22 de Junio
¡22 de Junio! Es su cumpleaños..., me digo en silencio. Su cumpleaños...
Tengo que llamarle, no tiene sentido no hacerlo, qué menos que una llamada para una persona con la que he pasado tanto tiempo.
Esta vez, este día tiene un sabor distinto, un sabor amargo. Los cuatro últimos años los pasé a su lado, dejándome la piel porque fuera un día muy especial, preparándole fiestas sorpresas, regalándole lo que deseaba, sin separarme un segundo de él y sobre todo haciéndole ver lo especial que era para mi, lo especial que es para el mundo. Tiene ángel, siempre lo supe, siempre se lo dije, aunque él no quisiera creerlo.
Ring...ring...
-Guapito! Qué tal? ¡¡¡Felicidades!!!-
-...guapita!!! Gracias...!!!-
Una conversación en la que nos mordemos la lengua, una conversación tan superficial, tan diferente a nuestras conversaciones de antes... Siento algo de impotencia porque esta vez no puedo regalarle nada más que una simple felicitación y mis deseos más sinceros de que todo le vaya bien, pero no puedo hacer otra cosa, ya no es mi papel, ya no es lo que necesita, y tampoco es el momento para remover cosas. Todo está bien como está.
-¿qué tal el trabajo? ¿te cuidan bien?-, me dice, y sé que piensa, "no mejor que yo..., en mis brazos tu pequeña "cueva" sigue esperando que algún día regreses"
-si, claro, no me quejo. Ahora todo es muy diferente a la universidad, pero estoy agusto en este ambiente-, le contestó, con la certeza de ser sincera pero consciente de que también echo mucho de menos ciertas cosas..., no su amor, no sus besos, pero sí la compañía, las charlas, esa sensación de seguridad de mi "cuevita", su cuello, donde me refugiaba cuando las voces del mundo hablaban demasiado alto y me atormetaban, cuando sentía miedo a que me hicieran daño, cuando simplemente quería sentir su calor ...
Pero llegó un día en el que en la cueva ya no se respiraba paz, ya no encontraba ahí mi tranquilidad, y simplemente la necesidad de acurrucarme allí desapareció. Ser consciente de esa sensación fue muy desagradable pero lo fue aún más el hecho de decírselo a él. En cualquier caso, todo eso ya queda un poco lejos. Quizá no ha pasado demasiado tiempo pero sí el suficiente como para que recordar todo esto no me cause dolor, sino sólo algo de nostálgia.
-me alegro mucho de que me hayas llamado, no sabía si ibas a hacerlo; de todos modos bastaba con un mensaje-, deja caer como si nada...
¿Un mensaje? ¿un mensaje después de cuatro años compartiendo día y noche? No podría ser tan fría ni somos unos críos para comportarnos de ese modo.
- ¿por qué no iba a hacerlo?, quería felicitarte y saber qué tal te va, qué menos que una llamada ¿no?-
Tengo la impresión de estar hablando con un extraño, le siento tan lejos... y al mismo tiempo me siento yo misma tan alejada de aquel pasado, de aquella vida a su lado y de aquella Laura que él moldeó a su antojo..
-Bueno guapito, un beso y que cumplas muchos más y esas cosas que se dicen-
-gracias, otro para tí, cuídate mucho...-
Tranquilo, aprendí a cuidarme, ahora no me da vértigo asomarme a la vida, enfrentarme a mis miedos... Ahora sé que nadie es imprescindible para nadie, y que como dice mi abuela: "nadie se muere por nadie", qué razón tiene!
Puede que la nostálgia hoy me llene los ojos al recordarle y al revivir los cuatro cumpleaños que pasé a su lado, pero será una sensacion pasajera, fugitiva, agradable por lo bueno que me brindó en su momento, y vólatil porque cuando termine de escribir volveré a mi pequeño universo, a mi rutina, y él volverá a ser un recuerdo que me hará sonreir.
Felicidades Sergio, te deseo lo mejor del mundo...
Tengo que llamarle, no tiene sentido no hacerlo, qué menos que una llamada para una persona con la que he pasado tanto tiempo.
Esta vez, este día tiene un sabor distinto, un sabor amargo. Los cuatro últimos años los pasé a su lado, dejándome la piel porque fuera un día muy especial, preparándole fiestas sorpresas, regalándole lo que deseaba, sin separarme un segundo de él y sobre todo haciéndole ver lo especial que era para mi, lo especial que es para el mundo. Tiene ángel, siempre lo supe, siempre se lo dije, aunque él no quisiera creerlo.
Ring...ring...
-Guapito! Qué tal? ¡¡¡Felicidades!!!-
-...guapita!!! Gracias...!!!-
Una conversación en la que nos mordemos la lengua, una conversación tan superficial, tan diferente a nuestras conversaciones de antes... Siento algo de impotencia porque esta vez no puedo regalarle nada más que una simple felicitación y mis deseos más sinceros de que todo le vaya bien, pero no puedo hacer otra cosa, ya no es mi papel, ya no es lo que necesita, y tampoco es el momento para remover cosas. Todo está bien como está.
