunión a todos los MEF de la comarca y de ahí ha surgido un posible grupo de trabajo e incluso puede que organicemos unas jornadas de intercambio de experiencias. Desde luego aquello de que cada maestrillo tiene su librillo, en la EF de las escuelas rurales aún “lo tiene” más y sería muy enriquecedor compartirlo.
Comentario:
Et recorde que estem acaban les jornades de Pilota Valenciana, xiquet, i no dius res!!!!ajajajaja. Bo, potser si amés del que contes, us quedeu sense el servei que els últims 5 anys heu rebut per part de l'assessoria del Cefire de Sagunt/Godella. No són bones notícies però, sempre quedarà l'esperança que l'estimat Antonio es faça càrrec de la de Rural el proper curs i amb això que és especialista d'E.F. puga fer el que no faran altres de ben segur. Si no al temps.
Una abraçada companys i companyes que tanta admiració em provoqueu.
Àngel
Una abraçada companys i companyes que tanta admiració em provoqueu.
Àngel