-¿qué tal el trabajo? ¿te cuidan bien?-, me dice, y sé que piensa, "no mejor que yo..., en mis brazos tu pequeña "cueva" sigue esperando que algún día regreses"
-si, claro, no me quejo. Ahora todo es muy diferente a la universidad, pero estoy agusto en este ambiente-, le contestó, con la certeza de ser sincera pero consciente de que también echo mucho de menos ciertas cosas..., no su amor, no sus besos, pero sí la compañía, las charlas, esa sensación de seguridad de mi "cuevita", su cuello, donde me refugiaba cuando las voces del mundo hablaban demasiado alto y me atormetaban, cuando sentía miedo a que me hicieran daño, cuando simplemente quería sentir su calor ...
Pero llegó un día en el que en la cueva ya no se respiraba paz, ya no encontraba ahí mi tranquilidad, y simplemente la necesidad de acurrucarme allí desapareció. Ser consciente de esa sensación fue muy desagradable pero lo fue aún más el hecho de decírselo a él. En cualquier caso, todo eso ya queda un poco lejos. Quizá no ha pasado demasiado tiempo pero sí el suficiente como para que recordar todo esto no me cause dolor, sino sólo algo de nostálgia.
-me alegro mucho de que me hayas llamado, no sabía si ibas a hacerlo; de todos modos bastaba con un mensaje-, deja caer como si nada...
¿Un mensaje? ¿un mensaje después de cuatro años compartiendo día y noche? No podría ser tan fría ni somos unos críos para comportarnos de ese modo.
- ¿por qué no iba a hacerlo?, quería felicitarte y saber qué tal te va, qué menos que una llamada ¿no?-
Tengo la impresión de estar hablando con un extraño, le siento tan lejos... y al mismo tiempo me siento yo misma tan alejada de aquel pasado, de aquella vida a su lado y de aquella Laura que él moldeó a su antojo..
-Bueno guapito, un beso y que cumplas muchos más y esas cosas que se dicen-
-gracias, otro para tí, cuídate mucho...-
Tranquilo, aprendí a cuidarme, ahora no me da vértigo asomarme a la vida, enfrentarme a mis miedos... Ahora sé que nadie es imprescindible para nadie, y que como dice mi abuela: "nadie se muere por nadie", qué razón tiene!
Puede que la nostálgia hoy me llene los ojos al recordarle y al revivir los cuatro cumpleaños que pasé a su lado, pero será una sensacion pasajera, fugitiva, agradable por lo bueno que me brindó en su momento, y vólatil porque cuando termine de escribir volveré a mi pequeño universo, a mi rutina, y él volverá a ser un recuerdo que me hará sonreir.
Felicidades Sergio, te deseo lo mejor del mundo...
No somos irrompibles
No somos irrompibles
Los cristales pueden quebrarse.
A veces basta un leve golpe de abanico.
Las telas suelen desgarrarse al contacto de una diminuta astilla.
Se rasgan los papeles...
Se rompen los plásticos...
Se rajan las maderas...
Hasta las paredes se agrietan, tan firmes y sólidas que parecen.
¿Y nosotros?
Ah!... Nosotros tampoco somos irrompibles.
Nuestros huesos corren el riesgo de fracturarse, nuestra piel herirse...
También nuestro corazón, aunque siga funcionando como un reloj suizo y el médico nos asegure que estamos sanos.
¡Cuidado! ¡ Frágil ! El corazón se daña muy fácilmente.
Cuando oye un "no" redondo o un "sí" desganado, una especie de "nnnnsí" y merecía un tintineante "¡Sí!"...
Cuando lo engañan...
Cuando encuentra candados donde debía encontrar puertas abiertas.
Cuando es una rueda que gira solitaria día tras día... noche tras noche...
Cuando...
Entonces, siente tirones desde arriba, por delante, desde abajo, por detrás... o es un potrillo huérfano galopando dentro del pecho.
¿Se arruga?
¿Se encoge?
¿Se estira?
No... Late, lastimado.
¿Y cómo se cura?... Solamente el amor de otro corazón alivia sus heridas.
Solamente el amor de otro corazón... las cicatriza.
Mis amigos y yo lo sabemos. Por eso somos amigos.
Elsa Bornemann
Desde pequeñita siempre me han fascinado los libros, me encanta leer y este fue uno de los libros que descubrí muy pronto, creo que tendría 10 u 11 años y me gustó mucho. Este texto es el prólogo de un libro lleno de pequeñas historias escritas para niños, pero que a un adulto pueden gustarle igualmente, de hecho sigo leyéndolo de vez en cuando, sobre todo cuando se me va excesivamente la cabeza, más que nada para recuperar un poco de esa inocencia primera...
Este texto lo copié mil veces para mis amigos en cartas, en sus diarios, en sus carpetas, cuando aún se estilaban esas cosas y también hoy desde aquí quiero dedicárselo de nuevo. Y por supuesto a esa gente que ahora forma parte de mi vida, a esos que me han regalado su amistad y me han hecho un huequito en sus mundos. Gracias por compartir vuestras locuras con esta impresentable!
Los cristales pueden quebrarse.
A veces basta un leve golpe de abanico.
Las telas suelen desgarrarse al contacto de una diminuta astilla.
Se rasgan los papeles...
Se rompen los plásticos...
Se rajan las maderas...
Hasta las paredes se agrietan, tan firmes y sólidas que parecen.
¿Y nosotros?
Ah!... Nosotros tampoco somos irrompibles.
Nuestros huesos corren el riesgo de fracturarse, nuestra piel herirse...
También nuestro corazón, aunque siga funcionando como un reloj suizo y el médico nos asegure que estamos sanos.
¡Cuidado! ¡ Frágil ! El corazón se daña muy fácilmente.
Cuando oye un "no" redondo o un "sí" desganado, una especie de "nnnnsí" y merecía un tintineante "¡Sí!"...
Cuando lo engañan...
Cuando encuentra candados donde debía encontrar puertas abiertas.
Cuando es una rueda que gira solitaria día tras día... noche tras noche...
Cuando...
Entonces, siente tirones desde arriba, por delante, desde abajo, por detrás... o es un potrillo huérfano galopando dentro del pecho.
¿Se arruga?
¿Se encoge?
¿Se estira?
No... Late, lastimado.
¿Y cómo se cura?... Solamente el amor de otro corazón alivia sus heridas.
Solamente el amor de otro corazón... las cicatriza.
Mis amigos y yo lo sabemos. Por eso somos amigos.
Elsa Bornemann
Desde pequeñita siempre me han fascinado los libros, me encanta leer y este fue uno de los libros que descubrí muy pronto, creo que tendría 10 u 11 años y me gustó mucho. Este texto es el prólogo de un libro lleno de pequeñas historias escritas para niños, pero que a un adulto pueden gustarle igualmente, de hecho sigo leyéndolo de vez en cuando, sobre todo cuando se me va excesivamente la cabeza, más que nada para recuperar un poco de esa inocencia primera...

Este texto lo copié mil veces para mis amigos en cartas, en sus diarios, en sus carpetas, cuando aún se estilaban esas cosas y también hoy desde aquí quiero dedicárselo de nuevo. Y por supuesto a esa gente que ahora forma parte de mi vida, a esos que me han regalado su amistad y me han hecho un huequito en sus mundos. Gracias por compartir vuestras locuras con esta impresentable!
Sólo si tú me lo pides...
Si tú lo quieres seré como el sol para tu piel, te daré calor pero puedo quemarte, seré como la luna en tu noche, te haré compañía pero varío según el día. Seré la canción que te ayude a dormir, que te haga sentir que estás vivo.
Puedo ser lo que quieras que sea. Puedo volverme sangre y recorrer tus venas, puedo ser agua que calme tu sed, que moje tu piel…
Si lo deseas, puedo ser la isla donde perderte, donde escapar del mundo, de las miradas, de todo lo que no deja que tu ser crezca…; me convertiré en tu refugio, en la luz que ilumine y guíe tus noches tenues, en la paz que llene tu alma, en la tormenta que agite tus sentidos…
Si me lo pides puedo ser el beso que llene tu boca, la caricia que se dibuje en tu espalda, el perfume que te envuelva, la mirada que te desnude en silencio y las piernas que abracen tu cuerpo…
Déjame ser el ángel que vele tus sueños, ese con alas rotas que protege tus sonrisas, que no deja que nada te cierre los labios. Déjame ser el abismo donde muere tu conciencia, la palabra que cae sin pensarlo y la arena que muere en tus manos…
No me supliques, no me rechaces, vine para llenar tus silencios, vine para robarte los ojos…
Insisto. Déjame ser la ilusión que inunde tu cielo, déjame ser la fantasía que se refleje en tu espejo, la risa que entre por tu ventana y el sudor de tu almohada…
Si tú me lo pides, seré tu juego, tu miedo, tu sueño, tu infierno…
Puedo ser lo que quieras que sea. Puedo volverme sangre y recorrer tus venas, puedo ser agua que calme tu sed, que moje tu piel…
Si lo deseas, puedo ser la isla donde perderte, donde escapar del mundo, de las miradas, de todo lo que no deja que tu ser crezca…; me convertiré en tu refugio, en la luz que ilumine y guíe tus noches tenues, en la paz que llene tu alma, en la tormenta que agite tus sentidos…
Si me lo pides puedo ser el beso que llene tu boca, la caricia que se dibuje en tu espalda, el perfume que te envuelva, la mirada que te desnude en silencio y las piernas que abracen tu cuerpo…
Déjame ser el ángel que vele tus sueños, ese con alas rotas que protege tus sonrisas, que no deja que nada te cierre los labios. Déjame ser el abismo donde muere tu conciencia, la palabra que cae sin pensarlo y la arena que muere en tus manos…
No me supliques, no me rechaces, vine para llenar tus silencios, vine para robarte los ojos…
Insisto. Déjame ser la ilusión que inunde tu cielo, déjame ser la fantasía que se refleje en tu espejo, la risa que entre por tu ventana y el sudor de tu almohada…
Si tú me lo pides, seré tu juego, tu miedo, tu sueño, tu infierno…